Mayoría es tiranía
Viernes, 28 de Abril de 2006 |
la aguja |
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reflexiones y observaciones
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Colaboración especial para Voz Editorial
Si quieres que algo se haga encomiéndaselo a una persona;
si quieres que algo no se haga encomiéndaselo a un comité
Napoleón Bonaparte
Vivimos en paz y en democracia. O tal vez debería decir en democracia y, por ende, en paz. Dentro de cualquier Estado democrático las asociaciones que en él se constituyan, al amparo de leyes democráticas, deben regirse por normas democráticas, y garantizar que no existirá en su seno discriminación alguna. Una persona, una voz, una opinión, un voto. Pero en deporte esto no siempre es así.
Es más, no puede ser así. En deporte la única forma de funcionar con operatividad es la dictadura. Note mi sufrido lector que hablo, por el momento, del deporte en su vertiente de práctica y competición.
No es concebible que un conjunto de personas, agrupadas en un equipo —observe mi atribulado lector que no digo club— funcionen cada una por separado. La misma concepción de equipo presupone que existe una persona, una única persona, que dirige y “dicta” las acciones a emprender en cada momento.
Y no puede ser de otra forma, pues de lo contrario el equipo no funciona como tal, aunque pueda hacerlo como una suma de individualidades. Evidentemente ese director, ese “dictador”, es el entrenador, quien no sólo hace valer su hegemonía y su “dictadura” en las competiciones, sino que extiende su reinado —su tiranía— a los entrenamientos.
No es concebible una reunión de los miembros del equipo para decidir si aceptan el número de repeticiones impuesto por el tirano/entrenador o si por el contrario deciden realizar la mitad.
Esto, que parece de Perogrullo, no es fácil de implementar en vestuarios cargados de egos y rebosantes de millonarios. Acatar las directrices en forma de órdenes y no de sugerencias de una tercera persona suele convertirse en una meta imposible de alcanzar para muchos “jefes de clan”.
Se vivieron similitudes con lo referido más arriba en la Guerra Fratricida Española de 1936. Según está documentado, en algunas fases de la contienda civil —¿para qué reflejar datos más explícitos?— ciertos sectores no militares de combatientes debían reunirse por la mañana para decidir en comité si aceptaban las órdenes que les llegaban.
En alguna ocasión la discusión llegó al punto de que para cuando quiso tomarse una determinación, el objetivo ya había sido ocupado por el enemigo. No, así no puede ganarse una guerra; ni un campeonato tampoco (perdón por la brutal comparación, pero ustedes me van entendiendo…).
Así pues, dentro de un país democrático, con leyes democráticas y con asociaciones que se regulan bajo principios democráticos, nos encontramos con que existen parcelas de autoritarismo sano.
Llegados a este punto parece que se me termina el discurso, pero aún he de justificar el título de hoy.
Manteniéndome en el ámbito deportivo diré que en ocasiones surgen desplazamientos del equipo más o menos largos que exigen cierta planificación logística. Encontramos aquí una vez más la rigidez de quien aplica su criterio personal. Tendremos a un directivo planificando el viaje y sus etapas, e incluso estimando una posible visita cultural o recreativa en el lugar de destino —o en uno intermedio, que tanto da.
No es factible que esa persona abra al conjunto del equipo las opiniones sobre la planificación del viaje. A buen seguro si cuenta con nueve participantes obtendrá doce o catorce pareceres diferentes. Se entablará posteriormente una discusión y cada cual terminará por apertrecharse defendiendo una postura en la que no confía mucho, pero que sostendrá solamente por ser la opinión propia y entender que debe mantenerla.
Finalmente la decisión deberá ser tomada por el directivo encargado del asunto. Lectura: para acabar tomando una determinación unilateral, ¿para qué abrir el debate? Pero supongamos que el debate queda abierto y únicamente existen dos posiciones, defendida una por los del “sí” y otra mantenida por los del “no”.
No faltará quien diga: votemos democráticamente. Feliz idea; pero, ¿por qué cuatro de ellos deben plegarse a los gustos de los otros cinco? ¿Por la mayoría tiránica de uno ganarán los del “sí quiero” frente a los del “no puedo”?
Los valores deportivos intrínsecos nos inculcan otra forma de resolverlo: la solidaridad. Si un miembro del equipo no puede, todos se abstendrán. O todos calvos, o todos melenudos, que reza el castizo refrán. Y es entonces cuando surge la gran frase: Somos un equipo.
La solidaridad es unidad, mientras la mayoría es tiranía.
28 de abril de 2006
¡Felicidades!
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de un descreído del deporte




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Uy lo que has escrito: “Mayoría es tiranía”. Te coge uno de esos meapilas a los que no se les cae de la boca la palabra “democracia”, aunque luego hace lo que le sale de los cataplines y es que no deja de ti ni los zapatos. El criterio de la mayoría es simplemente contable. Tener la mayoría ni da la razón ni demuestra tener más inteligencia ni guapura. Simplemente hay que resolver el asunto y se hace de la manera más rápida y aseada posible: lo que desea el mayor número de gente. Y esto una vez cada tropecientos minutos no vaya a ser que le coja gustito el personal. Pero ojito, que vienen curvas. ¿Y qué es lo que desea la mayor parte del personal? Pues lo que han dicho o propuesto tres o cuatro voces. A veces es sólo una voz quien propone y obliga (es la tiranía nata), pero lo habitual es que hasta en los sistemas más “participativos” sean varias las propuestas a cargo de varios privilegiados (sabios, partidos, ancianos…según las distintas sociedades). Y se hace lo que uno de ellos dice ( o todos, si hace falta), sólo que pasado por el tamiz del refrendo de la mayoría pasiva. Y a las minorías se les da morcilla. Y es que todavía no hemos inventado (para acercarnos a la determinación de criterios por solodaridad, acuerdo mutuo y participación general) ningún otro sistema más equitativo con el pensamiento de cada cual. No hemos inventado, no nos da la gana o no nos dejan otra forma. Dicho de otra manera: mientras los sistemas químicamente puros de tiranía se toman las decisiones apelando a la fuerza de los que tienen la cachiporra, en los sistemas mayoritarios (burdamente llamados democráticos) se utiliza como bandera la propaganda, creada a su vez por una minoría social agrupada normalmente en organizaciones piramidales y cerradas llamadas partidos. Siempre será preferible lo segundo a lo primero, pero tampoco es para echar cohetes como pretenden fabularnos.
En una minisociedad como es un equipo deportivo, todos tienen el mismo objetivo (ganar, pasárselo bien….) y ésto facilita mucho las cosas así como la toma de decisiones. Y aunque todos son conscientes de quien es la “figura”, quien el “obrero”, quién el “genio” y quien “el que siempre la pifia”, al final o todos arriman solidariamente el cuerpo, la pierna o lo que sea, o no hay forma de comerse un rosco. El gran problema es como transplantar ésto a una realidad mucho más compleja como es la social. Lo que está claro es que un equipo nunca podrá conseguir sus máximos objetivos si aquello funciona con el criterio de la tiranía individual (del entrenador, por ejemplo) o o el de la mayoría. O actúan todos solidariamente o el objetivo de todo el grupo se va a hacer puñetas (con perdón de mí mismo).
A todo ésto, ¿no crees más fácil dejar de calentarse la cabeza con estas cosas y obedecer siempre al que manda, pensar lo que toca pensar en cada momento y no cuestionar cosas que no nos llevan a ninguna parte? No soy de esta opinión, pero seguro que la inmensa mayoría nos gana por goleada opinando que sí. Pues bueno, pues vale, pues peor para ella…
@ Juan Puñetas
Jaaa, veo que el tema tiene tela.
Siempre se ha dicho que la democracia es el sistema menos malo de gobierno. A medida que crece el marco de población en el que aplicarla se convierte en una oligarquía.
En comunidades muy pequeñas (como un equipo) aún se puede confiar en la solidaridad. La democracia no está mal en comunidades reducidas (tal que una provincia o una ciudad-estado, como las de la antigüedad). Pero en poblaciones grandes grandes…, creo que no está funcionando muy bien…
Menuda palabreja: MEMOCRACIA porque eso es lo que significa, no nos engañemos. Qué se puede pensar si lo que importa es el número y no la calidad.
Poniendo un ejemplo: si en un juicio popular se escogen a doce buenas personas que emiten su veredicto, que se supone justo y bueno, y luego se escogen a doce delincuentes hijoputas(lo siento por el término pero se merecerían más), y emiten también su veredicto, y , compruebo que lo importante es que son doce, no lo acertado del veredicto. Pues nada… A COMER MIERDA PORQUE SI MILLONES DE MOSCAS LO HACEN SERÁ BUENO, LO DICEN MILLONES DE MOSCAS.
Menuda estupidez la MEMOCRACIA.
Los logros siempre los han conseguido unos pocos.
Los demás se limitan a llegar a final de mes para pagar las facturas, hipotecas, etc y todo desde su confortable sillón y que no le quiten la televisión. ¿Dónde está el gobierno del pueblo?
Me hago eco de una pintada que vi: EN UN MUNDO DE BORREGOS PREFIERO SER LOBO.
Y un saludo a todos.