—bitácora cáustica e irreverente de un descreído del deporte—

 Paralímpicos: doble esfuerzo

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Los imposibles de hoy serán posibles mañana
Konstantin Tsiolkovsky

(científico espacial soviético)

Tengo un amigo medallista en dos Juegos Paralímpicos. En cierta ocasión dejó patente su pesar por el trato que reciben los deportistas paralímpicos en su conjunto: “Si de verdad importáramos, nos dejarían estrenar el estadio olímpico; pero no, vamos cuando están los camiones de la basura recogiendo la porquería que ha quedado en la villa olímpica”.

Va por ti, amigo.

Me han enviado el texto de la comparecencia (pdf) [págs. 22 a 35 a.i.] de don Jaime Lissavetzky Díez, Secretario de Estado para el Deporte, en la Comisión de Educación y Ciencia del Congreso de los Diputados al objeto de informar sobre el tema deportes en lo relativo al proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2006.

Tenía pensado hacer un artículo explicando los puntos fuertes y los no tan fuertes de la comparecencia, pero como me temo que se me va a demorar indefinidamente, he decidido extraer de la comparecencia el apartado destinado a los deportistas paralímpicos.

El señor Lissavetzky Díez se felicitaba en el comienzo de su comparecencia por haber logrado «la creación por primera vez de un ADO paralímpico». Parece ser que hasta ahora a nadie le había importado este aspecto de nuestro deporte olímpico.

Y el señor Secretario de Estado nos ilustraba con estas cifras:

  • Programa ADO (olímpico): «unos 54 millones de euros»
  • Programa ADO (paralímpico): «entre 7,2 y 7,3 millones de euros»

El propio presidente del CSD prorrateaba las cifras, puesto que la vigencia de los programas ADO es para todo un ciclo olímpico. Y decía que la cantidad de 54 millones suponían 13,5 millones por año: «aunque no es la cifra exacta, pero pongamos que es la cuarta parte de 54».

De entrada observo algo, para mí, incomprensible. Si los presupuestos son para 2006 y nos han de llevar a Pekín 2008, quedan tres años y no cuatro (en realidad dos años y medio). Y el señor Lissavetzky nos habla de la cuarta parte.

Bueno, será que de los 13,5 millones de euros que presenta por año, una partida corresponda a 2005, pero se trataba de hablar de los presupuestos para 2006; ¿por qué meter los datos correspondientes a 2005?

Lissavetzky prorratea también el plan ADO paralímpico entre cuatro años, y obtiene «una cantidad en torno a 1,5 ó 1,6 millones de euros para 2006», adelgazando el cociente en unos milloncejos de las aún válidas pesetas [si serán válidas, que todavía las aceptan en el Banco de España ;-) ].

¿Es posible que los planes ADO, con una vigencia cuatrienal, comiencen a ser invertidos dos años y medio antes de la cita olímpica? No, porque ¿en qué situación quedan nuestros olímpicos y sus necesidades económicas durante año y medio después de los últimos Juegos Olímpicos?

Entiendo que el cociente del plan ADO, al objeto de establecer comparaciones entre periodos, deba ser el de una cuarta parte. Pero se estaba informando de los Presupuestos del CSD para 2006, y ninguno de ambos planes estaba cerrado a día de la comparecencia. ¿Por qué meter los datos del año 2005? Con dar la cantidad a invertir durante el año 2006 hubiera sido suficiente. Sin duda se trata de hacer cuadrar unas estadísticas, pero estoy convencido de que ningún jefe acepta de su contable una explicación similar.

Llegó el turno del señor Vadillo Arnáez, del Partido Popular, quien parece aceptar este éxito del actual Gobierno, cual es crear un plan ADO paralímpico, y nada dice al respecto. Sin embargo nos deja un dato, y es que en el CSD se ha creado una nueva dirección general, la del deporte paralímpico. Esto implica un nuevo director general y un nuevo sueldete, dietas y viajes también, por supuesto. La pregunta es si con el plan ADO paralímpico se financia el coste que supone esa nueva dirección general. Sería el colmo, pero no sería de extrañar.

Después llegó el turno del señor Jiménez Pérez, del Partido Socialista. Hay un viejo proverbio chino que dice: “si todo lo que tienes que decir no es mejor que tu silencio, cállate”. Pues eso; hubiera estado mejor callado (entre otras cosas porque Lissavetzky no necesitaba ayuda, a juzgar por cómo se desmelenó en su turno de réplica [págs. 30 a 35 a.i.]).

Ya comete un error de bulto el diputado Jiménez Pérez cuando habla de los esfuerzos del Gobierno para la candidatura de Madrid 2012. Su Señoría va y dice textualmente: «La competencia era muy fuerte y en el último minuto la ganó París […]». Y el tío se quedó tan pancho. ¿París 2012? ¿No será Londres? Se supone que Su Señoría es el portavoz específico de deportes de su grupo parlamentario; y encima tenemos que pagarle por esto.

A él y a la oposición, que ni se enteraron, pues de haberlo hecho se habrían mofado de este más-que-lapsus en su contrarréplica. Se supone que estos señores estaban velando por los designios del deporte español. Y digo más-que-lapsus porque la comparecencia se produjo el 13 de octubre de 2005, con la mente bien fresquita en la designación de Londres como sede olímpica para 2012, máxime después de la salida de pata de burro (con cabreo incluido) de los mandamases parisinos.

Pero voy al grano, que en este artículo es el deporte paralímpico. Poco después el señor Jiménez Pérez, en apoyo de su correligionario señor Lissavetzky, dice: «La presentación del primer plan ADO para deportistas paralímpicos representa un avance muy considerable en la lucha contra la eliminación de barreras y la extensión de los derechos». Y ya está; hay que creérselo y aplaudir.

Esto es una tomadura de pelo para los atletas paralímpicos. Es precisamente la diferenciación entre planes ADO lo que supone una barrera y una cortapisa de los derechos de estos deportistas. Si quieren de verdad ser justos, lo que hay que hacer es unir ambos planes ADO y aplicar la cantidad total a todos los deportistas olímpicos españoles, paralímpicos y no paralímpicos. Eso sí es eliminar barreras y extender derechos.

Pero aguarden, no se vayan, que aún hay más; hay para todos. A esta tomadura de pelo el señor Maldonado i Gili, de Convergència i Unió, la recibe así: «Quiero empezar felicitando y agradeciendo el ADO paralímpico; utilizando la expresión francesa: ¡Chapeau!».

Y Sus Señorías se dan grandes golpes en el pecho, y se felicitan unos a otros dándose palmaditas en la espalda (y brindan con sidra y txakolí del Cantábrico), en lo que no es más que la prolongación de una discriminación.

He de ser justo con el señor Maldonado i Gili. A renglón seguido de la frase expuesta más arriba, pide al Gobierno una ayuda económica «[…] para los deportistas con disminuciones psíquicas, entre otras Special Olimpics y federaciones como la Federación Española de Parálisis Cerebral […]».

A fuer de ser sincero, siempre he pensado que en los Juegos Paralímpicos tenían cabida los deportistas disminuidos psíquicos. Aún tengo fresca en la memoria (aunque lo que me falla es la memoria precisamente) aquel escándalo que protagonizaron varias selecciones nacionales en unos Juegos, creo que, Paralímpicos. Parece ser que España no fue ajena a la debacle ya que con el equipo nacional de baloncesto de disminuidos psíquicos había competido una persona que decía estar en pleno uso de sus facultades mentales y ser periodista para más inri. La verdad es que tras las destituciones que siguieron al escándalo, he perdido el rastro de aquel asunto.

Poco más sobre el deporte paralímpico dio de sí la comparecencia del Secretario de Estado para el Deporte. En su turno de réplica, Lissavetzky dijo también que el presidente de la Fundación ONCE y el presidente del Comité Paralímpico Español estaban muy contentos.

Hombre, Jaime, sí. Pero tendrás que convenir que estarían más contentos todavía si se llevara a cabo mi propuesta. Un plan ADO conjunto y distribuir sin discriminación los dineros entre deportistas paralímpicos y no paralímpicos. Sed valientes, y sentad precedente.

Nota: En realidad decir plan ADO paralímpico es redundante, pero también es cierto que llamarlo plan ADP supondría perder fuerza mediática, que a buen seguro es el reclamo que se ha presentado a las empresas que colaboran con este plan de Ayuda a [nuestros] Deportistas Paralímpicos.

13 de diciembre de 2005   buzón de alcance
Santa Lucía (¡¡precisamente!!)

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Haber ‘estudiao’

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Comenzó el curso escolar allá por el mes de septiembre y con él las actividades extraescolares para nuestros jóvenes valores deportivos. Con el tiempo, alguno de los de esta hornada será, eso fijo, campeón de España. Y habrá quienes con tesón, dedicación y buena dirección obtengan un entorchado europeo o/y mundial.

Pero, ¿en manos de quien están esos futuros célebres deportistas?

No analizaré hoy el sistema deportivo español; quedará para otra ocasión. Pero sí que me pregunto quiénes son los encargados de iniciar a las futuras generaciones en el deporte de competición.

Existen dos vías para acceder a la práctica deportiva: la pública y la privada. Por privada no me refiero exclusivamente a los gimnasios privados que han florecido en nuestras ciudades. En ellos se practican modalidades que bien podríamos llamar de salón a falta de encontrar una definición más apropiada, como las artes marciales y los deportes de combate o la danza (que acabará siendo olímpica, al tiempo).

De la vía privada también forman parte esos clubes que ofertan actividades que podríamos llamar de cancha, entendiendo por ello todas aquellas modalidades que pueden practicarse en un recinto más o menos cerrado y más o menos pequeño, como el baloncesto, el fútbol sala o la pelota.

Y los clubes que inician a los pequeños en modalidades que llamaremos de campo, entendiendo por ello aquellas que precisan de una instalación mayor que una cancha y que se realizan al aire libre, como el hockey hierba, el rugby o el atletismo, y todas aquellas que se precisa realizarlas en la Naturaleza, como la orientación o la escalada.

Finalizada esta somera enumeración de la oferta deportiva que encontramos en la vía privada, diré que, evidentemente, corresponde a los clubes disponer de los monitores titulados para hacerse cargo de nuestros hijos.

Son contados los clubes propietarios de una cancha de juego (como la de balonmano) o de un campo de juego (como el de fútbol), por lo que la gran mayoría están a expensas de que el concejal o concejala de turno tenga a bien cederles un espacio deportivo.

Pero no por ello quedan al margen de la responsabilidad que en este artículo pretendo exponer. Aquellos clubes que se valen de instalaciones públicas, deben observar en el apartado de monitorado los requerimientos que las Administraciones públicas exijan para sí. Requisitos laborales y selectivos. En realidad, las Administraciones, como empresa principal, deben velar por el cumplimiento de los requisitos legales por parte de los concesionarios o arrendatarios de la instalación o/y del servicio.

Y ahí es donde quería llegar desde el principio. A la responsabilidad que las Administraciones públicas que ofrecen actividades deportivas contraen. Cierto que la buena voluntad y el escaso número de monitores ha hecho que los Ayuntamientos acepten la demanda que se les presenta sin exigir a cambio nada más que una titulación deportiva de iniciación.

Ya hablé del tejemaneje que se traen las federaciones deportivas territoriales con las titulaciones deportivas iniciáticas, si se pueden llamar así. Pago de favores e intereses federativos torticeros que el Estado, acertadamente, trata de poner coto con decretos como el R.D. 1913/97 y la O.M. de 16 de diciembre de 2002 que lo complementa.

De hecho, ese decreto supone que el CSD ha sido consciente de la responsabilidad contraída como entidad pública a la que se le exige ser garante de la calidad en la educación, en este caso deportiva.

Veo que el espectro de quienes acceden a las titulaciones deportivas es de lo más variopinto, y me he encontrado con monitores y monitoras que aún suman con los dedos (literalmente) pero que tienen acceso por la vía deportiva a dirigir una parte de la educación de nuestros escolares. Y una parte nada desdeñable. Conocido y estudiado es el fenómeno (complejo de Quirón, que comienza a llamarse, en contraposición al Complejo de Aristóteles) por el que el entrenador se convierte en un modelo a seguir para los entrenandos más jóvenes.

¿Qué pueden hacer las Administraciones públicas, ayuntamientos y patronatos o fundaciones deportivas en su mayor parte, para garantizarse unos mínimos de cultura, conocimientos y educación por parte de los monitores que llegan a dirigir la escuela deportiva local?

Lo que voy a proponer no es algo nuevo. Ya se aplica para acceder a otras áreas laborales de la Administración local; no sé por qué no se aplica en el ámbito deportivo, con mayor razón. Los niños no son escobas ni tornillos.

Todos aquellos monitores y monitoras que no estén en posesión del actual título de Bachiller (LOGSE) será preciso que superen en cada convocatoria una prueba escrita de Cultura General (matemáticas, geografía, actualidad, lenguaje…) para acceder a un puesto de trabajo de la Administración.

Y es que no es posible que el sistema formativo de educadores (en este caso deportivos) y el acceso a la vida laboral, que supondrá trabajar con la niñez, tengan resquicios y fisuras por las que culebrean algunos necios y necias.

9 de diciembre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Sacar los pies del tiesto (2/2)

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Quedaron los acérrimos hinchas futboleros con “los pies metidos en la pota” en el artículo de ayer, y hoy veré cómo alguien, cuyos postulados defendí en cierta ocasión, saca los pies del tiesto.

Me estoy refiriendo al amigo (cada vez menos) Piterman. En el pasado prediqué que él tenía razón cuando pretendía ser el entrenador de sus jugadores; que debía permitirse a quien arriesga su patrimonio tomar esa decisión al margen de titulaciones federativas.

Y lo sigo manteniendo, porque no se trata de proteger a tiernas criaturas de los desmanes de un indocumentado entrenador. Los jugadores de un equipo de Primera División española son profesionales, y tienen unos sueldos como para permitirse contratar un entrenador personal que les prepare físicamente.

La labor del entrenador de Primera División debe ceñirse únicamente a trabajar el aspecto táctico del equipo y dejarse de mandar abdominales y estiramientos, que cada jugador ya tendría que estar convenientemente asesorado como para hacerse un calentamiento y unos estiramientos por su cuenta.

En esta línea de pensamiento no veo por qué al señor Piterman, y en contra de los argumentos expuestos por mi siempre querido Javier Clemente, debe exigírsele título deportivo alguno.

¡Qué más título en el profesionalismo deportivo que los millones necesarios para conjuntar un equipo de fútbol! Si le va mal con sus planteamientos táctico-estratégicos, él, que está arriesgando su dinero, pagará su torpeza.

¡Qué no, caramba! Que los títulos federativos están bien para regular el acceso de incapaces a la docencia deportiva. Pero un entrenador de “primera” no va a formar el organismo de ningún chaval de 8 años ni a planificar los entrenamientos de un grupo de sexagenarios.

Que Piterman, y cualquier otro presidente de una SAD, debe poder ponerse él o poner a quien le dé la gana al frente de un equipo de los de la Liga de Fútbol Profesional. El entrenador pagará su correspondiente licencia profesional y su correspondiente seguro de responsabilidad civil y punto. ¿Por qué exigirle a un entrenador profesional que demuestre sus conocimientos en un examen? ¿Qué mejor examen que la propia liga española y sus resultados?

Pero para el ucraniano Piterman parece que no llega nunca el punto final. Ha caído en una más que previsible espiral viciosa que comenzó con la exigencia del pago de un precio para poder entrevistar a cualquiera de sus jugadores.

Pero hasta eso veo bien. Y lo expliqué en mi artículo Monopoly futbolero, por lo que no me voy a repetir. El equipo es suyo y genera una información, y quien utilice lucrativamente esa información, como es el caso de los periódicos, que la pague; un periódico dista mucho de ser una ONG, y Piterman no estaba pidiendo que los periodistas pagaran ese canon con su sueldo.

Pero el Piterman señor feudal no está satisfecho y debe haber alguien que le estorba y ya no sabe qué traba va a ponerle. Ahora impone otro canon; ser socio de la SAD que preside. Éste sí es un despropósito, más típico del país del señor Piterman que de un Estado de Derecho como el que nos asiste, a dios gracias. Ahora sí que Piterman ha sacado los pies del tiesto.

Es como si hubiera que comprarse un Renault para poder entrevistar a Fernando Alonso. Seguro que a mis escasos pero inteligentes lectores (y lectoras, que también las tengo) se les ocurren cien situaciones similares, a cuál más esperpéntica, por lo que me voy a ahorrar el hacerme el simpático y tratar de encontrar la idea feliz.

En el párrafo que en la noticia enlazada se destaca en negrita parece que don Dimitri se esté refiriendo a una persona en concreto. Pero puede que todo eso de la frustración lo esté diciendo por sí mismo, pues es un calco de su situación actual. Terreno abonado, en cualquier caso, para la psicología, ciencia que en los diferentes ámbitos del deporte está encontrando un campo ilimitado en el que estudiar al ser humano.

Sacaré otra vez la bola de cristal de mi tía abuela… Veo, veo… Dada la situación deportiva del Alavés en la clasificación y el giro que están tomando los acontecimientos, veo que Dimitri Piterman, tras aislarse de la prensa deportiva gasteiztarra y de la afición alavesista, cargará sobre sus propios jugadores. Será entonces cuando Piterman se dé cuenta de que ha cavado su propia tumba en una ciudad de la que guardo gratos recuerdos.

8 de diciembre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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