Reza el dicho que la ignorancia es madre del atrevimiento. El corporativismo que existe en el periodismo deportivo no les permite reconocer a algunos que gentes que no tienen conocimiento de lo que traen entre manos abundan también en este gremio; quizá abunden aquí porque escribir es más sencillo que tomar decisiones. Al fin y al cabo, los errores cometidos en una información deportiva no suponen un rápido descenso en el gráfico de ventas de la empresa.

Tras la lectura de la siguiente noticia me ha quedado claro que el periodista no está al tanto de la evolución del mundo del deporte: “Los reservas de la Roma pedalean junto al banquillo”.

Cualquiera que haya visto un partido de NFL habría observado a los jugadores continuar en la banda con ejercicios de pedaleo en bicicletas estáticas. Sin embargo para el periodista es una novedad, y tiene el atrevimiento de tildarlo de excentricidad. No ha investigado si esta práctica pudiera reportar beneficios.

Las bombonas de oxígeno a las que se alude en el texto propuesto están a la orden del día en diferentes modalidades para recuperar al deportista tras un esfuerzo. Ya en mis tiempos de competidor sabíamos que ese aporte extra de oxígeno era algo que se imponía en las competiciones de ultramar. Estoy hablando de un lejano 1982; quizá en esa época para este periodista atrevido suponía todo un reto caminar por el pasillo de su casa sin caerse.

Documentarse es lo menos que se le puede pedir a un informador; éste periodista aborda el asunto como si se tratara de algo anecdótico. Curiosa la mentalidad mediocre de los torpes futboleros. Creen que todo comienza en el fútbol. Pero a un periodista deportivo debería exigírsele algo más. O por lo menos, en un arrebato de honestidad, exigírselo él a sí mismo. Volviendo a la NFL, y por hablar de un deporte cuya puesta en escena guarda algunas similitudes con el fútbol inglés, además de las máscaras de oxígeno incluso existen zonas en los banquillos ventiladas con oxígeno enriquecido (O3, creo recordar).

Ser periodista deportivo y periodista del corazón es algo desprestigiado no sólo en la profesión, sino en la sociedad. Pero esto ocurre porque así lo quieren quienes ejercen esa profesión, que no hacen nada por dignificarla.

Imaginemos por un momento a un periodista de economía diciendo las mismas sandeces sobre la Bolsa que las que leemos en la prensa deportiva a diario: que si los maletines de cuero vuelven a ponerse de moda en el parqué madrileño, que si fulanito escribe en hojas de papel reciclado, que si la telefonía móvil ha supuesto un cambio en las costumbres bursátiles.

Lo peligroso es que transmiten a los desprevenidos una información falsa. La noticia es que en el fútbol italiano se ha comenzado a utilizar la bicicleta estática como medio de preparar los músculos para el esfuerzo. Sin embargo la información falaz, que es con la que se queda el lector poco avisado, es que se trata de una moda que han inventado los italianos para que los reservas no se distraigan.

Y yo me pregunto, ¿cuántas veces he sido yo mismo uno de esos desprevenidos, víctima de una prensa deportiva que me ha mal informado?

Sobre los entrenamientos post-partido ídem de ídem. Hace años que la escuela cubana de boxeo puso en práctica algo similar para compensar el que un deportista pasara poco tiempo en el ring. Los entrenamientos se diseñan para llegar a un campeonato internacional que tendrá una duración mínima de una semana, y para mantenerse en forma durante toda la competencia.

Lo habitual era que al púgil que boxeaba un día concreto le correspondía un merecido descanso en la franja horaria inmediata. Pero observaron que entre sus boxeadores, los que acostumbraban a ganar por fuera de combate llegaban con déficit de preparación a los últimos días de competición.

Se entendía el combate como un entrenamiento más; de ahí que al púgil se le permitiera el correspondiente descanso. Pero aquellos que noqueaban al rival en los primeros asaltos en realidad no boxeaban ni se ejercitaban.

Los cubanos encontraron una solución: el boxeador que gana por fuera de combate debe hacer en el mismo vestuario de la competición tantos asaltos de “mascotas”, como dicen ellos (manoplas se llaman en España), como los que les habían quedado por boxear.

Entiendo que los entrenamientos post-partido, lejos de ser una moda, trataban de que todos los jugadores tuvieran el mismo desgaste y el mismo tiempo de recuperación. El nivel adquisitivo de los astros del deporte futbolero y su falta de disciplina ha dado al traste con lo que no es más que una consecuencia racional de una planificación.

O el periodismo deportivo procura aumentar su nivel o terminará siendo un sector menospreciado por los verdaderos periodistas, por mucho que algunos buques insignia pretendan sacar pecho.

Si para muestra vale un botón, aquí tienen esta otra noticia: “El Barça pierde la imbatibilidad y encaja 4 goles tras 18 victorias consecutivas”.

Después de leer la noticia tuve que perder el tiempo en releerla porque no me enteré del resultado final. ¡Y es que no lo dice! El periodista pretende que según lea el artículo vaya haciendo cuentas. Como si se tratara de uno de esos pasatiempos japoneses con números que ahora aparecen hasta en los sobres de los azucarillos.

Dónde están las uves dobles, me pregunto yo. Existe un axioma en periodismo que dice que en el primer párrafo, a lo sumo en el segundo, deben ir las respuestas a las preguntas claves (que en inglés comienzan por uve doble): qué, quién, cuándo, dónde, y cómo y por qué (en realidad se habla de las cinco W, pero yo he puesto seis).

Una lástima que ocurra esto en España (en otros países de nuestro entorno es diferente). Son los cuatro periodistas deportivos que hay en el país los primeros interesados en terminar con esta tónica y dejarse de corporativismo y de amparar a tanto mediocre.

Después de esa docena de verdaderos profesionales [no sé si me habré pasado…; debía haber puesto decena] hay un séquito de VIPs periolistos que actúan como divos de la información deportiva, utilizando su agenda de contactos para demostrar que saben más que el resto de mortales y que están “en onda”.

No valoro como noticia deportiva decir que a Asier del Horno el dueño del equipo que le paga, el tal Abramovich, le pusiera un jet privado para volver a su residencia tras un partido de la selección española. Alardear de tener esa información es un acto de vanidad improductiva para el tema que nos ocupa, cual es la información deportiva.

¿Nos contarán algún día las muelas que tiene empastadas “Raulinho”? ¿Cómo habrá evolucionado el papiloma de Ronaldo? Y cómo no, cuando no hay qué escribir, las estadísticas deportivas siempre proporcionan un artículo para justificarse en la profesión.

27 de enero de 2006