País de catetos

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Finalizaron los Juegos Olímpicos (que no Olimpiadas) de invierno aquí cerca, en Turín. Cuando un equipo de fútbol español juega en esa ciudad, son cientos los aficionados españoles que no sé de dónde sacan el dinero y el tiempo (y ni me importa) pero que se desplazan al norte de Italia para seguir a sus [corrección] los deportistas del equipo de su ciudad. Sin embargo, la presencia hispana en las laderas y palacios de hielo olímpicos no se ha hecho notar.

Es justificable dado el escaso apoyo y nulo seguimiento que se hace de los deportes de nieve y hielo en España. El primero de enero nos dan los saltos de esquí desde Garmish Partenkirchen… y esa es toda la promoción de los deportes blancos que yo recuerdo desde mi infancia. (Para ser sinceros, hay que decir que en la actualidad son numerosos los institutos que organizan una “semana blanca” en la que nuestros escolares acuden a conocer el medio nivoso a una estación invernal).

Gracias a Internet y otras tecnologías el que quiera encontrar información sobre los deportes alpinos puede hacerlo con un poco de dedicación a la tarea. Pero hay una diferencia; nadie pone la tele en un momento cualquiera y se topa de entrada con el eslalon gigante o el tobogán de bobsleigh. A nadie se le asalta en su casa con información sobre patinaje artístico o la combinada nórdica. Sin embargo, sí que se entrometen en mi intimidad a cualquier hora con el talento de Messi para las artes escénicas o el cariño que necesita Ronaldo (¿será por las novias que ha perdido?). Me siento alienado con información, pseudo-información deformada más bien, que no he pedido y que no quiero recibir.

Pero como me dice un amigo, esto sólo nos ocurre a los que padecemos el complejo del salmón. Aunque a los que vamos contra la corriente justo sería que al menos nos reconocieran que vamos en la dirección adecuada, como los salmones que nadan río arriba.

Tras los Juegos Olímpicos de Turín nuestro país no ha sumado ni una sola medalla. Algo normal en un país en el que el deporte oficial no es más que uno. La falta de pluralidad deportiva es algo congénito en un país en el que durante cuarenta años de dictadura sólo se apoyó al mismo deporte (y lo que es más grave, siempre al mismo equipo). Que después de treinta años de democracia (casi tantos como de dictadura) aún queden nostálgicos del viejo régimen y del dictador es algo que sólo podía ocurrir en un país de catetos como el nuestro.

En el ayuntamiento de Llanes, en Asturias, un ayuntamiento con planes de excelencia turística y todo, han prohibido el acceso a las instalaciones públicas a un deporte minoritario. Cabría decir que tanto la alcaldesa como la concejal de deportes, ninguna de las dos han sido votadas por el pueblo para ocupar la silla que calientan con sus edilicias asentaderas. Ambas han sido promovidas a su actual cargo por razón de una vacante en el escalafón político del municipio.

País de catetos, decía, y me quedo corto. ¿Cómo vamos a tener medallas en otros deportes que no sea el de siempre si se prohíbe el acceso a las instalaciones públicas a los jóvenes “rebeldes” que se niegan a jugar a la pelota con los pies? ¿Qué metas puede alcanzar el deporte base español si en los ayuntamientos de España se ponen trabas y dificultades a aquellos entusiastas que dedicando su tiempo, su trabajo y su dinero prefieren fomentar juegos de pelota en los que se utilizan las manos, o peor aún, en los que no se utiliza ningún tipo de pelota?

Veo una relación directa entre la falta de medallas y los impedimentos que se ponen a aquellos que no encuentran atractivo en eso de chutar balones. Les contaré algo a modo de botón de muestra. El fútbol americano aficionado, un deporte alejado del concepto deporte espectáculo made in USA, llevará una veintena de años introducido en España.

En el quinquenio 2000-2005 España ha conseguido estar en los podios europeos ininterrumpidamente en categorías de base (fútbol americano sin contacto), bien con el deporte escolar bien con las selecciones españolas. El año 2004 los sub-13 eran medalla de bronce en el Euroflag, que así se llama el campeonato de Europa de la especialidad; el pasado año 2005 nuestros sub-13 fueron campeones de Europa.

España campeona de Europa ante naciones con un potencial bárbaro en este deporte, como la favorita en todos los pronósticos, Alemania, selección a la que se ganó en el primer partido, lo que le supuso un varapalo anímico del que no se recuperó en todo el campeonato. Nuestros chicos no perdieron ni un solo encuentro de la fase final europea, jugando magistralmente ante naciones como Holanda, Inglaterra o Francia.

El “milagro español” se volvió a realizar lejos del mundo del futbolín. En el año 2004 el fútbol americano era reconocido por la General Association of International Sports Federations (GAISF) y se presentó como deporte de exhibición en los Juegos Mundiales, en Duisburgo 2005, antesala de los Juegos Olímpicos.

Viendo el empuje de este deporte en el panorama internacional, no sería de extrañar que escalara peldaños rápidamente en la pirámide olímpica y se aproximara a la consideración de deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos. ¿Qué tal para 2016 o 2020? Sería, ciertamente, una escalada meteórica, pero no imposible. Y casualmente para unos Juegos en los que Madrid podría ser sede olímpica de facto.

Pues bien, el problema del fútbol americano en España es la falta de instalaciones para su práctica. Los campos de fútbol por lo visto son para el fútbol, y los ayuntamientos se niegan a ceder las instalaciones públicas a los chavales que corren y se pasan el balón con la mano en un deporte en el que si te tiras no ganas.

Cuando el fútbol americano sea olímpico nos diremos: “es que en España este deporte está poco promocionado y hay poca gente que lo practica; habría que organizar una liga y construir campos de fútbol americano”.

Entonces sí, construiremos campos de fútbol americano al lado de los campos de fútbol y de rugby en vez de rentabilizar las inversiones pre-existentes. Eso si no ha nacido ya en España un “paugasol” del fútbol americano que dentro de unos pocos años llegue a ser una estrella en la NFL. Porque en España los Induráin, Gasol y Alonso surgen por generación espontánea y no por planificación deportiva, por lo que un estrellato hispano siempre coge desprevenida a la clase política dirigente.

Pero si se diera el caso de un españolito en la NFL, toda esa jerarquía deportiva carca, rancia y meapilas sacarán pecho y querrán posar para la foto de portada con el ídolo de turno. Y los zoquetes y chiquilicuatres de la barra del bar entenderán de touchdowns y de field goals y nos explicaran las jugadas de refinada estrategia.

Las Administraciones públicas tienen la obligación de ponerse la venda antes de la herida; en la vía pública del deporte, como parece que está siendo el deporte de alta competición, hay que curarse en salud y tratar de llegar a los medalleros antes de que otros se instalen en ellos. Pero, como siempre, llegaremos tarde y trataremos de comprar a un “juanito mueleg” cualquiera para que obtenga la presea que el deporte base se ha visto incapacitado para ganar.

Me había puesto a escribir sobre mis deportes de invierno favoritos, pero quedará para otro día. Y es que hay cosas que me recalientan las vísceras. Entre ellas lo negados que son algunos ediles deportivos que enciman cobran sueldetes de más de doscientas mil pelas mensuales con los impuestos que pago a diario, y que curiosamente son los mismos que siempre estaban enfermos para las clases de Educación Física del colegio.

28 de febrero de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Tolerancia cero

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Los “periolistos” deportivos reciben información reservada de casi cualquier sector afín a los equipos de la división de oro del fútbol nacional. Pero hay una puerta que ni pueden ni se atreven a franquear, y es la del dispensario. Cuando un señor vestido de blanco les dice que hasta aquí han llegado, los chicos de la prensa deportiva, por ese respeto ancestral y mítico al gremio de los galenos, obedecen sin protestar.

Y acatan los partes médicos como si fueran palabra de dios. Eso sí, cuando al de Portugalete se le ocurrió decirles que la convocatoria era a puerta cerrada montaron en cólera y le organizaron un expediente público en el que ellos se reservaron las veces de juez y parte.

He ido siguiendo las informaciones que sobre la lesión de rodilla de Raúl González se han traslucido a la opinión pública. A mis años, tengo claro que lo que nos cuentan nunca es exactamente lo que está pasando. Y en todo este asunto da la sensación de que nos ha sido escamoteada una parte de la información.

La prensa deportiva nos ha contado hasta aburrirnos las más tontas gracias que han ocurrido en los vestuarios (y bestiarios) del fútbol nacional. Nos han pasado mil y una veces las jugadas más polémicas que han ocurrido en los partidos, sin olvidarse de la cerdada de un tal Samuel Eto’o, del que aún no sé si sube o baja.

Pero los de las batas blancas han podido trabajar sin tener que rendir cuentas más allá de lo que ellos hayan querido nunca decir, sin ser incordiados por los plumillas deportivos, lo que acostumbran a hacer con “to’ quisque viviente”.

Que haya que respetar la intimidad de un deportista lesionado es algo que no parece tener fundamento cuando los propios chicos de la prensa deportiva son los primeros que no respetan nada ni a nadie. Ni siquiera les merecen respeto los entrenadores, y como simples periodistas sin formación deportiva alguna se permiten opinar y elevar juicios de valor sobre la labor de otro profesional.

Siempre me he preguntado cómo es posible que con tanto talento futboleril como creen tener, estos tuerce renglones estén todavía aporreando teclas con la cantidad de dinero que gana un entrenador del futbolín del colorín.

Pero el dictamen de un médico no se atreven a ponerlo en tela de juicio. Acude el doctor a la sala de prensa, lee el parte clínico y se va. A lo sumo alguna palabra llena de respeto y de buenos deseos. Ya digo que me choca esta actitud tan diferente que los populares chicos de la prensa deportiva mantienen ante dos profesionales como son el médico y el entrenador, cuando de ninguna de las dos especialidades tienen ni repajolera idea.

No quiero abundar por este derrotero porque entiendo que ya he dicho suficiente como para que se interprete correctamente lo que pretendo exponer.

Volviendo a la ausencia de información sobre la lesión de Raúl González, el siete del Real Madrid, la prensa no nos ha ido informando del día a día de la evolución médica del afectado, como sí hacen con la evolución psico-social de los vestuarios deportivos profesionales.

Lo que sabemos por la prensa deportiva es que la recuperación de Raúl ha sido “milagrosa”. Curiosamente ahí se queda toda explicación científica. Ninguno de los escribientes ha preguntado mucho más. A casi todos les ha valido con esta explicación.

Pero en todas las profesiones hay gente muy tenaz. Y en los medios de comunicación deportivos también hay gentes que no se conforman con la primera explicación. A estos inquietos la información que ha conseguido aplacar sus ansias de conocimiento ha sido:

Raúl tiene las piernas un poco más arqueadas de lo normal y ese es un condicionante importante […]
Por su propia morfología, tiene un juego mayor en las rodillas. Lleva muchos años jugando al máximo nivel y nunca se ha lesionado. Eso juega a su favor. Además, hemos visto la otra rodilla y es muy estable. Tolera bien el movimiento.

Puede parecer ridículo, pero es cierto. Resulta que ese ha sido el argumento médico desde el principio, como podemos leer en El Universal Online del 21 de noviembre de 2005, noticia servida por Agencia EFE.

Este argumento que me atrevo a calificar como de escaso rigor científico se ve revalidado en El País del día 18 de febrero de 2006:

Las rodillas de Raúl son especiales. Por eso las ha podido sanar por la vía conservadora, con mucha fisioterapia […]

Pero en el reglón anterior a la cita de aquí arriba (como pueden comprobar en el enlace suministrado) se nos dice que se llegaba a estimar la rotura del ligamento cruzado hasta en un 50%. Entre los ingredientes del milagro (un milagro hoy en día ha de ser creíble) se cita también la capacidad de entrenamiento del capitán del Real Madrid. Y nos cuentan una película sobre las vicisitudes de Raulito en sus muchos años en el fútbol de elite.

¿Y cuál era realmente la lesión del chaval? La respuesta otra vez en la noticia enlazada más arriba en El Universal Online, del 21 de noviembre de 2005.

Tras la resonancia magnética a la que se sometió hoy, los servicios médicos del club diagnosticaron que Raúl padece una rotura del menisco externo, rotura parcial del ligamento cruzado anterior y desgarro de la cápsula postero-externa de la rodilla izquierda.

La web oficial del Copa Mundial de la FIFA, el 26 de enero de 2006, nos daba la siguiente información:

Raúl evitó el quirófano siguiendo los consejos de varios expertos y se sometió a un intenso programa de rehabilitación sin cirujía (sic).

Vemos que hay poca o ninguna información seria sobre el particular. Leyendo con atención lo que uno encuentra en la ReD, entresaco lo que sigue de la noticia anteriormente enlazada a El País:

Los médicos del Madrid se plantearon acudir a las terapias más avanzadas para conseguir la cicatrización del ligamento: la implantación de células madre y la bioestimulación del tejido dañado mediante la inyección de factores de crecimiento. Al final, lo descartaron. Optaron por el método natural.

Aquí ya hay algo más que la voluntad que cualquier deportista de competición puede poner en recuperarse. Tanta medicina avanzada, tantos servicios médicos especializados, y al final le han aplicado el “método natural” que cualquiera debería poder seguir en su casa. Y uno se amosca.

Pero ya la FIFA dice en la noticia enlazada que el interés por la rodilla de Raúl ha levantado hondas preocupaciones en la federación y en el deporte español. Leyendo la noticia encontrarán referencias a ello.

Si la lesión hubiera precisado de acudir al quirófano hubiera llevado a una recuperación de siete meses y a la pérdida de la disputa del mundial por el capitán madridista.

A mí me da que se nos ha ocultado información, precisamente por la ambigüedad con que se ha tratado el asunto. Pero sea como fuere, esto me ha dado pie a pensar por mi cuenta, y he llegado a hacerme una pregunta que antes he de plantear convenientemente.

Si se hubieran utilizado productos prohibidos en el deporte para la recuperación de Raúl (y en ningún lugar se dice que haya sido así), y se consiguieran sortear unos inoportunos controles antidopaje (de haber sido así la federación hubiera sido incómodamente juez y parte), y llegados al mundial el chaval está recuperado y no hay rastro de productos prohibidos en su organismo: ¿es esto dopaje? O preguntado de otra forma: ¿está permitido tomar productos prohibidos, como los que facilitan el crecimiento muscular, para recuperarse y rehabilitarse?

La respuesta que no me gustaría obtener es la de que “según para quienes”. Afortunadamente tenemos a don Jaime I “el Azote de dopados” y a sus Lissavetzky-boys, con su ya famoso lema de tolerancia cero con el dopaje, que salvaguardarían el honor del deporte español en caso necesario.

24 de febrero de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 De quejas y protestas

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Antes de entrar en materia permítaseme hacer una diferenciación entre queja y protesta sin recurrir en esta ocasión al diccionario de la RAE. Entiendo que la queja es una acción pasiva y que la protesta mantiene una postura más activa. Cuando se emite una queja parece que se espera a que aparezca un tercero y se digne escucharla.

Por contra, cuando alguien protesta lo hace de forma más enérgica, se da por seguro que al tercero le llegará la reclamación, e incluso se proponen soluciones para que se satisfaga la demanda. De alguna manera con la protesta se actúa para que las cosas cambien mientras que con la queja se espera a que lo hagan.

Se quejan los indolentes y protestan los “polémicos”, aquellos que tienen esperanzas de que la situación cambie en la línea deseada. Lamentablemente observo que somos pocos los que protestamos y que sí son muchos los que se quejan.

Los estudiantes, por definición un sector muy activo, protestarán por un recorte en el horario del almuerzo. Mientras, los usuarios nos quejamos de una subida del precio de los combustibles seguramente porque no esperamos que nos hagan mucho caso.

Evidentemente esta cuestión semántica es una apreciación particular de quien tuerce estos renglones. Pero pretendo servirme de esta diferenciación para el asunto que hoy me he propuesto trasladar a la opinión pública.

Oigo a menudo una queja generalizada sobre los horarios escolares y su escasa flexibilidad para compaginarse con los entrenamientos deportivos. Debe tratarse, pues, de un descontento que no aspira a ver una solución…

Quedará para otro día el debate sobre que esa queja conlleva otorgar una importancia desproporcionada al deporte de competición y aceptaré el planteamiento como válido, al menos porque es permitido que algunos jóvenes pretendan dedicarle más tiempo al deporte que al estudio.

Reflexionando sobre el particular observo que el plan de estudios sí ha podido ser modificado para aquellos jóvenes que están en un Centro de Alto Rendimiento Deportivo. También ha podido ser adaptado para aquellos deportistas que se encuadran en los planes de una empresa deportiva, llámese SAD o de cualquier otra forma, ocupándose esta empresa también del alojamiento y manutención del posible futuro as del deporte.

Pero la inmensa mayoría debe adaptar sus entrenamientos a los horarios escolares del centro docente donde cursan estudios, lo que ocasiona las quejas de algunos padres, que suelen ser aquellos que aspiran a que sus vástagos les retiren del mundo laboral merced a futuros contratos millonarios.

Ya he dicho en otras ocasiones que no comparto estos planteamientos paternales, pero no puedo dejar de aceptarlos por ser lícitos (desde un punto de vista legal).

Los padres se quejan de la poca flexibilidad de los horarios, pero no se ha emprendido ninguna protesta tal vez porque asumen que el planteamiento educativo debe imperar por encima de argumentos deportivos.

Por su parte, las federaciones deportivas no facilitan en nada las labores escolares de sus deportistas. Una vez más se copian literalmente los moldes establecidos en el deporte profesional y se trasladan al deporte base, el cual entronca directamente con el deporte escolar.

¿Son necesarias e inevitables esas ligas escolares que abarcan desde septiembre hasta junio? ¿Son necesarios esos grupos conformados por 18 y 20 equipos de deporte base? ¿Qué sentido tienen? Esto en lo que concierne al fútbol, pero en otros deportes con menos adeptos y en consecuencia con menos equipos infantiles ocurre tres cuartos de lo mismo.

Estas federaciones no tendrán grupos tan numerosos como para forzar una liga de nueve meses, pero cuando acaban los Juegos Escolares Provinciales, o las ligas federadas, en el mes de febrero o marzo, las federaciones territoriales hacen la gracia convocando otro campeonato con el formato de eliminación a doble partido para que quienes no se han clasificado en las fases regionales sigan compitiendo una y otra vez contra los mismos equipos de siempre.

Alguien pensará que quienes son eliminados a las primeras de cambio en este segundo torneo anual podrán disfrutar desde finales del mes de marzo de tiempo suficiente para preparar los exámenes del último trimestre.

Pero en nuestro afán de emular las grandes competiciones de los profesionales, los adultos regalamos a nuestros jóvenes deportistas con los Juegos Escolares Municipales o Intermunicipales (que el nombre es lo de menos) en una carrera irreflexiva para lograr que la competición finalice cuando lo haga el curso escolar, como si competición fuera sinónimo de diversión, formación y de evolución deportiva.

Desde luego que no queda tiempo para centrarse en los exámenes finales; pensemos que no todos son niños de 8 años, y algunos mocitos y mocitas se encuentran en cursos avanzados que precisan de algo más de dedicación para ser superados (no pretenderemos que 4º de la ESO sea tan sencillo como 2º de Primaria).

Ahora retomo la queja de esos padres preocupados porque sus retoños puedan dedicarle tiempo a la competición deportiva en vez de dedicarle tiempo a la competición educativa (ya he dicho que es cuestión de prioridades todas ellas, quizá, respetables).

¿No sería posible que las federaciones tomaran conciencia del problema y priorizaran otros métodos de aprendizaje deportivo en detrimento de la competición pura y dura? Soy consciente de que sería mucho pedir.

Pero sí se podrían encontrar otros formatos de competición que permitieran a los alumnos centrarse en lo que realmente debe ocupar a un alumno, que es el estudio, sobre manera en ciertas épocas del año. A mí se me ocurren unos cuantos formatos alternativos. Y es posible que así, de rebote, aquellos que dan importancia a los estudios pudieran dedicarse también a practicar deporte de competición.

Actuando sobre los calendarios deportivos se posibilita la compaginación entre los horarios escolares y los del rendimiento deportivo infantil, asunto éste al que algunos son tan proclives. En otros países se hace; ¿por qué en el nuestro no va a ser posible?

Estoy convencido de que este es tema para un debate mucho más amplio en el que deberían involucrarse federaciones deportivas, consejerías de educación y otros agentes sociales.

Aunque mientras no se tome una iniciativa institucional (y en tanto las direcciones generales de deportes sigan agasajando a los más aguerridos competidores infantiles) el modelo deportivo de España seguirá siendo el que tenemos. Para solucionarlo habrá que protestar, porque ya vemos que quejándose no se consigue nada.

Aquí les dejo a los Lissavetzky-boys un buen toro de lidia deportiva, si es verdad que quieren mejorar el modelo deportivo nacional.

21 de febrero de 2006
¡Felicidades, Ana Rosa!

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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