El mundo del deporte se presta a ciertas situaciones morbosas que logran aumentar la expectación.

Los derbis son prueba de ello. Que dos equipos del mismo barrio, del mismo pueblo o de la misma ciudad se enfrenten tiene su morbo. Morbosidad sana, si usted me entiende, que diría Sam Gamyi.

Existen competiciones de eliminación directa que encierran por ello cierta dosis de morbo extra. Y si el derbi es una final la carga de expectación —y de excitación— aumenta.

En los derbis individuales la morbosidad sube muchos enteros. Independientemente de la calidad del juego, la eliminación en un torneo de una de las hermanas Williams a manos de la otra acrecienta la expectación sobre ese partido.

Los duelos —deportivos— llevan una carga emotiva adicional para los aficionados cuando se trata de un enfrentamiento entre hermanos.

Y si el deporte es de contacto, se redobla la expectación. O el morbo…

En la NFL, la liga yanqui profesional de fútbol americano, deporte de contacto donde los haya, los gemelos Barber juegan en diferentes equipos. Además ocupan posiciones contrapuestas. Ronde Barber es jugador defensivo con los Tampa Bay Buccaneers y Tiki Barber jugador de ataque en los New York Giants.

Es posible un enfrentamiento directo entre ellos en el campo, aunque la posición de Ronde —cornerback— no sea la que habitualmente se encarga de parar a Tiki, que es runningback. Pero un partido entre sus equipos suscitará gran dosis de morbosa expectación.

Uno deberá parar al otro, y el segundo deberá pasar por encima del primero. Golpe y rudeza, calidad y predominancia. Los humanos somos así; qué le vamos a hacer.

Y si el enfrentamiento fraterno se diera en un deporte de combate rizaríamos el rizo.

Los hermanos Klitschko —Wladimir y Vitali— han sido campeones mundiales del peso pesado de boxeo. Pelean en diferentes organizaciones mundiales: Vitali en el WBC y Wladimir en la IBF.

Si hubieran sumado entre ellos los títulos de las cuatro federaciones, ¿hubieran exigido los aficionados la reunificación de coronas?

Los hermanos Klitschko dejaron siempre claro que nunca habría un duelo fraticida entre ellos…

En los deportes de combate se han dado otras situaciones complicadas de digerir. Como cuando un padre entrena a su hijo y es su coach en la esquina. ¿Tirará con más facilidad la toalla en caso de complicaciones o por contra será más exigente con su propio criterio?

Aunque usted no sea aficionado al boxeo o al kickboxing, deportes en los que está permitido el fuera de combate y que se basan en el castigo físico al rival, entenderá que no sea fácil vivir esta situación.

Pero por si no le parece suficientemente morboso esto último, compliquémoslo algo más.

Un hombre entrena a uno de los mejores campeones del mundo que tiene un alto porcentaje de combates ganados por K.O. Este entrenador tiene un hijo, que a su vez es campeón del mundo en una categoría diferente a la de su pupilo. Su hijo está considerado el mejor boxeador del mundo libra por libra, y él fue su entrenador hasta que rompieron relaciones con motivo de la defensa de un título mundial. Tras un largo tiempo se reconciliaron.

Un día los caminos de su hijo y de su pupilo se cruzan. El duelo se perfila como la mejor pelea del momento. Será uno de esos combates del siglo.

Si usted fuera ese hombre…, si usted fuera Floyd Mayweather Sr., padre de Floyd Mayweather Jr. y entrenador de Óscar de la Hoya, ¿qué haría?

24 de noviembre de 2006