Las Administraciones locales han ido asumiendo paulatinamente competencias en servicios prestados al ciudadano.
Pero esos servicios han generado unos gastos que difícilmente pueden llegar a sufragarse con las arcas municipales, lo que nos deja en la actual situación de endeudamiento de los ayuntamientos.
La culpa, como siempre, es de otros. Es de la Administración del Estado o de la Administración Autonómica, que no ceden ni un duro de la recaudación de los impuestos.
La solución hasta ahora ha sido gravar al ciudadano en los impuestos que los ayuntamientos tienen a mano. Por lo que nos encontramos con que todos esos impuestos están en los límites máximos que permite la ley.
Pero ésta es sólo una parte de la historia. La parte que se ve. Pero no es necesariamente la parte con mayor veracidad.
Existe otra realidad que permanece oculta y por lo tanto no es visible para un observador poco avisado.
Al frente de los Ayuntamientos están unas personas con su DNI personal y con sus intereses particulares. Son los llamados Alcaldes, esos vecinos que por arte de birlibirloque han llegado un día al Consistorio con tanta formación para el cargo como la que tenían el día de reflexión previo a la cita electoral.
Y claro, el voto es débil y es fácil caer en la tentación de ofrecer mejoras a los vecinos para que lo agradezcan llegado el momento.
Se llega a una espiral en la que se ofrece más de lo que se puede mantener. O dicho en palabras domésticas, se gasta más de lo que se ingresa.
Entramos en ese síndrome del 6 de enero que definí en el artículo enlazado, y vengan inauguraciones que finalizan en inundaciones. Las instalaciones necesitan de un mantenimiento y de una amortización. Y al cabo de seis meses el alcalde de turno no tiene empacho alguno en cerrar el Aula de la Montaña, o la Cueva de Perico, que fueron inauguradas a bombo y platillos.
No es el caso de los polideportivos y de las piscinas municipales, prácticamente imposibles de cerrar. Que sí, que está bien que todo el mundo haga deporte. Pero cada cual debe ser consciente de donde vive, y quien resida en Villanochetoledana no puede pretender que se le presten los mismos servicios que en la capital de la provincia, ni los de aquí tener los mismos servicios que en Madrid o Barcelona.
Y en esto el legislador ha sido sabio y ha dispuesto una serie de servicios imprescindibles que deben prestarse en todos los ayuntamientos.
Y ha dispuesto también que en función del número de habitantes de cada municipio los servicios obligatorios a prestar aumenten.
En la Ley 7/85, de Bases del Régimen Local, (artículo 26) encontramos que el legislador ha tenido en cuenta que sólo los municipios de más de 20.000 habitantes son los que deben ofrecer obligatoriamente instalaciones deportivas de uso público.
¿Cómo hemos podido llegar a la actual situación en la que prácticamente cada pueblo de 5.000 habitantes dispone de un polideportivo municipal? Los gastos de esta instalación no son pocos. Pongamos luz y agua, y calefacción en los que la haya. Y pongamos también los gastos de personal.
Sí, claro, que la gente que trabaja ha de cobrar un sueldo para poder vivir y poder seguir prestando el servicio al que están asignados. Encargados y recepcionistas, personal de limpieza y monitorado, administrativos y personal de mantenimiento…
¿Cómo es posible con los impuestos de 5.000 almas pretender mantener un servicio público que te viene grande sin que sea una carga para los dineros municipales? Tengamos en cuenta que la ley de tasas sólo permite cobrar el coste real del servicio.
Pero el coste real del servicio no es el coste real que el ayuntamiento ha de soportar, sino el coste real del servicio prestado. El polideportivo del pueblo, y no digamos la piscina municipal, siguen costando dinero cuando están cerrados.
¿No hubiera sido mejor renunciar desde un principio a esos servicios deportivos para los que el municipio no disponía de fondos? O mejor aún, ¿no hubiera sido mejor mancomunar estos servicios deportivos entre varios municipios, contribuyendo así al ahorro nacional?
Pues no, porque hay que ganar unas elecciones cada cuatro años a base de inaugurar obras. La culpa… de la Administración inmediatamente superior, ¡cómo no!
17 de noviembre de 2006
http://www.agujadebitacora.com/2006/11/servicios-municipales/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





= flojo |
= aceptable |
= interesante |
= bueno |
= ¡muy bueno!
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
![]() ¡Comparte! |
![]() Leer comentarios |
|
Anterior : « Falsa moral |
Posterior : Designación a dedo » |





(Jean Dolent)













Los alcaldes que mencionas (o sea, todos, porque si no es un polideportivo es un puerto para yates o un museo de los horrores y errores) son como Jesucristo: les das cuatro panes y cuatro peces (los consabidos impuestos) y hacen virguerías, dando de comer al hambriento y de beber al sediento. ¡Y encima, a muchos, les sobra dinero para hacerse un chalecito propio! ¿Tienen poderes sobrenaturales o lo suyo es el timo del tocomocho? Pues me temo que la cosa es muy sencilla: recalifico unos terrenillos, me sueltas la manteca por permitirte elevar tres rascacielos en veinte metros cuadrados, se hacen tropecientos aparcamientos subterráneos en la plaza del pueblo para que se llenen los días de feria y ecétera, ecétera… El suelo es caro, la comisión es cara, la guita que se llevan los constructores está acorde a su alto rango y mientras la cosa aguante, a vivir que son dos días. Más o menos como el Betis (mi parida de hoy) o lo de la extinta URSS. En dos días se va todo al carajo, aunque los topos y conejos llevaban horadando el subsuelo desde hacía lustros. Espérate que empiecen a caerse los palos del sombrajo y verás un bello espectáculo. Lo malo es que hasta los que no tenemos nada que ver con ésto, lo pagaremos bien pagado. Y si no, al tiempo…
El filón que han encontrado los alcaldes sin escrúpulos —estoy convencido de que en alguna parte tiene que haber políticos honrados— parece que empieza a tocar fin.
Pero como siempre en nuestro país han de coincidir en el tiempo tres o cuatro noticias bomba sobre el mismo particular para que los poderes públicos empiecen a pensar en que tal vez sea necesario poner remedio —ya ves que te lo fío largo.
Tenemos además del caso de Marbella ese otro de “el Pocero” y otro más en Santoña (Cantabria), si no recuerdo mal.
Además otros muchos por ahí que aún no son de conocimiento popular. Pero ya empieza a haber concejales de urbanismo imputados en… dejémoslo en errores.
Con tal de ponerse la medallita son capaces de inaugurar el primer astropuerto del planeta, aunque después esté los próximos cien años sin actividad. La cosa es inaugurar lo que sea, que después ya veremos.
Foto y anuncio de partida presupuestaria, foto y anuncio de la subvención de la Administración autonómica (del mismo signo político), foto y cartelito de obras, foto y primera piedra, foto y visita a las obras, otra foto con motivo de otra visita, foto e inauguración. Eso sí, no les llames cuando empiecen las goteras y el deterioro de la instalación.
¿Ahorro? Pero qué dices…
Tienes que hablar también de todas esas empresas de amigos del alcalde (o de amigos de los amigos) que prestan servicios al ayuntamiento. En el mundo del deporte se dan también esas empresas. Sí que realizan el servicio o la obra, pero son favores que se devuelven de alguna manera oscura o poco transparente. Es el sistema el que no funciona, o que no dejan que funcione con todas estas trampas.