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dopaje | federaciones
Leíamos ayer la noticia de lo que puede sentar, y a buen seguro sentará, un precedente en la lucha antidopaje mundial: “Empieza el juicio de Lagat contra la IAAF”.
Estamos convencidos de que la sentencia creará jurisprudencia, suponiendo un antes y un después en nuestro mundillo meta-deportivo, tal y como ya ocurrió con la llamada Ley Bosman.
Y es que la fina línea que separa los conceptos de legal e ilegal puede ser traspasada en una y otra dirección por cualquiera de las partes.
La IAAF (International Association of Athletics Federations) tal vez se haya dejado llevar por el ímpetu del momento y ha privado a un inocente, el contraanálisis así lo ha decretado, de su derecho al trabajo (porque, no nos engañemos, estos atletas son profesionales). A ello hay que sumarle el daño moral que supone la falsa acusación y el daño anímico por verse privado injustamente de competir con los mejores en igualdad de condiciones.
Hemos manifestado en más de una ocasión que en la Aguja de Bitácora estamos en la línea de la “tolerancia cero” con el dopaje. Pero en el mundo del deporte ha de imponerse, como no podía ser menos, el Estado de Derecho.
Y así deberá ser juzgada la tropelía cometida; en base a las garantías que asisten a cualquier ser humano en el llamado mundo libre. No sólo se ha privado al atleta de su trabajo y de percibir los emolumentos que podría haber devengado en el ejercicio de su competencia, sino que se ha estigmatizado injustamente a una persona ajena a la lacra del dopaje.
Hemos expuesto ya las razones por las que el tribunal debería ser favorable al deportista. Pero la importancia del caso no estriba en si la IAAF debe ser sancionada o no. Lo relevante del caso es la indemnización que a buen seguro (lo contrario levantaría sospechas) se impondrá a la federación internacional de atletismo.
Es de suponer que subsidiariamente el laboratorio que analizó la primera muestra deberá ser condenado. No entendemos que las pruebas antidopaje puedan ser tan ambiguas como para que no se pueda establecer con total seguridad si en una muestra de orina, de sangre o de cualquier otro fluido o sedimento humano existe una sustancia de las llamadas prohibidas en el deporte.
En caso de que el resultado del control fuera ambiguo, la duda debe favorecer al deportista. Y ello por algo básico en derecho: el daño que se hace en caso de error es irreparable.
Medio millón de eurodólares es una cantidad muy seria como para ser tomada a la ligera. Es de esperar que la cifra final sea sensiblemente inferior. Pero esta es la cuestión: ¿cuál será la cifra definitiva?
Para que todo este tinglado de los controles antidopaje pueda ser tomado en serio en primer lugar hay que hacer que sea serio. Y esto les corresponde a los laboratorios, a las federaciones (nacionales e internacionales), a los organismos deportivos y a los gobiernos. Pero ahora les compete a los jueces tomar la decisión más acertada.
Si la indemnización es baja, los controles antidopaje corren el riesgo de ser tomados frívolamente por quien los ejerce. Si la cantidad es alta, una serie de errores en cadena pueden dar al traste con toda una organización internacional, por muy olímpica que ésta sea.
3 de noviembre de 2005
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Ahora mismito acaba de saltar a la palestra el positivo de Roberto Heras, ganador de la vuelta ciclista a España de este año. Yo, lo que no me creo ni harto de cerveza sin alcohol, es que siempre tengan razón los laboratorios cuando me parece -por lo que sé, y por lo que leo- que las medidas de control y de seguridad en torno a los frasquitos objeto de deseo y delito brillan bastante por su ausencia. E igual que hay gente inocente pudriéndose en la cárcel mientras que fuera hay la tira de mangantes y delincuentes, lo mismo debe pasar en esto del dopaje: ni son todos los que están ni están todos los que son. Eso sí: siembra la duda, aplica a rajatabla el asunto pasándote de garantías y otras memeces y encima saca pecho diciendo que combates el dopaje. (Y todo ello, con un purito en una mano, un guisqui en la otra y una morterá de pasta en la cartera). A ver si el juico de Lagat pone a cada uno en su sitio de una vez. Y lo de Heras, pues ya veremos, porque esa es otra: ¿Cómo puede ser catalogado como dopaje en el ciclismo un producto que hasta los niños de pecho se toman para curar un vulgar resfríao?
Lo dices muy bien, Juan: las medidas no son todo lo fiables que deberían ser. En realidad están jugando con el pan de la gente. Fíjate en esto. Hace unos años fue famoso hasta en España el juicio contra O.J. Simpson, un jugador de fútbol americano muy famoso también él. Por lo visto era acusado de haber matado a su mujer. Si no recuerdo mal, lo pillaron con el cuchillo en la mano, más o menos, que no me quiero yo meter ahora en un lío. El caso es que contrató al mejor bufete de abogados. Pues bien, ganaron el juicio. La táctica no fue ir contra los hechos que parecían probados, sino contra el sistema seguido para analizar la sangre del arma. Por lo que recuerdo, cabía un porcentaje considerable de posibilidades de error en el análisis.
Y eso en un caso por asesinato en los USA. ¡A saber los procedimientos seguidos por algunos laboratorios, o en algunos controles que se realizan in situ y con prisas! Por muy buena voluntad que haya. Si la sentencia es condenatoria para la federación, y abultada, creo que todos ganaremos. Este asunto del dopaje se tomará más en serio de lo que actualmente se hace. Simplemente porque los errores tendrán repercusiones económicas millonarias.