Politiqueando el deporte
página del foro ↓
http://www.agujadebitacora.com/2006/04/politiqueando-el-deporte/trackback/
federaciones
Vengo comprobando desde hace un tiempo que en el ámbito deportivo se dan en sus niveles directivos prácticas de politiqueo insidioso.
Este año 2006 se celebrarán elecciones en los deportes de invierno. Y una vez más ha saltado la noticia que muestra la reiteración de actuaciones deplorables en los dirigentes deportivos.
Deportes de invierno | Esquí
Piden la inhabilitación del Presidente Roldán
Le acusan de incompatibilidad de funciones
¿Cree el lector que los denunciantes no se habían dado cuenta hasta ahora? Pero han aguardado a este momento, pues presentando la demanda de forma artera, con las elecciones a la vuelta de la esquina, pueden conseguir un objetivo torticero.
La política nos envuelve nos guste o no, hasta el punto de que vivimos a diario inmersos en ella. Política es el modo en que se gobiernan los asuntos.
Y uno se ve dirigido y gobernado en diferentes ámbitos y materias; e incluso uno se ve abocado, nos guste o no, a gobernar también. Desde la dirección del propio hogar al gobierno municipal hay todo un maremágnum de gobiernos y políticas cercanos que nos atañen día a día.
La gestión de nuestro club precisa también de una dirección. Y con ello entramos en la política del deporte, que no en la política deportiva, pues este término corresponderá a las actuaciones que los diferentes gobiernos emprendan en relación con el deporte —gobierno municipal, gobierno autonómico…
En el ámbito deportivo es preciso una forma de organización y una fórmula para gobernarse. El club al cual pertenecemos es dirigido por una elite que así han decidido a hacerlo.
Si nuestro club es una entidad de base, a buen seguro que cualquier persona que quiera colaborar será bien recibida en la Junta Directiva. Por contra, si el club en el que se ha visto reflejado el lector es una de esas macro-entidades deportivas tal vez el acceso a la cúpula de gobierno sea algo más lento.
Pero los clubes no son la única forma de organización deportiva. En un estrato jerárquico superior a ellos están las federaciones —provinciales, autonómicas, nacionales—. Para su gobierno también existen fórmulas o políticas de dirección trazadas por el grupo dirigente, el Presidente y su Junta Directiva.
Las federaciones en España se encuentran gobernadas bajo regímenes presidencialistas. Toda vez que una persona es elegida Presidente por un espacio de cuatro años, “dicta” las líneas deportivas a seguir para la consecución de los objetivos que supuestamente ha debido presentar en su programa electoral.
Dejemos el tema de si es propicio o aconsejable este régimen presidencialista federativo para un artículo posterior. Centrémonos por hoy en la figura del Presidente.
Pongamos a una persona que ha dirigido los designios de una federación nacional durante ocho o tal vez doce años. Para no herir susceptibilidades utilizaré como ejemplo un deporte que únicamente ha existido en la ficción cinematográfica: el Rollerball.
Durante todo ese tiempo ha gobernado la federación según sus criterios, y ello porque los estatutos federativos se lo permiten. No sería extraño que en torno a esa figura se hubieran creado grupos de cabildeo. Y podemos imaginar también que ya hubiera grupos opositores.
Entramos, pues, en la vida de cualquier asociación humana en la que existen intereses por gobernarla. Dejemos aparte los loables beneficios deportivos que proporciona el Rollerball —en la ficción cinematográfica era un deporte bestial— y centrémonos en los movimientos de los subgrupos que conforman ese grupo humano con intereses —¿deportivos?— similares llamado Federación Española de Rollerball.
Ya que ni siquiera es posible oponerse a políticas deportivas si se es ajeno a los órganos de gobierno, los opositores diseñarán toda una serie de tácticas y estrategias conducentes a situar a su hombre en el sillón presidencial; cualquier cosa valdrá con tal de dejar fuera de juego a los rivales.
Una buena estrategia será unir en torno a un candidato a todos los grupos hostiles a la actual gestión. Obtenido este objetivo pudiera ser que aún no haya suficiente fuerza como para alcanzar la mayoría en las elecciones federativas.
La estrategia óptima para hacerse con la presidencia sería dejar fuera de la lucha por el cargo al otro candidato. Pero, ¿cómo hacerlo? Lamentablemente se ha hecho habitual una táctica para desalojar al Presidente.
Se hurga en las actuaciones pasadas hasta dar con algo que pueda ser sospechoso de irregularidad. No es necesario que exista la tal pretendida irregularidad. Es suficiente con que pueda llegar a existir.
A partir de ahí se medirán los tiempos para presentar oportunamente contra el candidato una solicitud de inhabilitación cautelar para ejercer cargo público amparándose en esas posibles irregularidades. Si el juez dictamina la suspensión cautelar el candidato quedará apartado del proceso electoral para presidir una federación española.
Malas artes en las esferas políticas del deporte, de las que no se puede esperar deportividad ninguna. El “todo vale” hace tiempo que ha llegado al deporte. Lo triste del caso es que desde el politiqueo del deporte los gurús mesiánicos federativos están utilizando el aparato de la Justicia española para beneficio propio.
Nota: Hubo respuesta… “Roldán asegura que no tiene incompatibilidad de cargos”.
18 de abril de 2006
(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)






Recomienda este artículo
|
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión | |
![]() Leer comentarios |
« Des-gobiernos municipales
Cría cuervos que te sacarán los ojos »
Recomienda este artículo


















Sin dudas en la guerra, en el amor… y en la política también (casi) todo vale.
Saludos.
@ Leonardo
… y, por lo visto, en el deporte también. Aunque habría que diferenciar la práctica deportiva de la dirección deportiva. Saludos, amigo.
A mí eso de que todo es política, francamente, me repatea, encocora y enerva. Porque me parece que es pasar por blanco lo que es negro. Igual me ocurre con la religión. Se puede hablar, estudiar y tener alguna experiencia relacionada con la transcendencia y no participar en modo alguno de la práctica o visión religiosa al uso. Se llama “política” a demasiadas cosas que no lo son, porque “el gobierno de la polis” no tiene nada que ver -por ejemplo- con la mangancia marbellí, con el asesinato etarrabatasuno, con las fantasías nacionalistas de unos cuantos dirigentes autonómicos que en muchos casos no se representan ni a sí mismos. Las palabras mienten más que hablan (quiero decir, quienes las pronuncian o escriben). Hay partidos de fútbol donde el fútbol no se ve por ninguna parte. ¡Pues eso será un partido de antifútbol o de peloteo, pero no de fútbol…, salvo que admitamos que fútbol es simplemente darle patadas a una pelota entre 22 tíos, con un trío arbitral estorbando! Hay mujeres bellas que sólo lo son mientras no se quitan el maquillaje y las prótesis. ¡Sólo serán guapetonas -digo yo- a tiempo parcial! No veas la de señores inteligentísimos con cuatro carreras a los que escuchas un juicio y piensas que tu mascota razona mejor que ellos, y sin pasar por la Complutense y Oxford. (Sus carreras más que de estudios parecen que fueran “pedestres”). Ejemplos de ser lo que no se es -y viceversa- no pueden pasar la criba del realismo más real y de la verdad más verdadera. Sabio fue Leonardo Da Vinci, pero Luis Aragonés…
Para no enrollarme, quiero decir que aceptada una definición de la cosa o de las cosas, todo aquello que no se acerque a dicha definición debe catalogarse de otro modo pero no del definido. Así que no por constituirse en Junta Directiva, un grupo de federativos son directivos. Ni por formar un coro ya tenemos a un grupo de gente que hace música. Si lo hacen bien la harán y si no, lo suyo será berrear, ladrar o rebuznar. Así que políticos (del deporte y de los otros) hay muy poquitos. Para serlo realmente hay que saber hacer política (tal como se entiende etimológica y con el diccionario en la mano) y no como la mayoría de los cagamandurrias que soportamos, que no gobiernan ni en su propia casa ni en su propio partido, pues siempre son unos “mandados”. ¿Cómo van a gobernar en el país, cortijo o villorrio unos tipos que sólo saben obedecer? Serán, a lo sumo, unos correveidiles, una correa de transmisión o unos pasapalabra. Comprendo que es verigüel discutible lo que expreso tan alocadamente a estas altas horas de la noche (pero sin alcohol, ojo, que no bebo), debido quizás a que me acojo a una carga excesiva de subjetividad en la definición de las cosas y del diccionario, pero soy tan torpe que prefiero errar con una idea propia a hacerlo con una colectiva asumida socialmente con la facilidad con que se bebe un vaso de agua. Sobre todo, porque en la colectiva el errar propio se suele escribir casi siempre con h y al Puñetas no le gusta escribir con faltas de ortografía.
Como bien sabes el DRAE es mi aliado en esta empresa de ir escribiendo mis cosas. Pero sí es cierto que esta vez he forzado una definición que me encajaba como anillo al dedo para este artículo.
Se trata de la quinta acepción del término “política” que aparece en Internet como redacción propuesta para incluirse en la próxima edición.
Ya sabemos que el vulgo siempre camina por delante de los señores académicos (cómo me duele todavía que acabaran aceptando el esdrújulo “élite” cuando el llano “elite” expresa una mayor consistencia). Oímos a diario expresiones como “política de empresa” o “política de clientes”.
Pero no yerras (o no erras, que también se acepta) nada cuando dices que una reunión de personas para cantar no hacen un coro y menos aún música.
Estos directivillos deportivos, muchos de los cuales pisaron un gimnasio por última vez en el instituto (y lo hicieron obligados) sólo piensan en cómo medrar ellos mismos desde su tribuna federativa.
Los hay que trabajan, sí señor, pero siempre en beneficio propio, o arrimando ya el ascua a la que va a ser su sardina. Politiquear, politiquean. Pero dirigir, organizar y gobernar, eso ya es harina de otro costal. Y llegado el periodo pre-electoral, ya ves que se tratan unos a otros sin deportividad alguna.
Nunca les han preocupado los deportistas, y si para muestra vale un botón, ahí están las quejas de muchos, muchos deportistas de elite (llano). Parafraseando a aquellos insignes señores: “todo por el deporte y para el deporte, pero sin el deportista”.