Ha vuelto Bar Deportes, esa genial bitácora amiga que incluso nos propuso para un premio. Y como no podía ser de otra manera, lo ha hecho aportando una ingeniosa idea contra el dopaje. Hemos intercambiado un par de comentarios y ha surgido un hilo que esperamos ahora que él pueda complementar en esta su Aguja de Bitácora con sus siempre agudas disquisiciones.

Lo que propone Bar Deportes es que (para el caso del ciclismo, pero creemos que es trasladable a cualquier otro deporte) la Unión Ciclista Internacional (UCI) nombre un médico de su entera confianza para cada uno de sus equipos profesionales.

“[…] si el ciclista sólo toma lo que le permite el médico UCI no tiene por qué dar positivo. Si diera positivo es porque se lo receta alguien externo al médico UCI y entonces sí que me parecería bien la sanción para el ciclista por buscar alternativas más allá de lo permisible.”

Una vez que comprendimos el mensaje de Bar Deportes se nos ocurrió una idea pajarera que, evidentemente, no se pondrá en práctica (al menos en muchos años) por su radicalidad. Y quizá sea eso lo que está faltando en la lucha antidopaje: valor para imponer un cierto criterio de radicalidad.

Ahí va la idea.

Está claro que donde nos duele a todos es en el bolsillo. Tanto a las personas físicas como a las personas jurídicas. Las sanciones económicas, las multas, son algo aborrecible.

Pero esta medida es ineficaz si quien la hace no la paga directamente, si hay otros que ponen el dinero por él. En todo negocio se hace una previsión de fondos para imprevistos tales como sanciones económicas administrativas (multas). Y ya que el deporte profesional es un negocio, justo es pensar que se haga esa amortización previa.

Si ya tenemos apartada de la inversión inicial una cantidad para hacer frente a una posible sanción económica federativa, ¿por qué no tentar la suerte y jugar con el fuego del dopaje? Si somos descubiertos sólo estaremos pagando con algo con lo que ya no contábamos inicialmente.

Sí, ya sabemos que existen cláusulas en los contratos públicos eximiendo de responsabilidad al equipo. Pero mucho antes que los contratos públicos existían los contratos privados. Contratos que el damnificado no hará públicos si percibe el resarcimiento estipulado en ellos.

¿A dónde queremos ir a parar? Pues a que un médico deportivo no tiene nada que temer si la empresa que le ha contratado paga la multa con que se le pueda sancionar. Él hace su trabajo, se le exime de responsabilidad públicamente (resulta que siempre han dado vitamina C al deportista, y es el chaval el que se ha apartado del buen camino) y en la práctica no recae sobre él ninguna sanción.

Y ahora retomamos el razonamiento de Bar Deportes. Él buscaba veinte nuevas caras entre el colectivo médico para que fueran contratados por la UCI. Vemos que los equipos se negarían alegando que nadie garantiza el buen hacer del doctor que les haya caído en suerte. Nosotros proponemos, pues, que sean válidos los galenos que cada equipo tenga a bien contratar.

Ahora bien. Los médicos deben poner algo en juego. Algo que valoren de verdad. Y es que si no, siempre estarán jugando con ventaja en una partida que se juega a escondidas. ¿Y qué puede tener un médico que valore más que el dinero?

Pues su licencia profesional para ejercer la medicina. ¡Ya ha saltado el señor de la tercera fila! Y allí están pidiendo que se cierre la Aguja de Bitácora. ¡Sacrílego!, nos llaman aquí en primera fila.

Pues eso es síntoma de que hemos dado donde más duele.

Y aguarden, que no hemos concluído. No nos estamos refiriendo a la licencia para ser médico deportivo profesional, no. Nos estamos refieriendo a su licencia para ejercer la medicina. Ni como médico de familia. ¡Y mucho menos como médico de familia! No puede ser que un señor que experimenta con drogas en un ser humano (por mucho deportista profesional del que se trate) atienda a mis hijos pequeños.

¡Ya se ha montado el lío padre! Claro, si el ciclista “busca soluciones” a espaldas del médico, el pobre doctor dará con sus huesos en la calle y eso no es justo. No, no señor, no lo es.

Por eso deben endurecerse las medidas contra los deportistas. El tramposo deberá irse al dique seco por dos años (lo que ya se prevé en los reglamentos internacionales). Tras una reincidencia, el tramposo quedará fuera del ámbito deportivo. Pero ya apuntamos en una ocasión que deberá quedar inhabilitado para participar en cualquier competición federada de su disciplina y de cualquier otra. Vamos, que ni para jugar en el equipo del barrio.

¿Que qué hacemos con el médico? Pues algo similar a ese carné de conducir por puntos que nos van a imponer a todos. Quien quiera ser médico deportivo deberá aceptar el reto. De un carné con diez puntos, un positivo por EPO resta tres puntitos. Si tiene la mala suerte de que en sus equipos abundaran los tramposos, tendrá siempre la oportunidad de abandonar la medicina deportiva profesional antes de quedarse sin puntos y dedicar sus días muy dignamente al centro de salud del barrio.

Es posible que esta medida tal y como queda expuesta no sea aplicable. Pero nos parece una buena vía para ir definiendo actuaciones contra eso que los expertos han dado en llamar “el entorno del deportista”.

Como le adelantábamos a Bar Deportes en nuestro segundo comentario, esto acabará convirtiéndose en un asunto de conciencia. Apelemos pues a la conciencia de cada uno… y a poner en juego lo que cada uno más valora.

24 de noviembre de 2005

Actualización 24.11.2005 a las 14:15

Se nos ha ocurrido ahora una fórmula para que los galenos pudieran recuperar puntos de esa licencia médica deportiva: informando, y aportando pruebas, de proveedores de productos dopantes. Cada proveedor detenido suma cinco puntos.

Y es que estos de los laboratorios y sus “camellos” son otra lacra más. A los doctores alguien les tiene que suministrar las drogas deportivas, que ellos no tienen medios para sintetizarlas (¿se “sintetizan” este tipo de productos?). Por cierto, que estos días ha sido publicada en el BOE la Resolución de la Presidencia del Consejo Superior de Deportes por la que se aprueba la:
• Lista de sustancias y métodos prohibidos en el deporte (pdf).