Árbitros: el tercer protagonista (1/2)
página del foro ↓
http://www.agujadebitacora.com/2005/11/el-tercer-protagonista-12/trackback/
arbitraje
Los árbitros, en cualquier deporte, son el tercer protagonista, les guste o no; quieran o no quieran aceptarlo. El conocido adagio que reza “lo mejor que le puede ocurrir a un árbitro es pasar desapercibido” es cierto sólo a medias.
A ese aforismo podemos oponerle aquella otra sentencia lapidaria “cualquier generalización es falsa, incluida ésta”. Bien es cierto que la máxima arbitral no aparece bajo la forma de una generalización, pero ha de entenderse en ese sentido. Podríamos trocarla, sin desvirtuarla, en “nunca un árbitro debe destacar”.
Decimos, pues, que no es totalmente cierta, y como para muestra ha de valer un botón, recordaremos a nuestros pacientes lectores que don Pier Luigi Collina destaca, ¡vaya que si destaca!, siendo uno de los grandes árbitros con reconocido prestigio internacional.
No dejará de aparecer ahora quien nos diga aquello de “la excepción confirma la regla”. No nos gustan las frases hechas; nunca nos han gustado los discursos hilvanados a base de frases hechas. Y esta estúpida frase es una de esas que nos enervan cada vez que nos rocían con ella.
[Nunca una excepción puede confirmar una regla. En realidad una excepción da al traste con la regla. La frase se tergiversó en algún momento. En su origen esta frase sentenciaba: “la excepción pone a prueba la regla”. Alguien quiso abreviarla y resumió: “la excepción prueba la regla”. Y a partir de aquí el vulgo cambió el sentido de la frase, confundiéndose las acepciones 2ª y 3ª del verbo probar. Poner a prueba no es lo mismo que confirmar. Más bien tienen un sentido opuesto. Así pues, la excepción no confirma la regla, sino que la pone a prueba.]
Tras lo irresistible de la digresión anterior, retomamos nuestro argumento. Los árbitros son protagonistas del hecho deportivo desde el momento mismo en que son parte indispensable de él. Para que una competición se considere tal, deberá disponerse de un mínimo de dos contendientes e, inexcusablemente, un juez que levante acta de lo que allí se disputó.
Si la competición se plantea entre equipos, nuestra aseveración sigue siendo válida. Con dos escuadras debemos aceptar que existe una competición. Pero siempre deberá estar presente la figura del árbitro, bien sea juez único o precise de auxiliares.
Recientemente los árbitros de fútbol se han dejado sentir. No habíamos publicado nuestra opinión al respecto a la espera de nuevas acciones que, a lo visto, no se han producido.
Juzgamos lamentable la comparecencia ante los medios de comunicación de tres árbitros de fútbol para expresar el malestar del colectivo por el cariz que han adquirido los acontecimientos. Se limitaron a lloriquear cual plañideras veteranas.
Señores, así no van ustedes a adquirir el respeto que demandan. Por varios motivos, entre otros, que el respeto se gana, no se exige, y menos aún se suplica.
9 de noviembre de 2005
Actualización del 9 de noviembre de 2005 a las 11:35
[El colmo es ya cuando alguien te dice “esta es la excepción que confirma la regla”. Y se queda tan ancho. Como si toda regla tuviera asignada una excepción de forma congénita y el tipo se diera por satisfecho con haberla encontrado en ese preciso instante. Estúpida justificación para algo que tiene toda la traza de ser un error.]
(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)






Recomienda este artículo
|
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión | |
![]() Leer comentarios |
« Nuevo cambio de dirección
Árbitros: el tercer protagonista (2/2) »
Recomienda este artículo


















Lo que más me llama la atención de los árbitros, es que en la Liga a los españoles no les hacen ni puñetero caso, siempre les están protestando… Y en cambio, en las competiciones europeas, suelen respetarlos bastante. Aparte de que sean mejores, supongo que mientras los castigos en la Liga española son de cachondeillo, la UEFA no se anda con florituras.
Pues mira, ahí hay materia para un artículo. Tienes razón; los trencillas españoles son más respetados (y más valorados; una cosa va con la otra) allende nuestras fronteras.