Lo he visto con mis propios ojos
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tecnologia | patrocinios
“No me lleves la contraria cuando tengo la razón”
—Al contracomentarista anónimo—
Lo que vemos por televisión, no siempre está ocurriendo en realidad. Si hay algún medio de comunicación en el que la manipulación sea factible, ese es el mundo audiovisual. No hablo de la animación digital, sino de lo que ocurre en cualquier partido retransmitido universalmente.
Podemos asistir a un encuentro deportivo y asegurar que la publicidad que hemos visto en las vallas del campo en un momento dado era de la marca X. Un espectador del encuentro en vivo nos dirá que la publicidad que allí se veía era de la marca Y. Todavía es posible que otro telespectador del mismo encuentro nos llame para decirnos que en ese mismo momento estaba viendo la publicidad de la marca Z.
¿Cómo es posible que tres espectadores distintos estén viendo diferentes casas comerciales anunciándose en el mismo espacio y en el mismo momento?
La respuesta se nos da en la bitácora El espacio de Lubrio; y la explicación nos la ofrece el mismo Lubrio en este otro artículo.
Tras su lectura, a mí me ha quedado la cara del que ha sido burlado. La cosa puede presentarse como un inocente juego de aprovechamiento de las nuevas tecnologías en beneficio del deporte favoreciendo los patrocinios. Pero así formulado sería una de esas preguntas capciosas que buscan confirmarse a sí mismas.
La manipulación da lugar a muchas tretas, algunas de las cuales las apunta el colega bitacoril, Lubrio. En primer lugar puede ocurrir que el comprador del espacio publicitario lo haga directamente en el país origen de la señal, con lo que, como bien apunta el bitacorista venezolano, el canal que recibe la señal no recibirá ni un céntimo a pesar de estar difundiendo la imagen de una empresa.
Alguien podría argumentar que eso se basa en la ley mercantil de la oferta y la demanda. Yo apostillo que también podría servir para evadir impuestos en el país receptor de la señal, donde tendrán efecto los impactos publicitarios.
Así pues, no dejaría de ser una forma de fraude, pues como reza el lema: “Hacienda somos todos”.
Lubrio añade también que esta tecnología es utilizada para burlar una ley determinada, que él llama Ley Resorte y que queda explicada en el segundo párrafo de su exposición. Pues eso es también un delito, no sólo un fraude.
Imaginemos una ley que protege la salud de los ciudadanos en una región del mundo. Pero en el país de origen de la señal o, déjenme que lo retuerza aún más, en el país donde se radica la empresa distribuidora de la señal o, dándole una vuelta de tuerca más a la cuestión, en el país en donde la empresa contratante de la señal de publicidad tenga su domicilio fiscal (aunque nadie trabaje allí en realidad), esa ley de protección de la salud no esté en efecto.
No hace falta imaginar un país en el que las drogas estén permitidas para entender lo que pretendo decir. En el espacio europeo no puede existir publicidad de tabaco en los eventos deportivos. La fórmula-1 se ha adaptado este año a ello. Imaginemos que la señal llega de un país en el que sí esté permitida la publicidad de tabaco. En Europa se verá la propaganda de la compañía tabacalera en cuestión.
Ya, ya; alguien me dirá que qué le vamos a hacer, y que eso pasaría también con las vallas publicitarias fijas tradicionales. Pero lo que yo digo es que una marca de tabaco europea que aquí no puede anunciarse compra la publicidad en Brasil (por poner un ejemplo, con todos los respetos debidos), y el Gran Premio de Brasil se emitirá con publicidad de una marca de venta en España que conoce la prohibición que pesa sobre el espacio europeo; pero se salta esa ley impunemente. Entonces, ¿para qué hacer esas leyes?
Voy a ir aún más lejos. Imaginemos el Gran Premio de España de automovilismo. Prohibida la publicidad de tabaco. Podría acabarse viendo la publicidad de la compañía tabacalera de venta en España si se envía la señal a Brasil (por seguir con el ejemplo de antes) y allí una empresa que la ha comprado, inserta la publicidad virtual y la reenvía a España.
Independientemente de los sentimientos de cada uno sobre la publicidad del tabaco, a día de hoy está prohibido que en eventos deportivos exista publicidad de las tabacaleras. ¿Sería legal este procedimiento para evitar esta ley? Creo que sí, aunque seguro que en el ámbito del derecho internacional existen cláusulas y contracláusulas.
Dejen que exponga otro problema. En el país origen el evento deportivo está teniendo lugar en horario nocturno. Pero en otros países en ese mismo momento las cadenas televisivas se encuentran en la franja establecida como horarios infantiles.
Como la contratación publicitaria no tiene lugar con los organizadores del evento, sino con los compradores (o re-compradores) de la señal, en un momento dado podría estarse anunciando algún producto no apto para la franja horaria infantil.
Seguro que esto puede ocurrir con el sistema tradicional, donde la publicidad en vallas es fija y es contratada directamente con el organizador del evento. Pero se me antoja que en esta vorágine de zonas publicitarias independientes unas de otras el control sobre este tema se puede ir haciendo poco a poco cada vez más complicado hasta ser poco menos que inviable.
Porque, otra artimaña se me ocurre, viendo el sistema utilizado no sería de extrañar que en la próxima generación de inventos publicitarios digitales lo que hoy son imágenes estáticas, mañana puedan ser imágenes en movimiento. Imaginen un anuncio animado no apto para niños…
Para terminar, me preocupa la gran ventana que se abre a la publicidad subliminal y a aquellos que no tienen escrúpulos. Si nadie hubiera inventado este tipo de publicidad dañina, no hubiera habido leyes contra ella. La Ley General de Publicidad (española) define la publicidad subliminal como:
Artículo 7
A los efectos de esta Ley, será publicidad subliminal la que mediante técnicas de producción de estímulos de intensidades fronterizas con los umbrales de los sentidos o análogas, pueda actuar sobre el público destinatario sin ser conscientemente percibida.
Comentando días atrás en la magnífica bitácora de mi amigo Juan Puñetas, Por el Arco del Triunfo, otro compañero posteador parecía dudar de mi aseveración de que somos manipulados por los medios de comunicación o/y publicitarios. Terminé diciéndole que le dedicaría este artículo. Así pues, queda dedicado este “Lo he visto con mis propios ojos” a mi contracomentarista anónimo.
31 de enero de 2006
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No se pueden poner puertas al campo y en la actualidad la publicidad y la propaganda son un inmenso campo que amenaza con devorarnos hasta la última neurona. Y si es necesario recurrir a las artimañas, al engaño, a lo subliminal, pues se recurre porque lo primero es lo primero.
Publicidad y propaganda lo es todo. No sólo se utiliza para vender, sino para engañar, para hacer el tonto, para cualquier cosa. Pero detrás de tanto anuncio y valla y corte publicitario no hay más que naderías. Por poner un ejemplo: ¿se puede seriamente comprar un coche con los datos técnicos y de consumo que aportan los anuncios de la mayoría de las empresas automovilísticas? ¿O es que la gente se compra los coches sólo por el estúpido anuncio que ponen a todas horas en las teles y que podría aplicarse a cualquier modelo de vehículo?
A lo mejor el defecto es mío porque a la hora de comprar soy muy exigente: sólo lo hago si cubre una necesidad y miro y remiro las etiquetas y los datos técnicos para saber qué compro, procurando que no me engañen. Y si tengo poca información sobre el producto o no me la dan, ya le pueden ir dando. Reconozco que en este tema soy bastante rarito, por eso no figuro en la guía telefónica (para que no me llamen para venderme cosas) y sí en la lista Robinson para evitar que inunden mi buzón de miles de folletos de propaganda enviados por correo. Prefiero estar publicitariamente incomunicado a ser presa fácil de esta publicidad moderna únicamente preocupada de no informarte de nada útil sobre el contenido de lo que vende. ¡A la porra con ella!
Pues, Juan, puedo decirte que yo tampoco salgo en la guía telefónica. ¿Será una casualidad? Ahora, no tengo ni idea qué es eso de la lista Robinson; supongo que será una quedada tuya. Porque el hecho de estar en una lista ya supone un peligro. Pero me voy a poner a investigar, por si acaso.
La publicidad nos absorbe, nos inunda, nos aturde y nos convence. Cuántas veces entras en el supermercado y sales con algo que no tenías pensado comprar.
Y las técnicas subliminales, de compra directa, de compra por impulso, o lo que te dé la gana llamarlas, funcionan. Un dato; en el supermercado al que voy (no sé lo que ocurre en los que no entro) las fritangas esas para niños (gusanitos, ganchitos y pijaditos así) están en el estante de abajo del todo, de camino a la sección de panadería. Según voy a por un artículo de primera necesidad, como vaya con uno de los peques, ya me ha cogido la bolsita de marras. Joder, que las pongan en los estantes de más arriba. Pues no, en un lugar accesible a los niños.
Y si hay cola, cosa que siempre ocurre, el niño ve los regalices u otro dulce. Y si no le has comprado la fritanga, te coge un paquete de golosinas. Y una de dos, o compras o sacas al niño llorando del supermercado.
¿Quién comete esa crueldad infantil? ¿Ellos o yo? Y esto que cuento es sólo uno de los trucos de la Psicología Social, Técnicas de Mercadotecnia, o como quieras llamarlo. Un abuso, vamos
Es un debate interesante que aporta al conocimiento de las ciencias de la comunicación la influencia de la propaganda y la publicidad en cuanto al control social y sus diversos usos ya científicamente probados dan una idea del poder de las técnicas de la información y la comunicación.
Es un debate interesante que aporta al conocimiento de las ciencias de la comunicación la influencia de la propaganda y la publicidad en cuanto al control social y sus diversos usos ya científicamente probados dan una idea del poder de las técnicas de la información y la comunicación.
Las personas son constantementes bombardeadas con mensajes que influyen en su comportamiento y las impulsan a adoptar necesidades sutilmente creadas para elevar su capacidad consumista.
@ Plataforma
Hay una frase que lo define: “el mundo funciona así: primero nos creamos una necesidad, y después tenemos que satisfacerla”.
Contra eso, el lema de un amigo: “no veo, no anhelo”. ;-)