—bitácora cáustica e irreverente de un descreído del deporte—

 Mejor un mal acuerdo que un buen pleito

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Leemos en un blog amigo (“Minuto91”) la siguiente noticia: “FIFA y Puma llegaron a un acuerdo”.

Pero a un acuerdo sobre qué. Pues sobre la demanda que la firma Puma había interpuesto contra la FIFA. Como es costumbre en nuestra bitácora pasaremos a dar nuestra opinión una vez que se presenta el asunto a tratar. Así pues, lean a nuestro colega bitacorista si desean conocer los motivos de la demanda.

Ahora, si quieren ver la tan polémica camiseta pueden hacerlo en Univisión. De paso, si leen la noticia, averiguarán los motivos de la prohibición de la FIFA: la regla 4 del reglamento.

¿Y qué dice esa regla? La encontramos, como no, en el Reglamento FIFA (pdf). Recordamos a nuestros amables lectores que las Reglas de Juego arriba enlazadas son las actuales a fecha de hoy, y que entraron en vigor el 1 de julio, modificadas en la 119ª reunión del International Football Association Board (IFAB).

Desconocemos si el enlace seguirá siendo válido tras posteriores actualizaciones de la FIFA y la IFAB. Lo que sí es cierto es que no son las que imperaban en el momento de la controversia con la selección de Camerún (año 2004) dado que se revisan anualmente. Si en este año ha sido ajustada la Regla 4 para acallar el debate suscitado es algo que desconocemos. Sí parece adaptado al debate este otro documento FIFA: Preguntas y Respuestas a las Reglas de Juego (pdf). Lean, pues, la pregunta número 4 a la Regla 4 y verán que esa respuesta no pudo haber estado ahí en el año 2004.

Desde luego parece que la FIFA tiene afición a meterse en todos los charcos. En vez de innovar da la sensación de que se complace en poner palos en las ruedas de la I+D+I (investigación, desarrollo e innovación).

Tendríamos que hacerles llegar un ejemplar de “El Libro Blanco de la I+D en el Deporte”. Lástima que a pesar de tratarse de una publicación apadrinada por el Estado no esté asequible gratuitamente en la ReD. Y no estamos como para hacer dispendios en la Aguja de Bitácora, y menos aún para regalarle nada a la FIFA.

Sí podemos obsequiarles con algún consejo, que pesan poco. Mantenerse apegado a las tradiciones, en algo tan dinámico como el deporte, no puede llevar si no al estrangulamiento de la modalidad deportiva en cuestión.

¿Qué más le dará a la FIFA un modelo de camiseta u otro? Además, la marca deportiva invocaba razones incluso reglamentarias que favorecerían la adopción del nuevo diseño. Por otro lado, tal vez haya que empezar a tener en cuenta que los uniformes no pueden ser iguales en Suecia que en Camerún.

Parece ser que la FIFA había dado su consentimiento previo al nuevo patrón de indumentaria deportiva. ¿Por qué entonces el cambio de actitud? Incluso llegó a sancionar a la selección camerunense de fútbol con seis puntos, viéndose obligada a intervenir la Federación Africana de Fútbol para evitarlo.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, el poco más de medio siglo que llevamos en el planeta nos ha enseñado a desconfiar de todo lo que se mueve con apariencia normativa.

En la noticia que da Radio Cooperativa (son tres páginas) encontrará el lector curioso un apunte revelador.

Alguien ha señalado a Adidas como instigadora de las medidas adoptadas por la FIFA en contra de la indumentaria y en contra de la selección camerunense de fútbol por no acatar las directrices.

Y se preguntará quien no nos haya leído hasta ahora qué canastos se le ha perdido a Adidas abriendo una guerra entre marcas, con lo fácil que hubiera sido imitar e incluso mejorar la tan revolucionaria equipación deportiva.

Pues es que las cosas, en ciertas esferas, no ocurren sin un motivo. Recordarán quien nos vaya siguiendo un artículo que publicamos en el mes de mayo: “Hilando fino”. Allí informábamos de que tres marcas punteras de prendas deportivas se habían echado encima de la firma alemana, poniendo al COI por el medio, por un asunto que era traído bastante por los pelos.

Como ven, las aguas bajan turbias en el proceloso río de la moda deportiva. Las marcas deportivas han pasado ya de una guerra fría de posicionamientos a la descalificación directa de los rivales. Igualito, igualito, que en el campo de juego futbolero. La guerra sucia y no la “deportividad” es la que impera en el mercado mundial de las grandes marcas de prendas deportivas. Lógico por otro lado habida cuenta de las cifras de mareo que se manejan en este mercadillo deportivo−internacional.

Por cierto, vemos en nuestra particular bola de cristal que el secretismo del acuerdo al que han llegado FIFA y Puma levantará el recelo en el socio de los primeros, y esa debilidad será aprovechada por los segundos, con lo que el movimiento debilitador de Adidas acabará reforzando las relaciones entre los litigantes.

28 de octubre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Mascotas más caras

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Poco a poco se ha ido imponiendo la creación de mascotas ligadas a los grandes eventos deportivos. Ya no es suficiente un logotipo ni un lema diferenciador. Hace falta también una mascota. El motivo es evidente: merchandising. Pero las mascotas de los grandes eventos dejan mucho que desear.

Vamos a repasar únicamente las mascotas de los Juegos Olímpicos y las de los Campeonatos del Mundo FIFA, por ser los dos mayores eventos de repercusión mundial, dejando aparte las finales de deporte profesional USA.

La primera mascota en unos Juegos Olímpicos se vio en 1972 en Munich. La FIFA ya había comenzado con este juego de las mascotas en 1966, tan sólo seis años antes.

Pero antes de dar nuestra opinión sobre este complemento paradeportivo, por favor, vean todas las mascotas olímpicas y mundialistas:

En este último enlace deberán ir entrando en cada enlace propuesto a los Juegos Olímpicos correspondientes, pero no pierdan tiempo buscando mascotas antes de Munich 1972.

Todas las mascotas son algo flojitas. Y para “flojita” vean ahora la mascota que para el año que viene han dispuesto en Alemania. Se la presentamos aprovechando un post de nuestro amigo Leonardo en su blog Misceláneas del Fútbol

En descargo de las primeras mascotas, allá por los ‘60 y los ‘70 podríamos alegar que eran algo accesorio en lo que no se reparaba, ocasionando muy posiblemente un gasto poco rentabilizado.

Pero viendo el volumen de merchandising que mueven hoy en día estos objetos ya podrían dedicarle mayor presupuesto a su diseño.

Nadie podrá aseverar que son feas, puesto que para muchos “la arruga es bella”, como sentenció el diseñador español Adolfo Domínguez, y donde unos ven fealdad otros aprecian belleza e incluso arte.

Pero da la impresión de que cualquier cosa vale. Total, estas mascotas se van a vender igual independientemente del presupuesto destinado a ellas. Para qué encomendar su diseño a los profesionales, lo que encarecerá su coste y reducirá sus beneficios.

Así pues, hagamos un concurso en el que todo el mundo pueda participar y al autor del diseño elegido le regalamos un par de entradas para la final. Y ¡hala!, a correr; y ¡qué grandes somos!, que nos acordamos de los diseñadores noveles.

Quizá estemos siendo demasiado rigurosos. Tal vez hubiera que tener presente que cada mascota debe ser juzgada con los ojos de la época en que fue creada, y no con los ojos de quien las ve 20 ó 30 años después.

Pero los que hemos vivido y guardamos memoria diáfana desde Mexico 1970 en el apartado olímpico y Munich’72 en el apartado mundialista FIFA, sí podemos decir que de cada evento que hemos vivido recordamos lo anodino de sus mascotas.

Salvando el mundial de España’82, que de anodina no tuvo nada. Aquella horrenda mascota creaba pavor entre los niños españoles, víctimas, recordamos, de una serie televisada de dibujos animados en la que Naranjito, que así se llamaba el engendro y Citronio, un amigo íntimo del mismo, personaje encarnado por un limón,…

Para qué seguir. Nos van a perdonar ustedes, pero renunciamos a despertar el síndrome de horror cosmogónico que se vivió en aquel año por culpa directa de estos personajes. O por culpa de la serie televisiva.

Recuerde nuestro amable lector que en aquellos años solamente emitía TVE, y lo que hoy se llama La 2 emitía en un horario restringido que iba de media tarde a media noche. Y nuestros “Comité de Sabios” de la tele de aquellos años nos bombardeaban con aquella serie los sábados a la hora de comer. ¿Quién podía sustraerse a visionar aquél bodrio?

Finalizada nuestra particular vendetta con estos personajes salidos del “baúl de los recuerdos”, concluimos que a las mascotas deberían dedicarle más atención.

Quizá sea que están dirigidas a los niños y nosotros hayamos perdido esa sensibilidad infantil. Pero precisamente por eso, por estar dirigidas a los niños, podían imbuirles algo más de carácter a estas mascotas.

Ese león alemán para el 2006 no parece tener espíritu de sacrificio, capacidad de sufrimiento y afán de superación, las tres “eses” necesarias en el entrenamiento deportivo.

Posdata: que nadie nos tilde de chovinistas, pero el correr del tiempo ha demostrado que el mejor diseño de todos, olímpicos y mundialistas juntos, ha sido el de Xavier Mariscal.

26 de octubre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 La ley del embudo

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Cada día se agranda más el desmaridaje que existe entre el deporte espectáculo y el deporte de base y aficionado. Por ello esta disfunción acabará haciéndose patente para el gran público, cuando no ajeno sí indiferente al metadeporte.

Existe un desfase evidente entre el deporte espectáculo, el que se crea para consumo del público, y el deporte de competición aficionado o de base, al que podríamos tildar de “deporte original” y que se creó para disfrute del practicante.

La correlación entre ambas vertientes del deporte es también palmaria. Los deportes más practicados son aquellos que mayor cobertura informativa tienen. La difusión en los medios viene dada, en principio, por la previsión del consumo que el público va a hacer de aquello que se le ofrezca. En los últimos años la fuerza que los medias han adquirido en esta sociedad de consumo es tal que son capaces de crear necesidades informativas en el público objetivo que se propongan.

La posibilidad de disertar sobre este tema es muy amplia, por lo que en este artículo nos vamos a centrar únicamente en un aspecto. Quizá sea el aspecto más fácilmente detectable que el asunto puede mostrar.

El público que consume deporte espectáculo se está especializando, más bien se ha especializado ya, en devorar una esfera deportiva muy concreta: el deporte de elite.

Y ese mismo público no se siente motivado para consumir, para asistir, a competiciones de deporte base o/y aficionado.

Esto lleva camino de ocasionar un problema en las estructuras deportivas de este país (y de todos los países de nuestro entorno socio-económico-cultural), que están enfocadas piramidalmente. Aunque más gráficamente deberíamos decir que se ordenan en forma de embudo (1), puesto que asumimos de forma natural que las cosas van de arriba hacia abajo.

Permítanos nuestro amable lector refinar nuestro paupérrimo símil: imaginemos un embudo con un filtro al comienzo del estrechamiento y una llave de paso en el centro del canuto.

Si colocamos un embudo en su posición natural, es decir, la boca hacia arriba y el cuello de botella hacia abajo, comprobamos que la cantidad y la calidad de lo que podemos verter en él es casi ilimitada.

El filtro se encargará de que lo que obtengamos por el extremo inferior guarde la calidad deseada; la llave de paso dosificará la cantidad deseada.

El deporte espectáculo es lo que obtenemos después de que el deporte de base (y en algunas modalidades parte del deporte aficionado) complete su camino a través de este embudo.

Pero el público se ha especializado, como decimos más arriba, en consumir la esencia filtrada y dosificada que se obtiene tras el proceso de alambicado.

Pongamos unos ejemplos para ilustrarnos mejor. Existe un público que consume NFL y NBA como si de un producto exclusivo se tratara (y de un producto exclusivo se trata). Sin embargo las ligas españolas no les atraen lo más mínimo. Quizá en baloncesto, dada la calidad de la ACB, sí se mantengan informados de lo que por ahí acontece, pero no siguen la liga española de fútbol americano (en parte también por la escasa información que se ofrece).

Otros espectadores amantes del rugby devoran y atesoran torneos como el 6 Naciones, el 3 Naciones y el Super12. Pero si les hacemos llegar una grabación de la liga española de rugby no encontrarán el más mínimo aliciente en visionarla.

Los seguidores del boxeo que consumen campeonatos mundiales, combates entre las megaestrellas de este deporte, no saldrán de casa aunque un combate de boxeo aficionado se organice en los mismos bajos de su edificio. Y si lo hacen se verán contrariados y decepcionados con lo que presencian.

Por fin, a quienes consumen, desde la comodidad del sillón de su casa o desde la tertulia que proporciona el taburete de su bar preferido, la liga de las galaxias o los campeonatos mundiales de fútbol no les podemos pedir que acudan al campo del barrio o del pueblo para animar a los chavales locales. Y si llueve o hace frío la tarea de convencerles es misión imposible.

Y están en su perfecto derecho, faltaría más. Lo mismo pasa en otras esferas humanas. Quien decide por voluntad propia consumir ese tipo de cine llamado superproducciones no agradecerá lo más mínimo que se le obsequie con un bono para un festival de cine de autor.

Repetimos: están en su pleno derecho, lo cual respetamos profunda y sinceramente. Pero de continuarse por estos derroteros auguramos un futuro incierto para el propio deporte espectáculo. Porque si la cantidad de lo que podamos verter por la parte alta del embudo disminuye, ¿de qué se van a nutrir los grandes espectáculos deportivos?

Sin ayudas económicas y de todo tipo el deporte base y el deporte aficionado no podrán subsistir en las actuales condiciones y buscarán nuevas fórmulas de expresión (no, no van a desaparecer). Pero si el deporte espectáculo se re-adapta al nuevo paradigma, ¿no se estará comportando como un parásito del “deporte original”? Al fin y al cabo obtiene de él lo que necesita sin dar nada a cambio.

Aquí hay trabajo como para que los Lissavetzky-boys se luzcan, reformando y adaptando las estructuras deportivas antes de que colapsen.

(1) Las estructuras organizativas federativas sí se ordenan piramidalmente, e igualmente se leen de arriba hacia abajo.

25 de octubre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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