Hace ya un año dediqué una crítica a los Premios Príncipe de Asturias para el deporte. En mi opinión no tiene sentido premiar a un deportista con uno de estos galardones otorgados por designación dado que el premiado ya ha sido reconocido por la Sociedad. Como quiera que estos Premios eligen siempre a un deportista de afamado renombre, el premiador adquiere relevancia gracias a los éxitos del premiado. Lo saben, y es lo que buscan.

Estos Premios en particular se han ocupado más de aprovechar el relumbrón del momento (que es lo que los sitúa en candelero) que de premiar la trayectoria deportiva y humana del individuo homenajeado.

Y ahí pretendía llegar al ponerme a escribir hoy, a la trayectoria humana del deportista.

Hace unos cuantos años (el tiempo pasa raudo) la FIFA homenajeaba mediante una fastuosa gala al mejor jugador de fútbol del siglo XX. Se decretó un empate entre “O Rei” Pelé y Maradona.

Parece ser que se aceptaban los votos por correo electrónico. Este medio de comunicación es, aún en nuestros días, poco usado por las personas encuadradas en cierta generación. Y en aquel momento era aún menos utilizado. El caso es que los apoyos al gran jugador argentino subieron gracias al correo-e.

Se explicó que quienes habían visto jugar a ambos no utilizaban este medio electrónico de transmisión, por esa cuestión de edad; los que sí lo manejaban eran jóvenes que no habían visto jugar al brasileño. Por lo tanto, y gracias al correo electrónico, Maradona logró un empate con Pelé a última hora, ya que, comprensiblemente, la juventud votaba a quien había visto jugar.

Sea como fuere, el hecho es que ambos subieron al estrado el gran día de la designación. Pelé y Maradona eran elegidos, ex aequo, los dos mejores jugadores de fútbol del siglo XX.

Y alguien dijo que en la ceremonia estaban juntos Pelé y un pelele. Y me pareció un comentario más que acertado. Maradona ha tirado por el retrete eso que al principio del artículo llamaba la “trayectoria humana”.

Veamos si consigo explicarme antes de que algún forofo del “d10s” se nos enfade.

Si resultara que hubiera un grandísimo cirujano, el mejor del mundo, que fuera un déspota en su casa, que maltratara a su mujer, pegara a los niños y un sinfín de atrocidades más, a cual más denigrable, estaremos de acuerdo en que debería ir a parar a la cárcel. Pero coincidiremos también en nuestro deseo de que sea él quien nos opere si precisamos de una intervención quirúrgica delicadísima.

Si viviera un pintor cuyos cuadros se cotizaran por cantidades de seis cifras, pero el hombre fuera un alcohólico, un drogadicto y un pendenciero, estaremos de acuerdo en que necesitaría rehabilitación y en que es un mal ejemplo para la juventud, pero coincidiremos también en que nos satisfaría enormemente que nos regalara uno cualquiera de sus cuadros.

Vemos, pues, que la trayectoria humana de ambos personajes queda juzgada al margen de su trayectoria profesional.

Pero no ocurre así en deporte. Del deportista se espera (al menos lo espero yo) que su vida privada avale los logros que ha conseguido en la cancha, en el terreno de juego, en la pista o donde quiera que lleve a cabo su actividad deportiva. Y que mantenga esos principios más allá de su retirada deportiva.

Cuando un deportista profesional tiene problemas con la Justicia, enseguida se airean lo que se llaman “trapos sucios”. La sociedad espera que una persona que ha mantenido una vida sana y ejemplar para dedicarse a la práctica deportiva traslade esos hábitos al resto de parcelas de su vida.

El mundo, la gente, espera que esos hábitos higiénicos que el deportista trasmite sean auténticos, que sean de verdad. Se trata también de mantener una cierta higiene mental.

Maradona ha tirado su prestigio por tierra. Y ahora no puede ser considerado uno de los grandes. Simplemente porque no es uno de los grandes “full time”. Ha sido un mal ejemplo para miles de jóvenes que se miraban en él.

Quizá después de muchos años de rehabilitación y de una vida dedicada a gestos altruistas consiga que esta etapa de su vida que dura ya muchos años quede, no ya como una anécdota, que no lo va a conseguir, sino como “una mala etapa”. Espero que lo consiga.

Y es que a los deportistas se les exige, y así debe ser, que sean modélicos veinticuatro horas al día, siete días a la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. Sencillamente porque esa es la imagen que venden, y de la que comen. La mujer del César…

6 de octubre de 2005
día de la modificable Constitución española