La lucha contra el dopaje se está convirtiendo en un circo que acabará justificándose a sí mismo, sin otro motivo que el mantenimiento de una estructura económica que dé de comer a un buen puñado de directivos, varios de ellos pertenecientes a las noblezas europeas, ese estamento parasitario e improductivo que lastra económicamente nuestra sociedad, y que nuestros gobiernos europeos se ven incapaces de enterrar definitivamente en los cuadernos de Historia.
La nota de prensa hecha pública por la AMA tras uno de sus simposios internacionales me ha creado una nueva preocupación añadida por los que pagamos diaria y constantemente a las arcas públicas con impuestos recaudados a través del combustible que repostamos o de los bienes de consumo que adquirimos.
Nuestro CSD, con don Jaime I “el Azote de dopados” a la cabeza, ya estarán suscribiéndose a este nuevo capítulo de la novela, lo que a buen seguro se llevará buena parte de nuestros dineros públicos.
Se preguntará el audaz lector de este cibercuaderno sobre mi cambio de parecer en lo que respecta al dopaje. Pues no, sigo oponiéndome a tales prácticas. Ocurre que ahora los mandamases internacionales se encuentran persiguiendo una quimera y temo que esta ilusión se sufrague con los dineros de todos.
Juzguen ustedes mismos. En la nota de prensa nos avisan de que llega, ha llegado, o puede llegar el dopaje genético: Médicos y dirigentes avisan sobre el dopaje genético.
Lo aterrador del caso no es el hecho del dopaje genético en sí, no señor. Lo ridículo, lo esperpéntico, es esa indefinición. No saben si existe, ni siquiera si es viable. Bien pudiera ser que esto del dopaje genético fuera poco rentable; que la inversión necesaria fuera superior a los beneficios que pudiera reportar. Eso sí; el COI y la AMA avisan de que no saben cuando, pero que sí podrán detectar algo que no saben si se utiliza. Y los gobiernos más quijotes, entre ellos, como no, el español, se lanzarán a apoyar económicamente esta sinrazón olímpica.
Es el colmo de la autojustificación de un organismo. A estas alturas sabemos que esta nueva maquinaria económica (contra el dopaje) ha sido posible por los beneficios que genera. Hay mucha gente comiendo gracias a la lucha antidopaje. Y hay muchos directivos que han encontrado un buen paraguas protector en la lucha antidopaje. Ahí, si son dóciles, pueden ver cómo llegan los días de su retiro.
Y es que esto del deporte, manejado hábilmente desde el COI, se está convirtiendo en el asilo de la nobleza, otrora dedicada a cazar y divertirse, y a divertirse y cazar. Justificar su existencia, en el siglo XXI es posible suscribiéndose a este tipo de causas; el COI, la AMA, Cruz Roja u otras organizaciones internacionales de características similares.
Pero estos nobles no trabajan de papo. Sus honorarios reales permanecen secretos, guardados por las altas esferas, desde donde prefieren tenerlos contentos con estos juguetes, o recalificarlos como asesores incompetentes de empresas multinacionales en las que diez o doce sueldos de alto nivel no suponen una carga para sus presupuestos anuales, antes de que la nobleza, que sigue siendo un poder fáctico al que conviene mantener contento, se vea en la cola del paro.
Por otra parte, alrededor de la nobleza se ha generado un microsector económico que da empleo a una cohorte de parásitos y simbiontes, tales que paparazzis y genealogistas reales afeminados, quienes, cual moscas, revolotean y se alimentan de lo que a esta nobleza se le va desprendiendo. Así, se mantiene ocupados a nobles y coprófagos.
Y ahora, en una vuelta de tuerca más, para mantener en candelero la llama de la lucha contra el dopaje, se nos descuelgan con una novela de ciencia ficción que me recuerda aquella titulada “Homo Plus”, de Frederik Pohl, en la que un ser humano era alterado para ser enviado a Marte con técnicas que a buen seguro hoy serían consideradas dopantes (fue escrita en 1976).
Me viene también a la memoria una película del hoy gobernador de California, ese austriaco inclemente con los presos americanos condenados a muerte. Aquella comedia titulada “Los gemelos golpean dos veces”, coprotagonizada por Danny de Vito.
Los de la AMA nos quieren hacer creer que con el tiempo alguien llevará a la práctica el experimento genético que da pie a esta comedia, un proyecto de ciencia ficción para lograr el hombre más completo, un super-mega-campeón en lo intelectual y en lo físico.
Parecen seguros de que algún gobierno (totalmente maligno, por supuesto) creará un ejército de niños clónicos capaces de ser campeones olímpicos. El desembolso no contará para ese gobierno, sino únicamente la gloria olímpica.
Pero este argumento tiene mucho de narcisismo y de autocontemplación, pues presupone que los Juegos Olímpicos y el deporte en general despiertan un interés tal que cualquier gobierno (o corporación, empresa, SAD, equipo profesional…) tratarán de conseguir una medalla sin escatimar gastos.
No hay que desdeñar tampoco un efecto similar al que apunta la policía científica norteamericana. Tras los éxitos de las series “C.S.I.” los investigadores están encontrando que los criminales dejan menos huellas tras sus crímenes, llegando a borrar incluso pruebas microscópicas y genéticas. Así, es probable que el trabajo de investigación de quien dice trabajar contra el dopaje abra nuevas vías a quien piensa en dopar deportistas.
Este último capítulo del matrimonio AMA y COI habla de una charlotada: atajar los medios para delinquir antes de que el malhechor disponga de ellos para que delinca. Interpol, por ejemplo, podría tratar de interceptar a quienes, tal vez valiéndose de técnicas mentales, pudieran leer los pensamientos de las personas y obtener así las claves de acceso a su banco en Internet. No se sabe si es posible, pero en previsión de que lo sea pueden investigar en esa línea y destinar presupuestos para ello. Dineros públicos, claro…
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(Jean Dolent)















Creo que el COI lleva mucho tiempo volando libre sin que nadie les diga lo que está bien o está mal, y son ellos los que fijan límites. Parece que van por delante de los gobiernos, diciéndoles a éstos qué deben hacer. El COI es el que manda, pero no representan al pueblo. Es una multinacional más que se representa a sí misma.
Como muy bien dices, en España somos quijotes y nos abonamos a la primera idea que cualquier organismo internacional propone. Ya hemos hecho el ridículo con lo de la votación a la constitución europea. Sí, fuimos los primeros. Votamos que sí. Y ahora parece que va a ser que no.
Ahora estamos a la cabeza de la lucha contra el dopaje. Y qué… Veremos si no se tuercen las tornas y volvemos a hacer el tonto internacional, como dejas entrever con este artículo.
Feliz idea esa del COI como asilo de la nobleza, antes dedicada a la caza y pesca y ahora enrollada y asilada en este chiringuito que pagamos tan opacamente. Lo del dopaje genético es imparable como lo es el tejemaneje que los científicos están haciendo en los laboratorios con el vestido humano. Lo que temen los del COI es que el dopaje genético se haga realidad y se les acabe el chollo del actual dopaje, que tanta pasta y tan buena conciencia produce. El dopaje genético será muy difícil de aclarar y entonces quizás llegue el momento de olvidarse del dopaje. Estamos convirtiendo al deporte superprofesionalizado en un tinglado monstruoso que es de todo menos “deporte”. Ya sólo falta que los deportistas sean auténticos monstruos… de laboratorio para redondear la faena.
Necesitaríamos a un Aldoux Husley y su “Un mundo feliz” pero en versión deportiva para explicarnos en que terminará ese concepto nuevo de dopaje genético. Cuando todos seamos iguales (¡JA!, sean; ¡qué iluso pensando que lo veré o que me tocará!) no habrá récords asombrosos.
Que hoy voy a trabajar corriendo, pues me pongo la piernas biónicas de superaceleración y llego antes de salir. La plusmarca mundial será seguir vivo.
Temible ese futuro mezcla de biónico y genético.