Hace unas semanas unos amigos asturianos me invitaron a una charla en la que se departía sobre algunos asuntos relacionados tangencialmente con el mundo deportivo.
Uno de los allí congregados, exponiendo argumentos que no vienen al caso en esta bitácora, dijo en un momento dado algo así como: “…y ahí está el ‹fenómeno Fernando Alonso› y lo que está suponiendo para Asturias en imagen, lo que reporta un bien incuantificable”.
Y uno, que peca de prudente —salvo en esta bitácora, obviamente— guardó silencio entre otras cosas porque lo que allí se rifaba no era un elemento puramente deportivo, e iniciar el debate que voy a presentar aquí hubiera llevado la conversación por unos derroteros no buscados por los presentes.
No dejé de observar el asentimiento general con el que se recibió esta frase. Parece ser que en Asturias todo el mundo es consciente de que el ‹fenómeno Fernando Alonso› les ha reportado unos beneficios en imagen que supondrán unas sumas incuantificables traídas por visitantes y turistas.
Pero servidor no lo tiene tan claro. Cierto que en incontables locales de Asturias está presente un póster o una imagen del actual campeón del mundo de fórmula 1. Pero en el resto del territorio nacional solamente me he encontrado con imágenes de Alonso en algunos templos dedicados al deporte del motor y en contados establecimientos en los que el dueño es un incondicional de estos mismos deportes.
Cierto es también que la prensa regional asturiana lleva un año dedicándole tantas páginas a la información de la fórmula 1 como al equipo de fútbol asturiano mejor clasificado, el otrora primera división Sporting de Gijón. Parece como si en Asturias asumieran que lo que ven a diario en su entorno más inmediato se reproduce en el resto del mundo conocido.
La publicidad que genera Fernando Alonso en Asturias no es la misma que la que se puede apreciar en el resto de las regiones españolas. Por lo que dudo mucho de que la llegada de turistas nacionales a Asturias sea mayoritariamente debida al ‹fenómeno Fernando Alonso›; aunque se haya constatado un repunte en el número de visitantes bien podría ser por causas diversas y ajenas a los motores de Renault.
Y si los turistas nacionales que llegan a Asturias no lo hacen movidos por el fenómeno que ha supuesto el campeonato del mundo cosechado por Fernando Alonso, menos aún lo harán los turistas extranjeros.
Pensemos que fuera de las fronteras del país el español Fernando Alonso es tildado de esto precisamente, de español y no de asturiano. No recuerdo haber leído nunca la provincia de origen de Roberto Carlos o de Ronaldinho. Tampoco nadie nos recuerda diariamente la patria chica del alemán Schumacher, ni del finés Raikkonen. No lo hace ningún diario español cuando habla de estos astros del deporte y no lo hace ningún diario extranjero cuando habla del español Fernando Alonso.
Es más, la coincidencia de colores entre la escudería Renault y Asturias —acogida con simpatía en la región astur—, lejos de favorecer esta teoría de la definición de Alonso como asturiano en el extranjero no ha hecho más que distorsionar el motivo de la presencia de seguidores gualdo-azulados en las gradas de los circuitos.
Dudo mucho de que alguien, por muy forofo que sea, decida costearse un viaje a Asturias únicamente porque su ídolo del volante sea asturiano. No conozco a nadie que se haya ido a la región de origen de Pelé, de Maradona, de Michael Jordan o de Eddy Merckx por motivos adoratrices.
Seguro que alguno habrá, pero me temo que haya sido tratado como rara avis in terris en su hábitat más inmediato (familiares, amistades y compañeros): “Pepey se ha ido a Alabama porque Evander Holyfield es natural de allí”. Alguno habrá, pero no son legión.
Por otro lado, la fórmula 1 no supone en todos los lares el circo deportivo profesional al que estamos acostumbrados en Europa. Concretamente en los USA, un buen mercado para Asturias, la fórmula 1 no se sigue con el mismo énfasis con el que se sigue aquí la NBA, por poner un ejemplo. No hay reciprocidad. Allí los aficionados al motor tienen su propio circuito de los ases del volante, la NASCAR.
Cosas de los gringos, sí, pero la fórmula 1, a su gran mayoría, ni les va ni les viene. En Europa se magnifica la fórmula 1, pero este volumen de seguimiento no se mantiene en el resto del mundo.
Así pues, me parece demagógico y temerario decir que el ‹fenómeno Fernando Alonso› reporta beneficios a Asturias. Algo si hará, nadie lo va a negar, pero no como para levantar altares al fenómeno que ha supuesto un campeonato del mundo para un chico asturiano.
Con este tipo de frases lapidarias se tapa el discurso de la verdad, que al fin y al cabo es la estación de destino para toda discusión que se precie. Quien emplea estas sentencias es porque las cree a pies juntillas; la cuestión es que si ese alguien tiene responsabilidades públicas, actuará movido por una falsa certeza (mis disculpas por el oxímoron).
Decir que el ‹fenómeno Alonso› reporta beneficios intangibles e incuantificables para Asturias puede ser cierto si interpretamos por ello que nadie los ve y que nadie puede saber a cuánto ascienden. Tras haberme despachado a gusto creo haber dejado claro que puede que sean incuantificables pero no son inconmensurables.
11 de abril de 2006
http://www.agujadebitacora.com/2006/04/fenomeno-alonso/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





= ¡tonterías! |
= pues no |
= tal vez |
= así es |
= ¡lo has clavao!
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
![]() ¡Comparte! |
![]() Leer comentarios |
|
Anterior : « Deportes egoístas |
Posterior : Des-gobiernos municipales » |





(Jean Dolent)





: «









Los beneficios o perjuicios de cualquier hecho, evento o espectáculo dependen como se miren. Un ejemplillo: para el sector turístico, la Semana Santa de Málaga es una bendición (hoteles, algunos bares, algunas tiendas…) Para otro tipo de personal (funcionarios, sanidad, policía…), la llegada de tanto forastero sólo trae incomodidades y ningún beneficio personal. Si hablamos de “imagen” de una ciudad o lugar, estamos en las mismas. Depende de la situación personal, laboral o social de cada cual. (A veces tanta “imagen” perjudica más que beneficia). Aquí lo fácil es coger el rábano por las hojas y cada cual cuenta la feria como le va. Aparte que, como Santo Tomás, yo sólo creo lo que veo. YA me dirás cómo se cuantifica la “imagen”, los “beneficios” o “resultados” de cualquier suceso (sea el huracán Alonso o la Semana Santa malagueña). Volviendo a ésta, ganarán pasta los hoteleros, pero perderá la empresa de limpieza que no da a basto con la escoba y la manguera; ganará el empleado contratado para la heladería, pero perderá el médico de urgencias que tendrá que echar más horas extra casi por el mismo precio.
Me hace gracia cuando los que mandan dicen que “la economía va bien”. Pues depende. Para el que tiene que comprar un piso, va fatal. Para el que lo vende o contruye, fenomenal. En estos tiempos en que se abusa de la estadística para mentir y ocultar, no me creo ni la décima parte de lo que me dicen. ¿Beneficios del fenómeno Alonso? Yo todavía no he visto ninguno en mi bolsillo. ¿Y tú? Mucho topicazo es lo que hay, o sea, mucho creyente en las tontolinadas que sueltan los mass media, los poderes fácticos y no fácticos y todas las madres que los parió.
@ Juan Puñetas
Habrá quien diga que Fernando Alonso ha puesto en la mente de todos a Asturias. Pero yo digo que la realidad es que Asturias es una región subsidiada por los fondos europeos.
Y cuando les han dicho a los políticos asturianos que se acabó la manduca gratis, y no porque gracias a su trabajo de sabia dirección y excelente gerencia Asturias haya dejado ser pobre, sino porque han llegado al panorama europeo otras regiones más pobres aún, pues han puesto el grito en el cielo.
Mucho Fernando Alonso y mucha gaita (asturiana) pero se sigue sin crear empleo estable. Sí, sí, empleo estacional con la fiebre del turismo mucho, y empleo eventual con el boom de la fiebre urbanística bastante, pero ese tipo de empleo no es suficiente garantía para una familia.
Así, mientras que algunos pretendían subirse al bólido de la fórmula uno, Alonso los ha descabalgado diciendo aquello que ya sabemos. Ahora toca consolarse con que el muchachito es premio me-importa-un-carajo y con que trae beneficios intangibles.
Pues eso, que lo que importa es ver cuando los tocamos y saber a cuánto tocamos. Intangibles…, ¡no te digo!
Me da la impresión que lo de los beneficios es psicológico; hay que ver cuando de eso en realidad se logra materializar.
@ Leonardo
Lo hablábamos hoy con un amigo a raíz de este artículo. Es el efecto de la bola de nieve. La frase empieza a rodar y va cogiendo espesor. Pero, como bien dices, es algo que solamente está en el campo de las percepciones.
Pero no es el caso de Alonso; ocurre en la patria chica de todo hombre célebre. Se piensa que la repercusión que tiene en el exterior es tanta o más que la que tiene en su entorno inmediato. Y esa repercusión mediática es cierta, pero de ahí a que genere beneficios…
La gente ha ido a ver a Fernando Alonso a los más variopintos circuitos del mundial. Pero es mayor el número de personas que han ido de Asturias al extranjero a ver a Alonso que los extranjeros que han ido a Asturias por Alonso. Si por lo menos él estuviera en Asturias…