Sacar los pies del tiesto (2/2)

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Quedaron los acérrimos hinchas futboleros con “los pies metidos en la pota” en el artículo de ayer, y hoy veré cómo alguien, cuyos postulados defendí en cierta ocasión, saca los pies del tiesto.

Me estoy refiriendo al amigo (cada vez menos) Piterman. En el pasado prediqué que él tenía razón cuando pretendía ser el entrenador de sus jugadores; que debía permitirse a quien arriesga su patrimonio tomar esa decisión al margen de titulaciones federativas.

Y lo sigo manteniendo, porque no se trata de proteger a tiernas criaturas de los desmanes de un indocumentado entrenador. Los jugadores de un equipo de Primera División española son profesionales, y tienen unos sueldos como para permitirse contratar un entrenador personal que les prepare físicamente.

La labor del entrenador de Primera División debe ceñirse únicamente a trabajar el aspecto táctico del equipo y dejarse de mandar abdominales y estiramientos, que cada jugador ya tendría que estar convenientemente asesorado como para hacerse un calentamiento y unos estiramientos por su cuenta.

En esta línea de pensamiento no veo por qué al señor Piterman, y en contra de los argumentos expuestos por mi siempre querido Javier Clemente, debe exigírsele título deportivo alguno.

¡Qué más título en el profesionalismo deportivo que los millones necesarios para conjuntar un equipo de fútbol! Si le va mal con sus planteamientos táctico-estratégicos, él, que está arriesgando su dinero, pagará su torpeza.

¡Qué no, caramba! Que los títulos federativos están bien para regular el acceso de incapaces a la docencia deportiva. Pero un entrenador de “primera” no va a formar el organismo de ningún chaval de 8 años ni a planificar los entrenamientos de un grupo de sexagenarios.

Que Piterman, y cualquier otro presidente de una SAD, debe poder ponerse él o poner a quien le dé la gana al frente de un equipo de los de la Liga de Fútbol Profesional. El entrenador pagará su correspondiente licencia profesional y su correspondiente seguro de responsabilidad civil y punto. ¿Por qué exigirle a un entrenador profesional que demuestre sus conocimientos en un examen? ¿Qué mejor examen que la propia liga española y sus resultados?

Pero para el ucraniano Piterman parece que no llega nunca el punto final. Ha caído en una más que previsible espiral viciosa que comenzó con la exigencia del pago de un precio para poder entrevistar a cualquiera de sus jugadores.

Pero hasta eso veo bien. Y lo expliqué en mi artículo Monopoly futbolero, por lo que no me voy a repetir. El equipo es suyo y genera una información, y quien utilice lucrativamente esa información, como es el caso de los periódicos, que la pague; un periódico dista mucho de ser una ONG, y Piterman no estaba pidiendo que los periodistas pagaran ese canon con su sueldo.

Pero el Piterman señor feudal no está satisfecho y debe haber alguien que le estorba y ya no sabe qué traba va a ponerle. Ahora impone otro canon; ser socio de la SAD que preside. Éste sí es un despropósito, más típico del país del señor Piterman que de un Estado de Derecho como el que nos asiste, a dios gracias. Ahora sí que Piterman ha sacado los pies del tiesto.

Es como si hubiera que comprarse un Renault para poder entrevistar a Fernando Alonso. Seguro que a mis escasos pero inteligentes lectores (y lectoras, que también las tengo) se les ocurren cien situaciones similares, a cuál más esperpéntica, por lo que me voy a ahorrar el hacerme el simpático y tratar de encontrar la idea feliz.

En el párrafo que en la noticia enlazada se destaca en negrita parece que don Dimitri se esté refiriendo a una persona en concreto. Pero puede que todo eso de la frustración lo esté diciendo por sí mismo, pues es un calco de su situación actual. Terreno abonado, en cualquier caso, para la psicología, ciencia que en los diferentes ámbitos del deporte está encontrando un campo ilimitado en el que estudiar al ser humano.

Sacaré otra vez la bola de cristal de mi tía abuela… Veo, veo… Dada la situación deportiva del Alavés en la clasificación y el giro que están tomando los acontecimientos, veo que Dimitri Piterman, tras aislarse de la prensa deportiva gasteiztarra y de la afición alavesista, cargará sobre sus propios jugadores. Será entonces cuando Piterman se dé cuenta de que ha cavado su propia tumba en una ciudad de la que guardo gratos recuerdos.

8 de diciembre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Meter los pies en la pota (1/2)

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Hoy voy a servir doble ración, como en la “mili” los días de fiesta (ayer era el día de la Constitución). Eso sí, como en la “mili”, la doble ración será escasa ración y media dividida en dos platos. Así pues voy a dividir este artículo doble en dos mitades, que publicaré entre hoy y mañana (qué recuerdos me trae esta lógica militar aplastante…; aplastante para con nuestros estómagos).

Comienzo con la información más antigua: “La FIFA estudia suprimir los himnos nacionales en los encuentros internacionales”.

La noticia ya se producía hace dos semanas, y he estado aguardando reacciones. He podido leer en las bitácoras deportivas de nueva hornada, futboleros en el 95% de los casos, una unánime opinión desfavorable a esta medida con la subsiguiente crítica a la FIFA.

Como si suprimiendo los himnos el espectáculo fuera a desmerecer. Para los más dogmáticos, triste debe ser ver un himno nacional convertido en comparsa del espectáculo. Que si qué bonito los jugadores abrazados, que si qué emotivo aquella lagrimita, que si qué sentimiento tan patriótico el canturreo a coro de himnos que no tienen letra…. Pero todo eso no son más que imágenes prestadas que ha tomado el fútbol de los cuarteles militares de antaño.

Los comentarios de los lectores en las bitácoras que se han hecho eco de la noticia se desencaminaban por los mismos derroteros que sus autores. No es que en la Aguja de Bitácora vayamos a tener razón, pero ya se sabe que aquí tenemos complejo de salmón. Y haciendo gala de eso que nos caracteriza, una vez más iremos a la contra de la opinión general. Eso sí, argumentaremos.

Los himnos nacionales son algo externo al deporte, que no la música o los himnos de los equipos de solera. La música en realidad está profundamente ligada al deporte a través del ritmo…

Pero retomemos. El deporte, tratando de ganarse el favor de los Estados, ha buscado siempre el abrigo de elementos institucionalizados como himnos, banderas y fronteras. Ahora, son una jauría de bárbaros acicateados por toda la parafernalia en la que han convertido a un deporte en principio noble (1) los que no respetan los símbolos nacionales ajenos al fútbol.

No soy de esos que se levantan en cuanto resuena el himno nacional allí donde se encuentren.

[En realidad creo que en España deben existir muy pocos de esos, aunque no sabría decir si ello es bueno o es malo; el desapego hacia el himno es, simplemente, algo que ha pasado al acervo moral y cultural español después de cargar con el yugo aquél y ser asaeteados con las flechitas de marras por los años de los años. Tal vez nos identifiquemos más con la Macarena de Los del Río, como ya ocurrió con la canción tan patriótica aquella de Manolo Escobar. Esto son cosas que pasan, y no hay por qué sentirse avergonzados; semos asín.]

Pero sí creo que por educación y civismo hay una serie de elementos que deben ser respetados, entre ellos los símbolos. Simplemente por ser eso, símbolos que alguien ha elegido artificial y conscientemente para que le representen. Hasta que el propietario o propietarios del símbolo en cuestión decidan retirarlo o sustituirlo (y es que se dice que hay personajes que también son símbolos).

Es cuestión de educación, respeto y civismo. Y puesto que esto es lo que escasea en el mundo del fútbol, y los acérrimos hinchas han metido los pies dentro de la pota, ético es que la FIFA se plantee suprimir los himnos. Simplemente son, en el deporte, un aditamento sin más sentido que el mero acto protocolario.

Se engrandecería la solemnidad de los himnos reservando su interpretación únicamente para la final de un campeonato. Así pues, y en contra de la opinión generalizada, en la Aguja de Bitácora aplaudimos la decisión de la FIFA de, al menos, cuestionárselo.

Hay ciudadanos, ajenos al espectáculo del fútbol, que se pueden sentir mancillados, ultrajados, por la quema de su bandera o una pitada durante la representación de su himno. No hay porqué ofender con esos anti-festejos ingobernables de las masas a quien no participa del akelarre futbolero. El propio Blatter ha confesado haberse sentido mal, y es el dueño…, presidente quiero decir, de la FIFA.

Nota: quizá para entender esta postura del presidente Blatter haya que sentir el himno nacional de la forma en la que se puede sentir en un país unido nacionalmente desde hace siglos. Estoy convencido de que, de los bitacoristas y comentaristas aludidos al principio, ninguno sentimos con esa intensidad el himno nacional. (Bueeeeno, vaaaaale, tú síiiii, hooooombre, que eres un patriota con diploma y todo).

7 de diciembre de 2005

(1) Son los ingleses, que han inventado el fútbol y el rugby, quienes dicen que el rugby es un deporte de villanos jugado por caballeros, y que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos).

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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