Inolvidable tema interpretado por Joel Grey y Liza Minelli en “Cabaret”, del que perdonarán que me sirva para titular este articulo sobre los subproductos económicos de las sociedades anónimas deportivas.
A finales del pasado mes de agosto leía el siguiente titular: “El Deportivo cobrará a los medios a partir de la primera acreditación durante esta temporada”.
En escaso margen de tiempo puede leer esta otra información: “La APC exige que Lendoiro renuncie al cobro por la información en el estadio de Riazor”.
Y uno, que presume de ser diablo viejo, rápidamente hizo sus cábalas. Es obvio que el maridaje entre las otrora flamantes SAD y las empresas mediáticas pasa por un periodo tenso. El romance hace tiempo que finalizó y parece que ahora se ha alcanzado la fase de desencanto.
Debo anticipar que para estas reflexiones en voz alta no me es interesante el resultado de las fuerzas fácticas que se hayan podido mover al pie de la Torre de Hércules. Me limitaré a analizar la solicitud de una compensación económica por facilitar un puesto de información.
Entiendo que la titularidad pública del estadio, a la que se hace alusión en el comunicado de la referida APC, no es óbice para que la SAD pretenda cobrar el canon al que quiere llamarse. El Depor tiene la aprobación de la Administración para ocupar el estadio. De lo que en él suceda el responsable es la propia SAD.
El Ayuntamiento no debería inmiscuirse en las relaciones externas del usufructuario, de la misma forma que no se entromete en la política de fichajes o en la política de contrataciones.
Encuentro lícito que una empresa, como es una SAD, intente ganar más dinero. Y puesto que genera una información que es utilizada por los medios de comunicación para servirla a una masa ingente, y puesto que estas empresas obtienen un beneficio económico de ese subproducto generado por la SAD, juzgo lógico que la empresa generadora de la información solicite una compensación por ello.
Los empresarios prudentes han estudiado qué tipo de información deportiva es más demandada y pugnan porque sus productos aparezcan próximos a estas informaciones estrella, lo cual aumenta el valor económico de esa información.
La SAD no se ha opuesto a que se difunda la información. Si el periodista pagara su entrada podría informar del partido igual que lo hace un bitacorero. ¿Por qué la prensa ha de tener facilidades gratuitas? Las tuvo mientras le interesaba al generador de una información que se produce en una competición privada.
Entiendo que la SAD —en este caso el Depor, aunque hay antecedentes— pretende cobrar por un plus de acceso a la información. La salida de vestuarios, las fotos a pie de campo, las impresiones al término del primer tiempo, las entrevistas al finalizar el partido…
¿Por qué en este mundo mercantilizado una empresa iba a regalar a otra empresa algo que tiene un valor, y por lo tanto un precio?
En un país que pasa por ser cuna de la picaresca, los chicos de la asociación de la prensa —azuzados por las empresas para las que trabajan— presentarán un frente común apelando a pretendidos derechos constitucionales.
El vacío informativo puede hacer mucho daño a la SAD. Pero es un bumerán afilado. La supuesta unidad de la prensa deportiva también puede quedar dañada. Aunque seguro que las empresas mediáticas para las que trabajan sus afiliados no se resienten tanto.
12 de septiembre de 2006
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(Jean Dolent)





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Interesante cuestión que creo que se debe centrar en la titularidad de la competición. Si es una competición privada, como apuntas, los medias no tienen de su parte más que a un sector de la opinión pública, pero no a la ley.
Por otro lado, si la competición es pública (no olvidemos que entre las competencias administrativas delegadas a las federaciones se encuentra la organización de los campeonatos de España) la prensa debería tener acceso libre al estadio. Eso sí, el Estado debería correr con muchos de los gastos con los que corren hoy en día las SAD, como los protocolos de seguridad.
Supongo que un jurista se saldría diciendo que es una competición semi-pública o semi-privada, si es que estos conceptos existen. Pero desde luego, lo que no puede ser es que sea pública para según qué cosas y privada para según qué otras.
Y una vez que nos lo explicaran, a lo mejor muchas modalidades de esas que tú llamas “deportes desheredados” tendrían algo importante que decir.
Yo no estoy muy seguro de si aclarar el concepto de competición pública o privada sería determinante.
Ni creo que la cosa acabaría nunca en un juzgado. Sí creo que la apelación de la APC a la titularidad pública del estadio es síntoma de que saben que no tienen la razón.
Pero sí creo que todo el problema que se suscita (quizá hoy no ha sido nada, ya veremos qué ocurre si gran parte de los equipos de primera división se ponen de acuerdo) porque la legislación deportiva deja este tipo de lagunas. Como ya apunté hace tiempo (por cierto, era una serie de cuatro artículos y sólo hice dos) se ha copiado la punta del iceberg.
Se ha trasladado del sistema americano de competición profesional la parte que se ve, y por debajo de la línea de flotación quedan por aclarar muchos conceptos, como éste que nos ocupa.
No sé qué será peor, si no legislar o legislar mal. Culpables…, pues todos los chupópteros que están calentado sillas y no se atreven a coger el toro por los cuernos.
En temas de derecho, a mí me pilláis con los pies torcidos. Soy como Laporta: no tengo ni idea de Derecho, aunque yo al menos no he estudiado esa carrera. Así que, tras leer el comentario agujil y la opinión de Contrapunto, se me ocurre tirar por otra calle. ¿De verdad creéis que el Estado, los políticos y las fuerzas vivas van a permitir que el entontecimiento de las masas provocado por el hartazgo futbolero sufra un retroceso porque unas cuantas SAD quieran sacar el parné a los voceros y propagadores del mismo, corriendo el riesgo de disminuir los altavoces mediáticos? (Naturalmente que estoy partiendo del principio puñeteril de que el deporte se está utilizando como medio de atontamiento en muchos casos, y no como fórmula de salud, higiene, valores, etc). Aquí el deporte no interesa tanto como cultura sino como digestión pesada. Como la televisión, es vendido como un “servicio público”, aunque a veces lo disimulen con la boca pequeña. Y si “El Rondo” o “Aquí hay tomatazo” lo emiten unas cadenas de W.C. a las que la Constitución reconoce un carácter de servicio público, ¿por qué no va a serlo el Madrid-Barça, el Marca, Territorio Champion o el Mundo Deportivo, máxime cuando nos garantizan eficaces modorras del personal, que así no se preocupa de temas más importantes? Si Lendoiro quiere sanear las cuentas, que haga rebajas en las nóminas de sus huestes o haga una colecta a las puertas de Riazor, pero que no juegue con las cosas de comer. Hasta ahí podíamos llegar. La voz de alarma ya ha empezado a correr por los principales salones y cloacas del Estado. Y sus adosados, claro.
No, si de Derecho no entendemos ni torta. Y a veces casi que mejor, porque al menos uno se fía de su instinto y del sentido común, y no de a ver por qué calle tira para llegar a donde le interese llegar.
Quiero decir, que en este asunto me temo que habría tesis y contratesis para satisfacer todos los gustos.
Ahora bien, el problema, como le respondo a contrapunto, es que la cosa viene de antiguo. Y cuanto más tiempo pase sin aclararse los asuntos, mayor maraña de intereses que se cruzan. Y mayor complicación para establecer quien tiene la razón.
En este caso concreto creo que ambas partes serían capaces de invocar antecedentes bien documentados que les darían la razón.
Se os ha pasado, sin embargo, una sutileza que he dejado caer en los dos últimos párrafos. Es la APC quien en su día presentó la protesta, pero que yo sepa a esa asociación no le afecta económicamente esta cuestión.
Los afectados —las empresas de prensa, radio y televisión— permanecen callados dejando que el trabajo sucio lo hagan desde la asociación de la prensa esa, que entiendo que está formada por personas físicas.
Los periodistas, muy viscerales ellos, han saltado hacia delante. Pero la indignación no parece haber llegado a las salas de reuniones donde se cuece el bacalao. Y el Depor —inteligente Lendoiro, como buen gallego— ha dejado una puerta abierta a la colaboración. ¡Qué país de quijotes!