Insólito, inédito, inaudito
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http://www.agujadebitacora.com/2006/09/insolito-inedito-inaudito/trackback/Estoy leyendo, tras la resaca del fin de semana, mi selección de bitácoras deportivas españolas. En todas se hace referencia al título mundial cosechado por la selección de la FEB.
Algunas de estas bitácoras son de temática casi exclusivamente futbolística. Pero con buen tino sus autores acertaron a referir las bondades del equipo de baloncesto, y comparan —es inevitable— las vivencias recientes con las decepciones aportadas por los futboleros del milloncín.
En todos los listados de comentarios a estos artículos baloncestísticos aparece algún descontento que no satisfecho con llevar la contraria pretende establecer diferencias entre los niñatos del futbolín nacional y estos gigantes del baloncesto —gigantes en lo deportivo y en lo humano— abundando en la supuesta dificultad que tiene jugar a fútbol.
Que si el vestuario es de 23 en vez de 14; que si hay muchas más fichas mundiales de fútbol que de baloncesto; que si la responsabilidad, y que si naranjas de la China.
Son los de siempre. Los que tienen 69 cm de circunferencia de hipotálamo y un trozo de cuero rancio envolviendo el cerebro desinflado.
Hace poco felicitaba al autor de la bitácora “Sin bajar del Autobús” por publicar una frase célebre con la que abría un artículo.
La frase, a cuyo autor se le reconoce una de las mayores mentes estratégicas de la Historia —ya nos gustaría a todos que Napoleón Bonaparte hubiese podido aplicar su genio táctico a cualquier deporte de equipo, guerras incruentas de nuestro tiempo—, me viene como anillo al dedo para la ocasión: “La envidia es una declaración de inferioridad”.
Las comparaciones son odiosas, pero confrontar el rendimiento de ambas escuadras es inevitable por la proximidad en el tiempo de ambos mundiales.
Esta nómina de imberbes, que —evidentemente— no se atreven a criticar abiertamente el éxito de unos profesionales del deporte, pretenden empañar la victoria de los chicos del baloncesto utilizando la puerta de atrás, con argumentos tan pelegrinos como los arriba apuntados.
Allá ellos, atajo de infieles. Algunos de los que así piensan hablaban de sentimiento patriótico en torno al fútbol con motivo del mundial de Alemania. ¡Hay que joderse!
Mucho tiene que cambiar este país para que todos sepamos reconocernos los méritos, y regocijarnos con los éxitos ajenos.
En cierta ocasión —ya lo he dicho en otros artículos—, hace mucho tiempo, oí que alguien decía que para que una democracia se asiente han de transcurrir cien años. Me pareció una barbaridad. Pero a día de hoy suscribo esa sentencia.
Comprenderá el lector avisado que en este momento no hago referencia a política alguna ni a nuestro reciente pasado imperfecto. Me estoy refiriendo, exclusivamente, a la capacidad que ha de tener cualquier subconjunto de una sociedad para asumir los fracasos propios, admitir las críticas, y felicitarse de los éxitos ajenos.
Ni me sentí partícipe de la derrota de los niñatos acomodados de la liga de los estrellados ni me he sentido partícipe de la victoria de los muchachos de la ÑBA. En ambos mundiales me limité a disfrutar del espectáculo.
Pero, eso sí, se me dibujó una sonrisa que me duró todo el día cuando un grupito de españolitos nada endiosados, a pesar de pertenecer desde hace tiempo al Olimpo, obtuvieron la recompensa a tantos esfuerzos.
¡Qué país el nuestro!
6 de septiembre de 2006
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Paliza internacional »

















Para mi es demasiado importante la cantidad jugadores que han renunciado a jugar el mundial que me es imposible no tenerlo en cuenta a la hora de valorar esta medalla de oro. Tú en cambio, apenas lo tienes en cuenta. Tampoco tienes en cuenta que los futbolistas tienen que aguantar continuas faltas de respeto por parte de los medios y aficionados cada vez que no consiguen el resultado esperado, muchas más que cualquier otro deportista, y eso hace que estén mas quemados y su comportamiento fuera del campo no sea siempre el más correcto.
Estos gigantes del baloncesto según tu opinión, aún no han demostrado su valor en la NBA. Hasta Gasol es criticado por el presidente de su equipo porque no responde en los momentos claves de la temporada. Han sido los mejores de este mundial, pero no son los mejores del mundo.
Por último, la culpa no haya más aficionados al baloncesto en nuestro país la tiene la NBA, no el fútbol. Al público le gusta ver a los mejores de cada deporte, y en baloncesto los mejores juegan al otro lado del charco. Tanto la ACB, como el resto de ligas europeas son como la segunda división del baloncesto y así es más difícil conseguir el interés del público.
Puede que tengas parte de razón; e incluso puede que tengas toda la razón.
Pero ello no justifica que los seguidores del fútbol hayan saltado, como han saltado muchos, en una especie de defensa a ultranza de no sé qué intereses que al final no les incumben.
Guste o no guste, éste es el momento del baloncesto. Y guste o no guste, dentro de dos o tres semanas, todo se habrá olvidado.
Lo preocupante, al menos para mí, es la sensación que tengo de que muchos aficionados al fútbol han reaccionado como si hubieran recibido una ofensa. ¿Envidia? ¿Resentimiento? ¿Frustración?
Que una parte de un subconjunto de la sociedad española reacione así a mí me deja intranquilo. Y el efecto observado no sólo ha ocurrido en las bitácoras. Lo estoy viendo a diario en las tertulias de los centros sociales españoles por antonomasia: los bares.
Repetiré una vez más lo que vengo diciendo desde hace tiempo.
Son profesionales, son millonarios, y ni siquiera saben que existes: el destino que tenga tu vida les trae sin cuidado.
Yo al menos les pago con la misma moneda. Quizá porque nunca he sido mitómano.
Creo que ya llego tarde al debate. Pero aún así quiero añadir que a mí también me parece algo insólito lo que está ocurriendo.
Que unos aficionados a un deporte hayan saltado a la palestra defendiendo a sus ídolos, cuando éstos no han pedido defensa, ni falta que les hace, solamente porque otros profesionales han conseguido una machada y ha habido una más que lógica comparación es algo que debería ser estudiado por los servicios de salud mental del país, si es que existe ese observatorio.
La gente está ya más que harta de tanto rollo futbolero y de tanta gaita aragonesa. A ver si las cosas empiezan a cambiar en este país, que dentro de dos años volverá a haber escasez de medallas olímpicas, y diremos que la iniciativa privada no apoya al deporte español.
Toma, claro. Si no hay cobertura mediática, no sé cómo diantres la empresa privada va a apostar por el deporte en general.
Así que, ¡hale!, a repartir la pasta de los medias entre todos, que ya está bien de tanto fútbol y tanto patadón y tente tieso.
Y el que quiera seguir aguardando a ver si la selección de fútbol gana un premio, que se siente a esperar donde no estorbe (y calladitos).
Pues tienes toda la razón. Espero y deseo que el panorama cambie, como le respondo a Juan más abajo. Pero me conformaría conque cambiese el apoyo de las Instituciones y de las Administraciones.
Que se dejen ya de apoyar económicamente al fútbol, en la mayoría de los casos en detrimento de otras modalidades. Indefectiblemente, los patrocinios seguirán el mismo camino.
Viendo la defensa casi numantina (en plan Capello, vamos) que algunos seguidores del fútbol están haciendo de los éxitos “cero patatero” de la selección española y minusvalorando, en cambio, lo del baloncesto, tengo el presentimiento de que los responsables (los de los despachos y los que juegan en el campo) pueden seguir durmiendo tranquilos. Celebro el conformismo, signo de sana beatitud y espíritu crítico. Cuando uno piensa que de los 1001 goles que lleva marcados a su favor la selección, sólo UNO ha servido para ganar una copichuela, se imagina que un ejército de aficionados desencantados está pensando en pasarse del futbolín a la petanca o a la colombicultura, pero parece que para muchos defensores a ultranza de la desertizada selección española, lo del Santo Job se queda pequeño al lado de la paciencia y confianza que tienen con los “nuestros”.
Por cierto que aquel famoso gol de Marcelino, por haberse producido en el franquismo y contra la URSS, más de un demócrata de la pasarela Cibeles -o sea, de pacotilla- lo tiene repudiado, con lo cual para algunos llevamos 1001 goles que no han servido para nada. Algo de lo que muy pocas selecciones pueden presumir.
Escribe Angel Antonio Herrera en El Mundo: “De entrada lo que se ve es que los de baloncesto miran el mundo desde los dos metros cumplidos, y los del fútbol los miran desde un Porsche. (…) Es fácil y casi perverso hacer ahora la cuenta millonaria a favor de los deportistas frente a los del baloncesto, pero uno quisiera ir más allá para apuntalar que nos asomamos a dos distintas razas de deportistas y, por tanto, a dos modos de estar o no estar en el mundo”. Quizás no le falte razón.
Deseo y espero que con toda esta polémica algo cambie en este país. Quizá algunos despierten a la cultura deportiva.
En estos días los chicos del hockey hierba están jugando el campeonato del mundo en Alemania. Y acaban de empatar a dos ante Pakistán, complicándose un tanto la clasificación. Los partidos se retransmiten en directo por Todo-Deporte. Los que supieran algo del asunto que lo digan.
Las chicas jugarán su torneo mundial entre el 27 de septiembre y el 8 de octubre en… ¡Madrid! (enlace a la RFEH).
Lo de la litrona y el botellón tendrá solución con el paso del tiempo y el cambio de cultura borrego-juvenil. Pero esta historia del todo-fútbol ha durado ya demasiado (al menos para mi gusto).
No sé si habrá vida después de la vida, pero sí sé que hay deporte después del fútbol.