En el principio fue el orden

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Está claro que el deporte no ha existido siempre tal y como hoy lo conocemos, y parece claro que no va a seguir existiendo tal y como hoy lo conocemos. El deporte evoluciona; no sólo crecen sus modalidades, sino que cambian sus postulados y su entorno varía constantemente, adaptándose y readaptándose a la nueva realidad por él creada.

Pudiera ser que esa evolución acabe por llevar a lo que hoy conocemos por deporte a un callejón sin salida y termine por fijar leyes perennes. Pero como eso cae más dentro del terreno de la especulación y de la adivinación, contentémonos con aseverar hoy que el deporte seguirá expandiéndose y re-creándose a sí mismo durante unos cuantos decenios.

Sin embargo, en cualquier época siempre es un acto sabio y prudente volver los ojos al pasado y observar la nueva perspectiva que nos ofrece el presente de los orígenes del proceso, a modo de fijar referencias con el objeto de entrever y poder avanzar hacia el futuro.

Así pues, hoy transcribiré una página del libro que he comenzado a leer hace unas semanas, por parecerme un explicación fiel de la situación que generó lo que hoy conocemos como deporte, o mejor dicho, el deporte tal y como lo conocemos hoy.

Ha de quedar claro que nunca tuvo presente nadie la dirección que podrían tomar los acontecimientos. Alguien buscaba un efecto y aplicó lo que sabía con mesura, prudencia y paciencia. Después, la cosa caminó sola.

En el punto que alcanzó mi lectura, el libro de José Luis Salvador, “El deporte en Occidente - Historia, cultura y política”, editado por Cátedra en su colección Historia/Serie Menor, ha hecho durante 300 páginas un recorrido por las actividades que pueden catalogarse como deporte en la Edad Media, y por las prácticas físicas y lúdicas de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Sabido es por todos que el movimiento deportivo tal y cómo lo conocemos hoy se originó en la Inglaterra imperial del siglo XIX. Espero que al autor no le parezca mal que transcriba aquí una página completa de su obra, precisamente en la que relata cómo se encendió la chispa que prendió en lo que hoy llamamos deporte, cultura deportiva y movimiento deportivo (en realidad entiendo que estoy promocionando su obra…).

El deporte en los colegios y universidades

El mérito de los británicos con respecto al deporte consistió en haber sabido utilizar, por otra vez, la fuerza del instinto lúdico que, desde siempre, despierta en la juventud el espíritu de la emulación y de la competición, entregándose con ardor a los juegos que les permiten vivir esas estimulantes experiencias. El primero que se dio cuenta y por tanto inició la reforma fue Thomas Arnold, principal del colegio de Rugby desde 1828 hasta 1842. Toda su obra está en el programa de permisividad y canalización de los juegos, que aplicó en su colegio. Arnold se dio cuenta de los valores positivos que contenían los deportes, que los demás educadores consideraban brutalidades de la juventud, confió en las necesidades de esfuerzo de los estudiantes, les hizo reglamentar los juegos, así como limitar y definir los terrenos deportivos, y, curiosamente, la cosa funcionó. Para darles un sentido de la responsabilidad e iniciarlos en la vida social, les incitó y entregó la dirección de las asociaciones deportivas. Para lograr el mantenimiento de la disciplina, optó por una acción más discreta de los maestros, que en realidad no conseguían «hacerse» con el alumnado, y esperar, con éxito, a que las obligaciones adquiridas por los colegiales les atemperase. Los excelentes resultados obtenidos en los deportes y en los comportamientos sociales hicieron que estas nuevas ideas y comportamientos se extendieran a todas las actividades de la exclusiva y elitista vida escolar británica. La concluyente experiencia de Rugby fue repetida por los demás establecimientos que se encontraban ante las mismas dificultades, organizando los horarios de manera que quedaran, por lo menos, tres medias jornadas por semana dedicadas al deporte.

Tal revolución socioeducativa no se llevó a cabo sin haber tenido que vencer las grandes resistencias de castas gremiales y con gran predicamento, casi de brujos, en la alta sociedad: los clérigos de las iglesias no podían admitir que lo físico tuviera un papel primordial en la educación del comportamiento moral; los médicos juzgaban imprudente hacer trabajar el organismo de una manera tan intensa; el profesor catedrático temía que el nivel de estudios experimentara un descenso perjudicial al país; la prensa «libre» sostenía y divulgaba todas las críticas que se elevaban contra la iniciativa de Arnold. Todo ello, en un tiempo en el que la explotación del industrialismo más salvaje se cebaba en los proletarios y sus hijos con jornadas inhumanas, inmorales, insanas, sin descanso y sin que nadie les escuchara.

Me voy a ahorrar comentarios, que cada cual ya habrá sacado sus propias conclusiones, y a buen seguro más sabias que las mías.

10 de enero de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Carta a los Reyes Magos

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Queridos Reyes Magos,

Aunque uno no cree en reyes, y no sois más que la cabeza visible de un gran aparato comercial, no me resigno a imitar lo que año tras año otros han hecho antes que yo (y que siempre he criticado por absurdo), que no es otra cosa que escribiros una carta deseando un racimo de cosas buenas para la Humanidad, cosas que nadie en su sano juicio dejaría de suscribir.

Pero como en la Aguja de Bitácora somos de un especial muy subido, intentaré darle un toque de originalidad al invento epistolar y os personificaré en seres terrenales, de carne y hueso, quienes sí pueden realizar las modificaciones oportunas para que estos deseos se cumplan.

Y empezaré, cómo no, pidiendo a “MelchorLissavetzky, que para eso Melchor es el primero de la lista, y el Presidente del CSD es el más cercano de estos tres Reyes Magos (que ni eren reyes ni eran magos, así de embustero es esta mentira colectiva comercial).



Jaime Lissavetzky. Español. Secretario de Estado para el Deporte

Mira, Melchor, a mí me gustaría que el CSD se ocupara más del deporte general y menos del deporte espectáculo, ese del que la prensa no escribe nada sin adosar una foto, y ya sabemos del valor de una imagen.

Es muy bonito salir retratado junto con los millonarios de la selección española de fútbol, y queda muy bien decir que esperas que este año “la selección” (así, en peyorativo para los demás, como si no hubiera más selecciones deportivas en España) haga un excelente papel en el mundial, y que hay calidad para estar arriba, y blablablá.

Eso vende imagen, Melchor, porque es lo que la prensa quiere escribir. Pero deberías estar más al lado de quienes proporcionan de verdad las medallas al deporte español, y de aquellos que luchan duro de verdad por conseguir medallas para el deporte español, esos que ya han brindado mayores triunfos y más alegrías que los “futbolistos” del millón.

Como es posible que esto te suene a chino, te daré una entradilla. Hay federaciones españolas, que por el coeficiente que las aseguradoras dan al riesgo de sus actividades, no pueden ofrecer seguros deportivos a sus practicantes de base por menos de 50′00 €. Sin embargo, a los practicantes base del fútbol la licencia les sale por una cantidad irrisoria, y eso ocurre porque las Administraciones subvencionan este deporte con una partida presupuestaria especial: “ayudas al fútbol base”, reza en las convocatorias. Y los demás que se jodan, y que los padres se rasquen el bolsillo sólo porque el jovencito les ha salido raro y no le gusta darle patadas al balón.

Comprenderás que con la ayuda económica de las Administraciones es más fácil la captación de mimbres para el fútbol. Sin embargo, querido Melchor, debes recordar que es con las selecciones de esas otras modalidades deportivas con las que te sacas las fotos cuando regresan con las medallas al cuello (entonces sí que te acuerdas de ellos).

Bueno, que ya está bien de darte ideas; no sé para qué tienes tantos directivos en el CSD que no te dicen cuáles son las verdaderas necesidades del deporte español. Pero sí quiero pedirte algo más, y es que procures que no se trate a los deportistas que dan positivo en un control antidopaje como delincuentes.

No está bien, y con el tiempo lo verás más claro, que un chaval que participa en una competición que al fin y al cabo es una organización privada, pueda dar con sus huesos en la cárcel por un test antidopaje. Al fin y al cabo, a quien deberías perseguir desde el aparato del Estado, porque sí están engañando al Estado, es a todos esos que se presentan a una oposición para funcionario o trabajador de alguna Administración y van dopados hasta las orejas para obtener mayor puntuación en las pruebas físicas, como ocurre en las oposiciones para policías, guardias civiles, bomberos, funcionarios de prisiones, y etcétera, etcétera.

A todo el que acceda a un puesto de trabajo de los que menciono sí que se les debe hacer un control antidopaje. Pero no, ahí no hay controles ni sanciones ejemplares, y sí parece que se prevén penas de cárcel para quien comete el error de dejarse llevar por médicos y presidentes deportivos.

A “GasparRogge le pediré muy poquito, que el hombre anda muy ocupado este año con sus Juegos Olímpicos de Turín.



Jacques Rogge. Belga. Presidente del COI

Querido Gaspar, me gustaría que tu etapa al frente del COI se distinguiera por una vuelta a los orígenes. Pero alejarse del profesionalismo es casi imposible desde el punto de vista actual, y me parece que los próximos años van a ser moviditos en la sede olímpica de Lausanne, ya que el actual estatus adquirido por los Juegos Olímpicos va a ser complicado de mantener. No en vano habéis vuelto a ser tremendamente deficitarios en Atenas 2004.

Ocurre que cualquier movimiento que se realiza en la corteza del COI es registrado por los sismógrafos olímpicos ocho años más tarde, debido a que estos burócratas firman contratos con esa antelación (como debe ser, dicho sea de paso). Así pues, hacia el 2020 podremos ver en qué se va convirtiendo esta fiebre olímpica.

Es por esto que en vez de pedirte, te voy a desear que te vaya bien, puesto que no creo que estés como para dar nada. Y tened cuidado que esa lucha contra el dopaje no se os vaya de las manos, que codiciosos los hay también en el bando de esa policía deportiva en la que acabaréis convirtiendo a la AMA. Control sí, represión no. Más información y más prevención. No seréis tan ingenuos de querer eliminar el dopaje en el profesionalismo si los que llegan a la elite ya van dopados desde que son jóvenes promesas.

Por último le pediré algo a “BaltasarAnnan, aunque no está directamente relacionado con el deporte. En realidad me hacía falta un negro para completar la lista de los Reyes Magos y me he acordado de él.



Kofi Annan. Ghanés. Secretario General de Naciones Unidas

Querido Baltasar, a ver si tu organismo internacional se ocupa algo más del deporte, que bien que todos los políticos rellenan cuartillas hablando del deporte como modelo de integración entre los pueblos, y que si patatín y que si patatán.

Pero lo cierto es que cada vez hay más violencia en los deportes, y un racismo emergente entre los propios actores del movimiento deportivo. Mira, ahí si que vería bien que fuera tratado como un delincuente el deportista que desmerece a un compañero de juego valiéndose del racismo, y más para los que se dedican a enervar a la grada, esa masa ingente e ingobernable que puede desbocarse en cualquier instante.

El tema del racismo te toca bien de cerca, que por algo eres negro. Sabes bien que no sólo hay racismo en los grandes espectáculos deportivos. También lo hay en los deportes de base, aunque tratemos de esconderlo por vergüenza.

Podías crear un organismo de Naciones Unidas dedicado exclusivamente a la vigilancia del deporte, que dada la influencia que tiene en la sociedad y el volumen económico anual que mueve, creo que se lo ha ganado.

Y de paso así creas un organismo competente para que los Estados controlen al COI, que éstos se han convertido en los jefes del invento deportivo, una multinacional que se relaciona directamente con los gobiernos de los países, sin ser controlados por nadie. ¿Dónde está escrito que los señores del invento olímpico son gentes de buena voluntad? Les mueve el dinero, como casi todo en este planeta.

Así pues, a ver si se asumen por los Estados los valores positivos del deporte (que negativos también tiene, ¿qué se han creído ustedes?) para dejar claro la diferencia entre deporte-ocio-salud por un lado y deporte espectáculo comercial por otro.

Y nada más, que me parece que no me vais a hacer ni puñetero caso.

Nota: Aunque he tildado de aparato comercial este tinglado de los regalos navideños, hay que decir que en origen no era ese su sentido. Sería interesante recuperar esos valores de mutuos regalos familiares y desposeerlos de cualquier connotación comercial, que ha acabado ocultando el mensaje.

6 de enero de 2006
día de los Reyes Magos

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Cuento del día de Reyes

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Hace unos años, en una reunión de amigos, se nos ocurrió lanzar una nueva especialidad deportiva: las carreras de orientación a caballo.

La orientación es un deporte de origen nórdico en el que al “orientador” se le proporciona un mapa detallado del terreno, en el que aparecen señaladas la ubicación de unas balizas que debe encontrar en el menor tiempo posible.

Las balizas son un prisma blanco y naranja, en cada una de las cuales hay una pinza. Esta pinza dejará una marca especial en la carta de registro que lleva cada orientador. Así, cuando el corredor llegue a la meta, deberá presentar su tarjeta con las perforaciones adecuadas en las balizas correspondientes.

Los países nórdicos reglamentaron este deporte de corte militar que enfrenta a los participantes en una contrarreloj que se desarrolla en la Naturaleza.

La federación internacional de la modalidad reconoce cuatro especialidades: a pie, en BTT, en esquíes, y en silla de ruedas para disminuidos.

La especialidad sobre esquíes es, obviamente, la categoría reina en los países de origen de este deporte que surgió en los primeros años del siglo XX. (Para conocer más sobre este deporte, pueden acudir a la sede web de la Federación Española de Orientación).

Nosotros, como decía, organizamos varias carreras de orientación a caballo, lo que tal vez fuera un hito mundial, puesto que ni en la federación de orientación, ni en la federación de equitación, tenían conocimiento de semejante actividad. Y eso que hicimos las pertinentes consultas al objeto de conocer lo que otros pudieran haber hecho y aprender de sus experiencias.

Vivimos en una zona que presenta un marco incomparable para este tipo de carreras. La faja costera delimitada en el norte por el mar y al sur por una cadena montañosa.

Estuvimos unos años organizando dos carreras anuales, y supimos de alguna réplica en Cataluña. El esfuerzo fue realizado desde la iniciativa privada, y como las cosas que suceden en España, ninguna Administración nos apoyó. Estamos convencidos de que si la idea hubiera surgido en Francia, Italia o Inglaterra, por poner tan sólo unos pocos ejemplos, la iniciativa hubiera sido auspiciada por las autoridades deportivas.

Pero aquí, en la Piel de Toro, ya sabemos que esas autoridades deportivas se preocupan tan sólo de los deportistas triunfadores y de los eventos de relumbrón. Las iniciativas privadas, si no crecen a la sombra de un árbol de amigos de la Administración, se volverán estériles cuando los costes rebasen la paciencia y el bolsillo de los organizadores. Es cuestión de tiempo.

Dicho lo que antecede a modo de introducción, añadiré que nos encontrábamos una tarde de invierno alrededor de un café en estos pueblecitos costeros del Cantábrico en los que la actividad decrece como decrecen las horas de luz diurna, cuando alguien preguntó, por énesima vez, cómo se habían originado las carreras de orientación a caballo. Mientras uno de los amigos se aprestaba, por enésima vez, a comenzar el relato yo miré hacia el belén que había montado en el establecimiento y que había visto en innumerables ocasiones.

—Dile la verdad — oí que salía de mis labios.

Mi amigo me miró perplejo, pues la cosa era tan sencilla que solamente había una verdad, por mucho que lo aderezáramos.

—¿La verdad? Pues cuéntasela tú —dijo dedicándome una sonrisa llena de intriga.

Sin conocer todavía el final, comencé el relato que ese día se convertiría en la “verdad oficial” del origen de las carreras de orientación a caballo.

El origen de las carreras de
ORIENTACIÓN A CABALLO

   La orientación deportiva surgió a finales del siglo XIX en los países nórdicos, si bien el hombre lleva orientándose sobre este planeta desde mucho antes de ser hombre.

La orientación a caballo es una especialidad de la orientación deportiva, y por lo tanto justo sería ubicarla en el tiempo con posterioridad a la regulación del deporte de orientación.

Sin embargo, se han conservado ciertos documentos muy antiguos que dan fe de lo que hoy es considerada como la primera carrera de orientación a caballo de la Historia.

Estos manuscritos cuentan que en el territorio ahora conocido como Oriente Próximo, hace poco más de veinte siglos, tuvo lugar una singular prueba de orientación a caballo.

En esta primitiva competición se trataba de encontrar un único punto marcado en el mapa. Las monturas utilizadas fueron, ¡cómo no!, esbeltos y elegantes caballos árabes.

El concurso, que duró seis días, se desarrolló por terrenos secos y arenosos. Para evitar los rigores de un caluroso verano se decidió que la carrera tuviera lugar a principios del invierno. Como quiera que las brújulas no comenzaron a utilizarse hasta el año 1100 de nuestra era, los jinetes debían dormir por el día y cabalgar por la noche para así poder orientarse gracias a las estrellas que lucían sobre el despejado cielo del desierto.

Este motivo fue determinante para que se acordara unánimemente que la última campanada de la serie que marca el comienzo del nuevo año fuera utilizada para que estos primeros orientadores a caballo tomaran la salida.

Cronistas de la época registraron por escrito lo sucedido, por lo que hasta nuestros días se ha conservado de forma fehaciente la clasificación final de la terna de vencedores.

El primero en llegar fue un hindú, conocido como Melchor el brahmán; el segundo puesto fue para el griego Gaspar, el hijo de Cleantes; el tercero, egipcio de nacimiento, fue un tal Baltasar de Alejandría, aunque de este último se cuenta que llegó montando sobre un dromedario.

El cuarto clasificado, Artabán, un magnate persa, y el quinto en arribar, Alí-Hatar, un príncipe etíope, presentaron una reclamación por lo que consideraban que había sido una transgresión del reglamento. El egipcio alegó entonces una extraña ley de su país de origen que exigía una cuarentena de seis meses a las caballerías antes de poder tomar parte en una competición. El recurso presentado por el alejandrino prosperó ante el comité organizador.

El campeón obtuvo como premio un cofre cargado de oro; al segundo se le otorgó una urna colmada de incienso, y al tercero se le distinguió con un arca repleta de mirra.

Para conocer más (y ahora en serio) sobre esta nueva especialidad de las Carreras de Orientación a Caballo pincha aquí.

3 de enero de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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