Gasolitis
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deporte profesional | legislacion
El último día, al hilo de la raulitis que aqueja a la sociedad española, señalaba la incongruencia que se vive en el mundo del fútbol profesional en relación con el marco económico y laboral en el que está inscrito, que no es otro que el de la Unión Europea.
¿Cómo es posible que una actividad económica —el fútbol profesional no es otra cosa— se sustraiga al entorno legal en el que está inmerso con la aquiescencia de los poderes públicos?
En el mundo occidental —no tan homogéneo como nos parece— existen fórmulas congruentes para asimilar el deporte profesional al sistema en el que se encuadran.
¿Es posible que existan reductos de “ilegalidad consentida” en el mundo civilizado que alardeamos de tener? ¿No implica el concepto de civilización que todos los subsistemas coadyuven en sintonía con “el gran sistema”?
Parece ser que el fútbol profesional —no nos engañemos más, hablo del fútbol FIFA y UEFA— goza de ciertas prerrogativas de las que otras actividades económicas no disfrutan.
¿Imaginan un camarero que afiliado a una asociación hostelera deba prestar sus servicios profesionales para esa federación en detrimento del empresario que le paga?
En el deporte profesional, además del riesgo cierto de lesión, hay que valorar el cansancio acumulado por los partidos de más, por los viajes y cambios de horario, y por esos golpes que merman el rendimiento aunque no lleguen a suponer una baja.
Trasladaba a quienes quisieron leerme el último día que tal vez se precise que alguien venido de ultramar llegue con la pertinente denuncia ante el tribunal competente.
El deporte profesional USA, insertado en lo que conocemos como mundo occidental, tiene claros conceptos empresariales que en la vieja Europa ni quieren aceptar las federaciones internacionales ni están dispuestos a hacer respetar los poderes públicos.
Quien suscribe no es pro-yanki. Solamente pretendo que el dinero público, el dinero que apoquino al Estado (o debería decir, a los Estados) no acabe favoreciendo a unos carotas que se lucran en el cotarro del deporte profesional.
Con la lesión de Pau Gasol en el pasado mundial de baloncesto la cosa ha estado a punto de saltar la mediana que separa ambos conceptos occidentales de integrar el deporte profesional en la sociedad.
Por un lado está el concepto europeo, en el que los Estados contribuyen al sostenimiento del circo deportivo profesional. En el otro extremo tenemos el concepto americano, en el que el circo deportivo profesional no sólo se sostiene a sí mismo, sino que colabora aportando fondos al Erario público.
Los gringos, muy patrióticos ellos, mantienen una disonancia que deben resolver: los propietarios de los equipos NBA no están muy de acuerdo con la participación de sus asalariados —a los que pagan enormes cantidades de dinero— en las competiciones de selecciones nacionales.
En Europa todavía hay quienes se resisten a entender este concepto. A los accionistas de las federaciones europeas simplemente no les interesa adaptarse mientras Papá Estado siga aportando dinero.
Y el aficionado está feliz dejándose engatusar por patrioterismos trasnochados que le hacen olvidar sus cuitas por un día en la absurda creencia de que el espectáculo que le sirven le sale gratis.
Para estos últimos tengo una pregunta. Si usted fuera dueño de un equipo profesional, y pagara astronómicas sumas de dinero a sus deportistas —trabajadores millonarios que usted mantiene no sin riesgos económicos y con grandes quebraderos de cabeza—, ¿aceptaría que sus asalariados trabajaran para otra entidad privada (léase federación nacional) que obtendrá por ello beneficios económicos de los que usted no percibirá un duro?
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Competición y público »

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La pregunta que dejas en el aire al final del artículo pone el tinglado patas arriba. Yo contetaría ¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!!! y cualquiera con dos dedos de frente y un riesgo en la cartera. Pero, como señalas, aquí es papá Estado quien corre con los gastos porque también saca altas plusvalías de patriotismo barato, entretenimiento del personal, etc. Pero el tema lo tienen bien amarradito entre los sectores afectados. Fíajte el último caso de Portugal, donde un club -no recuerdo cual- quería recurrir a la justicia ordinaria por algún tema con el que no estaba de acuerdo y la UEFA salió como una pantera amenazando no sólo con quitar a ese club de las competiciones que organiza si no, lo que es más grave aún, ¡a otros clubes portugueses que no tienen nada que ver en el asunto! No sé como habrá quedado la cosa, pero visto que juegan, todos habrán agachado la cabeza y habrán renunciado a la justicia ordinaria. ¿Y a ésto cómo se le llama, Estado de Derecho o Derecho de Pernada de la UEFA?
Querido amigo, esto no hay quien lo entienda. O se entiende demasiado…
El tema de Portugal, y creo que el del Charleroi también, yo los catalogaría de extorsión.
Pero no desfallezcas, que estoy preparando un artículo sobre el particular. Pero he de asesorarme antes, no fuera a ser que me empapelaran estos indignos dignatarios de la FIFA y la UEFA por decir un poquito más (en realidad estoy convencido de que no me leen, jaja).
Y es que hablándoles de juzgados es como el que mienta la soga en casa del ahorcado, que decía don Quijote. Porque sabrás que tienen una denuncia por corrupción interpuesta por un periodista inglés.
Pues yo tampoco. Macho, es que hay que ver cómo te explicas.
¿Por qué no le verán así de claro quienes deben legislar? A mí ya me está dando morbo que llegue alguien y ponga la denuncia.
A ver si se le da un vuelco al panorama que tenemos, que no es otro que el de seguir poniendo dinero para que los listos del fútbol se beneficien.
Supongo que te refieres a que tú tampoco aceptarías que tus millonarios empleados curraran para generar beneficios a otra entidad ;-) .
Y la verdad que morbo es la palabra que a mí también me pone. La denuncia, y posterior sentencia, para algunos sería una especie de cataclismo, pero para otros supondrá más bien una reordenación, una reestructuración y un reequilibrio de las cosas como deben ser.
Estoy empezando a pensar que en la Vieja Europa son los nacionalismos y los patriotismos el lastre que impide que el deporte profesional se ordene en función de lo que es: una actividad económica ligada al espectáculo.
Es una idea a desarrollar en un próximo artículo.