Dopaje profesional
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dopaje | deporte profesional | deporte aficionado
En mi último artículo especulaba con la conexión entre las mafias que amañan partidos de fútbol en el concierto internacional y los suministradores de sustancias dopantes.
El nexo de unión entre ambas tramas es el deporte profesional. Y dejaba bien clara la duda que promueve quien cobra por competir. Tal vez la supuesta deshonra por la derrota no sea suficiente acicate para no dejarse ganar. Tal vez un puñado de eurodólares extra sí supongan un incentivo para transigir con una derrota más en un palmarés profesional.
En el otro extremo de la balanza del fraude se sitúan aquellos que están dispuestos a todo por ganar. Incluso a perjudicar su salud ingiriendo sustancias que a medio y a largo plazo son perjudiciales para su organismo.
Nuestro colega Juan Puñetas, de Por el Arco del Triunfo exponía en los comentarios a mi último artículo que habiendo profesionales que, parece ser —vox populi—, ingieren ciertas sustancias más o menos prohibidas, más o menos perjudiciales para el propio organismo, bien sea para escribir, bien para cantar, bien para actuar, y son aclamados como verdaderos artistas —sin que a nadie preocupe el destino que estos profesionales dan a su salud—, por qué no permitir que los artistas del balón o de la bicicleta o de la raqueta también puedan administrase su dosis de ayuda extra.
Este planteamiento no es nuevo. Antes de que alguien decidiera establecer una lucha —en mi opinión muy loable— contra el dopaje algún otro ya se había planteado la posibilidad de permitir ese dopaje.
Ya se han mencionado aquí en otras ocasiones los motivos que estas voces exponen para escandalizarnos con semejante propuesta. Y a fe que hay que oírlos antes de denostarlos.
Pareciera que los más angélicos son los que luchan contra lo que tal vez no sea más que la consecuencia natural de las exigencias que la sociedad carga sobre el deportista profesional.
Trazados cada vez más pendientes y rutas cada vez más largas para nuestros esforzados ciclistas. Partidos cada vez más seguidos para los muchachos y muchachas de la raqueta. Presiones cada vez mayores para los atletas que luchan contra el cronómetro.
Pareciera que los más demoniacos fueran aquellos que pretenden implantar un deporte en el que cierta permisividad haría salir algunas prácticas cotidianas de los guetos que son algunas mal llamadas policlínicas y de las habitaciones de hotelitos para ganar en seguridad y en salubridad.
La lucha contra el dopaje está hoy día gozando del beneplácito de la sociedad. Pero ese mismo público que aplaude la lucha contra el dopaje es el mismo respetable que exige más dureza en la carretera, más velocidad en la pista, más resistencia en los partidos.
Pudiera llegar el momento en que la lucha contra el dopaje prive a esa masa, sedienta de nuevas plusmarcas y de mayor espectáculo, de lo que más ansía. Entonces tendremos una contradicción de difícil solución.
Tal vez en el futuro esa masa ingente que son los exigentes “aficionados” al deporte retire su apoyo a la corriente antidopaje al decaer el espectáculo. Tal vez entonces todo el circo del deporte profesional comience a desmoronarse empezando por los patrocinadores, que son quienes aportan su dinero en el tinglado que hoy llamamos deporte profesional.
Llegados a este punto se abrirían dos vías. Una destinada a los profesionales, con cierta permisividad con el dopaje en aras de la emoción y del espectáculo. Otra más bien enfocada al deporte aficionado en las que los controles antidopaje estarían a la orden del día.
Si este futuro llega a plantearse, será interesante ver la reacción de la todopoderosa multinacional que se autodenomina COI, que en las dos últimas décadas del siglo XX ha dado su apoyo incondicional al deporte profesional.
También será interesante ver la contra-reacción del deporte profesional USA, hoy día instalado ya en este futuro no tan ficticio que les presento y que se está viendo arrastrado por la fuerza de la sociedad a implantar controles antidopaje en sus competiciones más exigentes.
Si por el contrario finalmente triunfara la oposición más drástica al dopaje, vayan ustedes olvidándose de nuevos récords mundiales en atletismo, de etapas ciclistas que finalizan al borde de las nieves perpetuas —de esto último, personalmente, me alegraré por ser altamente inhumanas—, y despídanse de recuperaciones que los propios galenos tienen la desfachatez de tildar de milagrosas tras lesiones harto complicadas de nuestros ases del balompié y de otras modalidades bien pagadas.
2 de junio de 2006
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Hace poco volvieron a salir a relucir las acusaciones en contra de Helenio Herrera por las sustancias que les habría expendido a sus jugadores (en especial cuando fue entrenador de Inter) las cuales habían ocasionado la muerte prematura de varios integrantes del plantel. Verdaderamente las historias que se cuentan al respecto son de terror.
@ Leonardo
Tal vez —y no pretendo hacer apología del dopaje— sólo tal vez, si todo fuera más transparente esas muertes y tantas otras más se podrían haber evitado.
Doparse, lo que se dice doparse, estos profesionales lo van a hacer. Triste es que se tomen esas sustancias —algunas verdaderas drogas que crean adicción— en los lavabos de un hotelito, sin recomendaciones, sin higiene, sin plena confianza en que la sustancia que un desaprensivo les proporciona esté en condiciones de no volverse en contra del organismo.
Ya no sólo se trata de que la sustancia esté adulterada. Simplemente con que la conservación no haya sido buena —con que se haya roto la cadena del frío, por ejemplo— la sustancia se convierte en un auténtico veneno.
Ahora bien, ¿es la única solución al dopaje el recrudecer los controles? ¿No se estará potenciando con ello el que haya personas investigando ya en laboratorios clandestinos qué contra-sustancias sintetizar para eludir los controles? ¿Es esta escalada contra el dopaje sana o perniciosa para la salud del deportista? ¿Cuántos deportistas más quedan por morir a cuenta de esta “necesidad” de dar más de sí en un momento dado?
No creo que legalizar el uso de las sustancias hoy prohibidas sea solución de nada. Yo no tengo ningún problema en despedirme de ninguna plusmarca, no me sirven de nada. Hay que encarar las cosas por otro lado, no pedirle a los tenistas que jueguen 30 torneos por año, a los atletas que rompan mil records, etc.
Legalizando el doping sólo lográs que nunca nadie más pueda competir profesionalmente mano a mano con los demás sin doparse, una terrible injusticia. Obligás a los deportistas a dañar su cuerpo para ser competitivos, y si no lo quieren hacer, tendrán que dedicarse a manejar taxis. Sería penosísimo.
@ Nacho
Quiero dejar claro que ésta no es mi propuesta personal. No soy yo el primero en proponer lo que aquí se dice. Ya sabes que en esta Aguja se dicen bien alto lo que otros dicen por lo bajini.
En algunos foros deportivos (no hablo del concepto de foro en Internet) ya se habla de cierta permisividad en el dopaje y se aduce para ello que se acabaría con las mafias que trafican con estas sustancias prohibidas para aumentar el rendimiento deportivo. Y recuerdan lo que nos ha enseñado la Historia reciente en relación con la Ley Seca de los años veinte en los USA.
Pensar que los deportistas profesionales no se dopan comienza a parecer ingenuo… Tal vez convendría establecer controles sobre la calidad de lo que se introduce en el organismo.
Pero haces una muy buena observación. Admitiendo el dopaje de alguna manera se obliga a todos los deportistas profesionales a doparse. Pero cabría preguntarse si ese momento no ha llegado ya…
Tal vez, e insisto que no pretendo hacer apología del dopaje, sino traer al debate todos los puntos de vista que existen, permitiendo el dopaje sí se consiga que todos estén en igualdad de condiciones. Pensemos que los productos serían mucho más baratos y asequibles y no serían privativos de unos pocos elegidos.
A lo mejor, sin pretenderlo, has apoyado mi planteamiento ;-) ¿Caminamos hacia un deporte profesional sin restricciones y un deporte aficionado con controles antidopaje…?
Veo que has vuelto por tus fueros, con temas candentes y escabrosos. Pienso que lo mejor que puede ocurrir es que se hable del dopaje abiertamente, y que el tema no se convierta en tabú. Y que no se demonice a quien quiera defenderlo, pues solamente se trata de una postura que habrá que tener en cuenta, aunque sea para rebatirla con argumentos.
A mí me mosquea mucho tanto interés de los mandamases en combatirlo. Como ya apuntas, las experiencias en lo que a prohibiciones se refiere no son muy halagüeñas que digamos, como con el asunto de la Ley Seca. Y no me van a decir ahora que las bebidas alcohólicas son beneficiosas. Se autorizó la venta de estas bebidas y se acabaron los problemas.
Tal vez la solución al dopaje pase por adoptar una postura intermedia. Y hay que darle la razón a Nacho. Con su autorización, aunque sea parcial, todo profesional que se precie acabaría dopándose. Pero, por favor, que se hable de ello, y no que la gente deba esconderse para opinar porque se persigue a quien disiente de la corriente oficialista.
@ el clavo
Me tomo libremente tu primer párrafo como un elegio…
Mi interés también se centra en que se abra el debate a todo el que quiera tomar la palabra. Y no que se imponga una vía para solucionar este tema. Precisamente una vía dura y no dialogada.
Suscribo tu reticencia hacia el interés de los poderes públicos por imponer su vía de solución y acallar cualquier voz discordante con las medidas oficiales.
El mismo COI ha debido corregir su cruzada contra el profesionalismo de las primeras décadas del siglo XX y ha reconocido su error. Hoy nos parece algo banal, pero en su día se luchó abiertamente contra lo que se tildaba de lacra del deporte.
¿Habrá que pedir perdón a Roberto Heras dentro de cincuenta años y devolverle su título? Cuanto antes lleguemos a un consenso, mejor. Pero si siempre hablan los mismos serán sus criterios los que se impongan. ¿Por qué este miedo a aceptar la realidad del dopaje?
Muy buenos todos los comentarios anteriores, así que sólo me queda aplaudir con las orejas y echar más leña al fuego.
Para empezar, una boutade. Cuando se toleran multitud de sustancias dopantes en la vida normal que hacen fosfatina al personal (alcohol, tabaco, TV, prensa del corazón, je, je…), y que lo van matando y embruteciendo poco a poco, la cruzada contra el dopaje me resulta altamente sospechosa. ¿Será, a lo peor, que el dopaje “salvaje” no da dinero al Estado, la FIFA, la UCI, el CSD, el COI y demás organismos y por eso se le ataca duramente? Ya he avisado sobre la preguntilla antes de hacerla. Aquí va otra: ¿qué tal si legalizamos el dopaje más frecuente y “barato” poniendo en las jeringuillas, bolsas de sangre y cajetillas de corticoides y anabolizantes las palabrejas “doparse mata”? Abatiríamos a dos pájarracos de un tiro: buen negocio y buena y limpia conciencia. Así hacemos con el tabaco y pronto con el alcohol.
NO tengo ni idea de como atajar el tema del dopaje, al igual que las drogas en la vida cotidiana (las permitidas y las no permitidas). Pero a cualquier enano mental (yo mismo) se le ocurre -como primera medida y para empezar- que a un deportista “sano y limpio de polvo y paja” no se le pueden exigir los altos niveles de competición en número de partidos y carreras así como en resultados que hoy día se exigen. ¿Que ello representaría una pérdida del espectáculo y un bajón de marcas, espectadores y resultados? Evidente, la limpieza tiene estas cosas. Basta ver el medio ambiente tan asqueroso que hemos fabricado con nuestra loca y descontrolada sociedad del despilfarro para darnos cuenta que ir hacia una mejora de la naturaleza y un reequilibrio ecológico implicaría consumir menos, emplear menos recursos y liquidar todas las técnicas de producción agresivas con la naturaleza. O sea, habría que romper definitivamente con este tipo de sociedad, empobreciéndonos y pagando un coste evidente. Pero algunos (este enano mental mismo), preferiríamos mil veces ser más pobretones, tener menos cosas y vivir más modestamente si con ello respiramos algo más que mierda enlatada, etiquetada y certificada.
El que algo quiere (sobre todo si es salutífero), algo le cuesta, pero los politicuchos y dirigentes deportivos (y por extensión el resto del personal de a pie) se cree que se puede alcanzar lo primero sin lo segundo. Deportistas robots y supermánicos tomando un plátano al día. Hombre, cada vez estamos más atontados, pero a mucho personal todavía les quedan vivas unas cuantas neuronas.
No está mal tu planteamiento de que existan dos categorías deportivas. Unos profesionales que estén dispuestos a rebasar ciertos límites y unos aficionados que mantengan viva aquella llama del deporte y de la competición desprofesionalizada.
No sólo en el tema del dopaje habría diferencias. Sería de esperar que en el deporte puramente aficionado se volvieran a ver aquellos gestos de “deportividad” que han dejado de verse y que cuando aparecen son premiados por su extravagancia.
Hoy día, si un profesional de estos tiene un gesto deportivo con un rival es muy posible que se le rebajen sus incentivos.
@ Juan Puñetas
No es mala idea permitir las drogas en el deporte y ponerles la etiqueta avisando de lo nocivo de su uso.
Habría que averiguar el daño real que supone administrarse ciertas sustancias para mejorar el rendimiento deportivo. Habría que incidir también si es igual de dañino la administración bajo prescripción facultativa.
Varias fuentes imparciales deberían emitir sus veredictos. Pero me temo que a estas alturas de la película no queda nadie imparcial.
Y tras sesudos estudios dictaminar qué es dañino y que no es tan dañino. Después de todo nadie que no entrene se beneficiaría de un dopaje, y las ventajas que otorga el dopaje, siendo determinantes, no son tan amplias.
Y es que, como bien expones, con un plátano de más no se puede ir muy lejos.
@ contrapunto
La verdad es que esta idea de diferenciar el deporte profesional del deporte aficionado no es mía.
En su génesis esta idea trataba de segregar a quienes dedicaban su vida a aumentar el rendimiento por oposición a quienes entrenaban en sus ratos de ocio.
El planteamiento sigue siendo válido. Habrá quienes estén decididos a sacrificar su vida por aumentar su rendimiento (siempre y cuando se demuestre que ciertas prácticas dopantes no son irreparablemente perjudiciales) y quienes pretendan seguir un entrenamiento natural.
Ya veríamos cuál de las dos tendencias se impondría en el ánimo de los aficionados al deporte.