Hace un par de años me fue presentado un ruso. Ruso ruso, de la Rusia de siempre; moscovita para abundar en su procedencia. Estaba afincado en una conocida ciudad norteña desde hacía un año poco más o menos. Compartimos algunas horas durante escasos días por motivos laborales.

Uno de esos días en los que convivimos, el ruso se me acercó y me preguntó:

—¿De qué equipo eres? ¿Del Barsssa o del Madrrrid?

Es una de esas frases que se utilizan para comenzar una conversación… pero desde luego no es nada trivial habida cuenta de cómo defienden algunos descerebrados los que dicen ser sus colores (¿los habrán comprado?).

Utilicé la táctica del gallego, respondiendo a una pregunta con otra:

—¿Y tú? ¿De qué equipo eres?

Mi intención no era otra que dar por finalizada una conversación que me produce urticaria galopante.

No recuerdo de qué equipo me dijo que era simpatizante o ultra-defensor. No presté atención entre otras cosas porque me traía sin cuidado.

Pero el ruso ruso de la Rusia de siempre insistió tras su respuesta:

—¿De cuál eres tú?

Hubiera sido de mala educación continuar evitando la conversación:

—Del Athletic de Bilbao.

—Sí, pero después del Athletic, ¿de cuál eres? ¿Del Barsssa o del Madrrrid?

—De ninguno de los dos. Ambos me traen sin cuidado.

—Eso no puede serrr… Uno de los dos tiene que gustarte más que el otro.

—Pues no; cuando juegan uno contra otro me haría feliz que perdieran los dos.

La frente de mi recién conocido moscovita se fruncía como la de aquél que no alcanza a entender uno de esos dogmas de fe tras buscarles una explicación racional.

Al cabo de un ratito el ex-soviético volvió a la carga.

—¿Y por qué eres del Athletic?

—Pues por varias cosas, entre otras que soy de Bilbao.

Me daba cuenta de que la verdad aún no aparecía en el horizonte de un ruso al que se le estaban rompiendo los esquemas hispanos.

—Pero, ¿cómo puede serrr que no te guste ninguno de los otros?

—Mira, en España hay tres equipos históricos: el Barcelona, el Madrid y …

—…el Atlético de Madrrrid —me cortó el ruso—.

—Pues no, el Athletic de Bilbao. El Atlético de Madrid es sin duda un gran equipo, pero no es uno de los tres históricos.

—¿Y por qué?

—Pues porque los tres que yo te digo han estado siempre en primera división; desde el comienzo de la liga, hará 70 años.

No pareció convencido el ruso y marchó al otro extremo de la estancia. Vi que conversaba con uno de los que en el aquel punto se encontraban, pero no podía oír lo que decían.

Al cabo de un rato el ruso volvió caminando lentamente hacia mí. Se sacó con parsimonia el mondadientes que había mantenido en la comisura de su boca durante toda nuestra conversación y me dijo meneando el palillo delante de su cara:

—Sí, es verrrdad; pero no entiendo por qué no eres del Barsssa o del Madrrrid, si el Athletic no gana “nunca”.

—Pues porque no necesito sentirme de uno de los que siempre ganan para sentirme satisfecho. Estoy contento de que mi equipo sea un caso único en la historia del fútbol mundial. Su compromiso es un ejemplo para todos y su convicción es envidiada por muchos.

Algo pasa cuando un ruso ruso de la Rusia de siempre, afincado en España desde hace un año, me pregunta que cuál es mi equipo, si el Barça o el Madrid, y al responderle que ninguno de los dos el tío no lo entiende.

¿Es esa la imagen de este país? ¿Es éste el único debate que existe en este país? ¿Es imposible abstraerse de la dicotomía Barça - Madrid? ¿No hay nada más importante en este país que el fútbol? Por lo visto, para este ruso no había otra opción. ¿Y si le llego a decir que paso olímpicamente del fútbol?

A mí todo esto me parece algo muy triste. Hace no tantos años se hablaba en los cafés de literatura, de música, de arte… Y de teatro, de cine, de novela… Y de política, de filosofía, de humanismo… ¡Hombre!, ya sé que hoy en día hablar de estas cosas es ser un coñazo. Pero por lo menos antes había diversidad de temas sobre los que hablar y opinar.

Y en los que ser escuchado, aunque tuvieras diferentes puntos de vista a los de tu interlocutor. Seguramente porque se entendía que el debate enriquecía a ambos y a los oyentes de la tertulia.

Aprovecho la malsonancia que he utilizado más arriba y que está recogida en el DRAE, para enviar un mensaje a tanta feminista trasnochada que nos da el coñazo con eso del lenguaje no-sexista.

Si de verdad quieren eliminar un lenguaje no-sexista del acervo lingüístico español que hagan una introspección y empiecen por ellas mismas, porque cuando algo no les gusta dicen que es un “coñazo”, y cuando algo les gusta mucho dicen que está “cojonudo”. Por cierto, adjetivo también recogido en el Diccionario de la RAE.

3 de febrero de 2006