Pues finalizaron los Juegos Olímpicos de invierno, que no Olimpiadas, como decía en mi anteúltimo artículo en la vecina Italia, que no limítrofe. Y no nos hemos comido ni un rosco. Siempre está aquél que dice que los países nórdicos sacan más medallas que España porque tienen la nieve a la puerta de casa. En estos Juegos Olímpicos la teoría se les desmorona un poco, ya que Cuba ha obtenido una medalla de plata. ¿Dónde tendrá Cuba la nieve?
Pero hoy voy a romperle la punta a una siempre afilada Aguja y me voy a dedicar a ensalzar lo que de grande tienen estos deportes blancos. Por fin hemos podido ver en la pequeña pantalla algo nuevo, entendiendo por ello todo aquello que sea diferente a lo que nos muestran a diario.
Aparte de variedad hemos podido ver deportividad, buenos gestos tanto en la victoria como en la derrota. Qué gestos tan feos los de aquellos que no saben perder; pero qué gestos más indignos los de aquellos que no saben ganar, recreándose en la derrota del rival con insultos y cánticos fuera de lugar.
No he oído que haya habido escupitajos, ni agresiones verbales, ni nada por el estilo. Qué caballeros y qué damas los deportistas de estas modalidades blancas, alejados de la ostentación de divos de la que hacen gala algunos millonarios deportistas. Incluso el rudo hockey sobre hielo ha mantenido un comportamiento ejemplar.
Ya estará alguno pensando que estoy allanando el camino para volverle a meter mano a ese deporte de las patadas. Pues ya he dicho que no, y hoy me limitaré a reflejar lo que veo de grandeza en mis tres deportes favoritos de los Juegos Olímpicos de invierno.
El primero en orden alfabético a destacar de mi lista particular es el biathlón. Una modalidad que combina el esquí campo a través y el tiro.

Resulta sobrecogedor ver el esfuerzo de los y las atletas patinando sobre los esquíes, en una continua contrarreloj, ayudándose con un rítmico movimiento de brazos para clavar los bastones sobre la dura nieve, siempre con el corazón al límite y sufriendo un desgaste extremo que les marca un rictus de sufrimiento en el rostro el cual se antoja que será imborrable tras la titánica prueba.
Verles llegar a las posiciones de disparo, ora tumbados, ora en pie, debiendo contener la respiración para asegurar el tiro a una diana que cambia de color con los aciertos como si de una atracción de feria se tratara. Parados de pie tras la galopada las piernas flaquean; tumbados boca abajo la respiración no fluye.
Quedamos siempre en suspenso hasta ver si no yerran su serie de disparos, porque ello les llevaría a aceptar un castigo adicional marchando sobre una pista que les retrasará en el mejor de los casos una veintena de segundos a modo de penalización, lo cual prolongará la agonía de la carrera.
En ocasiones vemos surgir a estos biatletas, atletas con mayúsculas, de entre una ventisca que arremolina el gélido aire en torno a su figura hercúlea, y la nieve, que se les clava en el rostro cual finas agujas de un alfiletero en desorden, forma afiladas figuras entorno a sus fosas nasales.
Observo que antes del disparo precisan coger una bocanada de frío aire alpino que se me antoja que entra en el organismo como una daga de acero, y contienen la respiración, tan faltos de oxígeno como llegan, para disparar en apnea a fin de mantener el pulso. Soportar el peso de un rifle de precisión y el retroceso del disparo no ha de ser tarea fácil en las condiciones físicas en que el deportista se encuentra, máxime si el distraerse en el apuntamiento supone dejarse unos segundos que aprovechará el rival que tenga menos miramientos.
En definitiva, una loa al esfuerzo y a la lucha consigo mismo, contra los rivales, contra los elementos y contra el reloj.
El curling es otra de mis pasiones blancas; una especie de petanca gigante sobre hielo.

A la precisión que exige la petanca hay que añadir el cálculo de carambolas y ángulos similares a los del billar, y que muchas veces son necesarios para situarse en franquía en el marcador al objeto de controlar un duelo basado en la estrategia posicional.
El curling (+ info) es un deporte que exige mantener la concentración durante una partida que puede alcanzar las tres horas. No es fácil calibrar la fuerza con la que deben enviarse unas piedras de 20 kilogramos a unos 40 metros de distancia.
La precisión en los lanzamientos es vital tanto a la hora de destruir el juego de los rivales como para construir barreras que impidan que el equipo contrario sitúe una mejor piedra con la que puntuar en cada una de las diez mangas de las que consta un juego.
No sé bien qué tiene este juego, pero me encuentro con que somos legión los que nos sentamos en el sofá y disfrutamos viendo el deslizar de las piedras y el chocar de unas con otras. Acción, lo que se dice acción, no cuenta con mucha que digamos. Tal vez la única fase de acción ocurre cuando los compañeros del lanzador se aprestan a frotar el hielo por delante del discurrir de la piedra a la espera de formar una capa de agua, en un efecto que me atrevería llamar de aquaplaning, que permita un mayor deslizamiento de ese gran disco.
Vemos cómo se suceden lanzamientos con efecto dextrógiro o levógiro que parecen que nunca llegarán a destino por la lentitud que lleva el objeto arrojado y que se alternan con otros en los que la piedra adquiere una velocidad tal que la hace chocar con fuerza contra aquellas rivales que estorban a las pretensiones de los lanzadores.
Los tanteos suelen acabar bastante ajustados, lo que hace que se mantenga la incertidumbre sobre la victoria final hasta los últimos compases. Cuando un equipo juzga que no es posible alcanzar la puntuación de los antagonistas, caballerosamente aceptan la derrota e intercambian felicitaciones.
Como en todos los juegos de estrategia en los que el componente físico no es primordial, la derrota se sufre quizá más internamente. Más aún en un nivel como el de los Juegos Olímpicos, en el que la maestría es tal que los fallos en los lanzamientos son mínimos.
Mi tercer deporte favorito de los de invierno, siguiendo el orden alfabético, es el hockey sobre hielo

La foto corresponde a un partido de hockey femenino, categoría que cuenta con gran antigüedad a pesar de lo que a los neófitos nos pudiera parecer. El hockey femenino es también olímpico.
Tras la rendición del olimpismo a los encantos del deporte profesional, uno de ellos el que entronca directamente con su faceta de deporte espectáculo, la llegada de las estrellas de la NHL (National Hockey League) y sus malas formas no se hizo esperar.
Sin embargo, en esta competición ha imperado el buen hockey. Hockey de técnica y de calidad, que para eso son profesionales y saben hacerlo.
Sobrepasada la preocupación por el espectáculo chabacano que se pudiera dar, los partidos nos han hecho vibrar una vez más con su velocidad trepidante. Quizá deberían volver a aumentar unos centímetros las porterías, pero cierto es que hemos tenido partidos con cantidad y calidad de goles, lo que al fin y al cabo es la salsa de estos deportes de pelota (de puck en el caso que nos ocupa).
La rudeza del hockey sobre hielo (+ info), con sus cargas legales, choques ineludibles, necesarios bloqueos y atosigantes presiones, y con sus caídas inevitables, deja tras de sí imágenes de incuestionable belleza. La lección, como en tantos otros deportes de contacto, es la superación del temor al dolor.
Todos hemos llorado “como niños” cuando nos hemos caído siendo infantes. A partir de esa edad hemos aprendido a ocultar el llanto, pero no así el miedo al choque y al golpe. En deportes como el hockey sobre hielo nos podemos asombrar no ya de la dureza que ha adquirido el cuerpo del deportista tras largos años de entreno, sino también del control del dolor físico y corporal.
Aparte de esto, que no es más que un componente indisociable del juego, las tácticas de equipo, la visión del juego, el desmarque y tantas y tantas otras cualidades que presentan los deportes de equipo y pelota, aquí se ven relanzadas por la velocidad del patinaje sobre hielo.
En definitiva, un deporte espectacular donde los haya, atractivo y adictivo, apasionante, fiero y bello. Hasta la llegada del curling al hielo olímpico, el hockey era el único juego de equipo de los Juegos Olímpicos de invierno.
(Si alguien no sigue los partidos de hockey sobre hielo por la televisión por aquello de que no ve el puck, que no se preocupe que tras el primer tercio de un partido acabará viéndolo).
Seguirán los deportes de nieve y hielo relegados al olvido en España. ¿Quién juega al curling en nuestro país? ¿Cómo avanza la liga nacional de hockey sobre hielo? ¿Cuándo se hace biathlón, patinaje de velocidad o luge en España? ¿Dónde hay un tobogán de bobsleigh? Y la última pregunta de estas cinco uves dobles inglesas: ¿para qué se va nadie a esforzar en nuestro país en destacar en deportes alpinos?
Siempre he dicho, y mantengo, que la lucha por estar arriba en los medalleros internacionales no es más que un afán político trasladado al deporte a base de talonario subvencioneril. Pero es también un indicativo de la salud de nuestro deporte. No estar arriba no es tan malo; pero no estar…
7 de marzo de 2006
http://www.agujadebitacora.com/2006/03/de-hielo-y-nieve/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





= ¡tonterías! |
= pues no |
= tal vez |
= así es |
= ¡lo has clavao!
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
![]() ¡Comparte! |
![]() Leer comentarios |
|
Anterior : « El gato muerto |
Posterior : Haciendo el mono » |





(Jean Dolent)





: «









Muy bueno el post. Los JJ.OO. de invierno emperazon a ganar mucha importancia a partir de hace un tiempo cuando dejaron de disputarse el mismo año que los de verano.
Los deportes andinos, como se los denomina en Argentina, aquí están relacionados mucho a la parte económicamente más favorecida de la sociedad, que es quien los puede practicar, y circunscriptos a la zona sur del país, que es donde se desarrollan. También se encuentran ligados mucho al Ejército, quien tradicionalmente se desempeñaba en ellos.
Es cierto que los deportes alpinos, como los llamamos aquí (¡cómo nos marcan los accidentes geográficos!), son en general bastante excluyentes en lo que a los bolsillos se refiere. Pero no por eso dejan de ser bellos. Quizá por el marco en el que se desarrollan. Como digo en el artículo, al esfuerzo se le une la dificultad de respirar un aire frío, y en la mayoría de los casos, al celebrarse en altura, con menor cantidad de oxígeno por la presión barométrica.
Pero sigo creyendo que el público, el gran público, no los sigue sencillamente porque no hay oportunidad de seguirlos a menudo.
La verdad es que siempre me han interesado muy poco los deportes de hielo y nieve, quizás porque casi nunca los he visto en los medios de comunicación y difusión. Sin ir más lejos, los dos primeros deportes que enuncias ni los conocía. Del tercero ya sé más. Según las televisiones, es ese deporte en que se están dando collejas y puñetazos a casi todas horas. Eso es, claro, lo que sacan por los telediarios. En fin, quizás lo más interesante de estos deportes (en que, como dices muy bien, se lucha contra los rivales y contra los elementos ambientales) sea el practicarlos, aunque desgraciadamente no todo el mundo pueda por el gran esfuerzo que exigen, la pasta que cuestan y el tener que arrear montaña arriba hasta encontrar un poco de nieve perpetua. Una película en IMAX (tres dimensiones y esas cosas) sobre estos deportes sí que sería la repera y les daría bastante publicidad, que es una cosa fundamental para se instalen en el corazoncito de la gente.
@ Juan Puñetas
Pues creo que todos pensamos igual. Se trata de deportes reservados a titanes. Y es que estos nórdicos pueden con todo.
En cuanto a los bolsillos, pues supongo que sí. Aunque cuando iba al instituto recuerdo que los viernes subíamos a patinar a la pista de hielo de nuestra ciudad porque la profesora de Educación Física había llegado a un acuerdo con los propietarios y ese día nos hacían un descuento (creo que sólo pagábamos el alquiler de los patines y no el acceso a la cancha, con lo que si alguien tenía patines no pagaba nada). Qué recuerdos aquellos patinando de la mano con las chiquitas del “insti”…
Bueno, volviendo a la realidad, no me decís nada de la medalla de plata de Cuba y del rosco de España.