Vengo comprobando desde hace un tiempo que en el ámbito deportivo se dan en sus niveles directivos prácticas de politiqueo insidioso.

Este año 2006 se celebrarán elecciones en los deportes de invierno. Y una vez más ha saltado la noticia que muestra la reiteración de actuaciones deplorables en los dirigentes deportivos.

Deportes de invierno | Esquí

Piden la inhabilitación del Presidente Roldán
Le acusan de incompatibilidad de funciones

¿Cree el lector que los denunciantes no se habían dado cuenta hasta ahora? Pero han aguardado a este momento, pues presentando la demanda de forma artera, con las elecciones a la vuelta de la esquina, pueden conseguir un objetivo torticero.

La política nos envuelve nos guste o no, hasta el punto de que vivimos a diario inmersos en ella. Política es el modo en que se gobiernan los asuntos.

Y uno se ve dirigido y gobernado en diferentes ámbitos y materias; e incluso uno se ve abocado, nos guste o no, a gobernar también. Desde la dirección del propio hogar al gobierno municipal hay todo un maremágnum de gobiernos y políticas cercanos que nos atañen día a día.

La gestión de nuestro club precisa también de una dirección. Y con ello entramos en la política del deporte, que no en la política deportiva, pues este término corresponderá a las actuaciones que los diferentes gobiernos emprendan en relación con el deporte —gobierno municipal, gobierno autonómico…

En el ámbito deportivo es preciso una forma de organización y una fórmula para gobernarse. El club al cual pertenecemos es dirigido por una elite que así han decidido a hacerlo.

Si nuestro club es una entidad de base, a buen seguro que cualquier persona que quiera colaborar será bien recibida en la Junta Directiva. Por contra, si el club en el que se ha visto reflejado el lector es una de esas macro-entidades deportivas tal vez el acceso a la cúpula de gobierno sea algo más lento.

Pero los clubes no son la única forma de organización deportiva. En un estrato jerárquico superior a ellos están las federaciones —provinciales, autonómicas, nacionales—. Para su gobierno también existen fórmulas o políticas de dirección trazadas por el grupo dirigente, el Presidente y su Junta Directiva.

Las federaciones en España se encuentran gobernadas bajo regímenes presidencialistas. Toda vez que una persona es elegida Presidente por un espacio de cuatro años, “dicta” las líneas deportivas a seguir para la consecución de los objetivos que supuestamente ha debido presentar en su programa electoral.

Dejemos el tema de si es propicio o aconsejable este régimen presidencialista federativo para un artículo posterior. Centrémonos por hoy en la figura del Presidente.

Pongamos a una persona que ha dirigido los designios de una federación nacional durante ocho o tal vez doce años. Para no herir susceptibilidades utilizaré como ejemplo un deporte que únicamente ha existido en la ficción cinematográfica: el Rollerball.

Durante todo ese tiempo ha gobernado la federación según sus criterios, y ello porque los estatutos federativos se lo permiten. No sería extraño que en torno a esa figura se hubieran creado grupos de cabildeo. Y podemos imaginar también que ya hubiera grupos opositores.

Entramos, pues, en la vida de cualquier asociación humana en la que existen intereses por gobernarla. Dejemos aparte los loables beneficios deportivos que proporciona el Rollerball —en la ficción cinematográfica era un deporte bestial— y centrémonos en los movimientos de los subgrupos que conforman ese grupo humano con intereses —¿deportivos?— similares llamado Federación Española de Rollerball.

Ya que ni siquiera es posible oponerse a políticas deportivas si se es ajeno a los órganos de gobierno, los opositores diseñarán toda una serie de tácticas y estrategias conducentes a situar a su hombre en el sillón presidencial; cualquier cosa valdrá con tal de dejar fuera de juego a los rivales.

Una buena estrategia será unir en torno a un candidato a todos los grupos hostiles a la actual gestión. Obtenido este objetivo pudiera ser que aún no haya suficiente fuerza como para alcanzar la mayoría en las elecciones federativas.

La estrategia óptima para hacerse con la presidencia sería dejar fuera de la lucha por el cargo al otro candidato. Pero, ¿cómo hacerlo? Lamentablemente se ha hecho habitual una táctica para desalojar al Presidente.

Se hurga en las actuaciones pasadas hasta dar con algo que pueda ser sospechoso de irregularidad. No es necesario que exista la tal pretendida irregularidad. Es suficiente con que pueda llegar a existir.

A partir de ahí se medirán los tiempos para presentar oportunamente contra el candidato una solicitud de inhabilitación cautelar para ejercer cargo público amparándose en esas posibles irregularidades. Si el juez dictamina la suspensión cautelar el candidato quedará apartado del proceso electoral para presidir una federación española.

Malas artes en las esferas políticas del deporte, de las que no se puede esperar deportividad ninguna. El “todo vale” hace tiempo que ha llegado al deporte. Lo triste del caso es que desde el politiqueo del deporte los gurús mesiánicos federativos están utilizando el aparato de la Justicia española para beneficio propio.

Nota: Hubo respuesta… “Roldán asegura que no tiene incompatibilidad de cargos”.

18 de abril de 2006