¿Quién dicta lo que es noticia en las redacciones de deportes? ¿Algún gurú de las Ciencias de la Información o tal vez un mancebo a medio madurar, enchufado y aterciopelado, que debe el éxito en su profesión a ser plegadizo y acartonado ante las demandas nada deontológicas de quien le ha colocado en el piso de encima de la piramidal redacción?

¿Cuáles son los criterios que se siguen para entresacar de la actualidad deportiva lo que es importante de lo que es intrascendente?

¿Son las aficiones particulares de este mediático gurú engreído las que se ven retratadas en las páginas o minutos deportivos que dirige?

¿Es imprescindible que el sabioncete gurú deportivo entienda de fútbol, hablando con soltura de fichajes en el deporte rey, aunque toda su experiencia con el esférico se base en una memoria enciclopédica al estilo Maldini?

Por cierto, que este chico padece mitomanía; aunque estará orgulloso de ello, ya que son las dos únicas cosas que le han popularizado, porque de lo demás roza el dos cuartos. Lo preocupante es que van saliendo imitadores igual de pedantes.

¿Cuántos tenemos la sensación de que los diarios deportivos, la radio deportiva y la televisión deportiva es todo ello la misma morralla informativa cortada por los mismos patrones viciados?

¿A dónde nos lleva el estado actual en el que se está sumiendo el periodismo en general, y cierto tipo de prensa en particular? ¿Ha perdido definitivamente la prensa su tan cacareada independencia?

¿Conjuga la prensa deportiva los males de la prensa rosa y de la prensa amarilla, es decir, cotilleos y menudencias elevados al sensacionalismo?

¿La labor de la prensa es informar al público con veracidad, honestidad e imparcialidad, o es mantenerle ausente de la realidad mediante una criba de lo noticiable?

¿Merece ser destacada la tartamudez ausente de cualquier nuevo rico de los que hoy en día juegan al fútbol y no lo es la flamante medalla de bronce conseguida en el mundial por la selección masculina de la Real Federación Española de Hockey, la labor en el reciente mundial de baloncesto femenino de la selección de la federación española, o el actual mundial de bádminton que se ha estado celebrando en Madrid?

¿La mayoría pide fútbol y más fútbol, o es fútbol y más fútbol lo que se le da a la mayoría? ¿Es así como se establecen los criterios de interés público?

¿Está satisfecho este público mayoritario con lo que le dan, y dejaría de estarlo si se le diera una información deportiva más plural?

¿Se adocena a la población española con información sesgada e interesada en lo referente a deportes? ¿No se estará dando también un sesgo sutil en otras áreas de la información que nos llega a diario?

¿Qué relación guarda la información periodística que se nos brinda desde los medios de comunicación de masas con la cultura y la formación de los ciudadanos de este país?

¿Tiene el Estado competencias para exigir a las empresas mediáticas criterios de pluralidad en sus contenidos deportivos?

¿Es el nivel que tiene la prensa deportiva de nuestro país el que se merecen los miles y miles de aficionados a las decenas y decenas de deportes y sus distintas especialidades?

Y finalmente, ¿representa mayor valor una medalla de bronce del mundial de fútbol que una medalla de oro del mundial de baloncesto?

No dudo de la veracidad de la información deportiva que aparece en los medios de comunicación españoles, pero sí pongo en tela de juicio que los criterios de selección sean leales con la actualidad.

Quienes sientan curiosidad pueden leer los códigos deontológicos periodísticos que atañen a España:

• europeo (año 1993) —me han parecido especialmente curiosos los artículos 15 y 30—

• español (año 1993) —del artículo 4.a no he podido pasar; ¿no es ello arrogarse una patente de corso?—

26 de septiembre de 2006