Cuando la realidad es más cinematográfica que la ficción
Estuvimos visionando una película de carreras de coches, Driven, interpretada por Silvester Stallone y Burt Reynolds, entre otros.
No somos entendidos en deportes de motor, por lo que no vamos a intentar definir en qué modalidad se disputaba el campeonato. Digamos tan sólo que los vehículos eran monoplazas que corrían tanto en un “anillo” como en un circuito urbano.
En una de las carreras, en la última curva, Jimmy Bly (Kip Pardue), el novato del circuito que estaba disputando el liderato, se estrella contra el muro exterior de uno de esos anillos de los circuitos americanos.
La escena deja al espectador con el aliento contenido, buscando el dramatismo propio de este tipo de secuencias. El choque es brutal y el vehículo queda totalmente destrozado, volcado sobre el habitáculo del piloto. Por un momento nada se sabe de la suerte que ha corrido el muchacho. Desde boxes no pueden ponerse en contacto con él a través de la radio.
Llegan las asistencias, y con la carrera ya finalizada (era la última curva, pero de los coches rezagados no se reporta; ya saben, cosas de las películas) se acercan al bólido y rescatan al piloto de entre… Íbamos a escribir la chatarra, pero estos monoplazas son todo de fibra de vidrio o resinas y productos de esos que los ha inventado el diablo.
Así pues, rescatan al conductor de entre un amasijo de hierros retorcidos y fibra fracturada y gomas humeantes; dado que el fórmula estaba boca abajo deben extraerlo arrastras de la cuna que protege la integridad de estos ases del volante.
Una vez fuera del carenado, el chaval logra ponerse en pie por sus propios medios y el público ruge de alivio… La vida del piloto no corre peligro.
Pero entonces se comete el error que ha propiciado este artículo. El joven campeón, supuestamente experimentado en las categorías anteriores, se quita el casco y la mascarilla para ondear al viento su rubia guedeja. Un efecto muy cinematográfico, sin duda.
¿Cómo es posible que no se sigan con rigor las normas de seguridad en este tipo de cintas comerciales? Se dice que el cine es un medio de comunicación de masas, y es cierto.
Hubiera sido un detalle presentar una escena más acorde a la realidad y aleccionar a los jóvenes y no tan jóvenes sobre la temeridad que supone quitarse el casco tras un accidente.
No hubiera consumido mucho celuloide ver al piloto transportado en una camilla con el casco puesto hasta el hospital, donde mediante escáner o resonancia magnética se certificaría que no tiene una fractura de cráneo. Hace muchos años murió un piloto del circuito profesional de motociclismo por quitarse el casco tras el accidente.
Como recuerda el viejo aforismo cinematográfico, la realidad supera a la ficción. En este caso, la realidad fue más cinematográfica que la ficción. Recordarán ustedes la temporada pasada a Fernando Alonso, quien tras un accidente era trasladado en una camilla, levantando el pulgar en señal de que todo estaba bien, tranquilizando a quienes se podían estar preocupando en aquel momento por su estado.

Al piloto, tras un exhaustivo reconocimiento in situ, se le había retirado el casco y presentaba una aparatosa inmovilización de las vértebras cervicales. Sin proponérselo, la realidad logró una escena mucho más emocionante que en el filme. Y sin embargo, contando con toda la premeditación del mundo, se ha desperdiciado una oportunidad magnífica de concienciarnos a todos de la importancia de no quitarse el casco tras un accidente.
Sin duda, recoger el gesto de decepción del piloto después del accidente era lo más importante para el transcurso de la “peli”.
14 de noviembre de 2005
http://www.agujadebitacora.com/2005/11/deporte-en-la-gran-pantalla/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





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(Jean Dolent)















Si vieras rodar una película in situ comprenderías que lo que allí acontece se parece a la realidad lo que un huevo a una castaña. Este medio audiovisual (y su hijo tonto, la televisión) es de lo más embusteril que se ha inventado madre. Será lo que sea, pero a tramposo no le gana nadie. Y muchos se creen sus trampas, lo que demuestra que más de uno tiene la cabeza de adorno.
@Juan Puñetas
Pues nunca he tenido la suerte de asistir al rodaje de una película, aunque sí estuve de paso (salía de entrenar y se rodaba en el Palacio de Deportes) en la grabación de un programa concurso hace la friolera de más de veinte años. Me resultó gracioso e indignante a la vez que mediante un luminoso la realización te indicaba cuándo tenías que aplaudir. Las pausas entre preguntas eran eternas, pero en la visualización en la pequeña pantalla el programa era más ameno.
Bueno, lo que trataba de reivindicar es esa cualidad de medio de comunicación de masas que tiene el cine y que se está desaprovechando para lo verdaderamente útil. ¿Qué te parecería una imagen del mismísimo Arnold “Terminator” entrando en un coche y, mirando hacia la cámara (pero no directamente, ya sabes), se abrochara el cinturón de seguridad y le recordara a su acompañante la obligación y la necesidad de hacer lo propio.
A buen seguro que una imagen vale más que mil palabras. Eso no lo duda nadie; pero si a la imagen le añadimos una frase, el resultado es prodigioso. Sin embargo sí sale el niñato de turno comiendo algún producto cuya marca se ve descaradamente en pantalla.
En fin, que ya sé que me quedo solo en este mundo crematísticamente deshumanizado.