—bitácora cáustica e irreverente de un descreído del deporte—

 Ils sont fou ces… gringos

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Este domingo se disputó la XL Superbowl en la que se impusieron por 21 a 10 los Pittsburgh Steelers a los Seattle Seahawks en uno de los partidos finales menos brillantes de los últimos años. Pero para muchos el resultado y la calidad del partido son mera anécdota. Lo que realmente les importa a ese grupo de selectos es la posibilidad que este evento genera de publicitarse a gran escala.

Se dice que más de 100 millones de estadounidenses vieron en directo el partido (en España somos poco más de 40 millones y eso contando con ayuda extranjera). Se dice que 1.000 millones de personas en 200 países siguieron la Superbowl en directo (aunque uno de cada seis habitantes del Globo se me hace demasiada gente). Las firmas comerciales pugnan en la Superbowl por ver quién de ellas deja una mejor impronta en la memoria fotográfica del espectador. En consecuencia, los anuncios de la Superbowl son siempre especiales.

Hasta el punto de que muchos espectadores siguen el encuentro deportivo en directo únicamente por ver los anuncios.

Y se elabora un ranking sobre los mejores anuncios y sobre los que más han influido en la mente del espectador (no necesariamente tiene que ser lo mismo).

Una forma de medir el interés que han podido captar es verificando las entradas que durante determinado tiempo, a partir de la emisión del anuncio, tienen las compañías en sus webs.

Encontramos también votaciones en el tiempo. Es decir, el público participa en votaciones sobre qué anuncio ha sido el mejor de toda la historia de las Superbowls.

Con los datos precedentes tan sólo pretendo dar a entender someramente lo que supone la Superbowl en los hábitos de consumo de la sociedad norteamericana.

Este año 2006 los anuncios de treinta segundos han llegado a costar 2′5 millones de dólares. Los anuncios se emiten durante el partido, en un deporte apasionante que ha sabido evolucionar hacia las necesidades de la televisión, ganando con ello expectación y espectacularidad.

Y además de la espectacularidad de las jugadas, la NFL ofrece un espectáculo añadido para toda la familia, con las cheerleaders y el show del descanso. Este año actuaron los Rolling Stones en directo ante los poco más de 65.000 espectadores que abarrotaron uno de los estadios más pequeños en los que se ha celebrado este evento deportivo que pasa por ser el encuentro deportivo de un día que mayor atención concita en el mundo.

De hecho, el fútbol americano, un deporte en el que si te tiras al suelo no ganas, es el único de las cuatro grandes ligas (béisbol, hockey hielo y baloncesto) que la final se disputa a un único partido.

Las entradas para asistir in situ, en vivo que se decía antes, costaban alrededor de 600 euros. Pero ese era el precio de la entrada en taquilla, y se pusieron pocas entradas a la venta por este medio. En la reventa, las entradas han llegado a costar entre 3.000 y 3.500 dólares. Ahora que nuestro euro está céntimos arriba del dólar, nos es más fácil calcular lo que significan esos precios que hemos estado oyendo un año tras otro desde hace décadas.

Este año han sido 55 anuncios los pasados durante la XL Superbowl que se ha celebrado en Detroit, Motor city para los amigos de la casa.

Pero este pingüe negocio, retransmitido en 2006 por las cadenas ABC y ESPN, ambas propiedad de la Corporación Disney, está siendo dañado por una mente preclara que sólo es capaz de crear la propia maquinaria consumista y capitalista estadounidense, y que atiende al nombre de Horizon Productions.

A estas alturas ya todos en España hemos oído hablar de la Lingerie Bowl, aunque pocos sabrían explicar lo que es un touchdown o un field goal y menos aún lo que es un safety y los puntos que suponen estas tres formas de anotar en este deporte en el que para ganar debes aguantar y permanecer en pie.

La Lingerie Bowl, este año en su tercera edición, es una apuesta que podría denominarse de contrapublicidad. En el descanso del partido, y mediante PPV (pay per view o pago por visión) de 30 dólares, se puede ver un partido de una versión de fútbol americano entre bellas modelos en traje de lencería durante el descanso de la Superbowl (unos 30 minutos).

Hay que decir que el descanso de la Superbowl es más largo de lo habitual para poder montar y desmontar un escenario que aparece y desaparece en un tiempo récord y permitir las actuaciones de las estrellas de la farándula yanki que estén invitadas al half time show.

El primer año (2004) en el que comenzó el duelo entre el Team Dream y el Team Euphoria, las críticas de este país de puritanos (que no país puritano) se centraron en las casas comerciales que habían visto aquí un hueco de llegar a buena parte del público yanki por menos dinero (patrocinar la Lingerie Bowl era más barato que un anuncio en la Superbowl). Esto llevó a que Daimler-Chrysler retirara su patrocinio, temiendo por la publicidad negativa que le podía suponer apostar por esta contrapublicidad.

Se pensó que la Lingerie Bowl había recibido con esta deserción de última hora un torpedo envenenado en su línea de flotación, pero nada más lejos de la realidad.

Pero apareció una firma de casinos online (http://www.Party.Poker.com/), quien no se ha dejado acobardar por la presión de la sociedad y respalda el evento contrapublicitario. Parece que el invento va ganando en popularidad, e incluso Denis Rodman, el ex-NBA, colabora en calidad de Presidente de la liga de lencería.

Es como si el asunto estuviera tomando un cariz underground, pero que va funcionando. En sólo tres años, y gracias a las protestas de los morigerados estadounidenses que aumentaron y aceleraron la repercusión de este encuentro deportivo-surrealista en su fase inicial, en ningún lugar del mundo se informa de la Superbowl sin hacer referencia a este clon bastardo que le ha salido: la Lingerie Bowl.

Siendo, como soy, un aficionado al fútbol americano desde hace muchísimos años, y después de ver algunas fotos de este espectáculo que ha sido tildado de sexista, por mi parte, no me queda más que decir que: “LARGA VIDA A LA LINGERIE BOWL”.

Dejo aquí unas bellas imágenes de esta especialidad del fútbol americano. Esperemos ver dentro de poco por estas latitudes a tan bellas creaciones de la Naturaleza jugando a su deporte preferido. Debajo de las imágenes, encontrará el lector preocupado en profundizar en el tema algunos enlaces interesantes e instructivos.


El huddle es la reunión del equipo previa a la jugada


El snap, el saque hacia atrás


En el placaje se trata de llevar al suelo al jugador que porta el balón


El sack se produce cuando se placa al quaterback


El equipo siempre respalda al quaterback, su líder


Se debe evitar que el runningback siga avanzando


Una bella jugada: la recepción de un pase

7 de febrero de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Pérdida de valores culturales

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Hace un par de años me fue presentado un ruso. Ruso ruso, de la Rusia de siempre; moscovita para abundar en su procedencia. Estaba afincado en una conocida ciudad norteña desde hacía un año poco más o menos. Compartimos algunas horas durante escasos días por motivos laborales.

Uno de esos días en los que convivimos, el ruso se me acercó y me preguntó:

—¿De qué equipo eres? ¿Del Barsssa o del Madrrrid?

Es una de esas frases que se utilizan para comenzar una conversación… pero desde luego no es nada trivial habida cuenta de cómo defienden algunos descerebrados los que dicen ser sus colores (¿los habrán comprado?).

Utilicé la táctica del gallego, respondiendo a una pregunta con otra:

—¿Y tú? ¿De qué equipo eres?

Mi intención no era otra que dar por finalizada una conversación que me produce urticaria galopante.

No recuerdo de qué equipo me dijo que era simpatizante o ultra-defensor. No presté atención entre otras cosas porque me traía sin cuidado.

Pero el ruso ruso de la Rusia de siempre insistió tras su respuesta:

—¿De cuál eres tú?

Hubiera sido de mala educación continuar evitando la conversación:

—Del Athletic de Bilbao.

—Sí, pero después del Athletic, ¿de cuál eres? ¿Del Barsssa o del Madrrrid?

—De ninguno de los dos. Ambos me traen sin cuidado.

—Eso no puede serrr… Uno de los dos tiene que gustarte más que el otro.

—Pues no; cuando juegan uno contra otro me haría feliz que perdieran los dos.

La frente de mi recién conocido moscovita se fruncía como la de aquél que no alcanza a entender uno de esos dogmas de fe tras buscarles una explicación racional.

Al cabo de un ratito el ex-soviético volvió a la carga.

—¿Y por qué eres del Athletic?

—Pues por varias cosas, entre otras que soy de Bilbao.

Me daba cuenta de que la verdad aún no aparecía en el horizonte de un ruso al que se le estaban rompiendo los esquemas hispanos.

—Pero, ¿cómo puede serrr que no te guste ninguno de los otros?

—Mira, en España hay tres equipos históricos: el Barcelona, el Madrid y …

—…el Atlético de Madrrrid —me cortó el ruso—.

—Pues no, el Athletic de Bilbao. El Atlético de Madrid es sin duda un gran equipo, pero no es uno de los tres históricos.

—¿Y por qué?

—Pues porque los tres que yo te digo han estado siempre en primera división; desde el comienzo de la liga, hará 70 años.

No pareció convencido el ruso y marchó al otro extremo de la estancia. Vi que conversaba con uno de los que en el aquel punto se encontraban, pero no podía oír lo que decían.

Al cabo de un rato el ruso volvió caminando lentamente hacia mí. Se sacó con parsimonia el mondadientes que había mantenido en la comisura de su boca durante toda nuestra conversación y me dijo meneando el palillo delante de su cara:

—Sí, es verrrdad; pero no entiendo por qué no eres del Barsssa o del Madrrrid, si el Athletic no gana “nunca”.

—Pues porque no necesito sentirme de uno de los que siempre ganan para sentirme satisfecho. Estoy contento de que mi equipo sea un caso único en la historia del fútbol mundial. Su compromiso es un ejemplo para todos y su convicción es envidiada por muchos.

Algo pasa cuando un ruso ruso de la Rusia de siempre, afincado en España desde hace un año, me pregunta que cuál es mi equipo, si el Barça o el Madrid, y al responderle que ninguno de los dos el tío no lo entiende.

¿Es esa la imagen de este país? ¿Es éste el único debate que existe en este país? ¿Es imposible abstraerse de la dicotomía Barça - Madrid? ¿No hay nada más importante en este país que el fútbol? Por lo visto, para este ruso no había otra opción. ¿Y si le llego a decir que paso olímpicamente del fútbol?

A mí todo esto me parece algo muy triste. Hace no tantos años se hablaba en los cafés de literatura, de música, de arte… Y de teatro, de cine, de novela… Y de política, de filosofía, de humanismo… ¡Hombre!, ya sé que hoy en día hablar de estas cosas es ser un coñazo. Pero por lo menos antes había diversidad de temas sobre los que hablar y opinar.

Y en los que ser escuchado, aunque tuvieras diferentes puntos de vista a los de tu interlocutor. Seguramente porque se entendía que el debate enriquecía a ambos y a los oyentes de la tertulia.

Aprovecho la malsonancia que he utilizado más arriba y que está recogida en el DRAE, para enviar un mensaje a tanta feminista trasnochada que nos da el coñazo con eso del lenguaje no-sexista.

Si de verdad quieren eliminar un lenguaje no-sexista del acervo lingüístico español que hagan una introspección y empiecen por ellas mismas, porque cuando algo no les gusta dicen que es un “coñazo”, y cuando algo les gusta mucho dicen que está “cojonudo”. Por cierto, adjetivo también recogido en el Diccionario de la RAE.

3 de febrero de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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