En la tarde de ayer, lunes 8 de mayo de 2006, moría un niño de 6 años de edad en la provincia de León, en la localidad de Cembranos, término municipal de Chozas, al volcarse una canasta que no estaba anclada.

Es la enésima vez que ocurre en España un hecho similar con resultado de muerte para un menor. En un artículo anterior sobre el entrenador-dios habíamos dejado constancia del reguero de muertes que los equipamientos deportivos no anclados están produciendo desde 1995 en nuestra población infantil.

A esa crónica negra debemos añadir a día de hoy la muerte de otro niño que se produjo en noviembre del año pasado en la provincia de Jaén por el vuelco de una portería.

Sabemos que ayer moría otro niño más; pero no sabemos cuántos quedan por morir…

La Administración sigue cruzada de brazos ante estos accidentes mientras la Secretaría de Estado para el Deporte (CSD), con su fotogénico Secretario de Estado al frente, abandera luchas contra molinos dopantes y antirracistas que costarán un dineral sólo para que los señoritos profesionales del deporte se sientan un poco más a gusto y se lo piensen antes de dejarse tentar por la dulce manzana de la EPO.

A la vista de esta pasividad debe sernos lícito pensar que a nuestra Administración no le preocupan mucho las muertes de nuestros niños. Ni desde los gabinetes de Deporte, ni desde los foros de Educación se ha dado seguimiento a la notificación CEE nº 26/93.

Eso sí, mañana estará la plana mayor en Eindhoven, con el Vicepresidente segundo, la Ministra de Educación y Ciencia, y el Secretario de Estado para el Deporte, y con representantes de la familia Borbón, en el partido de fútbol profesional que jugará la sociedad anónima deportiva Sevilla F.C. con vistas a obtener un título reservado al profesionalismo deportivo.

A buen seguro que ninguna de las porterías del estadio volcará. Es de suponer que esas dos porterías estarán bien ancladas al suelo, y no sujetas con contrapesos.

Llevamos en España una media de un menor muerto al año por vuelco de equipamientos deportivos que no estaban convenientemente anclados. No incluyo en esa nómina los adultos que han muerto por el mismo motivo, ni tampoco los niños y adultos heridos gravemente por esta circunstancia.

¿De que valen los dos días de luto que el pleno del ayuntamiento de Chozas ha decretado anoche? Es por culpa de la negligencia de los poderes públicos que un niño de 6 años no volverá nunca más a su casa. Su cama ha estado vacía esta noche; en su casa ha entrado la mayor tristeza imaginable. Ese niño no se sentará con su padre ante el televisor para ver el partido de fútbol de los profesionales.

Dicen los vecinos que habían avisado de la situación. Vengo comprobando que la cantilena se repite cada vez que ocurre un hecho similar. A nadie le coge de sorpresa que esta desgracia —evitable— ocurra. Lo que sigue sobrecogiendo es que ocurra en la puerta de casa, a alguien que se conoce. ¿Quién será el próximo? ¿Un familiar mío, o tal vez de usted, amigo lector?

Señor Lissavetzky, quiero hacerle llegar una cuestión muy sencilla. Sé que no me lee y que además está usted de viaje, y que posiblemente mañana por la noche esté usted celebrando un título para su deporte español. Pero aún así le plantearé un simple problema de aritmética.

¿Cuántos niños más han de morir todavía para que sus jefes de La Moncloa tomen cartas en el asunto y se emita una Orden por la que todos estos equipamientos, sean públicos o privados, sean de un centro deportivo o de un centro educativo, se anclen convenientemente bajo pena de sanción administrativa severa a su director o representante máximo sin necesidad de que ocurra un hecho lamentable?

Lo que ocurrirá a partir de hoy ya lo hemos visto otras veces. Un juicio que se celebrará dentro de un año, una sentencia decretando la responsabilidad Administrativa, una condena para el alcalde y para el concejal de deportes por negligencia con resultado de muerte, y la responsabilidad subsidiaria del ayuntamiento que se hará cargo de una indemnización que por mucho que pueda agrandarse siempre será INSUFICIENTE porque ni le devolverá la vida al pequeño y ni la sonrisa a sus padres.

El deporte está hoy de luto. Pero el deporte de a pié, el deporte de la calle, el deporte de los pobres. El otro deporte, el de los millonarios, el de los flashes, el de la “tele”, seguirá su curso como si nada grave hubiera ocurrido.

9 de mayo de 2006