Falsa solidaridad

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Últimamente se están sucediendo en mi entorno cercano torneos y competiciones deportivas de deportes minoritarios que pretenden obtener unos renglones en la prensa comarcal con actuaciones presuntamente solidarias.

Y digo presuntamente porque esos torneos surgen de una iniciativa aislada, sin encuadrarse dentro de ningún programa y sin ningún reconocimiento institucional.

Alguien ha decidido organizar un torneo contra la violencia de género y la medida le ha parecido a todo el mundo una genial idea.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, quien organiza se ha procurado unas líneas de gloria personal, porque aunque su nombre no aparezca en la nota de prensa todos saben quién está detrás de la organización de los torneos de esa disciplina en esa localidad concreta.

Y aumenta así su currículo personal, sirviéndose del candor de las buenas gentes, que creen que un torneo de pueblo o de barrio contra los malos tratos ayudará… ¿a qué?

Es patético que se frivolice con cosas tan serias como la violencia doméstica o los desastres naturales para obtener un rendimiento personal.

Vive cerca de aquí un bulto sospechoso que promueve, siempre en beneficio propio, uno de los deportes de equipo más minoritarios. Siempre escudándose en un desastre natural aprovecha para no organizar nada y aparecer como un salvapatrias.

Resulta que el tipo aguarda a que un partido de liga de su equipo toque disputarlo en su barrio (la liga la organiza la federación) y él decide que lo organiza a beneficio de la causa del momento. Como a esos partidos apenas acude público, el individuo vende unas entradas que llama de grada cero a fin de garantizarse aparecer como donante de algo (no suele pasar de los doscientos euros).

Esta falsa caridad, la que se hace obteniendo un rédito, es peor aún que la falta de solidaridad.

Parece ser que este pésimo ejemplo está cundiendo por la zona, y desconozco si la artimaña se ha extendido por los pueblos y barrios de esta España ratonera que nos toca vivir, en la que cualquiera que carezca de escrúpulos siempre triunfa de una u otra forma.

Animo a mis ocasionales lectores a desenmascarar a tunantes como estos para escarnio de posibles imitadores.

Vuelvo y repito. Son actuaciones puntuales que ocultándose tras una falsa conciencia de buen ciudadano sólo procuran la promoción propia.

Carecen de sentido precisamente por lo espontáneo de la acción, por no estar encuadradas en planificación alguna a fin de coordinar y establecer baremos y criterios, por no tener un seguimiento, por no estar dirigidas a la consecución de ningún fin concreto, y por no tener continuidad en el tiempo.

Recuerdo ahora el autobombo que se dio un club local hace unos años cuando decidieron apadrinar un niño de Sudamérica con una pequeña cantidad de dinero mensual.

La prensa local picó el cebo y dio protagonismo a estos mercaderes de la especulación mediática durante un tiempo.

En las comunidades pequeñas —el pueblo o el barrio— aparecen como seres provistos de un aura de bondad. Y la jugada les sale bien. Estos botarates siempre podrán alardear de haber hecho algo mientras yo me limito a criticarles.

Pero no dirán nada de la publicidad gratuita que han cosechado y que era el fin que perseguían.

Señores y señorita: cualidades como la caridad, la solidaridad o la filantropía, para ser sanas, han de dispensarse sin publicidad alguna.

Y puesto que así pienso, estos egoístas nunca sabrán hasta donde llega la humanidad de quien firma estos renglones.

5 de diciembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Saber estar

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Cuando escribo estas líneas aún no ha comenzado la final de la Copa Davis entre Rusia y Argentina…

Desde ya advierto a mis amigos argentinos que me suelen leer que tal vez este articulillo no sea de su agrado, pues hablaré de su mito Maradona. Y no lo haré bien.

Espero que no se incomoden hasta el punto de no volver por aquí. Con dejar de leer en este punto pueden evitarse el desasosiego.

Pues resulta que el señor Maradona últimamente se ha convertido en un fan del tenis argentino, afición que posiblemente le haya entrado a raíz de su amistad con David Nalbandian.

Pero el señor Maradona ya ha sido advertido por el equipo ruso de que su anunciada presencia en las gradas de Moscú no será bien recibida si no es capaz de comportarse como mandan los cánones.

La organización de la final ha cursado su preocupación a la Federación Internacional de Tenis, y ésta ha hecho lo propio con la federación argentina. Es más, les han conminado para que hablen con Maradona a fin de evitar un triste incidente.

Y es que el astro futbolístico podría ser expulsado de la grada si demuestra que su comportamiento no es el esperado de tan insigne personaje.

Pero, ¿de qué va todo esto?, se preguntará el lector que no esté avisado.

Pues por lo visto Maradona organizó un lamentable espectáculo con motivo de la eliminatoria Argentina-Suecia de la referida Copa Davis.

Maradona se pasó gran parte del partido agitándose, increpando e incluso insultando al jugador sueco que jugaba contra su amigo Nalbandian.

Un diario argentino recoge una versión un tanto amerengada de los hechos:

Mientras que Nalbandian crecía, a Soderling se le acababa la nafta, y ante la falta de respuestas, buscaba excusas en el aliento de la gente, que de vez en cuando gritaba o chiflaba en algún momento poco prudente, pero no como para que al sueco se le soltara la cadena. En fin, a pesar de las quejas del equipo visitante, y ante un Diego Maradona que agitaba sus brazos sin parar, David cerró el set por un cómodo 6-1 para poner al equipo del Luli Mancini 1-0 arriba.

(Las negritas son mías)

Vamos, que Maradona confundió un partido de tenis con las gradas de La Bombonera.

Y es que ni el dinero da cultura ni los éxitos deportivos otorgan la cualidad de saberse comportar en según que sitios.

Está claro que nuestro comportamiento se ha de ver modificado necesariamente dependiendo del lugar en el que nos encontremos.

No podemos comportarnos de igual forma en el templo (iglesia, mezquita o sinagoga), aunque no profesemos ningún credo, que en el gimnasio. Ni en el gimnasio debemos comportarnos igual que en el templo.

Y Maradona confundió la gimnasia con la magnesia.

No voy a entrar a explicar por qué en una cancha de tenis se ha de mantener el silencio durante el juego mientras que veintidós tuercebotas se aplican en su empeño rodeados de un graderío vociferante.

El hecho es que una persona del prestigio de Maradona y con sus vivencias debería saber —y estoy convencido de que sabía— las normas que rigen en los encuentros de tenis.

Este muchacho se cree muy simpático. Se cuenta que la famosa frase “la mano de dios” que le hizo célebre con motivo de un gol que metió con la mano en un partido ante la selección de Inglaterra no surgió de su ingenio. (Por qué será que a mí me parece un desafuero que alguien se vanaglorie de infringir impunemente un reglamento deportivo).

Por lo visto él oyó la gracia y la repitió ante los micrófonos. De ahí hemos pasado a que se le designe utilizando un juego de números y letras como “d10s”.

Tal parece que este muchacho, un no-creyente confeso, ha acabado por asumir que está hecho de una pasta divina y que todo le pueda estar permitido.

En Argentina puede que sí le rían todas sus gracias, algunas verdaderos ridículos esperpénticos.

Pero espero y deseo que en Rusia le pongan en su sitio si no sabe comportarse. Igual, igual, que me pondrían a mí si me condujera como un energúmeno.

1 de diciembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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