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 El deporte está alienado

Martes, 20 de Junio de 2006  |   la aguja  |   Hay 6 comentarios
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Un acontecimiento como el mundial de fútbol permite hacer gran variedad de lecturas. Algunos de esos nuevos enfoques son en realidad pequeños cambios en la forma de ver las cosas. Hay opiniones que, andando el tiempo, llegan a promover un verdadero cambio de paradigma.

Me gusta prestar atención a este tipo de nimiedades. Un cambio de tendencia que pasa inadvertido puede convertirse en todo un fenómeno revolucionario en el futuro. El efecto mariposa, parece que le llaman.

La semana pasada me encontraba visionando un partido del mundial del que ahora no voy a hacer memoria por no venir a cuento, cuando uno de los jugadores cayó lesionado fuera del terreno de juego. El otro equipo siguió jugando y el público acogió la acción con una estruendosa pita. Llegado un momento los jugadores pararon, con el balón a los pies, y miraron al árbitro. Éste evidenció con un gesto que el juego debía proseguir.

Se estableció una breve discusión entre dos de los comentaristas, Julio Salinas y Andrés Montes, sobre si los cánones de la deportividad exigían enviar la pelota fuera.

Julio Salinas matizó que no era preciso enviar el balón fuera de los límites del terreno de juego puesto que el jugador ya se encontraba fuera del campo y podía ser atendido.

Andrés Montes fue un bárbaro. No compartía esta visión de echar la pelota a la banda, alegando que si un equipo quedaba con diez jugadores tenía que asumir esa circunstancia. Dijo literalmente: “hay que acabar con esas prácticas” refiriéndose a la actitud deportiva. No explicó los motivos de este parecer, pero parecía como si le preocupase más el espectáculo y el juego.

Salinas trató de explicar que lanzando el balón fuera se permitía que las asistencias atendieran al jugador lesionado, ya que podría tratarse de un percance grave.

Y efectivamente, no sólo pueden ocurrir lesiones musculares, ni tampoco producirse éstas únicamente como consecuencia de un golpe. Bien puede tratarse de una lesión medular, cerebral, cardiaca…

Andrés Montes se obstinó en defender su planteamiento.

Me parece grave, muy grave, que el señor Montes, un locutor que arrastra cierto prestigio, dijera por televisión que había que acabar con esas prácticas de deportividad. El ejemplo que ha dado a la juventud es pésimo, muy pésimo. Desconozco si en posteriores retransmisiones el señor Montes, tras haber meditado, ha sabido rectificar —lo que volvería a elevarle un tanto en mi estima particular.

Este asunto me ha llevado a hacer una reflexión personal. Lo que Julio Salinas no atinó a decir es que en el caso de haber un jugador tendido en el suelo dentro del terreno de juego, echar el balón fuera para que pueda ser atendido es cuestión de HUMANIDAD; mi estimado Julio, con el que comparto patria chica, confundió deportividad con humanidad. Estos conceptos se han mezclado en algún punto de la historia reciente del deporte, y a día de hoy ya nadie diferencia uno de otro.

DEPORTIVIDAD sería renunciar a continuar el encuentro mientras el otro equipo se viera obligado a jugar con diez, y aguardar a proseguir el choque once contra once, en igualdad de condiciones. Antaño, si un jugador se lesionaba y tenía que abandonar el juego —no existían los cambios— el otro equipo, voluntariamente, prescindía de uno de los suyos.

Deportividad es echar el balón fuera al lanzar un penalti que te han señalado a favor injustamente. Quizá para el lector joven con esta afirmación me convierta en un heresiarca, pero lo cierto es que durante las primeras décadas del siglo XX era algo corriente. Pero claro, en aquella época tampoco nadie se tiraba en el área fingiendo una falta.

Deportividad sería dejarse marcar un gol cuando tu equipo acaba de conseguir un tanto de forma antirreglamentaria, y que ha sido validado en un error del árbitro. Sí, supongo que para los jóvenes a estas alturas seré ya una especie de anticristo deportivo.

El caso es que hace tres o cuatro años en la División de Honor del fútbol sala español se dio esta circunstancia. El entrenador mandó a su equipo no moverse tras la consecución del gol y los rivales anotaron fácilmente. Estas acciones existen también en el fútbol de hoy día, y en la Copa de Holanda se dio un caso similar el año pasado.

Gestos así —así de deportivos— ya no abundan. En el circo deportivo profesional ya no manda el deporte, sino que ahora manda el dinero. Mientras se permita que los condicionantes crematísticos sean los que impongan sus criterios, el fútbol y el deporte en general seguirán siendo víctimas de esta alienación.

Y entre tanto, a estos estirados de la FIFA se les llena la boca con palabras como “fair play“ sin que conozcan su verdadero significado.

20 de junio de 2006
¡Felicidades, Irene!



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Comentario de hughes

Andrés Montés se refería a que en la mayoria de ocasiones el jugador finge la lesión para así parar el ataque del equipo contrario. Que puede tratarse de una lesión medular, cerebral o cardiaca es algo muy improbable y si los médicos están atentos se darian cuenta enseguida de la gravedad y saltarían al campo sin esperar que el arbitro les de permiso.

 
Comentario de la_aguja

@ hughes
Creo que el reglamento no autoriza la entrada de nadie en el terreno de juego sin que el encuentre esté detenido. Bien podría cambiarse el reglamento para, como muy bien apuntas, dada la supuesta gravedad de una lesión irrumpir en el campo a fin de que no se pierda un tiempo que puede ser vital.

Dudo mucho de que un médico, desde la distancia, alcance a ver, primero la autenticidad, y segundo la gravedad de una lesión. Interrumpir el juego podría dar ventaja a uno de los equipos, y dado el cariz crematístico de lo que a veces está en juego no creo que un galeno se lance a esta aventura. Debería ser algo muy muy evidente. Pero si fuera así de evidente, los mismos jugadores reaccionarían ante la gravedad.

Pensemos que en boxeo el médico tiene atribuciones para parar la pelea. Y en muy contadas ocasiones interviene “de oficio”. Y eso que la distancia que puede haber hasta el herido es menor que en un estadio, a efectos de apreciación.

También apuntas lo improbable de una lesión medular (quizá debí escribir cervical…), cerebral o cardiaca.

En relación a las dos primeras lesiones —cervical o cerebral— todos los días se producen k.o. en los terrenos de juego, bien en entrenamientos bien en competición. No pensemos sólo en las atenciones de las que gozan los profesionales en un mundial. Pensemos en el fútbol regional, juvenil e incluso escolar.

En cuanto a la lesión cardiaca recordemos que en la última Copa de África hubo una con resultado de muerte. Y se trataba de un deportista de elite.

Yo creo que la seguridad de las personas debe de estar por encima del dinero, y un gesto de humanidad es obligatorio.

Ahora bien, es cierto que a veces se fingen lesiones. Y por haberse convertido esta pantomima en algo habitual, al fútbol le puede pasar como al pastor del cuento, que al final llegó el lobo y le comió las ovejas.

Pero no puedo justificar al comentarista que criticó —claramente a mi entender— el gesto deportivo de echar el balón fuera. De ahí la réplica de Salinas, quien tuvo más sensatez en sus afirmaciones, como deportista que es. El señor Montes —como todos los periodistas deportivos— vive gracias al deporte, pero nada más. Y deben ser muy poquitos los periodistas deportivos que lo han practicado en serio. Luego les falta esa sensibilidad que da el haber vivenciado los hechos que narran.

Éstas son al menos mis apreciaciones. Lamento no coincidir contigo en los matices que me haces. Agradezco mucho tu opinión. A ver si os vais animando y hacemos un pequeño foro en cada artículo.

 
Comentario de contrapunto

A mí también me pareció que Montes se refería al gesto de echar la pelota fuera. Y me pareció notar que Salinas quedó algo desorientado con la afirmación de Montes, como que no se la esperaba. Pero lo cierto es que Montes no daba el brazo a torcer.

Fue una lástima que los lances del juego les apartaran de la discusión. Me gustaría saber en qué hubiera parado todo.

Un deporte al que se le eliminen los gestos deportivos es algo desnaturalizado. Alienado dices tú, y creo que la palabra está bien elegida según la segunda definición que das del DRAE.

Pero ya se ha comentado aquí más veces. El deporte profesional camina por unos derroteros diferentes al deporte clásico. Quizá tuvieras razón cuando en su día dijiste que acabaría habiendo dos deportes, el profesional y el aficionado, separados por barreras infranqueables.

 
Comentario de Juan Puñetas

Lo importante es el circo y el espectáculo. Que el león se comía al tipo que había sobre la arena, otro nuevo y santas pascuas. Qué importa que un futbolero esté tirado en el campo. ¡Hay muchos! A menudo, cuando surgen situaciones de estas, me fijo en el careto de los entrenadores cuando las cámaras pasean por allá. ¿Están tristes, preocupados por si el jugador ha perdido una pierna o el bazo? Yo sólo veo una mirada impasible, concentrada en lo que importa, dando instrucciones sobre el partido aprovechando el parón y preparando el relevo a todo meter. Ni un segundo con un jugador de menos. Es más, muchos ni siquieran echan un ojo a la camilla cuando pasa por allí camino de los vestuarios. Para eso estará el médico y la Cruz Roja, ¿no? Y es que la deportividad debería empezar en la propia casa. Luego, cuando el circo acaba la función, si la cosa se dio mal salen diciendo ante las cámaras que si la lesión tal o cual…

 
Comentario de la_aguja

@ contrapunto
Pues sí que parece que el deporte profesional camina por otra senda. ¿Acabará imponiéndose lo profesional a lo deportivo?

El dopaje, la deportividad… Será interesante volver a esta pequeña lista que parece que comienza a crearse. Sí que puede ser que al final sean más las diferencias que las semejanzas. De hecho, el profesionalismo deportivo también debería tener un trato diferente por parte de la Administración.

No acabamos de entender que el deporte profesional son empresas que deben pagar religiosamente al fisco. Y ahí tenemos la deuda del fútbol con Hacienda…

 
Comentario de la_aguja

@ Juan Puñetas
Cierto es también que el deporte profesional de hoy día se está deshumanizando. Se observa un endurecimiento de la persona —del ser humano, en definitiva— que tal vez esté motivado por las exigencias de los resultados. Éste es otro punto a añadir a mi contestación de arriba. Pero me temo que este factor se esté ya trasladando al deporte aficionado.

 
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