La ley del embudo
Martes, 25 de Octubre de 2005 |
la aguja |
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reflexiones y observaciones | deporte base | deporte aficionado | deporte espectaculo
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Cada día se agranda más el desmaridaje que existe entre el deporte espectáculo y el deporte de base y aficionado. Por ello esta disfunción acabará haciéndose patente para el gran público, cuando no ajeno sí indiferente al metadeporte.
Existe un desfase evidente entre el deporte espectáculo, el que se crea para consumo del público, y el deporte de competición aficionado o de base, al que podríamos tildar de “deporte original” y que se creó para disfrute del practicante.
La correlación entre ambas vertientes del deporte es también palmaria. Los deportes más practicados son aquellos que mayor cobertura informativa tienen. La difusión en los medios viene dada, en principio, por la previsión del consumo que el público va a hacer de aquello que se le ofrezca. En los últimos años la fuerza que los medias han adquirido en esta sociedad de consumo es tal que son capaces de crear necesidades informativas en el público objetivo que se propongan.
La posibilidad de disertar sobre este tema es muy amplia, por lo que en este artículo nos vamos a centrar únicamente en un aspecto. Quizá sea el aspecto más fácilmente detectable que el asunto puede mostrar.
El público que consume deporte espectáculo se está especializando, más bien se ha especializado ya, en devorar una esfera deportiva muy concreta: el deporte de elite.
Y ese mismo público no se siente motivado para consumir, para asistir, a competiciones de deporte base o/y aficionado.
Esto lleva camino de ocasionar un problema en las estructuras deportivas de este país (y de todos los países de nuestro entorno socio-económico-cultural), que están enfocadas piramidalmente. Aunque más gráficamente deberíamos decir que se ordenan en forma de embudo (1), puesto que asumimos de forma natural que las cosas van de arriba hacia abajo.
Permítanos nuestro amable lector refinar nuestro paupérrimo símil: imaginemos un embudo con un filtro al comienzo del estrechamiento y una llave de paso en el centro del canuto.
Si colocamos un embudo en su posición natural, es decir, la boca hacia arriba y el cuello de botella hacia abajo, comprobamos que la cantidad y la calidad de lo que podemos verter en él es casi ilimitada.
El filtro se encargará de que lo que obtengamos por el extremo inferior guarde la calidad deseada; la llave de paso dosificará la cantidad deseada.
El deporte espectáculo es lo que obtenemos después de que el deporte de base (y en algunas modalidades parte del deporte aficionado) complete su camino a través de este embudo.
Pero el público se ha especializado, como decimos más arriba, en consumir la esencia filtrada y dosificada que se obtiene tras el proceso de alambicado.
Pongamos unos ejemplos para ilustrarnos mejor. Existe un público que consume NFL y NBA como si de un producto exclusivo se tratara (y de un producto exclusivo se trata). Sin embargo las ligas españolas no les atraen lo más mínimo. Quizá en baloncesto, dada la calidad de la ACB, sí se mantengan informados de lo que por ahí acontece, pero no siguen la liga española de fútbol americano (en parte también por la escasa información que se ofrece).
Otros espectadores amantes del rugby devoran y atesoran torneos como el 6 Naciones, el 3 Naciones y el Super12. Pero si les hacemos llegar una grabación de la liga española de rugby no encontrarán el más mínimo aliciente en visionarla.
Los seguidores del boxeo que consumen campeonatos mundiales, combates entre las megaestrellas de este deporte, no saldrán de casa aunque un combate de boxeo aficionado se organice en los mismos bajos de su edificio. Y si lo hacen se verán contrariados y decepcionados con lo que presencian.
Por fin, a quienes consumen, desde la comodidad del sillón de su casa o desde la tertulia que proporciona el taburete de su bar preferido, la liga de las galaxias o los campeonatos mundiales de fútbol no les podemos pedir que acudan al campo del barrio o del pueblo para animar a los chavales locales. Y si llueve o hace frío la tarea de convencerles es misión imposible.
Y están en su perfecto derecho, faltaría más. Lo mismo pasa en otras esferas humanas. Quien decide por voluntad propia consumir ese tipo de cine llamado superproducciones no agradecerá lo más mínimo que se le obsequie con un bono para un festival de cine de autor.
Repetimos: están en su pleno derecho, lo cual respetamos profunda y sinceramente. Pero de continuarse por estos derroteros auguramos un futuro incierto para el propio deporte espectáculo. Porque si la cantidad de lo que podamos verter por la parte alta del embudo disminuye, ¿de qué se van a nutrir los grandes espectáculos deportivos?
Sin ayudas económicas y de todo tipo el deporte base y el deporte aficionado no podrán subsistir en las actuales condiciones y buscarán nuevas fórmulas de expresión (no, no van a desaparecer). Pero si el deporte espectáculo se re-adapta al nuevo paradigma, ¿no se estará comportando como un parásito del “deporte original”? Al fin y al cabo obtiene de él lo que necesita sin dar nada a cambio.
Aquí hay trabajo como para que los Lissavetzky-boys se luzcan, reformando y adaptando las estructuras deportivas antes de que colapsen.
(1) Las estructuras organizativas federativas sí se ordenan piramidalmente, e igualmente se leen de arriba hacia abajo.
25 de octubre de 2005
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de un descreído del deporte




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Yo lo tengo más o menos claro. El deporte base disminuye y el espectáculo del deporte de élite paga las consecuencias. De hecho lo lleva haciendo desde hace años. Basta echar una ojeada a los grandes campeones de los principales deportes para darse cuenta que cada vez hay más gente del pasado y menos del presente. La ventaja de los escasos campeones de ahora es que la tecnología, la ciencia, la medicina y los estudios psicofísicos han adelantado una barbaridad, lo que hace que los de hoy puedan hacer cosas que no hacían los de antaño. Pero ya me gustaría ver correr a Amstrong con una bicicleta de la época de Bahamontes y en las duras condiciones de antaño. O a Alonso con los coches y en los circuitos que peleó Juan Manuel Fangio. O a Pedrosa con la mecánica y medios existentes en tiempos de Angel Nieto. O a Federer jugar contra Santana o Nastase. Pienso que no es nostalgia de un tiempo que bien ido está, sino que comparando las duras condiciones del ayer y del hoy, la balanza del esfuerzo y de la calidad se inclina hacia atrás. (Y nopongo ejemplos de fútbolistas porque entonces es que me da la risa).
Cada vez hay más jugadores extranjeros/as en nuestras ligas (fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, fútbol sala…). Eso sólo puede querer decir que o bien no se cuida nuestro deporte base, o que el deporte base de otros lugares es mejor que el nuestro, o ambas cosas a la vez. Pero no sólo ocurre en nuestras ligas profesionales (que al fin y al cabo se sostienen en gran medida gracias a la iniciativa privada); lo preocupante es que nuestras federaciones nacionales ya ven como algo normal la importación de talentos deportivos para acercarse a los medalleros internacionales. No pondremos ejemplos, que todos los tenemos en la mente, aunque no nos resistimos a volver a citar el caso más sangrante de todos: la Federación Española de Deportes de Invierno y el alemán Johann Muelleg.