¡Damas y caballeros, con todos ustedes… el SLAMBALL! (en el enlace propuesto se ofrecen vídeos).

El slamball es una nueva versión deportiva que pretende reunir modalidades tan conocidas como el baloncesto, el fútbol americano y el hockey sobre hielo. Con estos ingredientes ya se imaginarán todos ustedes que la criatura nació en los USA.

El slamball puede ser divertido de practicar, aunque una de las premisas de su creación fue lograr una actividad físicamente exigente.

En España podríamos inventarnos alguna mixtura entre los bolos, los toros, la rana y algo de lucha autóctona. Pero sería menos atractivo.

El slamball representa un viejo sueño para algunas mentes creativas, sueño que últimamente parece que alguien está interesado en reverdecer.

Hace relativamente pocos años, digamos cien, surgieron diferentes modalidades deportivas que rápidamente llegaron a los corazones de los ciudadanos (habitantes de las ciudades).

Algunas de estas modalidades fueron literalmente inventadas. Es decir, no fueron codificaciones de reglas de las actividades y juegos que venían desarrollándose desde la Edad Media. El baloncesto vendría a ser el paradigma de esos deportes artificiales. El fútbol y el rugby representarían a las modalidades seculares, con arraigo entre la población.

Los deportes surgidos desde una mesa de diseño corrieron diferentes suertes. Muchos desaparecieron y otros quedaron reducidos a la esfera de los juegos, sin superar esa barrera que supone acceder al estatus de deporte.

La llegada de los llamados deportes californianos, en los que no existe la competición pura sino que prima la diversión que proporciona el esfuerzo físico individual —deportes como el parapente, el windsurf, o el freesbee, por mencionar uno por cada medio (aéreo, acuático y terrestre)—, volvió a poner sobre el tapete la creación artificial de deportes.

La ilusión de inventar una nueva modalidad deportiva sobre la que no sería posible exigir royalties pero que sí llevaría aparejada toda una industria rentable para el primero que se sitúe en el mercado —como es el caso de los deportes urbanos (el skateboarding a la cabeza de ellos)— es posiblemente lo que ha hecho que alguien cree el slamball.

La industria del cine participa de esta forma de lograr el sueño americano [hacerse rico de la noche a la mañana]. Hace años nos ofrecieron desde Hollywood la película de corte futurista Rollerball (1975) —de la que ya existe un remake (2002)—. La acción giraba en torno a un deporte sangriento en el que se combinaban en una pista circular la persecución tras moto de los velódromos y un deporte que en la década de los 70 creaba furor en los USA y los países de su ámbito de influencia —Norteamérica y el Caribe— y que llegué a conocer bajo el nombre de rollacción.

El cine hollywoodiense nos ha regalado recientemente dos bodrios en los que la trama gira otra vez en torno a este mito. Lamento no recordar los títulos de las dos cintas, pero mi memoria —posiblemente debido a la edad— se está volviendo selectiva y no almacena nada de aquello que quiere olvidar.

En el primero de los filmes un grupo de chicos habían inventado en el patio de su casa un deporte que mezclaba los tiros libres del baloncesto con el béisbol (y posiblemente algo más). Los jóvenes lograban popularidad y su deporte se retransmitía por las cadenas televisivas más populares en prime time, y —detalle importante— se hacían ricos con la creación de la federación internacional de esta modalidad (tampoco recuerdo el nombre que le dieron).

El segundo largometraje presentaba como deporte de masas un juego del que se disfruta en todos los patios escolares. Dos equipos se enfrentan entre sí a un lado y otro de la cancha, debiendo eliminar a sus antagonistas quemándoles con el balón, es decir, lanzando el balón de forma que éste toque el cuerpo del jugador rival.

En esta película los partidos eran retransmitidos urbi et orbi, participaban equipos de diferentes nacionalidades, y existía una oscura lucha por convertirse en el mejor club del país.

El slamball tampoco superará la categoría de anécdota, pero de tanto ir a la fuente algún día alguien dará en el clavo y alumbraremos una nueva modalidad que llenará nuestros días de tedio y hará palpitar nuestro corazoncito deportivo con nuestra selección preferida.

¿Se atreve alguien de ustedes a diseñar el juego del siglo XXI? Los beneficios económicos apuntan a ser elevados.

12 de enero de 2007

Actualización a las 18:25 del 13 de enero de 2007

 Los peligros del Slamball casero.