Año nuevo, vida nueva. Al menos así reza el dicho. Y para no llevar la contraria a tan sabio refranero el primer articulillo del año versará sobre fútbol, y no para criticarlo.
Días atrás cruzaba con el amigo Kantinu en su bitácora KantinuSportsTeVe algunos criterios sobre el…, digamos diseño, del fútbol.
El lector encontrará que en el artículo enlazado hablábamos sobre la técnica y el esfuerzo colectivo. Y aquella conversación ha dado pie a que me sentara a escribir para opinar ahora de una forma más extensa.
Los nuevos tiempos, y ante todo la excepcional puesta en escena del F.C.Barcelona, del cual Kantinu es declarado seguidor, han vuelto a poner sobre la palestra la dualidad entre dos conceptos diferentes de entender el juego.
Con Ronaldinho como maestro de ceremonias el fútbol arte está demostrando que es capaz de ganar partidos del más alto nivel.
Con goles de fantasía y con chilenas imposibles, los chicos de Rijkaard ilusionan a la vez que maravillan a sus adeptos, obteniendo incluso el reconocimiento de sus detractores más acérrimos.
Como buenos seguidores del Athletic que somos por aquí, he de reconocer que el fútbol del norte está de capa caída.
Pero el fútbol del Cantábrico ha sido siempre un fútbol de fuerza, de coraje, de brega y de entrega. Un fútbol vertical y de apoyos, y no un fútbol de fintas, de regates y de adornos. Un fútbol que se sustenta en el grupo y no un fútbol de virtuosos del balón.
Ante ambas concepciones del mismo deporte —ambas igual de válidas— la actualidad impulsa a apostar por el fútbol técnica, creación y creatividad, antes que por el fútbol táctica, sistema y disciplina.
Pero como dice Kantinu en sus respuestas, todo ha de ser bebido con moderación y con el necesario equilibrio entre sus partes.
No es posible seguir exigiendo a los reyes magos del balón un último malabarismo circense. El arte y la inspiración llegan con cuentagotas. No es factible forzar la creatividad porque los rivales también juegan.
En el mundo de la competición futbolística no es práctico pensar exclusivamente en el espectáculo. No es viable crear unos Globetrotters del balompié de competición.
En un enfrentamiento en la NBA los Globetrotters tendrían una victoria asequible ante equipos técnicos, pero se les complicarían las cosas ante equipos disciplinadamente más agresivos. Un equipo de fútbol extremadamente espectacular pagaría caro en el campo de juego tal atrevimiento.
Espectáculo lo daba el portero René Higuita, que paraba balones con los pies con la técnica del escorpión y que subía con el balón controlado más allá de medio campo en cuanto la ocasión se le presentaba propicia —y sin que se le presentara también—. Eso es espectáculo y eso es creatividad. Pero es poco práctico y muy arriesgado.
Así pues, el fútbol espectáculo y el “jogo bonito” tienen un límite que no deben traspasar si el objetivo primario es la rentabilidad deportiva.
2 de enero de 2007
Postdata: la bitácora El Tikitaka trata en clave de humor el antagonismo entre ambas concepciones del deporte.
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El público espera que un partido se convierta en un espectáculo circense, a imagen de lo que vemos de la NBA. Pero los momentos estelares en fútbol se dispensan con cuentagotas. La media debe estar alrededor de los dos goles por partido. En total, después de un partido de los de alto nivel, sólo se pueden ver fugazmente cuatro o cinco ocasiones dignas de guardar en la retina. Hay partidos de primera división en los que no distingo de lo que veo en los campos de tercera división.
Quizá sea que el fútbol es sólo un deporte de equipo en el que no quede mucho lugar para el adorno, las florituras y la espectacularidad.
A mí también me da esa sensación. Que el fútbol no permite un lucimiento excesivo ni un espectáculo constante.
No es de extrañar que a falta de este componente en las dosis requeridas actualmente los dirigentes de la FIFA apelen a la pasión en la grada y a la polémica que genera un reglamente imperfecto para vender su producto.
Yo lo veo así: fútbol inglés contra fútbol brasileño. De momento va ganando el fútbol brasileño (en cuanto a campeonatos del mundo por lo menos). Pero entiendo lo que dices, sobre todo porque te estoy comentando los artículos en orden inverso (quiero decir, que ya te he comentado el artículo posterior a éste). Entiendo que los equipos que llevan practicando ese fútbol inglés durante años no pueden cambiar de “sistema” de la noche a la mañana, porque eso supone un cambio de mentalidad en todas sus estructuras.
Y estoy contigo en que un fútbol pensado únicamente para la espectacularidad perdería en efectividad. La gracia está en los goles y no en las jugadas bonitas.
Pues yo te contestaré antes a éste, ya que estoy puesto a ello.
En verdad que son dos sistemas casi opuestos. De momento la espectacularidad va unida a la efectividad al menos en lo que al Barça respecta. Así que no se quejarán los seguidores de estas propuestas, como Menottinto, de El Tikitaka.
El problema de no jugar con cierta alegría es lo que dice contrapunto: lo que se ve en algunos partidos de primera división no dista mucho de lo que se puede ver en un campo de segunda división B (ya no me atrevo a decir de tercera división).
Pero es que jugadores de la clase de Ronaldinho no es que abunden. A su lado el 80% de los jugadores de la liga española son mediocres.