Las jugadoras del Club de Fútbol Sala Navalcarnero pasan por conformar el mejor equipo de España de esta especialidad. Y para que todos lo sepamos han decidido desnudarse.

Y así, como hicieron las Matildas (las jugadoras del equipo nacional australiano) hará más de siete años, las veremos en el Interviú esta semana.

A mí esto de la desnudez en plan protesta es algo que ya me está rallando.

En su día el de las Matildas fue un gesto simpático que hizo que les mostráramos nuestra adhesión desde el primer momento, quizá por la originalidad de la acción y por el valor que le echaron.

La tontería —porque la segunda vez que se hizo ya fue una copia absurda— dejó de tener gracia cuando hasta lo imitaron equipos de deportes minoritarios.

Tan minoritarios que cuando alguna jugadora fue a proponer en casa posar desnuda para un calendario le dijeron que no sabían que jugara a ese deporte.

Ahora parece que cualquier deportista estuviera dispuesta a despelotarse a la mínima propuesta que se le haga (mediando beneficio crematístico, claro).

Se da a entender mucha dignidad ofendida en las frases que encabezan la protesta pero lo cierto es que posan con una sonrisa en la cara, disfrutando sabiéndose portada del Interviú.

Lo afrentadas que dicen sentirse contrasta con la timidez cursi y a la vez despreocupada que refleja la fotografía de portada. Habría sido más honesto aceptar que el fútbol sala femenino no arrastra a las masas en nuestro país.

Lo de las Matildas australianas tuvo su mérito en su día por ser una idea transgresora. Además, posaron desnudas de verdad, sin ambages, no como estas mojigatas que se tapan como queriendo reflejar su pudor.

Lo de estas chiquitas del Navalcarnero es un sinsentido chabacano y grotesco que está fuera de lugar y llega a destiempo. A mí particularmente ya ni me llama la atención de tan sobada que está la idea.

Me temo que este gesto no servirá para mucho. Aunque quienes sí han salido ganando son los listos del semanario, de donde por lo visto partió la idea.

Lamentablemente la única forma segura de que el público acuda a presenciar un encuentro de fútbol sala femenino, habida cuenta de lo saturado que está ese mercado, sería que jugaran en pelotas…, o al menos en ropa interior. Puestos a imitar, ahí está ya la Lingerie Bowl (el próximo 4 de febrero).

(Y ahora que concluyo el artículo de hoy me doy cuenta de que he vuelto a hablar de fútbol… ¡Cáspita!, este virus me está agotando).

23 de enero de 2007