Entre café y pincho leía ayer uno de esos periódicos deportivescos españoles. En portada se inculpaba veladamente a mi paisano, el presidente Villar, por la lesión de Maxi Rodríguez.
Y digo entre café y pincho porque quiero dejar claro que no gasto ni un céntimo en comprar ese tipo de prensa; la leo como servicio añadido que presta mi amigo el tabernero.
Por lo visto el argentino se lesionó disputando un encuentro de selecciones nacionales. Aviso desde ya a mi paciente lector que por hoy no incidiré más en este asunto del “secuestro laboral” de deportistas profesionales.
Decía que achacaban de una manera torticera al presidente Villar la responsabilidad por la lesión del chaval: “Maxi estará 6 meses de baja por culpa del patatal que Villar eligió para el España-Argentina”.
No seré yo quien niegue que el hombre tiene sus defectos, aunque compartamos paisanaje. Pero de ahí a inculparle, aun indirectamente, va un abismo. Mas me temo que el mensaje ya ha sido asimilado por el vulgo, que cree a pies juntillas todo lo que se dice en letra impresa.
Desconozco si el campo reunía condiciones para que jugaran dos selecciones de federaciones nacionales —entiendo que el evento merece unas comodidades extra-ordinarias—, pero el argumento es tan falaz como lo sería culparle por una intoxicación sufrida en la comida de la concentración.
¿Por qué se permiten abrir juicios periodísticos? ¿A dónde pretenden llegar estos licenciados del papel? ¿Por qué condicionan a la opinión pública? ¿En qué autoridad se amparan para abrir encuestas sin rigor ni validez sobre la destitución del seleccionador? ¿A algún diario de economía se le ha ocurrido hacer otro tanto sobre algún consejero del BSCH, BBVA, Endesa o Repsol? ¿A qué viene tanta intromisión e injerencias en las labores de una entidad privada?
Esta prensa deportivesca amarilla, tendenciosa y ávida de poder, se ha propuesto derrocar un sistema que lleva ya unos años perpetuándose en la federación. (¡Ojo!, no está ocurriendo nada que no ocurra en las otras más de sesenta federaciones españolas).
Me traen sin cuidado los destinos del seleccionador Aragonés y del presidente Villar. Mañana yo tengo que seguir luchando por las alubias de mi familia mientras que si ellos tuvieran que despedirse de sus queridos cargos —queridos por ellos, queridos por otros— podrían sentarse a contar las nubes pasar hora tras hora hasta el final de sus días que sus respectivas familias no iban a padecer penuria alguna.
Ya digo que esos cargos son ansiados por otros. Parece ser que la actual situación de acoso y derribo al presidente Villar —y a quien le sea próximo— por parte del sector más sensacionalista de la prensa deportivesca española estaría motivado por intereses particulares.
Es sobradamente conocido en los mentideros de costumbre que cierto ex-presidente tiene puesto el ojo en ese sillón presidencial.
Estos periodistócratas se erigen en paladines de un supuesto interés general, en abanderados de la opinión pública, y se esmeran en mostrarnos la cara inocente del altruismo y la filantropía. Pero son utilizados por un grupo mediático para desprestigiar arteramente a quien asume la responsabilidad en una entidad privada.
Entidad privada en la que existen elecciones cada cuatro años a las que puede presentarse todo hijo de vecino que se sienta capaz de montar su propio cortijo, masía o caserío para ganar dinero con el negocio que supone hoy en día la presidencia de una federación española como la de fútbol.
Estoy convencido de que la remuneración inherente al cargo de presidente de esta federación, en el caso probable de que la Asamblea General así lo haya establecido, no es más que una minucia.
El chollo, el gran chollo, son las puertas que abre semejante tarjeta de presentación. Teniendo medios y amistades para aprovechar las sinergias que inevitablemente se arremolinan en torno al presidente de tamaña federación española, éste es el negocio del siglo.
14 de octubre de 2006
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(Jean Dolent)





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No se pueden denunciar más cosas en un sólo artículo. He contado 12. Casi sales a una por párrafo.
A quien defiendes, criticas. Unos pretenden controlar, pero son controlados. Quien lucha contra una demagogia utiliza argumentos falaces. Un ente sin ánimo de lucro es un foco de negocios. Quien se ha ido pretende seguir. No usas pero sí mencionas el secuestro laboral. El pueblo sabio es en realidad crédulo e ingenuo. La opinión colectiva es más maleable que la opinión personal. Se utiliza la opinión pública en beneficio personal.
Le das un buen revolcón a la actual sociedad española, llena de contrastes y contradicciones.
Pero no te pondré nota, pues no se puntúa al maestro.
Quizá sea que esta sociedad española, siempre ambivalente y caprichosa, haya perdido los valores más básicos de la convivencia.
Quizá ni sea cuestión de talante ni sea cuestión de mano dura.
Quizá sólo sea cuestión de ponerse a indagar en el fuero interno de cada comunidad —geográfica, gremial, asociativa, familiar, local…— y dejar de aplaudir al mangante, al chulo o al bandolero que nos caen simpáticos por ser rebeldes y transgresores, y colocarles en la peana que les corresponde: la más baja del escalafón social.
Y lo dejo aquí, que me he puesto en plan filósofo moralista y lo mío es la irreverencia y la causticidad ;-p
Me meto en tu comentario al genial de Contrapunto porque acabas de pisarme un callo que me viene dando la murga desde hace tiempo: eso de que lo habitual es aplaudir al mangante, al chulo o al bandolero por cuestión de simpatía o de transgresión… Y acabo tu razonamiento: …en vez de aplaudir al que hace su papel bien hecho, al modesto, al decente y honrado, a la buena persona.
Acabo de enterarme que en un reciente festival de cine de terror (¡terror de cine, deberían decir) se ha presentado una peli contando la bonita historia de un tío que se merendó literalmente (con carne y todo) a un amigo, pene incluido. Recuerdo que cuando hace unos años saltó la noticia del suceso (a la que se le dió todo el boato y pompa de rigor), dije en plan Rappel: harán una película sobre ella. Pues, et voilá. En cambio, por aquellas fechas, un buen tipo que se jugó la vida por salvar al conductor de un camión, a punto de explotar la carga derramada tras un accidente, no mereció más que dos renglones en algún periodico, en página impar, escondidos entre noticias luctuosas. Y de metraje, ni un milímetro de celuloide o video.
Tengo escrito por ahí que el cine está repleto de bastantes directores y guionistas psicópatas. No diré tanto me parece que la prensa deportivesca no le anda muy a la zaga. En cualquier caso, por si te sirve de algo, yo la uso como laxante cuando voy en exceso estreñío. Oye, es que ni el Lexatín…
Me he permitido mover tu comentario y el mío y anidarlos al comentario de contrapunto. Se me pasó pinchar en el enlace correspondiente cuando le respondí.
En el mundo del cine hay mucho soplagaitas suelto. Mucho underground que no saben ni lo que esto significa. Ahora se llaman frikis, pero básicamente viene a ser lo mismo, una especie de contracultura.
Y las culturas alternativas y las subculturas y todo eso está muy bien, pero que no pretendan dogmatizar con ello, por favor.
Los cineastas españoles se han quedado con aquella actitud de reproche que les dio resultado cuando el cine español estaba necesitado de un empujón. En vista del éxito obtenido se niegan a evolucionar, y muchos siguen con su complejito de niño incomprendido cuando la realidad es que ahora muchos gozan de un buen caché.
Y el que no lo tenga que se lo curre, que en ningún oficio se llega y se besa el santo. Y el que lleve tiempo y no lo tenga pues que vaya pensando en dejar el arte y dedicarse a la técnica, como hacemos el resto de los mortales.
En resumidas cuentas: el mal de las Españas subvencionadoras. Acostumbras a dar peces al que te los pide en vez de enseñarle a pescar, y ya lo tienes por el resto de los días llamando a la puerta del Ministerio para reclamar esa subvención sin la cual no puede vivir.
La monstruo-federación de fútbol es un engendro que se les ha ido de las manos a estos inventores chiflados que son los políticos sentados a legislar sobre temas que no conocen.
Como dice contrapunto: “un ente sin ánimo de lucro que es un foco de negocios”. Y yo añadiría que de negocios turbios y turbulentos.
Ahí está el desaguisado de la Ciudad del Fútbol, nombre bucólico que parece querer evocar inocentemente a aquella Ciudad de los Muchachos.
Pero el pelotazo (y el estropicio) ha sido de órdago. El pequeño Frankenstein federativo ha crecido y amenaza con comerse al sistema.
Y los futboleros siempre con la misma frase en la boca que suena ya a amenaza velada: “es que si hay que hacer eso se acabaría el fútbol”. Pues que respeten las reglas y las normativas o que se acabe de una puñetera vez, ¡leche!.
Eso de que si se les aplicara la ley se acabaría el fútbol ya lo oímos cuando el Estado se propuso regular las titulaciones deportivas que otorgan las federaciones. Como se exigía que cualquier persona al frente de un grupo de niños estuviera titulada, la respuesta fue que no podían exigir titulaciones a todos porque entonces se acabaría el fútbol.
Quizá sea esa una de las causas por las que hay tantos equipos de fútbol. En otras modalidades se exige desde siempre estar en posesión de la pertinente titulación, y hay escasez de entrenadores para formar más y más equipos.
El desmadre en el fútbol es total. Si sólo fuera el fútbol base, es entendible que con el paso del tiempo se fuera normalizando el asunto de las titulaciones (llevamos más de ocho años y aún siguen admitiendo entrenadores no titulados que llevan equipos de niños por esos campos de dios).
Pero, como bien apuntas, el desmadre y el compadreo en el fútbol profesional se sale ya de toda norma laboral, económica, social, administrativa… Vamos, que no dejan ni un Juzgado sin trabajo si se les exigiera cumplir como cumple todo hijo de vecino.
Un pequeño ejemplo de nada: ¿alguien sabe si el chiringuito del campo de fútbol del barrio tiene todas las licencias en regla, empezando por la manipulación de alimentos y siguiendo por el despacho de bebidas alcohólicas o tabaco?
Apostaría que la cafetería del gimnasio de taekwondo de la calle de abajo tiene todos los permisos reglamentarios; de lo contrario ya la habrían cerrado.
No se puede consentir que se exija el cumplimiento de las leyes a unos currantes (como son los deportes desheredados) y no a unos terratenientes (como es el fútbol).
O todos calvos o todos melenudos, señor Lissavetzky.