Sólo cuando escuchas, obtienes ideas diferentes a las tuyas

Lo que le pido a una ciberbitácora es algo de información y opiniones propias y singulares; que no me aburra haciéndose eco de la opinión pública, la que está en la calle y ya conozco.

El autor debe plantearme un punto de vista distinto y quizá atrevido. Que se asome un poquito por encima de lo que el vulgo es capaz de discernir.

Me da igual si es una autoridad en la materia o si solamente tiene ideas propias. Agradeceré que me haga pensar a partir de un argumento coherente y consistente.

Podré estar de acuerdo con su idea o en desacuerdo. Para eso están los comentarios. Y me gusta poder entablar un diálogo o discusión —que no riña— con su autor intercambiando argumentos.

Tal vez me convenza, o tal vez consiga que me reafirme en mi postura. Pero me hará pensar y replantearme mi criterio. Tal vez con mi intervención y su respuesta —y por qué no mi réplica y su contrarréplica— se aproximen nuestros pareceres y tal vez yo alcance otras formas de pensar, de ver la realidad, de entender los acontecimientos.

Así concibo las bitácoras. Una ventana que abre alguien para mostrar al mundo su modo de pensar, y a la que puede asomarse quien lo desee para discrepar sanamente, con educación y respeto a las ideas de los demás.

Los comentarios deben facilitar líneas de diálogo entre los visitantes. Siempre he esperado que funcionaran a la manera de un foro, en donde se aborda un tema y se escuchan diferentes opiniones, y se entablan discusiones —que no riñas…— entre los participantes en las que cualquiera puede intervenir.

Lamentablemente, al menos para mi concepto, veo bitácoras deportivas —que son con las que ésta bitácora mía comparte identidad— en las que el autor analiza una situación dada sin aportar un punto de vista diferente o un matiz distinto.

Su opinión se pierde en un mar de opiniones idénticas que son conformadas por la opinión pública (1).

Siento que no me aportan nada; no enriquecen mi bagaje cultural ni me hacen crecer mentalmente. Me veo perdiendo el tiempo leyendo banalidades deportivas totalmente intrascendentes.

Observe el ocasional lector de estos apuntes que no arremeto contra la exposición de ideas equivocadas, desfasadas o retorcidas. Cada cual debe defender sus puntos de vista por mucho que a mí me parezcan peregrinos.

Echo en falta el diálogo en una herramienta que debería ser más potente. Observo que quienes se deciden a intervenir en los comentarios de las bitácoras lo hacen con textos escuetos —como queriendo no robar protagonismo al autor—, que de tan breves algunas veces se prestan a una doble interpretación, quedando otras veces un mensaje abstruso.

Pocos autores contestan a todos los comentarios que les hacen en sus bitácoras, con lo que las condiciones de un diálogo o debate no se dan.

Las más de las veces los comentarios comulgan con la opinión “oficial” de la bitácora, como evitando indisponerse con el autor. Esto, que puede ser entendido como una muestra de respeto hacia el anfitrión, en realidad fomenta el desarrollo de una comunidad cerrada en la que cualquier opinión discordante será tratada como un troll por los miembros de esa cibercomunidad.

Y así esa “colmena cibernética” se come su propia miel y se revuelca en su propia cera, y sus integrantes no consiguen avanzar o evolucionar en sus planteamientos a través de ese medio.

Este verano me propuse conseguir un nuevo enfoque. Creé un híbrido entre las bitácoras y los foros —medio éste donde el participante es más expansivo— que di en llamar bitáforo.

Pero me temo que la idea velará en algún rincón de mi servidor en espera de mejor oportunidad. Parece que foreros y bitacoreros mantienen consideraciones divergentes en lo que a expresar sus opiniones concierne, y el desinterés por el otro medio es recíproco.

No obstante, permaneceré atento. Los creadores de WordPressCMS con el que se edita esta bitácora— acaban de publicar una herramienta que creo que facilitará la hibridación.

←(¹) Opinión pública no es lo que opina el público, sino lo que puede ser opinado en público.

3 de noviembre de 2006