Comenzó el curso escolar allá por el mes de septiembre y con él las actividades extraescolares para nuestros jóvenes valores deportivos. Con el tiempo, alguno de los de esta hornada será, eso fijo, campeón de España. Y habrá quienes con tesón, dedicación y buena dirección obtengan un entorchado europeo o/y mundial.
Pero, ¿en manos de quien están esos futuros célebres deportistas?
No analizaré hoy el sistema deportivo español; quedará para otra ocasión. Pero sí que me pregunto quiénes son los encargados de iniciar a las futuras generaciones en el deporte de competición.
Existen dos vías para acceder a la práctica deportiva: la pública y la privada. Por privada no me refiero exclusivamente a los gimnasios privados que han florecido en nuestras ciudades. En ellos se practican modalidades que bien podríamos llamar de salón a falta de encontrar una definición más apropiada, como las artes marciales y los deportes de combate o la danza (que acabará siendo olímpica, al tiempo).
De la vía privada también forman parte esos clubes que ofertan actividades que podríamos llamar de cancha, entendiendo por ello todas aquellas modalidades que pueden practicarse en un recinto más o menos cerrado y más o menos pequeño, como el baloncesto, el fútbol sala o la pelota.
Y los clubes que inician a los pequeños en modalidades que llamaremos de campo, entendiendo por ello aquellas que precisan de una instalación mayor que una cancha y que se realizan al aire libre, como el hockey hierba, el rugby o el atletismo, y todas aquellas que se precisa realizarlas en la Naturaleza, como la orientación o la escalada.
Finalizada esta somera enumeración de la oferta deportiva que encontramos en la vía privada, diré que, evidentemente, corresponde a los clubes disponer de los monitores titulados para hacerse cargo de nuestros hijos.
Son contados los clubes propietarios de una cancha de juego (como la de balonmano) o de un campo de juego (como el de fútbol), por lo que la gran mayoría están a expensas de que el concejal o concejala de turno tenga a bien cederles un espacio deportivo.
Pero no por ello quedan al margen de la responsabilidad que en este artículo pretendo exponer. Aquellos clubes que se valen de instalaciones públicas, deben observar en el apartado de monitorado los requerimientos que las Administraciones públicas exijan para sí. Requisitos laborales y selectivos. En realidad, las Administraciones, como empresa principal, deben velar por el cumplimiento de los requisitos legales por parte de los concesionarios o arrendatarios de la instalación o/y del servicio.
Y ahí es donde quería llegar desde el principio. A la responsabilidad que las Administraciones públicas que ofrecen actividades deportivas contraen. Cierto que la buena voluntad y el escaso número de monitores ha hecho que los Ayuntamientos acepten la demanda que se les presenta sin exigir a cambio nada más que una titulación deportiva de iniciación.
Ya hablé del tejemaneje que se traen las federaciones deportivas territoriales con las titulaciones deportivas iniciáticas, si se pueden llamar así. Pago de favores e intereses federativos torticeros que el Estado, acertadamente, trata de poner coto con decretos como el R.D. 1913/97 y la O.M. de 16 de diciembre de 2002 que lo complementa.
De hecho, ese decreto supone que el CSD ha sido consciente de la responsabilidad contraída como entidad pública a la que se le exige ser garante de la calidad en la educación, en este caso deportiva.
Veo que el espectro de quienes acceden a las titulaciones deportivas es de lo más variopinto, y me he encontrado con monitores y monitoras que aún suman con los dedos (literalmente) pero que tienen acceso por la vía deportiva a dirigir una parte de la educación de nuestros escolares. Y una parte nada desdeñable. Conocido y estudiado es el fenómeno (complejo de Quirón, que comienza a llamarse, en contraposición al Complejo de Aristóteles) por el que el entrenador se convierte en un modelo a seguir para los entrenandos más jóvenes.
¿Qué pueden hacer las Administraciones públicas, ayuntamientos y patronatos o fundaciones deportivas en su mayor parte, para garantizarse unos mínimos de cultura, conocimientos y educación por parte de los monitores que llegan a dirigir la escuela deportiva local?
Lo que voy a proponer no es algo nuevo. Ya se aplica para acceder a otras áreas laborales de la Administración local; no sé por qué no se aplica en el ámbito deportivo, con mayor razón. Los niños no son escobas ni tornillos.
Todos aquellos monitores y monitoras que no estén en posesión del actual título de Bachiller (LOGSE) será preciso que superen en cada convocatoria una prueba escrita de Cultura General (matemáticas, geografía, actualidad, lenguaje…) para acceder a un puesto de trabajo de la Administración.
Y es que no es posible que el sistema formativo de educadores (en este caso deportivos) y el acceso a la vida laboral, que supondrá trabajar con la niñez, tengan resquicios y fisuras por las que culebrean algunos necios y necias.
9 de diciembre de 2005
http://www.agujadebitacora.com/2005/12/haber-estudiao/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





= flojo |
= aceptable |
= interesante |
= bueno |
= ¡muy bueno!
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
![]() ¡Comparte! |
![]() Leer comentarios |
|
Anterior : « Sacar los pies del tiesto (2/2) |
Posterior : Paralímpicos: doble esfuerzo » |





(Jean Dolent)















Me parece que el artículo dice una verdad como un puño, y es el acceso de mediocres al sistema educativo nacional a través de la vía deportiva.
Con un titulito de tres al cuarto hay monitores que causan más daño que beneficio en los jóvenes, considerando también su comportamiento fuera del entreno. Gentes, quizá, con buena voluntad, no lo voy a negar, pero que su comportamiento y su escala de valores y sus formas de expresarse deja mucho que desear. Si además suman con los dedos…
Hay monitores y monitoras que no han acabado la EGB y sin embargo “enseñan” a los niños y niñas. No tiene sentido.
Ay, si yo os contara sobre el tema… pero -amigo Luis- ando de mudanza de ADSL y ordenador así que tendré que esperar unos días para que se recompongan de nuevo las neuronas informáticas. ¡Esto de enviar comentario a la Aguja empieza a ser adictivo!
;-)
Creo que a los ayuntamientos les importa más cubrir puestos para decir que se preocupan del deporte pero sólo como estadística para su actuación.
Ya basta de tratar de justificar una labor deportiva por política del partido. Los deportistas somos personas no números de balance.
La titulación es muy importante, pero actualmente no son una garantía, sólo de haber studiao. La calidad de la persona es lo más importante.
Hay muy buenos competidores que no saben enseñar y viceversa.
@harald
Sí. Y hay gente entrenando que no tienen formación personal como para estar al frente de un grupo de niños o adolescentes.
Si las propias personas somos números estadísticos, los deportistas no vamos a poder evitar serlo también. Supongo que habrás disfrutado con el artículo que titulé “(Sólo para espíritus aguerridos)” [los paréntesis forman parte del título]. Como bien dices, no somos más que números en el balance final del cuatrienio.
Pero qué se puede esperar cuando hasta las propios estamentos deportivos caen en la trampa de las estadísticas.
Repuesto de la mudanza adeeselera que me ha traido por la calle de la amargura, me sumo a los comentarios sobre tus sabrosos artículos. Que sí, que como decía hace días, son adictivos.
Muchas escuelas han quedado ya como guarderías, donde -al menos eso pasa por Andalucía, supongo que también por los otros reinos de taifas- muchos peques ingresan a las 7,30 de la mañana, desayunan allí, luego prosiguen con las clases ordinarias, continúan a las 14 horas comiendo en el comedor del cole, prosiguen después hasta las 16 horas en que se enganchan a las actividades extraescolares y luego allá por las 18 ó 19 horas, vienen los papaítos trabajadores a recogerlos para llevárselos a casita o a una academia para que aprendan más inglés o mecanografía o informática.
En todo este largo tiempo “escolar”, excepto cuando tienen a los profesores de mate, lengua y esas cosas (la inmensa mayoría funcionarios con sus opisiciones y tal), el resto del tiempo y de las actividades los controlan gente muy joven y dinámica (a la que pagan cuatro chavos) a la que llaman monitores matinales, o monitores gastronómicos o monitores extraescolares. Un pequeño barniz cultural, la lectura de las tapas de algún libro de psicología evolutiva y la mucha necesidad de sacarse unas pelas es casi todo lo que hay detrás de todo este personal. Así que los profes “de verdad” ya tienen otro motivo más de inquietud: ni son tan marchosos, ni tan comprensivos ni tan simpáticos ni tan jóvenes como estos monitores. Da lo mismo que sean los monitores del comedor que los que enseñan multideporte. Algunos se salvan de la quema, pero se trata de -por cuatro perras gordas- salvar esa necesidad familiar y política de entretener a los chaveas mientras que los papis se ganan el DVD, la tele de plasma y las lentejas.
¿Cuándo van a empezar a tomarse en serio nuevamente a la chavalería? ¿Cömo se puede dejar en manos de bastantes indocumentados su alimentación, su formación de ocio y tiempo libre, su desarrollo físico y deportivo? A ver quien es el guapo o guapa que le pone el cascabel al gato, cuando por una miseria de pelas (y de gente preparada) tenemos a la juventud entretenida unas diez horas al día.
@ Juan Puñetas
Yo dije una vez (a veces me vienen ideas) que en los colegios de hoy están los dirigentes del mañana de este país nuestro. Y no me refiero únicamente a la clase política. Jueces, médicos, arquitectos, empresario… Y trabajadores honrados que deben aprender a ser felices. Si los quemamos en la infancia con cosas como las que dices, el porvenir pinta negro.
Sobre los cursos de formación para esa juventud tan animadora mejor no hablemos. Conozco a alguien que suma con los dedos (literalmente) y tiene el título de animadora socio-cultural o dinamizadora de juventud o no-sé-qué-gaita-más.
Pagas a una empresa privada, ergo te dan el título previa asistencia al 80% de las clases. Lo triste es que las empresas que imparten esos cursos los han oficializado por el artículo 33, también llamado la vía del mamoneo. Y el rapaz que da el cursillo acelerado de formación del monitorado es también miembro de esa juventud tan guais, del “qué pasa tronko” y del “tú te’nrollas, tía”, generalmente el pariente paria del político mandamás de turno.