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 Grandeza de espíritu

Viernes, 29 de Septiembre de 2006  |   la aguja  |   Hay 4 comentarios

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El fulgor de la Federación Española de Baloncesto y de su selección absoluta masculina decrece rápidamente, tal y como era de esperar. Aunque aún se mantendrá en candelero por mor de la concesión de los Premios Príncipe de Asturias.

Unos premios, ya lo he dicho en otras ocasiones, que faltan a su compromiso de reconocer la trayectoria deportiva y humana del homenajeado, buscando la primera página al laurear el éxito del momento.

Si el año pasado agasajaban al novísimo campeón mundial Fernando Alonso, este año vuelven a las andadas y premian a la selección de la federación de baloncesto en su momento de máximo esplendor.

Así se aseguran la presencia en los medios de comunicación, no fuera a ser que por premiar a deportistas que ya no concitan la atención, a pesar de mantener un palmarés deportivo y humano impoluto, los premios comenzaran a devaluárseles.

Otro engañabobos más, con la realeza española como epicentro de la fiesta, aunque aún no sabemos qué cantidad pone la Casa Real en un invento que les sirve de promoción mundial para sus múltiples negocios.

Eso sí, el contribuyente asturiano —y el español también— apoquina sin ser consciente sus buenos euros mientras unos espabilaos que han acallado el gusanillo de su conciencia hace tiempo alardean de figurar entre lo más granado de la sociedad.

Y en este ir y venir de intereses que tiene a Asturias como teatro de operaciones, una Asturias antes roja y republicana, subyugada hoy al boato y al abolengo de la realeza —si nuestros abuelos levantaran la cabeza de la fosa en la que fueron enterrados…—, aparece un hombre sencillo y humilde en apariencia que atiende al hipocorístico poco extendido de “Pepu”.

Un hombrecillo —sin afán peyorativo— entre gigantes de dos metros al que poco más que conocían sus íntimos y al que hoy todos tratan como si ayer mismo hubieran cenado con él.

El seleccionador nacional de baloncesto agradece las muestras de cariño y de admiración desde detrás de unos ojillos siempre acuosos y una barbita que le hace parecer intelectual y distante, y se presta a comparecer en actos públicos de marcado tinte autopromocional, como su reciente presencia en un foro asociado a uno de los grupos empresariales mediáticos con mayor implantación nacional.

Me gustará ver si ese foro dedica el mismo despliegue de medios a Domingo Díaz, el seleccionador del combinado nacional femenino de baloncesto, con el buen juego desplegado y el discreto puesto obtenido. Las enseñanzas que se pueden extraer del paso por un mundial han de ser necesariamente interesantes, independientemente del resultado.

En el mismo diario que promocionó el referido foro aparecía esta noticia: “Un polideportivo de Madrid llevará el nombre de Pepu Hernández”.

Avisé de que los políticos querrían su parte del pastel. Lo mismo que han hecho los de la Fundación Príncipe de Asturias y lo mismo que ha conseguido la parte empresarial del foro. La diferencia es que los del Ayuntamiento van a cometer un craso error de forma en lo público.

Ya expuse en los primeros artículos de esta Aguja, y lo hice extensamente, lo inconveniente de dar a los sitios públicos el nombre de personas vivas. Ahora el homenaje es para este hombre sencillo que, según parece, huye de las multitudes.

Pues no sé yo si será fingida tanta humildad del tal Pepu. En mi opinión debería renunciar, como han hecho otros antes que él en diferentes ámbitos, a semejante despropósito. Pero cada cual es dueño de dejarse halagar su vanidad.

Al menos a mis ojos tal renuncia le haría más grande.

29 de septiembre de 2006

Postdata: en los mentideros políticos de la capital se cuenta que José Vicente Hernández, Pepu, fue tentado por el actual alcalde de Madrid para ir con él en la lista municipal de las elecciones de 2003. ¿Inaugurará el seleccionador el futuro polideportivo Pepu Hernández en calidad de concejal de deportes? Sería la repanocha.

Actualización del 12 de octubre de 2006 a las 12:00

He recibido alguna llamada de atención sobre lo escrito más arriba en relación con el boato y abolengo de la realeza y la opinión que despertaría en nuestros abuelos la actual situación.

Debo aclarar al respecto, pues parece que mi mensaje debía ser más explícito, que opino que mi abuelo, que murió defendiendo un sistema de gobierno republicano y democrático en un país que había decidido prescindir de la realeza y de la nobleza del medievo, si se levantara de la fosa en la que está enterrado se llevaría un tremendo disgusto. Una cosa es asistir a la procesión y otra muy distinta cargar con el santo. Y tengo claro que nos rige un oxímoron.



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Comentario de Juan Puñetas

Tranquilo, amigo, tranquilo… Tú sabes que en este patio de Monipodio en que vivimos nos gusta tomarnos las cosas con exceso. Las medianías no nos van. O somos campeones o somos unos mierdecillas. No hay término medio. En uno y otro caso, carantoñas o leña al mono. En el primer caso, besándole los pies, las manos y el culo. Si la cosa va de desastre, atacándole con la estaca, la escopeta y el abridor de cartas. Así que cuando vienen bien dadas, nos tiramos un par de semanas dando botes de alegría y tomándonos la cosa con exceso. Ya tienen hasta tu pabellón en vivo, Pepu. Pero si mañana llegan los fracasos (por un ejemplo, un cuarto puesto en otro mundial u olimpiada), le freirán a cogotazos y hasta le quitarán el nombre a su polideportivo. En este cortijo o solar tener millones de equilibristas pero muy poca gente que sepa mantener siempre un juicio equilibrado. Será por eso que cuando llega un triunfo es tan difícil resistirse al peloteo y la vanidad.

Comentario de la_aguja

La verdad es que no tenemos término medio. Pero no es menos cierto que el andar siempre saltando de extremo a extremo es incivil. No me agrada nada que esos extremismos acaben siendo una seña de identidad de los que por aquí moramos. Me gustaría más que la ecuanimidad fuera una forma de identificarnos.

 
 
Comentario de contrapunto

Estos premios que no se sabe si son de Asturias o son de la realeza, acabarán devaluados ellos mismos. Por muy buena labor de mercadotecnia que se haya realizado, ésta no puede ser eterna. Siempre fueron una copia de los Nobel, en los que también figura la realeza sueca.

Comentario de la_aguja

A estos premios les queda tanto como a la monarquía ;-D

 
 
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