Soy plenamente consciente de que lo que voy a decir no es “políticamente correcto”. Como todo lo que se escribe en la Aguja de Bitácora, ni más ni menos. Pero bueno, será otra más… De hecho, para esto se abrió la bitácora, para decir lo que muchos piensan pero no se atreven siquiera a comentarlo con el cuello de su camisa.
Resulta que en cuestión de diez días han muerto dos montañeros españoles en la pugna por ascender a la cumbre del Aconcagua.
En esta ocasión no se han dejado sentir las voces que claman por el cierre de una actividad deportiva cuando propicia víctimas mortales.
El ejemplo más manido es el boxeo. Cuando muere un púgil algunas gentes se agitan y claman en los medios de comunicación por la suspensión de tan calamitosa actividad. Curiosamente sólo se acuerdan de ello cuando muere algún deportista boxeador; estos oportunistas deben pensar que durante los demás fines de semana del año no se celebran veladas pugilísticas.
En estas fechas nos acordamos también del reguero luctuoso que va dejando el famoso (o infame, según se mire) rallye Dakkar, que uno ya no sabe desde dónde se inicia. Parece ser que cada año mueve su sede de comienzo en función de la puja económica en la que entran las grandes ciudades europeas (una vez más con dinero público para mayor gloria del político de turno).
Debe ser que la sede de llegada es siempre Dakkar porque ninguna ciudad africana puja económicamente por atraerse el favor de los organizadores.
¿Que entonces ya no se llamaría Dakkar? Pues igual que ha dejado de llamarse el Paris-Dakkar, a buen seguro que las mentes preclaras de la mercadotecnia deportiva encontrarían un nombre suficientemente descriptivo y atractivo: Rallye Aventura Europa-Áfrikka, por ejemplo.
Permitan que retome el hilo de mi torpe discurso. Venía diciendo que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Al cabo del año los rallyes y las competiciones de motor en todo el mundo dejan también una lista negra de víctimas; muertos y heridos que estaban donde no debían haber estado.
Pero en esta ocasión no he oído a ninguna asociación pro-dignidad humana o cosas así de nobles clamar por la desaparición del alpinismo o/y del andinismo.
Y eso que estas muertes nos cuestan dinero a todos. Resulta que unos tipos que libremente deciden arriesgar su vida, la pierden y sus cuerpos quedan atrapados en lugares poco menos que inaccesibles. Al menos, inaccesibles para la gran mayoría de los mortales (y por mortales me refiero aquí a todas las formas de vida del planeta).
Resulta que si no te pones el casco en la moto, el Gobierno ha dispuesto que seas multado. Te caes, te matas, pero como supones una carga para el Erario público, vamos a evitar que te nos mueras y te vamos a convencer coercitivamente de que te pongas el casco. Así nos ahorramos un dinero.
Pero en el caso del alpinismo o/y andinismo no ocurre eso. Resulta que estos montañeros se van al Himalaya, los Andes o cordilleras glamourosas. Se pierden, se despeñan, arrastran cordadas y ocasionan más muertes, pero nadie les pone trabas. Incluso en algunos casos el rescate del cadáver ha propiciado nuevas muertes.
Ahora hay que rescatar y repatriar los cadáveres. Y eso nos va a costar un dinero. Pero nadie trata el hecho como algo evitable. Todo el mundo se conmueve y se lamenta de la mala suerte que han corrido los nuestros en cotas en las que ni los líquenes arraigan (¿o será líkkenes?).
En otros países (Alemania y Suiza por ejemplo) el rescate corre por parte de una empresa privada. Una vez que estás en casa (vivo o muerto) te llegará la factura (a ti o a tu familia en caso de que ya seas un finado). Y en estos países vaya que si la pagas. Amigos, la Vieja Europa no es la Vieja Iberia.
Aquí en la Piel de Toro los senderistas se pierden por salir a pasear por unas montañas desconocidas para ellos, como los Picos de Europa, con zapatos de verano, sin brújula, sin mapa, sin ninguna medida de precaución.
Incluso agentes del grupo de montaña de la Guardia Civil o de las Policías Autonómicas y de los Cuerpos de Bomberos han perdido sus vidas por buscar a un tipo que salió a la montaña haciendo alarde de su inconsciencia y despreciando los avisos de alerta.
Cada hora de rescate nos cuesta a todos 3.000′00 €. Solamente en caso de haber obrado con temeridad algunas leyes autonómicas prevén que el juez cargue los gastos del rescate a la “víctima”. Pero todavía no se ha llevado a efecto este extremo, aunque algunos casos de temeridad sí se han dado.
Ahora hay que repatriar dos cadáveres de dos compatriotas desafortunados. Descansen en paz. Yo también me conduelo, ¡cómo no! Pero si tanto amaban la montaña, quizá su espíritu debería permanecer en ella, como ocurre con esos amantes de la mar que deciden que sus cenizas sean volcadas quince millas mar adentro (un capricho que al menos ellos han dejado pagado a una empresa privada).
Yo por mi parte tengo dicho que tiren mis cenizas por el retrete y vacíen la cisterna. De verdad, es en serio. Al fin y al cabo es donde uno ha encontrado momentos de alivio.
24 de enero de 2006
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(Jean Dolent)















Esta vez no acabo de coger el título: Amanecer en las cumbres.
Pero no veo ninguna alusión al amanecer, ni siquiera simbólicamente.
Pues me has “pillao“. El título es una especie de juego personal. Pero ya que preguntas habrá que decírtelo. Esa frase es el comienzo de un “refrán”:
Amanecer en las cumbres,
hay más pollas en los chochos
que pucheros en las lumbres.
Ahora que está dicho, espero que no se ofenda nadie.
Es verdad, nadie se mete con el tema de los que, por ejemplo, escalan montañas, y menos con que se haga cargo de los gastos la familia y no el Estado; es una cuestión cultura.
De paso te digo que les voy a hacer llegar a unos amigos mendocinos tu idea de querer cerrar el acceso al Aconcagua; vamos a ver que opinan. Creo que ya van por Santander a esta altura (?) Ja, ja.
No, ahora hablando en serio, hay mucho dinero circundando esa cuestiones, muchos intereses económicos creados (por eso lo expresado en el párrafo anterior) para que se tiren en contra de eso. Pero como bien dijiste al comienzo del texto, medios de expresión como las bitácoras son bastiones para opinar cosas “politicamente incorrectas”.
Cerrar los Andes no sería una solución. Queda todo el Himalaya, jaja.
Lo que quería exponer es la diferencia del trato en las muertes de deportistas de diferentes modalidades por parte de un sector de la sociedad. Y contrastarlo con el hecho de que mientras una muerte en boxeo no nos cuesta mucho dinero, la muerte de un alpinista nos cuesta un dineral a todos, incluidos a los que nos trae sin cuidado el que un cadáver quede a seis mil metros sin ser rescatado. De ahí la explicación de mi futuro (y espero que muy futuro) lecho de muerte.
La verdad es que el asunto mueve a reflexión, así tratado, sin ambages. En vez de cerrar las cordilleras, que exijan un contrato de rescate privado (de muertos o heridos). Y es que el amor a la aventura de unos pocos nos cuesta dinero a todos.
Tienes más razón que un santo laico en lo que dices sobre el alpinismo (lo del Dakar lo ve hasta un ciego). Tiene que ser maravilloso subir dale que te pego a lo alto de una mole gigantesca, pasando penalidades, penurias y angustias varias, para llegar a la cima, decir “ya está” y bajar pabajo echando leches. Y si das un mal paso y te caes al barranco y te desnucas, que te venga a buscar la Guardia Civil, la Erchancha, los Mozos de Escuadra (perdón por no ser multilingüe) o la Policía Montada del Canadá. Y encima que te salga gratis total, porque es que lo tuyo es un deporte celestial exento de IVAS, indemnizaciones y otras gaitas, quizás por aquello de que busca estar más cerca del Altísimo, que sabemos o intuimos que está por “allá arriba”. Hay practicas deportivas con suerte. Otra de ellas es el futbolín de los Ronaldo y cía. (Y no hablaré de la pasta gansa que cuesta llegar hasta el Aconcagua o el Everest porque ya me conformaba con un 10 % de la misma para mis gastillos de fin de semana hasta que me vaya al otro barrio al estirar la pata. Por cierto, que pagando yo el entierro. ¡Si es que estos alpinistas tienen una suerte que se la pisan!)
¡Y lo romántico que es el amanecer en las cumbres…! jajaja.
Sí que tienen suerte, sí.
Aunque todavía no sé por qué a esta actividad se la considera deporte. El deporte lleva ímplicita la componente competición. De lo contrario es una actividad física, o una actividad de tiempo libre, o cualquier otra definición.
Parece una tontería, pero el que se va a un safari al África más negra no es un deportista. Hablo de un safari fotográfico, que tampoco he entendido nunca la gracia de matar a un rinoceronte o a un bicho de esos tan inocentes que no se han metido con nadie y a los que han ido a molestar; sin embargo eso sí es el deporte de la caza.
Los “IndianaJones” caminan por la jungla hostil y encuentran mil adversidades y penurias. Como los que van al Polo. Sin embargo esto no es deporte mientras que el alpinismo sí, pero yo les veo muchas similitudes: esfuerzo, aventura, descubrimientos, sufrimiento, superación, no hay competición reglamentada…
a la_aguja:
deporte.
(De deportar).
1. m. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.
2. m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.
por ~.
1. loc. adv. Por gusto, desinteresadamente. U. t. en sent. irón.
(de la rae, por cierto, española, como uds…)
por lo demás, en un todo de acuerdo.
Celebro que coincidas con la crítica “políticamente incorrecta” (como se dice por estas Españas) que se hace al asunto en cuestión.
En cuanto a apelar al Diccionario de la RAE mantengo mi opinión de que en determinadas materias éste no es el foro adecuado para establecer las definiciones técnicas que requieren algunas palabras.
Me explico. Los doctos señores de la RAE suelen ir por detrás de las tendencias (lógico, por otra parte), por lo que entiendo que sus definiciones llegan a toro pasado. No sé si me explico, pero creo que se me entiende…
No se puede delegar en la RAE la definición del significado técnico de palabras que son objeto de revisión o/y de disputa, precisamente por ello mismo.