Que la Historia se repite es un hecho más que una frase hecha. Lo lamentable es que esta raza nuestra de homo sapiens sapiens o no tiene memoria colectiva o no es capaz de aprender de sus errores, o ambas cosas, que es lo más probable. Visto así, parece que estamos abocados a repetir nuestros errores en cada nueva era.
He comenzado a leer un libro que es la mar de interesante. “El deporte en Occidente - Historia, cultura y política”, (1) de José Luis Salvador, editado por Cátedra en su colección Historia/Serie Menor. Así de agradecido estoy que le hago publicidad gratuita a este profesor del INEF de La Coruña.
La verdad es que el libro ha venido a mí en vez de yo a él. Procuro seguir a rajatabla el lema de mi amigo JuanR: “no veo, no anhelo”. Por este motivo trato de mantenerme alejado de tentaciones como las que suponen ciertas tiendas donde se mercadea con libros, música, cine y alguna otra oferta cultural más, si es que los videojuegos entran en esta categoría. Y no, mi agradecimiento no llega tan lejos como para hacerle publicidad gratuita a las tiendas éstas.
El caso es que me dejé perder en uno de estos centros y ojeando las estanterías acabé hojeando este libro. El libro vino a mi mano de una forma natural; levanté la vista y extendí la mano. Y de una forma natural saqué mi tarjeta del bolsillo con la otra mano (sí, será cuestión de dejar el tarjetero en el coche, para por lo menos exigirme unos minutos más de reflexión).
Pero no estoy para nada arrepentido. Ahora aguardo expectante que llegue el momento para leer este tomo de 712 páginas, y muchas otras más de abundante bibliografía (¿el precio?; poco más de 3.500 pelas).
En su introducción se hace un recorrido somero por la Europa clásica, Grecia y Roma, para comenzar el discurso sobre el deporte en el mundo occidental en plena Edad Media europea.
Pero lo que quiero compartir con ustedes son tres frases de sendos párrafos contiguos. El primero cierra el apartado de los Juegos en Grecia:
Durante la dominación romana y a pesar del empeño de los emperadores más cultos y, por tanto, enamorados de lo heleno […] se fue produciendo un declinar de los Juegos, que […] se abisman en una profunda degeneración, ya apuntada durante el periodo helenista, provocada fundamentalmente por la especialización y los defectos del profesionalismo.
Sin comentarios.
El segundo párrafo abre las explicaciones sobre el periodo romano:
Roma fue incapaz de alcanzar la sutileza del pensamiento griego, nunca pudo superar las obras de arte de los helenos y no entendió, como hemos apuntado antes, los agones. Pero su sentido de la política, en la que nadie les puede enseñar nada, les llevó al desarrollo del espectáculo como su principal arma para regular el comportamiento de la plebe […].
Sin comentarios.
Y prosigue más abajo:
Roma reguló su compleja vida política y urbana con leyes y pautas de comportamiento, un corpus tan perfecto que hasta hace muy poco se seguía estudiando en las facultades de derecho de Europa, como una de sus materias más importantes. Pero ese afán regulador también llegó a las actividades físicas, legislaron cómo sentarse y comportarse en los espectáculos, los castigos a los tramposos, etc.
Permítanme un único comentario. No dice el libro si los tramposos se colocaban fumando algunos “petardos” o si simplemente atajaban en la última curva de la carrera. Pero ahora ya sabemos que tramposos los ha habido siempre, por lo que podemos colegir que seguirá habiéndolos siempre.
Profesionalismo en el deporte, dominación del pueblo a través del deporte, y tramposos deportivos (perdón por el oxímoron, pero no me he podido sustraer). Dos mil años y no hemos avanzado na’.
(1) La portada del libro refleja una fotografía que ha pasado a los anales de la Historia, no sólo de la pequeña historia del olimpismo: Tommie Smith y John Carlos en el podio de Mexico 1968 con el puño negro enguantado en alto. Fue un gesto del que nunca se arrepintieron pero que marcó sus vidas muy desfavorablemente tras su regreso a los USA. Era el gesto del Black Power; fue un gesto reivindicativo de lo que hoy conocemos como “Derechos Humanos”.
3 de diciembre de 2005
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(Jean Dolent)















“Profesionalismo en el deporte, dominación del pueblo a través del deporte, y tramposos deportivos”. Dices que han pasado dos mil años y no hemos avanzado ná. Joé, qué optimista eres. Yo creo que en algunas cosas, no sólo no hemos avanzado ná, sino que hemos retrocedido una hartá. La realidad es tan compleja que -con el paso del tiempo- inevitablemente evoluciona positivamente en unas cosas, en otras se queda estancada y en otras incluso retrocede. Si con el grado de “civilización”, “cultura” y “bienestar” que tenemos en nuestras sociedades occidentales, seguimos haciendo el bestia tan bestialmente, eso es retroceder respecto a la situación de la época helenística o romana, que estaban a años luz de nuestra sapiencia y conciencia social. Comparar a Julio César con Bush (dos emperadores distanciados una patulea de tiempo) sería una ofensa hacia el romano. Hacer otra entre el cristianismo de entonces y el de ahora, es que no tiene color (a favor de aquellos primeros iniciados). En el uso del deporte y el espectáculo para dominar a la plebe y la canalla los romanos eran unos hachas, pero los romanos de hoy en día han conseguido todavía mayor perfección en el aborregamiento. Tramposos en el deporte los habría como ahora, pero entonces lo hacían con sustancias naturales (no había otras) mientras que hoy son capaces de meterse gotas de muerte en las venas con tal de ganar un gran premio.
En fin, que no añoro para nada el pasado porque, afortunadamente, ya pasó; pero que el futuro no es esa maravilla que los lobeznos del poder y los cagamandurrias del sistema nos hacen ver, eso lo tengo más claro que el chocolate espeso.
Por eso es muy buena tu observación desmitificadora, en plan satírico: “dos mil años pa ná”. Viendo un campo de fútbol a rebosar y comparándolo con un circo romano, desde luego que no. Echar unos cuantos jarritos de agua fría de vez en cuando sienta bien al cuerpo y a la salud de tanto autosatisfecho. Es buenísimo (y moralmente sanísimo) cabrear a tanto paleto como andamos por el mundo creyendo que sabemos todo sin haber ido a ninguna parte. A la Grecia helénica o Roma imperial, por ejemplo. Aquellos bárbaros serían muy brutos, pero en sus manos no estaba la capacidad de destruir el mundo mil veces seguidas como tenemos los ciudadanos y ciudadanas de este mundo tan moderno y genial en que vivimos ahora.
@ Juan Puñetas
De hecho se dice que un si un griego o un romano de esos apareciera en nuestros días no tendría ningún problema para comprender nuestro mundo de ahora.
Pero no tengo claro que fuera a la inversa. En aquella Roma imperial la vida sería mortalmente aburrida para muchos de nuestros jóvenes, sin telele, sin videojuegos, sin el botellón… Bueno, esto sí, ja ja. Creo que algunos vivían en continuo botellón. Como siempre, aquella época era buena si eras patricio, porque si eras esclavo estabas jodido. En eso tampoco hemos cambiado mucho.
Muy bueno el artículo. El texto del libro refleja con lo que debe luchar el deporte dada la sociabilización humana.
@ Leonardo
En efecto, el libro promete. No sé si estás interesado en él, pero si no lo puedes conseguir por ahí, tal vez podamos hacer algo. En él se habla muy claro de la permanente y nada real ilusión en la que vive el sueño olímpico.