Aunque el DRAE no lo explica así, entiendo una falacia como “un argumento falso que se presenta con apariencia de verdadero”.

Esto es algo que se da a diario en múltiples ámbitos. Pero juzgo grave que se acepte resignadamente “gato por liebre” en el ámbito laboral con una falacia por toda explicación.

Hoy voy a denunciar un asunto de índole laboral que se da a menudo en el mundo del deporte. Y no precisamente en los deportistas profesionales con contratos millonarios, sino entre el monitorado, profesionales algunos de ellos (en lo referente a la calidad) pero para nada millonarios.

Las empresas deportivas, algunas privadas, otras muchas públicas, realizan anualmente una selección del personal laboral que atenderá el servicio deportivo que ofrecen.

En las instituciones públicas suele adoptar la forma de un concurso de valoración de méritos. Los monitores (de escuelas deportivas infantiles y de actividades deportivas para adultos) son evaluados en función de su titulación y de su experiencia (dejemos claro que mayor titulación y mayor experiencia no es sinónimo de mayor calidad).

Quien mayor puntuación obtiene es quien se sitúa en primera posición en la bolsa de trabajo. Ya podemos ver que el que trabaja un par de años consecutivos casi perpetúa su puesto, ya que al año siguiente seguirá primero en la bolsa y, además, con mayor puntuación que los que no han trabajado en esa temporada. Las diferencias se agrandan a medida que el contratado va renovando su relación laboral año tras año.

Pero no es esto lo que quiero poner en conocimiento de la opinión pública, pues opino que este sistema es el menos malo y de alguna manera el menos injusto.

Vayamos ahora con la perversión que se da en este mundillo laboral. Quien obtiene mayor puntuación suele ser un entrenador con mayor categoría técnica que los demás. En la terminología antigua se clasificaban en monitores, entrenadores regionales y entrenadores nacionales, y ésta es la que utilizaré por estar aún en mente de todos.

Podríamos añadir también a diplomados y licenciados, que también se ven envueltos en esta falacia laboral del mundo del deporte.

Decía que un entrenador nacional es quien probablemente gane ese concurso de méritos tras valorar su titulación, y sea la persona que impartirá las clases o/y entrenamientos deportivos en el ayuntamiento o patronato deportivo del que se trate.

Pero a la hora de cobrar se le paga como a un monitor. Es decir, que se le paga por debajo de su categoría profesional. La explicación que recibe es que la plaza se convocó para la categoría de monitor, no para entrenador, y en consecuencia el salario que percibe este profesional es menor que el que en justicia le correspondería.

Cuando el entrenador reclama (lo que indefectiblemente se entenderá como una protesta, marcándole laboralmente como “polémico”), no pregunten por qué, pero siempre siempre le ponen el mismo ejemplo. Le dicen: “…es como si un arquitecto que no tiene trabajo accede a un puesto de barrendero; no le vamos a pagar como arquitecto, sino como barrendero”.

Muy bien, eso lo entiendo, pero el símil no es válido. Es una falacia; es decir, nos presentan como verdadero un argumento falso.

La respuesta sería: “No señor, lo que usted está haciendo conmigo es como si contrata a un arquitecto como aparejador y le paga como aparejador, pero pretende que firme documentos como arquitecto”. Ahora sí que estamos comparando ejemplos en la misma magnitud.

Con la complejidad añadida de que un entrenador nacional no puede calibrar sus enseñanzas y sus correcciones como si de la firma de un documento se tratara. No puede decirse algo así como “ese error que comete el deportista a mi cargo no lo corregiría un monitor porque no lo apreciaría, en consecuencia no lo voy a corregir”. La calidad de su docencia será inevitablemente de categoría de entrenador nacional.

Señores, ustedes han contratado a un entrenador nacional que les va a prestar un servicio con calidad de entrenador nacional, no con calidad de monitor. En consecuencia, el servicio deportivo que ustedes gestionan verá incrementada su calidad. Y deben ustedes pagar por este plus de calidad. De otra forma, contraten ustedes a un monitor novel. Si lo hacen, a la larga el servicio deportivo que ustedes gestionan se resentirá (cosa que saben perfectamente, y por eso han contratado a un entrenador nacional).

Si ustedes hubieran contratado al entrenador nacional para barrer el suelo del gimnasio sí sería aplicable el ejemplo del que tan falazmente se valen.

Creo haberme expresado con claridad. Sin giros jurídicos, pero con claridad. Supongo que ante la ley de la oferta y la demanda y la falta de escrúpulos de los responsables, el entrenador nacional acabará aceptando el sueldo de monitor. Pero su profesionalidad le seguirá obligando a prestar una calidad superior. De lo que se benefician a sabiendas en algunos centros deportivos.

2 de diciembre de 2005