—bitácora cáustica e irreverente de un descreído del deporte—

 Malos tiempos

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No soplan buenos vientos sobre el fútbol español.

Ya he dicho en otras ocasiones que nada es inmutable. O como dice en algún sitio el Tao Te King: “nada permanece, todo cambia”.

La actual prevalencia del fútbol sobre las otras modalidades deportivas tampoco permanecerá. Las grandes estructuras tienden a anquilosarse y colapsar.

Quizá estemos empezando a vivir las vísperas de cambios profundos. Repasaré los últimos avisos de la ruina que se avecina.

A)— Ridículo mayúsculo en el último campeonato del mundo, que no hubiera sido tan marcado si no se hubieran cifrado en la selección de millonarios expectativas infundadas.

Para más inri, la selección de otros millonarios, más altos y menos creídos, obtuvo a los pocos meses el título mundial absoluto.

B)— En los países vecinos de nuestro entorno económico ya se conocen casos de corrupción en las primeras ligas nacionales: Italia, Alemania, Bélgica…

Me parece atípico que en España no se hayan detectado crujidos de este tipo, aunque continuamente se vierten sospechas más o menos veladas sobre lo casual de que los equipos más cercanos al Gobierno de turno comiencen a ganar ligas.

El día que se destape el escándalo nos cogerá avisados. Si es que hubiera algún escándalo que destapar, que el Estado de derecho nos ampara a todos con la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario.

C)— Los índices de audiencia televisiva del fútbol han ido bajando paulatinamente en la última década, y parece que siguen a la baja.

D)— La UEFA, con su actitud nada democrática de extorsionar a las asociaciones privadas que la conforman para que no acudan a la Justicia —aún no sé por qué la llaman “justicia ordinaria”—, colabora allanando el camino hacia la debacle.

E)— Los equipos profesionales están tomando conciencia de sus derechos habida cuenta de que mantienen la competición. A renglón seguido están llegando a la conclusión de que no pueden ser obligados a ceder sus activos a una supuesta selección nacional sin contraprestación alguna y sin cobertura por los riesgos asumidos.

F)— Tras la sentencia que confirmaba el pelotazo de la RFEF en el madrileño municipio de Las Rozas con su disonante Ciudad del Fútbol ahora ha llegado la confirmación del desahucio porque el Tribunal Supremo no ha admitido su recurso.

G)— Las pérdidas serán cuantiosas; de momento el dinero invertido en la construcción del hotelito y los campos de juego.

Perderán los ingresos de publicidad que generaba esta finca y los ingresos por prestación de servicios. Y quizá lleguen denuncias por deudas e incumplimiento de contratos… Ya sabemos que del árbol caído todo el mundo quiere hacer leña.

H)— El Tribunal de Cuentas ha encontrado irregularidades en el destino que la RFEF ha dado a las subvenciones (dinero público) concedidas por el CSD. La RFEF no podría demostrar el destino de 23.000.000 de euros.

Y de estos últimos puntos, ¿quién es el responsable? Algunos depredadores culpan —en pos de intereses personales— al presidente de la RFEF, Ángel María Villar.

No ejerceré la acción carroñera que practican algunos periodistas y algunos medios de comunicación, estimulados por el impulso que les llega del cemento y del asfalto, y me ceñiré al viejo refrán asturiano: tanta culpa tiene el que mata como el que tiene por la pata.

Los desmanes de la RFEF han sido consentidos por los poderes públicos y coreados por los poderes fácticos.

Pero esta vez el Secretario de Estado para el Deporte no será objeto de mis invectivas. En los años en que se permitía a la RFEF campar por sus respetos el señor Lissavetzky no presidía el CSD.

A pesar de su confesada predilección por el balompié don Jaime ha mantenido el tipo llegando hasta el fondo del asunto. Al César lo que es del César.

28 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Lo nunca visto

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El mundo del deporte se presta a ciertas situaciones morbosas que logran aumentar la expectación.

Los derbis son prueba de ello. Que dos equipos del mismo barrio, del mismo pueblo o de la misma ciudad se enfrenten tiene su morbo. Morbosidad sana, si usted me entiende, que diría Sam Gamyi.

Existen competiciones de eliminación directa que encierran por ello cierta dosis de morbo extra. Y si el derbi es una final la carga de expectación —y de excitación— aumenta.

En los derbis individuales la morbosidad sube muchos enteros. Independientemente de la calidad del juego, la eliminación en un torneo de una de las hermanas Williams a manos de la otra acrecienta la expectación sobre ese partido.

Los duelos —deportivos— llevan una carga emotiva adicional para los aficionados cuando se trata de un enfrentamiento entre hermanos.

Y si el deporte es de contacto, se redobla la expectación. O el morbo…

En la NFL, la liga yanqui profesional de fútbol americano, deporte de contacto donde los haya, los gemelos Barber juegan en diferentes equipos. Además ocupan posiciones contrapuestas. Ronde Barber es jugador defensivo con los Tampa Bay Buccaneers y Tiki Barber jugador de ataque en los New York Giants.

Es posible un enfrentamiento directo entre ellos en el campo, aunque la posición de Ronde —cornerback— no sea la que habitualmente se encarga de parar a Tiki, que es runningback. Pero un partido entre sus equipos suscitará gran dosis de morbosa expectación.

Uno deberá parar al otro, y el segundo deberá pasar por encima del primero. Golpe y rudeza, calidad y predominancia. Los humanos somos así; qué le vamos a hacer.

Y si el enfrentamiento fraterno se diera en un deporte de combate rizaríamos el rizo.

Los hermanos Klitschko —Wladimir y Vitali— han sido campeones mundiales del peso pesado de boxeo. Pelean en diferentes organizaciones mundiales: Vitali en el WBC y Wladimir en la IBF.

Si hubieran sumado entre ellos los títulos de las cuatro federaciones, ¿hubieran exigido los aficionados la reunificación de coronas?

Los hermanos Klitschko dejaron siempre claro que nunca habría un duelo fraticida entre ellos…

En los deportes de combate se han dado otras situaciones complicadas de digerir. Como cuando un padre entrena a su hijo y es su coach en la esquina. ¿Tirará con más facilidad la toalla en caso de complicaciones o por contra será más exigente con su propio criterio?

Aunque usted no sea aficionado al boxeo o al kickboxing, deportes en los que está permitido el fuera de combate y que se basan en el castigo físico al rival, entenderá que no sea fácil vivir esta situación.

Pero por si no le parece suficientemente morboso esto último, compliquémoslo algo más.

Un hombre entrena a uno de los mejores campeones del mundo que tiene un alto porcentaje de combates ganados por K.O. Este entrenador tiene un hijo, que a su vez es campeón del mundo en una categoría diferente a la de su pupilo. Su hijo está considerado el mejor boxeador del mundo libra por libra, y él fue su entrenador hasta que rompieron relaciones con motivo de la defensa de un título mundial. Tras un largo tiempo se reconciliaron.

Un día los caminos de su hijo y de su pupilo se cruzan. El duelo se perfila como la mejor pelea del momento. Será uno de esos combates del siglo.

Si usted fuera ese hombre…, si usted fuera Floyd Mayweather Sr., padre de Floyd Mayweather Jr. y entrenador de Óscar de la Hoya, ¿qué haría?

24 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Designación a dedo

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En el artículo anterior hablaba de las instalaciones deportivas municipales, y elucubraba desde la necesidad —o necedad— del impulso que han recibido a la ausencia de fórmulas en la Administración local para su mantenimiento y el desgaste que ello supone.

Igualmente es obligación de los ayuntamientos gestionar de forma eficiente los servicios deportivos —creados al socaire de las instalaciones—. Y para ello precisan contratar personal cualificado con garantías tanto para los administrados como para la empresa pública.

En el estamento del monitorado ningún ayuntamiento contrata por tiempo indefinido (lo que conocemos como contrato fijo). Sería un error mayúsculo obtener los servicios de un monitor bajo este modelo de contrato.

Los gustos del público por determinada especialidad deportiva —o por el propio monitor— pueden cambiar en tres o cuatro años. Y la formación de los monitores precisa una especialización y una dedicación —poniendo interés de su parte— que dificultan su reciclaje hacia otras actividades.

La motivación que alberga un joven monitor no es la que observamos en un veterano de cuarenta tacos. Estoy en disposición de afirmar que tras quince años de servicio la ilusión no es la misma (o dicho de otra forma, no pone el mismo entusiasmo un hombre de treinta y cinco años que un chaval de veinte, ¿verdad?).

Y si la retribución económica va a ser la misma con cuatro que con cuarenta entrenandos, me temo que el veterano y ya filtrado monitor no va a estar dispuesto a realizar ese esfuerzo discrecional que se precisa en los servicios deportivos.

Por lo tanto, la fórmula utilizada para la prestación del servicio del monitorado ha de ser forzosamente el contrato hasta finalización de obra o servicio, que se refleja por temporadas deportivas.

Algo similar ocurre con los coordinadores deportivos, gerentes o directores del organismo autónomo local —llamado Patronato, Instituto o Fundación Deportiva Municipal—. Al frente de los servicios de deportes han de estar personas dinámicas, capaces y trabajadoras, con capacidad para organizar lo que hay y para crear lo que no exista.

Es aquí donde nuestros alcaldes y concejales se pierden y acaban creando una plaza de coordinador deportivo —insisto en que la denominación de esta figura es diferente en cada municipio— mediante un contrato por tiempo indefinido o contrato fijo.

La dinámica que se suscita es similar a la que se observa en los monitores. Al cabo de cierto tiempo la desidia, la dejadez, la falta de impulso y de motivación, harán que el coordinador, gerente o director se haya hecho eficaz a base de experiencia —o de llevar batacazos, en algún caso que conozco—, pero que no sea ni eficiente ni efectivo.

Por contra, se habrá hecho un cómodo en su puesto laboral. ¿Por qué obligarse a organizar una carrera pedestre o un torneo de verano si al final del mes la nómina será la misma?

¿Cuál puede ser la solución? Pues el contrato administrativo por designación directa, regulado por el Real Decreto Legislativo 781/1986, (texto refundido de disposiciones sobre régimen local) en su artículo 176, y por la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, que en su artículo 104 habla de los funcionarios eventuales:

2. El nombramiento y cese de estos funcionarios es libre y corresponde al Alcalde o al Presidente de la entidad local correspondiente. Cesan automáticamente en todo caso cuando se produzca el cese o expire el mandato de la autoridad a la que presten su función de confianza o asesoramiento.

Lo que peyorativamente llamamos designación a dedo en esta ocasión será un buen aliado para el administrado. Los funcionarios eventuales, también llamados personal de confianza —no sólo confianza política, también profesional—, están pendientes de las fluctuaciones de su gestión.

Ante una gestión mediocre el alcalde deberá depositar su confianza en otra persona. No mediará entonces indemnización económica alguna, ni tan siquiera aviso previo a la finalización del contrato. Se trata de un contrato administrativo y no de un contrato laboral. Esta situación es suficiente incentivo como para que el coordinador, gerente o director del organismo autónomo local no pierda su motivación.

Y los administrados agradecerán la buena marcha del servicio deportivo municipal, sin que éste se anquilose.

21 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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