Quedaron los acérrimos hinchas futboleros con “los pies metidos en la pota” en el artículo de ayer, y hoy veré cómo alguien, cuyos postulados defendí en cierta ocasión, saca los pies del tiesto.

Me estoy refiriendo al amigo (cada vez menos) Piterman. En el pasado prediqué que él tenía razón cuando pretendía ser el entrenador de sus jugadores; que debía permitirse a quien arriesga su patrimonio tomar esa decisión al margen de titulaciones federativas.

Y lo sigo manteniendo, porque no se trata de proteger a tiernas criaturas de los desmanes de un indocumentado entrenador. Los jugadores de un equipo de Primera División española son profesionales, y tienen unos sueldos como para permitirse contratar un entrenador personal que les prepare físicamente.

La labor del entrenador de Primera División debe ceñirse únicamente a trabajar el aspecto táctico del equipo y dejarse de mandar abdominales y estiramientos, que cada jugador ya tendría que estar convenientemente asesorado como para hacerse un calentamiento y unos estiramientos por su cuenta.

En esta línea de pensamiento no veo por qué al señor Piterman, y en contra de los argumentos expuestos por mi siempre querido Javier Clemente, debe exigírsele título deportivo alguno.

¡Qué más título en el profesionalismo deportivo que los millones necesarios para conjuntar un equipo de fútbol! Si le va mal con sus planteamientos táctico-estratégicos, él, que está arriesgando su dinero, pagará su torpeza.

¡Qué no, caramba! Que los títulos federativos están bien para regular el acceso de incapaces a la docencia deportiva. Pero un entrenador de “primera” no va a formar el organismo de ningún chaval de 8 años ni a planificar los entrenamientos de un grupo de sexagenarios.

Que Piterman, y cualquier otro presidente de una SAD, debe poder ponerse él o poner a quien le dé la gana al frente de un equipo de los de la Liga de Fútbol Profesional. El entrenador pagará su correspondiente licencia profesional y su correspondiente seguro de responsabilidad civil y punto. ¿Por qué exigirle a un entrenador profesional que demuestre sus conocimientos en un examen? ¿Qué mejor examen que la propia liga española y sus resultados?

Pero para el ucraniano Piterman parece que no llega nunca el punto final. Ha caído en una más que previsible espiral viciosa que comenzó con la exigencia del pago de un precio para poder entrevistar a cualquiera de sus jugadores.

Pero hasta eso veo bien. Y lo expliqué en mi artículo Monopoly futbolero, por lo que no me voy a repetir. El equipo es suyo y genera una información, y quien utilice lucrativamente esa información, como es el caso de los periódicos, que la pague; un periódico dista mucho de ser una ONG, y Piterman no estaba pidiendo que los periodistas pagaran ese canon con su sueldo.

Pero el Piterman señor feudal no está satisfecho y debe haber alguien que le estorba y ya no sabe qué traba va a ponerle. Ahora impone otro canon; ser socio de la SAD que preside. Éste sí es un despropósito, más típico del país del señor Piterman que de un Estado de Derecho como el que nos asiste, a dios gracias. Ahora sí que Piterman ha sacado los pies del tiesto.

Es como si hubiera que comprarse un Renault para poder entrevistar a Fernando Alonso. Seguro que a mis escasos pero inteligentes lectores (y lectoras, que también las tengo) se les ocurren cien situaciones similares, a cuál más esperpéntica, por lo que me voy a ahorrar el hacerme el simpático y tratar de encontrar la idea feliz.

En el párrafo que en la noticia enlazada se destaca en negrita parece que don Dimitri se esté refiriendo a una persona en concreto. Pero puede que todo eso de la frustración lo esté diciendo por sí mismo, pues es un calco de su situación actual. Terreno abonado, en cualquier caso, para la psicología, ciencia que en los diferentes ámbitos del deporte está encontrando un campo ilimitado en el que estudiar al ser humano.

Sacaré otra vez la bola de cristal de mi tía abuela… Veo, veo… Dada la situación deportiva del Alavés en la clasificación y el giro que están tomando los acontecimientos, veo que Dimitri Piterman, tras aislarse de la prensa deportiva gasteiztarra y de la afición alavesista, cargará sobre sus propios jugadores. Será entonces cuando Piterman se dé cuenta de que ha cavado su propia tumba en una ciudad de la que guardo gratos recuerdos.

8 de diciembre de 2005