Hoy voy a servir doble ración, como en la “mili” los días de fiesta (ayer era el día de la Constitución). Eso sí, como en la “mili”, la doble ración será escasa ración y media dividida en dos platos. Así pues voy a dividir este artículo doble en dos mitades, que publicaré entre hoy y mañana (qué recuerdos me trae esta lógica militar aplastante…; aplastante para con nuestros estómagos).
Comienzo con la información más antigua: “La FIFA estudia suprimir los himnos nacionales en los encuentros internacionales”.
La noticia ya se producía hace dos semanas, y he estado aguardando reacciones. He podido leer en las bitácoras deportivas de nueva hornada, futboleros en el 95% de los casos, una unánime opinión desfavorable a esta medida con la subsiguiente crítica a la FIFA.
Como si suprimiendo los himnos el espectáculo fuera a desmerecer. Para los más dogmáticos, triste debe ser ver un himno nacional convertido en comparsa del espectáculo. Que si qué bonito los jugadores abrazados, que si qué emotivo aquella lagrimita, que si qué sentimiento tan patriótico el canturreo a coro de himnos que no tienen letra…. Pero todo eso no son más que imágenes prestadas que ha tomado el fútbol de los cuarteles militares de antaño.
Los comentarios de los lectores en las bitácoras que se han hecho eco de la noticia se desencaminaban por los mismos derroteros que sus autores. No es que en la Aguja de Bitácora vayamos a tener razón, pero ya se sabe que aquí tenemos complejo de salmón. Y haciendo gala de eso que nos caracteriza, una vez más iremos a la contra de la opinión general. Eso sí, argumentaremos.
Los himnos nacionales son algo externo al deporte, que no la música o los himnos de los equipos de solera. La música en realidad está profundamente ligada al deporte a través del ritmo…
Pero retomemos. El deporte, tratando de ganarse el favor de los Estados, ha buscado siempre el abrigo de elementos institucionalizados como himnos, banderas y fronteras. Ahora, son una jauría de bárbaros acicateados por toda la parafernalia en la que han convertido a un deporte en principio noble (1) los que no respetan los símbolos nacionales ajenos al fútbol.
No soy de esos que se levantan en cuanto resuena el himno nacional allí donde se encuentren.
[En realidad creo que en España deben existir muy pocos de esos, aunque no sabría decir si ello es bueno o es malo; el desapego hacia el himno es, simplemente, algo que ha pasado al acervo moral y cultural español después de cargar con el yugo aquél y ser asaeteados con las flechitas de marras por los años de los años. Tal vez nos identifiquemos más con la Macarena de Los del Río, como ya ocurrió con la canción tan patriótica aquella de Manolo Escobar. Esto son cosas que pasan, y no hay por qué sentirse avergonzados; semos asín.]
Pero sí creo que por educación y civismo hay una serie de elementos que deben ser respetados, entre ellos los símbolos. Simplemente por ser eso, símbolos que alguien ha elegido artificial y conscientemente para que le representen. Hasta que el propietario o propietarios del símbolo en cuestión decidan retirarlo o sustituirlo (y es que se dice que hay personajes que también son símbolos).
Es cuestión de educación, respeto y civismo. Y puesto que esto es lo que escasea en el mundo del fútbol, y los acérrimos hinchas han metido los pies dentro de la pota, ético es que la FIFA se plantee suprimir los himnos. Simplemente son, en el deporte, un aditamento sin más sentido que el mero acto protocolario.
Se engrandecería la solemnidad de los himnos reservando su interpretación únicamente para la final de un campeonato. Así pues, y en contra de la opinión generalizada, en la Aguja de Bitácora aplaudimos la decisión de la FIFA de, al menos, cuestionárselo.
Hay ciudadanos, ajenos al espectáculo del fútbol, que se pueden sentir mancillados, ultrajados, por la quema de su bandera o una pitada durante la representación de su himno. No hay porqué ofender con esos anti-festejos ingobernables de las masas a quien no participa del akelarre futbolero. El propio Blatter ha confesado haberse sentido mal, y es el dueño…, presidente quiero decir, de la FIFA.
Nota: quizá para entender esta postura del presidente Blatter haya que sentir el himno nacional de la forma en la que se puede sentir en un país unido nacionalmente desde hace siglos. Estoy convencido de que, de los bitacoristas y comentaristas aludidos al principio, ninguno sentimos con esa intensidad el himno nacional. (Bueeeeno, vaaaaale, tú síiiii, hooooombre, que eres un patriota con diploma y todo).
7 de diciembre de 2005
(1) Son los ingleses, que han inventado el fútbol y el rugby, quienes dicen que el rugby es un deporte de villanos jugado por caballeros, y que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos).
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(Jean Dolent)















Interesante artículo, me gustó… quizás sea porque coincido en eso de quitarle un poco de valor a los himnos y los nacionalismos estúpidos aplicados tol tiempo y en cualquier contexto. Es decir, no soy nacionalista en general, pero el nacionalismo en el fútbol es una de las cosas que exaspera particularmente. Suele ser el primer paso hacia el racismo y la discriminación, hacia el odio a los pares extranjeros. Si no vayan a una tribuna popular en argentina y miren quiénes son los primeros en ser insultados… en fin, sería bueno todo esto si sirviera para que nos concentráramos en lo bueno y bello del deporte y meno en su parte ultracompetitiva y militarista.
@Nacho
Muy buena esa última frase, la faceta “ultracompetitiva y militarista” del deporte. Comparto también que eso de que “el nacionalismo es el primer paso hacia el racismo y la discriminación”. A ver si los gerifaltes del fútbol ven lo mismo que nosotros y lo aplican en esa cruzada que algunos (no todos) han emprendido contra la xenofobia en el fútbol. Se ha llegado al extremo de que se abuchea a jugadores negros por parte de seguidores del mismo equipo en el que juega el chaval. Todo un despropósito.
El deporte, como las aves migratorias, no sabe de fronteras. Las fronteras, esas líneas artificiales que no se ven en las fotografías de satélite, las religiones, las razas y los idiomas, separan a la gente. Cuidado, que el deporte está comenzando a separar al mundo precisamente basándose en esas líneas artificiales dibujadas en los mapas.
Esto de los himnos en los campos de fútbol me suena a zafarrancho de combate patriotero. ¿No sería mejor que cada país llevase una canción de las muchas que se publican en el mismo? Puestos a ganar pasta gansa, ¿por qué no hacer un concurso o subasta y que la casa discográfica o artista que más pague, sea la que ponga el “himno” de la ocasión? Me daría con un canto en las pantorrilas si algún día en vez de la Marsellesa, los franchutes escuchan en un campo de fútbol a Charles Aznavour o los españolitos se echan unos bailoteos al ritmo de “Macarena”.
@ Juan Puñetas
Pues lo bueno de tu propuesta es que alguien podría ya estar viendo rendimientos económicos en la misma. Si alguien que esté en el lugar propio lee este comentario tuyo no te sorprenda que lo aproveche. Pero por favor, que no cojan la canción del Eurovisión del año en curso, que siempre hacemos el ridículo ;-)