Cuando la prensa fuerza el titular

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Tras la lectura de la noticia me asaltan una serie de preguntas relacionadas con el periodismo deportivo que dejaré aquí por si alguien conoce las respuestas.

Antes, cómo no, la noticia: “Año y medio de cárcel por informar de dopaje”.

Un juez federal, Jeffrey White, y la Fiscalía de Estados Unidos piden cárcel para dos periodistas del ‘San Francisco Chronicle’, Lance Williams y Mark Fainaru-Wada, por no revelar sus fuentes.

Lo primero que llama mi atención es que el titular es erróneo. Vaya costumbre que tiene la prensa deportivesca española de confundir la gimnasia con la magnesia y amoldar la realidad al titular que mejor convenga.

La sentencia condenatoria no es por informar de dopaje, sino por no revelar las fuentes de información, lo que entiendo como un claro ejemplo de Malaprensa.

Hay un abismo entre lo que dice el titular y la realidad. ¿A nadie le importa que esta prensa amarillo-rosácea que dicen especializada en el mundo del deporte distorsione la realidad para adaptarla a sus necesidades?

Me pregunto también si nuestros periodistas, en España, estarían dispuestos a ingresar en prisión emulando a sus colegas gringos. Si alguien dice que sí ahora le recordaré aquel dicho castellano: “no es lo mismo predicar que dar peces”.

Habrá que esperar a que la legislación por estos pagos se asemeje a la yanqui —cosa que no me extrañaría que ya haya comenzado a ocurrir— para saber si alguien acepta convertirse en huésped del Estado.

Aunque bien pensado la actitud de los plumillas americanos no tiene nada de heroica —tenemos mucha costumbre de beatificar mártires, séanlo o no—, puesto que revelando las fuentes evitarían la cárcel pero sufrirían tal descrédito que dificultaría la continuidad de su vida laboral.

Persiste el redactor de la noticia en asegurar que el delito de estos periodistas es “haber escrito de dopaje”. ¿Cree el firmante del artículo que habría sido diferente si hubieran escrito sobre un fraude bursátil y se hubieran negado a revelar sus fuentes?

En fin, periodismo de pacotilla que hace un flaco favor a la profesionalidad de algunos colegas que sí ejercen auténtica labor periodística en el ámbito deportivo. ¿Ocurre todo esto porque el sistema de cobros en algunas redacciones se resuelve en función de la cantidad de lo que se firma?

El escrito ha sido redactado por quien o bien no ha prestado la suficiente atención a lo que leía, o bien le ha dado igual el contenido de la noticia y se ha empeñado en darle el sesgo que le mejor le encajaba.

Como todo vale para rellenar una columnita del periódico se acaba introduciendo una reseña de algo que está relacionado tangencialmente con el deporte. ¿A quién beneficia que la prensa deportivesca española mantenga este nivel deficiente en sus contenidos?

¿Acaso sea yo el único que ve en esto una falta de respeto al lector, a la profesión y a los estándares de calidad exigibles en toda empresa que trate directamente con el público?

Exhibiendo faltas de rigor como la que me ocupa no es posible mejorar en la calidad de los medios de comunicación. Aunque tal vez sea cierto que entre sus cometidos no entre el ayudar a elevar el nivel cultural del país.

9 de enero de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 El cambio climático y el fútbol

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Uno de los aspectos más agradables de estas fechas son las tertulias y sobremesas mantenidas con familiares y amistades. El charlar sin prisas, al calor de la lumbre —quienes vivimos en zonas rurales nos podemos permitir el lujo de tener que calentar la casa quemando leña—, permite una conversación animosa, distendida, alocada, y en ocasiones hasta profunda.

El deporte, ¡cómo no!, acapara gran parte de los debates. Lo avanzado de la hora y el buen vino hacen que en ocasiones los argumentos que se exhiben puedan llegar a ser aventurados o/y descabezados, entrando en terrenos de difícil catalogación.

Resumiré una de las tertulias navideñas en la que se divagó sobre los motivos del bajo nivel que vive en estos momentos el fútbol del norte.

El fútbol del Cantábrico vive uno de sus momentos menos gloriosos, y nuestro Athletic, equipo al que nos vemos obligados a seguir por los motivos de todos conocidos, se ve inmerso en ese valle futbolístico en el que la luz de los resultados no acaba de abrirse paso.

Así pues elaboramos una teoría que expondré aquí para ver si alguien es capaz de rebatirla con argumentos, aunque mucho me temo que se trate de una de esas lecturas que se justifican a sí mismas.

El fútbol en estas latitudes siempre ha sido un fútbol vertical, de fuerza y de lucha constante ante el rival y contra las condiciones climatológicas. Los inviernos en esta franja costera han sido siempre lluviosos, húmedos y moderadamente fríos, con una sensación térmica por debajo de la temperatura que refleja el termómetro a causa de la humedad reinante.

Jugar en estas condiciones climatológicas supone un desgaste doble al que nuestros jugadores se habitúan entrenando en el mismo entorno climático en el que compiten.

Los campos de juego, siempre embarrados o encharcados, dificultan los malabarismos con un balón que al empaparse se carga con un peso adicional. Es un tópico la imagen de jugadores infantiles metiéndose en el mayor charco del campo para sacar de ahí la pelota.

Durante nuestro pluvioso invierno, que viene a durar de mediados de octubre a mediados de abril —seis largos meses de los diez que puede durar una liga—, nuestros campos se convertían en fortalezas inexpugnables para equipos habituados a jugar en un césped seco. Equipos que gozan del benigno clima mediterráneo, equipos de la soleada mitad meridional del país, y equipos del seco invierno castellano.

Pero desde hace unos años esto ha dejado de ser así. La climatología ha cambiado y nuestros campos de juego presentan unas “perfectas condiciones para el juego”, que dicen los locutores. Nuestros jugadores, que se han ido forjando en las categorías de base bajo la constante lluvia invernal, se encuentran ahora perdidos desenvolviéndose los diez meses en un medio que les es ajeno.

¿De cuándo aquí el Sevilla podría haber ganado al Athletic en San Mamés por tres goles a uno en plena temporada invernal?

Como consecuencia de ello nuestro fútbol físico no acaba de encontrarse a sí mismo en un entorno en el que los magos del balón regatean y recortan en un palmo de terreno.

A ello se ha sumado la mejora técnica en los campos de fútbol, con eficaces drenajes y mejores superficies de juego, y las mejoras tecnológicas en la confección de un balón-pluma que hoy en día ni siquiera se moja en un día de lluvia.

O vuelve nuestro clima o nos vemos esperando a que nuestros jugadores de base se vayan aclimatando al nuevo estado de los campos de juego.

De ser cierta esta loca teoría estaríamos perdiendo nuestra idiosincrasia futbolística por culpa del cambio climático…

5 de enero de 2007
(no creo en los reyes)

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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