Colaboración especial para Voz Editorial

El mes pasado guardé esta breve noticia para hacer un comentario escueto sobre ella, pues no puede uno dejarse ir más allá de lo que los ojos de cualquiera pueden ver, a pesar de tener las orejas propias bien abiertas. Y quien me quiera entender que me entienda.

El titular de la noticia reza así: La FIFA suspende a la Asociación de Fútbol de Irán (IRIFF). Para los que van con prisa entresacaré lo sustancial.

Resulta que la FIFA ha suspendido a la federación iraní por “intervención gubernamental en asuntos futbolísticos”, lo cual, dicho así, está muy bien.

¿Qué es eso de que los Gobiernos se entrometan en asuntos deportivos? En España no pasan cosas así, no señor.

En España no tienes una federación deportiva española si no te la autoriza el Gobierno a través de la Secretaría de Estado para el deporte (CSD).

Eso no es intervención, no señor, porque resulta que la federación de fútbol en España es más antigua que el propio CSD.

Y no podemos hablar de cómo los poderes institucionales de un país democrático se dejan cabildear por celebridad tan insigne como es el presidente de la federación nacional de fútbol porque precisamente eso es algo indemostrable.

Pero confiemos por una vez en la FIFA, y si han visto intervención gubernamental en la federación de fútbol de aquel país será que la hay…

Nos informan más adelante de que el Gobierno iraní no ha respetadola independencia en la toma de decisiones que se exige a cada órgano rector del fútbol en su país y el procedimiento que se debe seguir en el cambio de mando de la dirección de la asociación”.

Y uno —inevitablemente— ya está sacando punta a su Aguja.

¿Y si resulta que la legislación de un país concreto, además de autorizar la constitución de las federaciones deportivas nacionales, estipula que el presidente de las mismas ha de ser nombrado por el Estado, como si de un funcionario se tratara? ¿Qué diantres hace la FIFA entrometiéndose en la legislación de cada país?

La FIFA ha dispuesto la solución a implementar en tres puntos:

  1. creación de un comité de normalización de la IRIFF, nombrado por la FIFA y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), cuya composición refleje los intereses del fútbol
  2. elaboración de nuevos estatutos sobre la base de los Estatutos Modelo de la FIFA
  3. organización de nuevas elecciones bajo la supervisión de la FIFA y la AFC, tras la aprobación de los nuevos estatutos de la IRIFF

Los despropósitos van in crescendo con estas tres propuestas. A la primera de ellas no le encuentro ninguna objeción, si es que la falta la hubieran cometido los propios miembros de la federación iraní, que ya nos han explicado que no.

La segunda es un poco más comprometida. O sea, que los americanos no acaban de imponer una democracia a golpe de fusil en los países de la vecindad de Irán, y la FIFA aspira a imponer unos estatutos democráticos a golpe de balón.

¡Hombre!, si ésta es la solución yo seré el primero en aplaudirla.

La tercera es ya el acabose. Tengo la sensación de que estos señoritos de la FIFA han visto una de esas series televisivas americanas de invasión de territorios tercermundistas para garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos.

¿Quienes son los jerifaltes de la FIFA para decirle a las autoridades de un país lo que tienen que hacer con sus infraestructuras deportivas?

O yo estoy mareado de dispensar tanta crítica cáustica —lo cual no descarto— o a los mandamases de la FIFA se les ha subido el rollo gringo-paternalista a la cabeza.

Lo más que puede hacer una federación internacional es decidir si aceptan o recusan a una federación nacional. Motivar adecuadamente la recusación, caso de producirse. Y aguardar a que se subsanen las deficiencias observadas para proceder a su reintegración.

Todo lo demás es meterse en camisa de once varas, o meterse en casa ajena, que ésta no es precisamente de las que más garantías pueda ofrecer a los supervisores comiciales de la FIFA.

¿No será que la FIFA aspira a tener un pequeño Estado propio a imagen y semejanza del Estado de la Ciudad del Vaticano?

19 de diciembre de 2006