Leo una nota de prensa cuya fuente es la RFEF y me quedo perplejo. La facilidad que tienen algunos para vender errores es algo congénito. Puede que sea una cualidad, y que se haya de nacer con ella, pero es lamentable que haya dinero público de por medio en este asunto.

Y no es que me parezca mal que alguien intente hacer eso, vender una casa que se cae. Si hay alguien que desea comprarla, pues adelante.

No estoy diciendo que se venda algo engañando al comprador, no. Todo lo contrario. De alguna manera es de ensalzar esa línea de pensamiento de una mentalidad ganadora.

Quizá tras una mala inversión uno de estos tipos se ha quedado con un caballo cojo, pero no se resigna a su mala suerte y decide rentabilizar su inversión dándole la vuelta y ofreciendo algo inesperado.

Pero en esta ocasión ocurre que algunos han ido más allá, y pretenden hacernos comulgar a todos con ruedas de molino. Como si fuéramos tontos. Está bien que se ofrezca a los posibles interesados en hacer cambiar la suerte del caballo cojo, viendo en él otra fuente de ingresos, una situación edulcorada. Pero que se envíe una nota de prensa diciéndonos a todos que es un caballo de carreras, raya en el esperpento, propio, por otra parte, de estas tierras.

La RFEF nos presenta en su nota de prensa lo que no es más que producto de una derrota, con el fulgor de una brillante idea.

La “Ciudad del Fútbol”, que habría gozado de algunas subvenciones estatales, no funciona, al menos como la RFEF esperaba que funcionase. Simplemente no es rentable. Sus gestores se han dado cuenta y ahora ofrecen los servicios que allí se dispensan al mundo empresarial.

Mucho bombo y boato en la presentación de la apertura de la “Ciudad del Fútbol” al mundo empresarial. Mucha rimbombancia y altisonancia también en el comienzo del escrito hecho público por la RFEF.

Pero queda claro que la RFEF necesita dinero para mantener ese CARD del fútbol, o de lo contrario esa inversión seguiría siendo de uso exclusivo del mundo del fútbol, como lo ha sido hasta ahora.

En palabras del presidente de la RFEF: “Esta soberbia obra, fruto de muchos años de trabajo y uno de mis grandes sueños…”

Esa frase creo que lo dice todo. Apuesta personal, inversión de un dineral y… soberbia. Lo ha dicho él.

Ahora comienzan abriendo el invento al mundo empresarial, y puede que terminen ofreciendo espacios deportivos a las asociaciones vecinales de los barrios de la zona (lo que, por otro lado, no estaría mal).

Conocí un tipo que conducía fatal. Hacía una curva dentro de las curvas. Pues esto que le ha pasado a la RFEF pasa por hacer curva dentro de la curva. O por querer crear un centro de alto rendimiento deportivo al margen de las estructuras que el Estado ha diseñado.

El fútbol siempre tan elitista. No pueden acudir a los CARD que el Estado ha dispuesto y que son unas instalaciones envidiables. Conozco personalmente el CARD de Madrid y puedo decir que cualquier entrenador babea cuando entra allí.

Pero parece ser que no, que los chicos del fútbol, en cualquier lugar y en cualquier ámbito, son exclusivistas, incapaces de compartir el campo con otras modalidades deportivas para las que también su puesta en escena se lleva a cabo en un campo de césped.

Conozco alguna excepción, pero lamentablemente es eso, una excepción. La tónica general en la mente del futbolero es el elitismo y el exclusivismo. Siempre tienen que ser los chicos de la portada; cuando no es así, aseguran que triunfar en otras modalidades es sencillo diciendo cosas como que “hay pocos”.

Lo lamentable en este caso concreto es que estoy convencido de que en ese proyecto hay unos cuantos euros míos correspondientes a los impuestos que pago cada vez que reposto combustible o compro algo que necesito.

Ahora le dan la vuelta a la tortilla, pero no creo que a todos nos la hayan dado con queso. Afortunadamente quedan en el país gentes que saben leer entre líneas. El tiempo dirá si se trata de un error enmendado o de un error “enmierdado”.

20 de enero de 2006    buzón de alcance