El intervenir del Estado: [la crítica]
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http://www.agujadebitacora.com/2006/03/el-intervenir-del-estado-ii/trackback/La política es el arte de buscar problemas,
encontrarlos, hacer un diagnóstico falso
y aplicar después los remedios equivocados
Groucho Marx
En el artículo anterior avanzaba mi opinión de que se está cometiendo un error de base, que son los menos fáciles de detectar, en el asunto de la legislación antidopaje con la que nos va a regalar nuestro Gobierno español. Allí encontrará el lector recién llegado un enlace que le facilitará entrar en materia.
Todo este tinglado de la ley orgánica contra el dopaje me parece en sí una farsa; una gran farsa. Convinimos en el anterior artículo que la competición se desarrolla en la esfera privada. Alguien con dinero suficiente organiza un macroevento deportivo con el fin de que los mejores del mundo compitan en el campeonato por él organizado.
Si en esa competición no existen controles antidopaje, yo me podré dopar. Si el organizador del superevento decide que haya controles antidopaje, por la cuenta que me tiene no me doparé, porque ello supondría verme apartado del premio final.
En el ámbito internacional la sociedad comienza a rechazar las competiciones en las que el dopaje no está vigilado. La pésima imagen que crea la duda acabará haciendo que los organizadores del megaevento (llámese Tour de Francia o NBA o Fórmula 1) lleven a cabo sus propios controles antidopaje en un efecto similar al que se ha conseguido con el tabaco; hoy en día no se ve al conductor de un debate televisivo humeando por boca y fosas nasales —¡qué asco de imagen!
Decía que el Gobierno español es cómplice de una farsa porque se ha propuesto sancionar civilmente a los competidores en un evento deportivo de índole privada sin esperar a que el mundo del deporte tome sus medidas.
Sin embargo en las pruebas físicas que el propio Estado realiza, ni impone controles antidopaje ni sancionará especialmente al infractor. Me estoy refiriendo a todas esas pruebas físicas para acceder a un puesto de trabajo de la Administración: bomberos, policía, ejército, Guardia Civil, funcionarios de prisiones, policía local, socorristas, guardamontes… Tampoco analizan a los estudiantes que se “meten” todo tipo de drogas que potencian la asimilación y la memoria para comparecer a exámenes fin de carrera, doctorados, oposiciones, cursos de postgrado y másteres, etc., etc.
Es decir, el Estado se entromete en la esfera privada del ámbito deportivo, mientras está dando trabajo a los “tramposos”, como se ha comenzado a llamar a quienes dan positivo en un control antidopaje.
Señor Lissavetzky, señores y señoras del Gobierno; están ustedes cometiendo un error cuando pretenden abanderar la lucha mundial contra el dopaje. Que seamos quijotes no quiere decir que renunciemos a aprender de nuestros errores para no hacer más ridículos.
Con este asunto del dopaje están ustedes cometiendo el mismo error que cometieron en su día con el asunto de la Constitución Europea. Todos ustedes, gobierno y oposición, nos llevaron a abanderar las votaciones para la Constitución Europea. En mi opinión hicimos un ridículo internacional. Tanta prisa, tanta prisa —¡seremos los primeros!, nos arengaban ustedes—, y los listos prefirieron votar en último lugar. Además de la dignidad, perdimos un montón de dinero que espero nos haya sido reintegrado por la Unión Europea. Conejillos de Indias que fuimos, ¡vaya!
Con el tema del dopaje puede ocurrir tres cuartos de lo mismo. Jaime I “Azote de dopados” parece haberse propuesto ganar un puesto en el COI cuando acabe su estadía en el CSD aunque para ello deba convertirnos a todos los deportistas españoles en cobayas de una legislación “avanzada”.
Pero si no hace falta amenazar con penas de cárcel, señor mío; el mundo del deporte se sobra y se basta él solito para acabar con el dopaje; eso sí, convendría regular las percepciones económicas estratosféricas de algunos deportistas; legislen ustedes en esa vía y dejen que las federaciones regulen por la vía privada.
Con la exclusión de la competición por dos y por cuatro años en las dos primeras ocasiones que alguien dé positivo en un control antidopaje ya casi se finaliza la vida deportiva del atleta. A la tercera vez, una exclusión de por vida. Para lo que se ha dado en llamar el entorno del deportista cabrían menos miramientos; cuatro años en la primera ocasión y exclusión de por vida en la segunda vez que alguien sea sorprendido “envenenando” a un deportista.
Para el caso de los médicos, a los que el juramento hipocrático ya les debería inhibir de prestarse a dopar a nadie, hace un tiempo que dejé en esta Aguja de Bitácora mi propuesta para atajar sus manipulaciones.
Una acción interesante a emprender es la colaboración de todas las federaciones deportivas mediante una base de datos de excluidos en la competición deportiva de forma que durante la vigencia de la sanción el castigado no pueda tomar parte en ninguna competición federada. Ni siquiera en una competición regional de ningún deporte; sin rebajas ni fisuras.
La federación internacional que no respete y aplique la normativa internacional será apartada por diez años de debates, cumbres, Juegos Olímpicos, subvenciones de los Estados a las federaciones nacionales de la modalidad para su participación en competición internacional; y lo más importante, la negativa a acudir con las selecciones nacionales a competiciones internacionales de la modalidad y no facilitar la organización de eventos internacionales dentro de las fronteras de los países firmantes del acuerdo. Aquí sí que haría falta el apoyo de los Estados al mundo del deporte. Apoyo, que no intromisión.
El mundo del deporte es capaz de purgarse a sí mismo sin necesidad de padecer el intervencionismo del Estado; el peligro es que el Estado no es solamente un ente impersonal, sino que lo integran personas físicas con sus intereses particulares, entre ellos la promoción y la proyección personal.
En el próximo artículo concluiré estas notas sobre la intromisión del Estado en otro feo asunto, como es el de las actitudes racistas en el ámbito deportivo.
24 de marzo de 2006
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Elemental, querido Watson: control del dopaje ajeno (en pruebas deportivas privadas), delito as pruebas físicas que el propio Estado realiza, ni impone controles antidopaje ni sancionará especialmente al infractor.
(Un manotazo sin querer al teclado y comentario cortado y enviado. Cosas de la técnica que no entiende de fallos humanos. Empiezo de nuevo).
Iba a decir, y digo ahora, que como siempre el Estado (es decir, los que lo dirigen y mangonean) juega con dos varas de medir. Está bien eso de convertir en casi un delito el dopaje en una prueba deportiva “privada” mientras que en la selección de su personal hace la vista gorda. Típico de estos que aplican la mantequilla a las dos caras de la misma tostada. El caso es meter el hocico en todas partes, con el cuento chino del control social y tal. No diré que no sea conveniente un Estado y fuerte, que lo es, pero dicha fortaleza es inversamente proporcional a la ocupación e intromisión en la vida privada del ciudadano. Por eso estoy contigo en que el mundo del deporte debe bastarse para poner en su sitio a los tramposos, castigar a quien estime oportuno según las reglas que fije y plantar cara al dirigismo estatal representado por los voraces políticos de uno y otro signo. No dudo que a veces deba intervenir en casos concretos cuando la autorregulación sea nula por casos de corrupción o estupidez (véase el asunto de la violencia en los campos de fútbol, tratada por los Comités y clubes como si de jueguecitos pacifistas se tratase), pero la norma general debe ser dejar que cada cual gobierne su casa siempre que no afecte a la del vecino y no haga mal a nadie más que a sí mismo.
A lo mejor estamos equivocados en esta apreciación, pero creo que es preferible equivocarse en ciertas cosas a estar acertando en otras. No sé si me explico. Y es que uno empieza a estar harto de tanto meapilas de derechas, centro y de izquierda que pretende meterse hasta en el color que deben tener nuestros calzoncillos (y bragas). En esta dirección vamos en este país cortijeril de mal en peor. Si no te controla el Imperio (los USA) con su escalofriante poder cultural y económico, lo hace la Unión Europea con sus directivas y reglamentos. Después tienes al gobierno central de turno que también se quiere llevar una buena tajada de nosotros. De lo que va quedando se ocupa el gobierno autonómico. Si todavía queda algún trozo de tu piel sin intervenir, allá que vendrá el poder provincial y local a apropiárselo y cobrárselo (siempre por tu bien y en tu bien, faltaría más). Y así llegamos al último escalor de poder: el jefe, la asociación de vecinos y hasta el presidente de la comunidad del bloque, je, je. Añade después los medios privados, que viven de tus despojos (las telecacas, los mass media, los curas…) y tararí que te vi, del Puñetas y de don Luis no quedan ni las migajas salvo que nos salgan un poco casquivanos y atravesaos.
Bueno, tras esta disertación puñeterofilosófica, sólo queda decir que encima seguimos siendo quijotes de la nada. Nuestros políticos parásitosos nos quieren convertir en conejillos de indias siendo los más avanzados en según qué cosas. En otras vamos a contracorriente y a la cola. Ya te digo: el único momento libre que nos va a ir quedando es ese en que vamos al retrete y cerramos la puerta bajo llave para poder evacuar a gusto sin interferencia alguna. (Yo, de paso, me leo veinte páginas de un libro, convirtiendo así el asunto en un bien cultural). Aunque ya se inventarán algo para asaltar la última fortaleza de libertad que nos va dejando su avaricia de dominio. Ahora están muy ocupados en la ocupación de la azotea deportiva. Y la harán suya con el beneplácito de la afición y el aplauso de los corifeos de rigor.
Pues sí. Estos políticos con ganas de promoción, proyección y autobombo no dudarán en utilizar el deporte como plataforma o lanzadera.
Pero me temo que el que juega con fuego acaba quemado. Y éstos no sé yo si no acabarán abrasados. Hace tiempo que vengo observando que el CSD ha comenzado a ocuparse del deporte profesional, como si ya tuvieran hechos los deberes en todas las otras parcelas del deporte.
Pero claro, el deporte profesional y el espectáculo deportivo es el que sale en los medias. Mientras, el equipo juvenil del barrio subsiste.
¿Cuándo se darán cuenta de que son muchos barrios y de que es posible ayudar a todo el deporte con menos esfuerzos y disgustos que el meterse a fregar esta olla gigantesca -como aquellas de la “mili” en las que un tipo se metía dentro para fregar la olla cuando tocaba- que es el deporte profesional? ¿Cuándo pensarán en legislar de forma que dejen que el deporte profesional se auto-regule y se auto-financie sin que Papá-Estado tenga que intervenir siempre en socorro de lo que acaban de romper?
Ahí tienes la cuasi-suspensión de pagos de la Liga de Fútbol Profesional. ¡Increíble! Y les hubieran dejado seguir jugando como si tal cosa. En otros ámbitos, si una empresa cae en suspensión de pagos se acabó su actividad económica. Y es que han estado viviendo de prestado.