Barcelona, Madrid, Sevilla

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Esta semana vuelvo a escribir de fútbol, aunque no quisiera cogerlo como hábito, por mucho que sea cierto que el fútbol articula gran parte del sentir deportivo de Europa.

Aventuro ya que este artículo me hará más impopular en la blogosfera futbolística, pero como quiera que uno escribe para sí mismo, si alguien decide hacer acto de contrición a raíz de estas líneas es muy libre de analizarse.

Esta semana los grandes equipos de la liga española, los que se encuentran en cabeza de la clasificación, han perdido sus encuentros. El R.Madrid, sin embargo, ha ganado su partido.

Me ha dado por entrar en esos blogs que se atreven a analizar algo tan complicado como una liga de veinte equipos. Las crónicas que leo en la Internet me han hecho reflexionar.

Se vaticina el ocaso del Barcelona y del Sevilla, que han perdido sus encuentros, y se duda de que el Madrid pueda salir del supuesto bache en el que se encuentra. Y digo supuesto porque el equipo merengue aún se encuentra con opciones en las tres competiciones en las que comenzó la temporada.

No acabo de entender como es posible que un aficionado en la materia ose analizar algo tan complejo como un campeonato de liga del máximo nivel.

No se limitan a analizar los hechos, lo ocurrido en el campo o lo sucedido en la jornada. Infieren de lo particular para generalizar derroteros por los que el equipo objeto de estudio pudiera llegar a entrar, y lo hacen desde la lejanía de una butaca.

Lo más curioso es que no apuntan soluciones, aunque sí dan las recetas de por qué está ocurriendo lo que ha sucedido, y lo hacen a sabiendas de ser ajenos a la realidad más inmediata del equipo, pretendiendo con ello gozar de una supuesta objetividad.

No se contentan con analizar la progresión de unos y otros, sino que se sienten obligados a hacernos partícipes de una proyección que a ellos se les antoja indefectible.

Quizá pretendan convertirse en gurús futbolísticos para poder soltar aquello de “ya lo dije yo” en cualquiera de sus múltiples formas.

No aportan datos objetivos, sino que se basan en apreciaciones, indicios y futuribles. Quizá es que el fútbol es así y esa sea la gracia del invento: que cualquiera con uso de razón puede opinar con visos de probabilidad.

Pretenden ver lo que gente tan talentosa como el señor Rijkaard o el señor Capello no son capaces de ver (los cito porque lideran los banquillos más gloriosos en España).

Aún no he visto salir de la pluma de estos técnicos sin titulación un análisis estratégico de aquello que los entrenadores —gente que sabe un montón y ganan un pastón por lo que saben— han tratado de hacer en el campo, y de las tácticas que han empleado para ello, y de como han rentabilizado los recursos humanos de los que disponían.

Que después llega el gol del bando dominado… Sí, claro, como le llega el knock down al boxeador que iba arriba en los puntos. Esto se explica desde la calidad técnica de un individuo que desborda y se zafa de su marca. Y el gol condiciona el resto del partido. Y cambian los posicionamientos tácticos… Y comienza una nueva batalla porque el contexto ha cambiado.

Se analizan los porqués de que el Barcelona haya perdido su partido de rivalidad geográfica contra el Español, pero ni un dato táctico o estratégico —nótese que el Español no ha ganado el partido, sino que lo ha perdido el Barcelona—. Y auguran un declive para los culés que se producirá o no esta temporada, pero que es seguro que algún día llegará.

Yo agradecería que me explicaran cómo Rijkaard ha planteado el encuentro y cómo el Txingurri ha dispuesto sus efectivos hasta dominar al rival por completo.

Quizá así un servidor aprendería algo más de un deporte táctico que todos dicen disfrutar pero que muy pocos saborean.

16 de enero de 2007

Actualización del 17 de enero de 2007 a las 16:00 h.

He descubierto estos días atrás una bitácora que me está sorprendiendo. Es una especie de Aguja pero dedicada en exclusiva al ciclismo; yo diría que incluso más cáustica, si ello es posible. De venta sólo para diletantes descreídos. Les dejo con Ciclismo 2005. Sin pelos en las teclas…

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 La imaginación al deporte

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¡Damas y caballeros, con todos ustedes… el SLAMBALL! (en el enlace propuesto se ofrecen vídeos).

El slamball es una nueva versión deportiva que pretende reunir modalidades tan conocidas como el baloncesto, el fútbol americano y el hockey sobre hielo. Con estos ingredientes ya se imaginarán todos ustedes que la criatura nació en los USA.

El slamball puede ser divertido de practicar, aunque una de las premisas de su creación fue lograr una actividad físicamente exigente.

En España podríamos inventarnos alguna mixtura entre los bolos, los toros, la rana y algo de lucha autóctona. Pero sería menos atractivo.

El slamball representa un viejo sueño para algunas mentes creativas, sueño que últimamente parece que alguien está interesado en reverdecer.

Hace relativamente pocos años, digamos cien, surgieron diferentes modalidades deportivas que rápidamente llegaron a los corazones de los ciudadanos (habitantes de las ciudades).

Algunas de estas modalidades fueron literalmente inventadas. Es decir, no fueron codificaciones de reglas de las actividades y juegos que venían desarrollándose desde la Edad Media. El baloncesto vendría a ser el paradigma de esos deportes artificiales. El fútbol y el rugby representarían a las modalidades seculares, con arraigo entre la población.

Los deportes surgidos desde una mesa de diseño corrieron diferentes suertes. Muchos desaparecieron y otros quedaron reducidos a la esfera de los juegos, sin superar esa barrera que supone acceder al estatus de deporte.

La llegada de los llamados deportes californianos, en los que no existe la competición pura sino que prima la diversión que proporciona el esfuerzo físico individual —deportes como el parapente, el windsurf, o el freesbee, por mencionar uno por cada medio (aéreo, acuático y terrestre)—, volvió a poner sobre el tapete la creación artificial de deportes.

La ilusión de inventar una nueva modalidad deportiva sobre la que no sería posible exigir royalties pero que sí llevaría aparejada toda una industria rentable para el primero que se sitúe en el mercado —como es el caso de los deportes urbanos (el skateboarding a la cabeza de ellos)— es posiblemente lo que ha hecho que alguien cree el slamball.

La industria del cine participa de esta forma de lograr el sueño americano [hacerse rico de la noche a la mañana]. Hace años nos ofrecieron desde Hollywood la película de corte futurista Rollerball (1975) —de la que ya existe un remake (2002)—. La acción giraba en torno a un deporte sangriento en el que se combinaban en una pista circular la persecución tras moto de los velódromos y un deporte que en la década de los 70 creaba furor en los USA y los países de su ámbito de influencia —Norteamérica y el Caribe— y que llegué a conocer bajo el nombre de rollacción.

El cine hollywoodiense nos ha regalado recientemente dos bodrios en los que la trama gira otra vez en torno a este mito. Lamento no recordar los títulos de las dos cintas, pero mi memoria —posiblemente debido a la edad— se está volviendo selectiva y no almacena nada de aquello que quiere olvidar.

En el primero de los filmes un grupo de chicos habían inventado en el patio de su casa un deporte que mezclaba los tiros libres del baloncesto con el béisbol (y posiblemente algo más). Los jóvenes lograban popularidad y su deporte se retransmitía por las cadenas televisivas más populares en prime time, y —detalle importante— se hacían ricos con la creación de la federación internacional de esta modalidad (tampoco recuerdo el nombre que le dieron).

El segundo largometraje presentaba como deporte de masas un juego del que se disfruta en todos los patios escolares. Dos equipos se enfrentan entre sí a un lado y otro de la cancha, debiendo eliminar a sus antagonistas quemándoles con el balón, es decir, lanzando el balón de forma que éste toque el cuerpo del jugador rival.

En esta película los partidos eran retransmitidos urbi et orbi, participaban equipos de diferentes nacionalidades, y existía una oscura lucha por convertirse en el mejor club del país.

El slamball tampoco superará la categoría de anécdota, pero de tanto ir a la fuente algún día alguien dará en el clavo y alumbraremos una nueva modalidad que llenará nuestros días de tedio y hará palpitar nuestro corazoncito deportivo con nuestra selección preferida.

¿Se atreve alguien de ustedes a diseñar el juego del siglo XXI? Los beneficios económicos apuntan a ser elevados.

12 de enero de 2007

Actualización a las 18:25 del 13 de enero de 2007

 Los peligros del Slamball casero.

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 Cuando la prensa fuerza el titular

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Tras la lectura de la noticia me asaltan una serie de preguntas relacionadas con el periodismo deportivo que dejaré aquí por si alguien conoce las respuestas.

Antes, cómo no, la noticia: “Año y medio de cárcel por informar de dopaje”.

Un juez federal, Jeffrey White, y la Fiscalía de Estados Unidos piden cárcel para dos periodistas del ‘San Francisco Chronicle’, Lance Williams y Mark Fainaru-Wada, por no revelar sus fuentes.

Lo primero que llama mi atención es que el titular es erróneo. Vaya costumbre que tiene la prensa deportivesca española de confundir la gimnasia con la magnesia y amoldar la realidad al titular que mejor convenga.

La sentencia condenatoria no es por informar de dopaje, sino por no revelar las fuentes de información, lo que entiendo como un claro ejemplo de Malaprensa.

Hay un abismo entre lo que dice el titular y la realidad. ¿A nadie le importa que esta prensa amarillo-rosácea que dicen especializada en el mundo del deporte distorsione la realidad para adaptarla a sus necesidades?

Me pregunto también si nuestros periodistas, en España, estarían dispuestos a ingresar en prisión emulando a sus colegas gringos. Si alguien dice que sí ahora le recordaré aquel dicho castellano: “no es lo mismo predicar que dar peces”.

Habrá que esperar a que la legislación por estos pagos se asemeje a la yanqui —cosa que no me extrañaría que ya haya comenzado a ocurrir— para saber si alguien acepta convertirse en huésped del Estado.

Aunque bien pensado la actitud de los plumillas americanos no tiene nada de heroica —tenemos mucha costumbre de beatificar mártires, séanlo o no—, puesto que revelando las fuentes evitarían la cárcel pero sufrirían tal descrédito que dificultaría la continuidad de su vida laboral.

Persiste el redactor de la noticia en asegurar que el delito de estos periodistas es “haber escrito de dopaje”. ¿Cree el firmante del artículo que habría sido diferente si hubieran escrito sobre un fraude bursátil y se hubieran negado a revelar sus fuentes?

En fin, periodismo de pacotilla que hace un flaco favor a la profesionalidad de algunos colegas que sí ejercen auténtica labor periodística en el ámbito deportivo. ¿Ocurre todo esto porque el sistema de cobros en algunas redacciones se resuelve en función de la cantidad de lo que se firma?

El escrito ha sido redactado por quien o bien no ha prestado la suficiente atención a lo que leía, o bien le ha dado igual el contenido de la noticia y se ha empeñado en darle el sesgo que le mejor le encajaba.

Como todo vale para rellenar una columnita del periódico se acaba introduciendo una reseña de algo que está relacionado tangencialmente con el deporte. ¿A quién beneficia que la prensa deportivesca española mantenga este nivel deficiente en sus contenidos?

¿Acaso sea yo el único que ve en esto una falta de respeto al lector, a la profesión y a los estándares de calidad exigibles en toda empresa que trate directamente con el público?

Exhibiendo faltas de rigor como la que me ocupa no es posible mejorar en la calidad de los medios de comunicación. Aunque tal vez sea cierto que entre sus cometidos no entre el ayudar a elevar el nivel cultural del país.

9 de enero de 2007

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