Des-gobiernos municipales
Viernes, 14 de Abril de 2006 |
la aguja |
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Administraciones publicas | patrocinios
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Estos días está en boca y en la mente de todos el caso Marbella. Un caso del que, y hasta que el juez dicte sentencia, sólo se puede decir que es posible que la clase política dirigente se haya enriquecido con tácticas nada legales.
Aparece entre toda esta vorágine de información el caso de una persona —evitaré dar su nombre para no hacerle una publicidad que no merece— que llegó a Marbella en un utilitario de los más baratos del mercado, que fue desalojado por impago de su vivienda, que solicitó empleo en las oficinas del INEM, y que terminó siendo la mente que dirigía la ciudad marbellí en un sentido un tanto oscuro.
La semana pasada, en un programa radiofónico nocturno, se analizaban algunas de las informaciones que han visto la luz pública.
Y explicaban, y creo que todos los oyentes coincidíamos, que la escalada social y económica de la tal persona era de envidiar salvo por un detalle, y es que se había enriquecido a costa del dinero público. Terrible detalle, porque el dinero público es sacratísimo, en la acepción más amplia del término.
En nuestra sociedad es de alabar la tenacidad de las personas que se enriquecen legalmente, con un trabajo ímprobo. Las personas que se enriquecen con prácticas más bien poco morales, pero que no causan daños irreparables —como la muerte, por ejemplo, o el tráfico de seres humanos, por poner otro ejemplo— y que solamente han perjudicado a otras mentes avaras y codiciosas, son también ensalzadas en nuestra sociedad.
Así, los que roban a los ricos para enriquecerse ellos, en una versión moderna del Robin Hood de los bosques de Sherwood, no suelen ser criticados por el resto de sus conciudadanos. Al contrario, se suele hablar bien de su gesta. Y si dan con sus huesos en la cárcel, el vulgo lamenta la mala suerte del reo.
Sin embargo, quien roba dinero público —que por otro lado suele estar indefenso, lo que no me acabo de explicar— es vilipendiado por la ciudadanía, como no puede ser menos.
El caso destapado en Marbella mezcla en diferentes proporciones elementos de los comentados en los párrafos precedentes. El punto negro lo supone la especulación y el enriquecimiento con el dinero público, con el dinero de todos. Y es que una vez que un monto pasa a ser propiedad de una Administración es dinero público y nos pertenece a todos, no solamente —en este caso— a los marbellíes.
Dirán quienes paseen su mirada por estos apuntes siempre cáusticos que qué diantres tiene esto que ver con la esfera del deporte de la que se trata siempre en esta Aguja de Bitácora.
No recordaré que el anterior alcalde marbellí era el presidente de una SAD de las más punteras de este país. Si existe alguna relación lo demostrará la pertinente investigación, por lo que no nos aventuraremos en estos fangos.
El caso de Marbella —con su chabacanería glamurosa y con su glamur chabacano— ha abierto aquella mítica caja de los truenos. Es la primera vez en la historia de la última democracia española —hace muchos años ya hubo democracia en España, pero en aquella ocasión todos los españoles sí que eran iguales ante la ley— que el Estado interviene y disuelve un Ayuntamiento.
Y la experiencia da para pensar que a partir de ahora se seguirán algunas actuaciones similares. Posiblemente con casos que de por sí no hubieran destapado la famosa cajita de Pandora, pero dado que la puerta ha quedado abierta les será más fácil salir a la luz pública.
Junto con esos posibles escándalos que estaríamos a punto de presenciar habría que pedir cuentas del destino de todos esos millones y millones de pesetas públicas que han ido a parar a las arcas de las SAD, lo que en realidad quiere decir que han ido a parar a las manos prestidigitadoras de algunos personajes que estaban o están todavía en esas SAD. Y digo manos prestidigitadoras porque con el dinero público han hecho eso de “ahora lo ves, ahora no lo ves”.
El dinero de todos no sólo ha ido a parar a las arcas insondables de las SAD en forma de patrocinios innecesarios, de colaboraciones desinteresadas, de aportaciones ingenuas, de subvenciones inexplicables, de inversiones a fondo perdido, y de mil formas más que los ingenieros financieros ponen en escena para sortear la legalidad vigente cada día.
También han sido malversados financiando proyectos para los que los dineros públicos no estaban destinados. Entre otros muchos, proyectos deportivos que no han supuesto beneficio alguno para nadie, salvo para el alcalde o para el partido político en el poder. Beneficios en imagen que se traducen en votos siguiendo no sé qué dictados de los deseos de la opinión pública justificados por los sondeos y encuestas de rigor.
Quienes deben ser destinatarios de esas aportaciones dinerarias desde las instituciones públicas —hablo de las aportaciones destinadas al deporte— son las federaciones y agrupaciones deportivas legalmente reconocidas por los poderes públicos; en el ámbito local los receptores han de ser las entidades deportivas legalmente constituidas que colaboren con las Administraciones locales en la consecución de sus fines, siempre ateniéndose a criterios de justeza. Lo demás, es malversar dinero público entregándoselo a prestidigitadores.
Que les gustaría un ejemplo… Pues visiten esta noticia:
Los patrocinios, el medio no convencional que más crece
El marketing con causa gana enteros entre las empresas
Después de leer la noticia a mí me entra la risa floja. Es como si para justificar un desmán sirviera con darle un nombre al despropósito, queriendo hacer bueno aquel proverbio chino: “el principio de la sabiduría radica en darle a las cosas el nombre apropiado”.
Pero se olvidan de que en esta ocasión se trata de dinero público. Mucho naming rights y mucha gaita, pero en el país en el que se puso en boga esta modalidad de patrocinio (los tan criticados USA) se ha recurrido a grandes empresas, a multinacionales que entienden que ese tipo de patrocinios les es ventajoso, y nunca a una Administración pública.
Díganme qué ventaja obtiene la Comunidad Foral de Navarra con este dichoso naming rights y qué ventaja obtienen los ciudadanos con ello. Sí, claro, beneficios intangibles e incuantificables, como se decía en mi último artículo. El dinero público no es para entregárselo a prestidigitadores. ¿A quién compete su custodia y por qué no interviene? ¿Aguardará a que la situación alcance dimensiones insostenibles como las del caso Marbella?
14 de abril de 2006
75º Aniversario de nuestra República 
Actualización del 14.04.2006 a las 03:50 h.
Dejo aquí un enlace al Buzón de Alcance en el que se comenta, a raíz de otro artículo, un caso de entrega millonaria de fondos públicos en forma de terrenos de dominio público a una entidad privada deportiva dedicada al fútbol, y que ya ha sido declarado ilegal por la Justicia española.
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de un descreído del deporte




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Me temo que a pesar de tener razón, solamente te queda el recurso del pataleo. En la política nacional y municipal se pagan y se deben favores constantemente. Los beneficios en imagen y en relaciones que genera el deporte son utilizados por unos y por otros sin importarles lo más mínimo el deporte en sí.
Ni la educación, ni la cultura, ni el arte… Todo eso sólo son mesas en las que ellos juegan a sus juegos de poder. El turismo y el comercio, sin embargo, sí que les preocupan: generan empleo y entroncan directamente con la Economía.
Seguro que me dejo algunas otras actividades humanas, como la forma de comunicarse. De éstas, sólo les preocupan las formas de comunicarse en masa, que son las que les pueden hacer daño (Correos, el teléfono, etc., son percibidos como empresas de servicios).
Un ejemplo: el cine como séptimo arte, les trae sin cuidado. Sin embargo, si el cine fuera un verdadero medio de comunicación de masas, se ocuparían de él. Pero ocuparse no significa potenciarlo y mejorarlo, sino dominarlo y controlarlo.
Así las cosas, tal vez al cine (y al deporte) les vaya mejor como están. Aunque ya has descrito en artículos anteriores (la trilogía esa de “El intervenir del Estado”) cómo ahora los poderes públicos se están ocupando de controlar ciertas parcelas del deporte.
Es una especie de vivo-sin-vivir-en-mí. Si no destacas, los poderes públicos no te hacen caso y permaneces en una especie de flotabilidad por la subsistencia. Si consigues destacar, llamas la atención y los poderes públicos entonces te facilitarán algo más que la flotabilidad, tal vez el despegue, pero tratarán de controlarte. Si no lo consiguen, porque no te dejas, entonces su objetivo será hundirte. Si no lo consiguen, porque te has hecho fuerte, entonces tratarán de domesticarte (serás una federación o una SAD); sólo en última instancia, si no han podido contigo (serás una SAD muy fuerte) querrán pactar, lo que estarás obligado a hacer si no quieres vivir continuamente en una cuerda floja.
Pero superado este nivel serás, por lo menos, el COI; y te habrás convertido en un aparato que genera su propia corrupción. ¿Flotar y subsistir, o querer crecer y verte en este tobogán de intereses cruzados y favores debidos? Es lo que yo llamo un vivo-sin-vivir-en-mí.
No te quepa ninguna duda que la corrupción existente en no sólo el Ayuntamiento de Marbella sino en cientos, qué digo, miles de ayuntamientos españoles (claro que lo que para mí es corrupción para nuestros políticos es simplemente una ofrenda floral) abarca no sólo a los ámbitos urbanísticos si no también deportivos.
Un ejemplillo de lo que para mí es corrupción pero que no es considerado por la inmensa mayoría. CajaSur, entidad de ahorros ligada a la Iglesia, y con sede central en Córdoba (donde “casualmente” gobierna IU) mantiene en su lista de morosos a IU y el PCE. Pese a lo cual el año pasado le dieron a IU un nuevo préstamo de un millón de euros a pagar en 3 años con unos intereses del 2,98 %. También el partido Andalucista está en la lista de morosos recalcitrantes. Cajasur reconoce que tiene en “mora total” créditos con la coalición, pese a lo cual sigue inyectándole dinero que… no podrá devolver, claro. CajaSur aplicará el “perdón” cristiano y tal y santas pascuas. Ya sacará la pasta perdonada de otros bolsillos menos influyentes. Adivina cuales… Bueno, pues, esto es corrupción para el Puñetas porque los “perdones” no salen gratis; una formación política -sea la que sea- tiene que pagar sus deudas como todo quisque y al mismo interés que los curritos de a pie y si no lo hace en tiempo y forma se le aplican las mismas normas que a los ciudadanos corrientes y molientes: se le embarga y subastan los bienes. Estoy convencidísimo que CajaSur e IU se echarán una mano mutuamente, cada una en lo que pueda, como contrapartidas mutuas. Doble contra sencillo.
Dicho lo cual, el señorito Roca al que aludes sin nombrar, fue puesto en Marbella por Gil y tal y tal, siendo la corrupción tan generalizada y conocida desde unos cuantos años después de la llegada a la alcaldía de Moby Gil: 1991.
Pero por no remontarnos tan lejos, en 2003, tanto el diario SUR de Málaga como EL MUNDO, desvelan gran parte del patrimonio amasado por Roca. Eran los únicos diarios en España que venían informando sistemáticamente sobre la corrupción en Marbella, con algunos de sus periodistas perseguidos y apaleados por la mafia marbellí de Gil y sus adictos. “El jefe de Urbanismo dispone de yeguadas, cortijos y helicópteros…” Esto ya se escribió en 2003. Muchas de estas informaciones provenían incluso de sumarios abiertos desde más atrás, alguno de ellos instruido por el juez Del Olmo, que al final hizo mutis por el foro (¿te suena el juez Del Olmo?). Otros sumarios fueron cerrados sin investigar documentos y publicaciones de prensa y otros por ahí siguen durmiendo el sueño eterno de la justicia.
En 2003 publicó un informe el Instituto Andaluz de Criminología con datos concretos sobre la corrupción organizada en torno, especialmente, al urbanismo de Marbella y Estepona (ayuntamiento gobernado por el PSOE y exconcejales del GIL en comandita). El Presidente Chaves desoyó el informe porque no se podía admitir que bajo un gobierno del PSOE existiesen casos de corrupción urbanística. En ese mismo año el PSOE no admitió 5 proposiciones de una de sus diputadas sobre la corrupción. Dicha diputada (que, naturalmente, en las siguientes elecciones ya no figuraba en las listas ), ya llevaba sus añitos denunciando el tema, incluso judicialmente, representando como abogada a colectivos vecinales perjudicados por la política corrupta de Gil y sus secuaces. Su beligerancia -que dabata dewsde 1977- le costó insultos, persecuciones y padecer la brutalidad de la policía municipal de Gil (sí, del mismo Jefe policial que ahora está imputado). Cuando le preguntan sobre la Junta de Andalucía, afirma con una rotundidad sincera: “Me sorprende que se sorprendan los políiticos irresponsables de la Junta de Andalucía”. Si los conocerá,que estuvo durante una legislatura dentro de la cueva.
Así que, perdona estos pequeños datos ilustradores sobre el patio marbellí, que muchos ya conocíamos pero que ahora parece que sean novedad novedosa para la mayoría de los mortales (sobre todo, esos cagamandurrias de la prensa “independiente” (EL PAIS…) y las puñeteras telecacas y radioanuncios. El drama de esta historia es que, en el camino , han ido quedando o quemándose algunos de los que se pelearon por conocer y difundir la verdad: el periodista que ejercía con escolta, el escritor que redactaba denuncias o la letrada de una plataforma ciudadana a la que, cuando estuvo en el Parlamento andaluz dentro del PSOE -aunque iba en la lista de los Verdes- sus jefes no le hicieron ni pajolero caso, aunque algunos maledicentes intuímos el porqué).
En fin, que aquí no se salva ni el gato. Y no he dicho nada del PP -para redondear la faena- porque en Marbella ha cortado poco el bacalao y en la Junta, nada de nada. Aunque también tiene sus tejemanejes en algunas ciudades: unos ya han salido y otros lo harán. No te quepa duda.
Y si algún paciente lector piensa qué tiene que ver lo aquí contado con el deporte, digamos que bastante. También hay un “deporte de la corrupción” y en España (ojo, no sólo en Marbella) somos unos campeones.
Para finiquitar el tema, por mi parte, leo hoy una entrevista en EL MUNDO al exsecretario del Ayuntamiento de Marbella. Pura ilustración. Pedro Moreno tenía 27 años y ejercía de secretario del Ayuntamiento cuando en 1991 desembarcó en él Moby Dick, quien duró “de lunes a viernes” porque Gil lo echó por “comunista” y por “paralizar el Ayuntamiento”. (El hombre es hoy titular de Derecho del Trabajo en la Universidad de Málaga, así que tonto no era ni es). He aquí algunas perlas que dice de aquellos inicios: “Desde el año 91 ha habido un fracaso general en MArbella. En el ámbito jurídico han fallado los controles del Estado de Derecho… Los primeros días ya se observó el estilo de gobierno de este sujeto y si se hubiera reaccionado a tiempo nos hubiéramos ahorrado el bochorno de estos 15 años”.
Relata como en la semana que estuvo hasta que lo quitó Gil le dio tiempo a hacer un informe contrario a la adjudicación directa y a dedo del servicio de aguas; a informar que los expedientes municipales tenían que estar en el Ayuntamiento y no en el Club Financiero, que era la sede la inmobiliaria de Gil; a advertir que los plenos los tenía que convocar el alcalde; a informar que para expropiar un bien, como la casa del último alcalde socialista, había que tramitar un expediente, pero “lo hicieron a pelo, sin ningún procedimiento” o a negarse a ir al Club Financiero a despachar asuntos municipales. Por estas cosas, sólo en la primera semana de Gil, lo echaron del Ayuntamiento, tras tenerle primero cinco meses de vacaciones forzosas. Sólo en una vez habló con Gil, quien “con ese estilo barriobajero que tenía, me dijo que me unía o me quitaba de en medio. Fue una época muy dura porque nos oponíamos tres gatos. Hacerlo era situarte en la marginalidad.”.
Y acaba el hombre: “Tengo la absoluta convicción de que ha habido permisividad con Gil por parte de la Junta: por miedo, complicidad, cobardía…, cada uno sabrá lo que tiene que esconder, pero nadie podía engañarse de lo que era este fenómeno: una ilegalidad continua, sistemática. La culpa es de quien lo ha hecho y de las instituciones democráticas que no han sabido estar a la altura”.
Por mi modesta parte, también culpo a bastante prensa y medios de comunicación de este país que jamás han entrado o muy levemente en el tema, siempre preocupados por guardar las formas, interesarse sólo por la banalidad y el folklore marbellí de cuatro pringaos, cuando no por ensalzar abiertamente a Gil y darle cancha. Y aquí sí que entrariamos de lleno más en el terreno deportivo pues de esta cancha salieron los lodos que llegaron hasta donde han llegado. Si sólo acordarse de Telepingo y aquel barriobajero programa de Gil con las chicholinas, es que dan ganas de pegarle fuego (metafóricamente) a la cadena.
Por cierto, tengo escritas varias cosas sobre Gil en bitácoras ya fenecidas donde ponía al caldo al personaje. Voy a intentar buscar la última, cuando el amiguete la espichó, pa que veas que la cosa ya entonces la teníamos algunos bastante clara. Ahora qué fácil se apuntan todos al bombardeo, hasta los que han suministrado la metralla al personaje y se han llevado sus buenos dividendos.
(Perdón por abusar de la hospitalidad de la Aguja, pero espero que haya lectores a los que puedan interesar opiniones y pareceres cercanos a este vodevil grotesco que se ha vivido muy cerquita de donde vivo con el beneplácito general ca casi todo el mundo, menos los cuatro gatos de siempre).
FIN DEL CULEBRÓN POR MI PARTE. Aquí tienes mi comentario sobre Gil cuando falleció allá por mayo de 2004. Creo, modestamente, que no tiene desperdicio.
“Como ya es sabido, murió Jesús Gil y tal y tal. Un personaje de opereta que se hizo mayor y triunfó porque en este país nos gustan este tipo de gente: pícaros, populistas, echaos palante, parlanchines, mafiosillos, ricachones y un poquito tiernos en el fondo.
Ahora que se ha muerto acuden en tropel a despedirlo políticos, gente del fútbol, titiriteros y miles de personajes anónimos que lo encumbraron desde la fe atlética, algo tan extraño como el misterio de la Santísima Trinidad, y sólo al alcance de unos pocos “pupas”: “…él, que se ha ido dejando la vida poco a poco por su club, que le ha traído amores y desencuentros, pero nunca ha dado su brazo a torcer. Ha hecho un Atlético centenario y que la ilusión por ser del Atlético sea inexplicable, pues es una cosa que se lleva dentro y nadie es capaz de definir”. (Carta al ABC publicada hoy).
En esta religión futbolera, Moby Dick (como le llamaba Carmen Rigalt) hacía de todo: de Dios, de demonio, de ángel, de cura y de monaguillo. Su gruesa humanidad llenaba todo el escenario. Está bien que a los muertos se les respete, pero sin caer en panegíricos absurdos e hipócritas. Tal y Tal no era precisamente un manso corderito. Fue el presidente de los excesos en el fútbol. Tuvo 35 entrenadores en 17 años y echó literalmente a patadas a muchos de ellos, por no hablar de los insultos y malos modos que empleó con bastantes de sus futbolistas. Una cartera bien llena de billetes, un ego devastador y una falta mayúscula de educación y escrúpulos le llevaron a meterse en todos los cenagales que pudo: económicos, políticos, futboleros…Un personaje nada ejemplar al que algunos medios de comunicación y bastantes periodistas necios encumbraron a un pedestal al que nunca debió subir.
Jamás se equivocaba el buen señor. En su larga carrera hay de todo. Condenado en 1969 por el fallecimiento de 58 personas, consecuencia del derrumbamiento del techo de un restaurante en Los Ángeles de San Rafael, tras ser indultado por Franco, pasó media vida sentado en el banquillo de los acusados. Con su muerte multitud de casos judiciales quedarán archivados y permitirán así desatascar algunos tribunales de justicia. Muchos jueces y políticos habrán suspirado de alivio con su muerte. La ciudad de Marbella la ha convertido, con la aquiescencia tontuna de una gran mayoría de sus habitantes, en Marfea. En el fútbol le pasó de todo: inhabilitado por la UEFA, por la Federación Española, su club fue intervenido por la justicia, abofeteó a la gente del fútbol física y verbalmente. “Mi error ha sido tratar a los jugadores como personas”, rebuznó en una ocasión. “Con la popularidad que tengo podría ser Dios”, dijo en otra ocasión. O aquella de “cuando yo me vaya se acabó el Atlético”. Lo veremos ahora.
Jesús Gil y Gil fue una perla. Falsa, pero perla al fin y al cabo. Uno de esos personajes que se repiten en la historia de higos a brevas y que mejor que no se repitan. Ahora todos le echan flores. El vicepresidente del Atlético dice que “en veinte años jamás había discutido con él”. Eso no se lo cree ni harto de gaseosa. El jugador Fernando Hierro afirma que “era un hombre del pueblo, querido por la gente”. En fin, qué buenos somos cuando nos morimos. Descanse en paz y que se vayan preparando en el más allá”.
@ Juan Puñetas
La bitácora es tan tuya como de los demás lectores que quieran dejarnos sus opiniones. Es más, yo concibo una bitácora como un foro en el que se propone un tema (el artículo o post) y en el que se abre el debate y la discusión sobre el tema propuesto (los comentarios). Para mí es una pena que no participen más lectores, que muchísimos no sois, pero unos cuántos sí que entran a juzgar por las estadísticas a pie de página. Sería muy interesante debatir sobre diferentes aspectos y volver a los comentarios para comprobar que hay diferentes puntos de vista que los de uno (sea autor o comentarista).
Como te digo, es una lástima que no haya más comentarios en ésta y en general en todas las bitácoras. No te cortes y escribe cuanto te plazca. Un saludo, y ya te comentaré algo (como tengo costumbre a modo de cortesía) a tus comentarios siempre jugosos. El obituario no tiene perdón de dios, no señor. Hay que ponerlo en un marco ;-)